Natalia Jiménez, mundialmente conocida como La Cebolla, irrumpió en la escena musical con tan solo 14 años gracias a su éxito "Habibi". Ahora, con 17 años, se proyecta como una de las promesas más brillantes del flamenco urbano. A continuación, exploraremos su origen, su impacto en la música y su conexión con sus raíces.
Orígenes y Ascenso a la Fama
La Cebolla nació en Sevilla y creció en las Tres Mil Viviendas, un barrio que ha marcado profundamente su estilo musical. Sus proyectos rinden constante homenaje a sus orígenes. Con tan solo 14 años, saltó a la fama con su éxito "Habibi", que acumula 34 millones de visualizaciones en dos años.
Uno de los momentos más importantes de su vida fue cuando Rosalía recomendó su música en las redes sociales, un impulso valioso para su carrera. Lleva uñas largas postizas al estilo de Rosalía, y admira su determinación. "Es muy echada para adelante, ea", dice durante una conversación en Madrid.
Su verdadero ídolo es Camarón de la Isla. "Desde que era chiquita, cuando empecé a cantar con ocho o nueve años, ya quería ser como él", suelta y echa a reír. También escucha reggaetón (cita a Anuel AA y Karol G) pero sus artistas favoritos son La Tana, Parrita, Niña Pastori... "A mí lo que más me gusta es el flamenco, en mi familia siempre ha habido mucho arte".
El Origen de su Nombre Artístico
Mucha gente se pregunta de dónde viene ese nombre artístico tan característico, ya que aparentemente el nombre Natalia no se parece nada a Cebolla. En su visita a yu, Natalia contó el por qué de su apelativo: "Lo de cebolla salió desde muy pequeña, yo lloraba mucho y tenía la cara muy redondita, y me ponía muy 'colorá'. entonces mu madre me ponía un moñito de esos abiertos, y una vecina de mi madre 'cebolla, cebolla' y cebolla se me quedó".
Colaboraciones y Crecimiento Musical
Después del éxito que supuso Habibi a las pocas semanas de su lanzamiento, La Húngara no podía no estar en el remix de esta canción. Esta colaboración cuenta con poco más de 35 millones de visitas, solo un millón más que la original. Pero La Húngara no es la única que participa en esta colaboración, también lo hacen artistas de la talla de Haze y Mayel Jimenez.
En su canal de YouTube se pueden encontrar colaboraciones con La Puri, Manuel González, Lorena Santos, Junco, Flow de los Suburbios o El Jhota. Además, lanzó el disco "Caracas" junto a Negro Jari.
"Caracas": Un Homenaje a sus Raíces
Negro Jari explicó en yu por qué su disco con La Cebolla se llama Caracas: "Sale de su familia (de Natalia), vivían en un barrio gitano, en unas chabolas ,y le llamaban las caracolas y a todos los que vivían ahí los llamaban Caracas, un tributo a su familia. La esencia de nuestra música nace ahí, entre la familia de ella y el toque gitano, es un homenaje a ellos", explicaba en el parquecito.
Negro Jari: Productor y Mentor
Negro Jari es el padrino musical de La Cebolla y su productor. Cuenta que cuando la escuchó por primera vez, cuando apenas tenía 10 años, se quedó prendado no sólo por su voz sino por su decisión y su carisma, por su capacidad para acordarse de las letras e interpretarlas. Aunque creció escuchando rap estadounidense ("las letras sociales de 2Pac han sido mi escuela"), a los grandes del rap de finales de los 90 en español (Mala Rodríguez, Sólo los Solo) y a Estopa ("no sé cuántas veces habré escuchado su debut"), la música que hace Negro Jari está enfocada en el público gitano.
Por eso compuso 'Habibi', una especie de rumba flamenca con guiños árabes. "A los gitanos les encanta esa palabra, porque es pegadiza". Hace poco volvieron a grabar una versión nueva junto a La Húngara (icono de la cultura popular que ha vuelto a poner de moda el madrileño C. Tangana), Haze y Mayel Jiménez.
La historia de Negro Jari, de 31 años y sonrisa imperturbable, habla de superación. Hoy dirige la discográfica Dagrama, enfocada en dar visibilidad a artistas que vienen de barrios problemáticos. "Nuestra música viene de la periferia, somos la voz de esos guetos que no salen en los medios". Ha colaborado con nombres como el madrileño Omar Montes, quien saltó a la fama como concursante en realitys de televisión. Cree que esta moda, la del flamenco urbano, es positiva pero que hay "muchos que ahora se quieren apuntar a la movida sin tener la esencia, sin ser de calle, y eso se nota".
Junto a Haze, uno de los pioneros en mezclar flamenco y hip hop, ofrece talleres para chavales en el centro social Factoría Cultural. "Hacemos conciertos, clases de música, charlas, todo gratis. La idea es romper el estigma, animar a la gente a entrar a las Tres Mil y mezclarse con los del barrio para que vean que no es tan horroroso como se dice, que también hay muchas cosas buenas".
A La Cebolla no le gusta esa mala fama del lugar donde vive. "Critican sin conocer y eso es injusto, yo les invito a que vengan a visitarnos", comenta. "Hay arte por cada esquina, te digo yo que si te tiras un par de meses allí sales cantando flamenco", bromea Negro Jari.
Desafíos y Lealtad
Desde marzo cuando empezó la pandemia La Cebolla no ha vuelto al instituto. Le da vergüenza, pero al fin reconoce que no es buena estudiante: suspendió dos cursos. "Me aburría, en las clases de música ni siquiera nos enseñaban flamenco, ¿tú te crees que eso es normal en Sevilla?", dice. A su lado, Negro Jari, medio en broma medio en serio, añade: "Pero me dijiste que ibas a intentar terminar el Bachillerato, ¿a que sí?". La Cebolla se arremanga el jersey y muestra un tatuaje con el nombre del sello. "Me ha cambiado la vida...". "...Es un gesto de lealtad", remata la frase Negro Jari.
Durante la conversación, en varias ocasiones, La Cebolla se ruboriza y se queda callada. "Ella se centra en la música, de todo lo demás intento encargarme yo, bastante hace ya, con sólo 15 años", dice su productor.
Están creciendo tan rápido que la escena donde se movían les empieza a quedar pequeña. Sus sueños, sin embargo, no son los de alguien a quien se le haya subido el éxito a la cabeza.
"Historia de Nuestro Amor": Rompiendo Barreras
Negro Jari y La Cebolla proceden de la periferia del mundo. Sus vidas discurren por Las Tres Mil Viviendas, en Sevilla. Ella viene de una familia gitana por parte de padre. Él, de una de inmigrantes. A priori, mala junta en el barrio más pobre de entre los pobres de España. Pero los dos están aquí para romper moldes: primero, con su relación de amor; después, con las letras de sus canciones. O viceversa. Porque nadie sabe qué fue antes en ellos, si el huevo o la gallina, si la música o el deseo.
Precisamente, de derribar prejuicios sociales, de romper barreras mentales trata alguna de las canciones del último trabajo discográfico que ambos publican ahora, Historia de nuestro amor, disponible a partir del 24 de abril. Uno de sus temas se llama Fronteras cruzar. Habla de casarse con la persona amada, no con quienes otros decidan que han de hacerlo. "Casarse sin amar no es casamiento, es sometimiento", dice la letra.
En este último trabajo, Negro Jari vuelve a ejercer de productor. Compone las letras y se encarga de la parte musical. Tiene su propia productora, Dagrama. La Cebolla las canta, les da cuerpo, aunque dos temas son suyos. En otros trabajos han colaborado con otros artistas, como El Jhota, que aparece en la canción Flow de los suburbios.
Sus vídeos en Youtube suman millones de reproducciones. Una de las canciones de La Cebolla, quizás la que les catapultó a ella y a la productora de Negro Jari, fue Habibi, que ya ha alcanzado los 42 millones de visualizaciones. Hasta Rosalía o C. Tangana han mostrado su gusto por ellos en redes.
Esta pareja se conoció en Los Bermejales, en la zona sur de Sevilla, entre chabolas y viviendas sociales. Negro Jari conoció a Los Caracas. Comenzó a escribir canciones para varios primos de Natalia. Cuando el Ayuntamiento levantó aquel asentamiento chabolista, Los Caracas se mudaron a Las Tres Mil. Luego vino la música. Y el amor. O al revés. Sólo ellos lo saben. "El amor no entiende ni de edad ni de sexo ni de razas.
