Kiev: Cuna de Rusia y Centro de la Identidad Ucraniana

La triste y terrible guerra en Ucrania ha revivido el debate histórico sobre la Rus de Kiev, el más importante de los mitos fundacionales de la nación rusa. ¿Pero hasta qué punto se puede considerar a Kiev la cuna de la actual federación? O para entendernos: ¿es realmente la capital de Ucrania como una Asturias para Rusia? Pues la respuesta es un “sí” a medias. Kiev fue efectivamente la cuna de Rusia, pero también lo ha sido de otras dos naciones: Ucrania y Bielorrusia.

Kiev (Kyiv en ucraniano) es la cuna de la civilización eslava y una de las ciudades más viejas, grandiosas y hermosas de Europa. La Rus de Kiev fue una federación de tribus eslavas orientales desde finales del siglo IX hasta mediados del siglo XIII, bajo el reinado de la dinastía Rúrika.

Para Putin, Ucrania es parte de Rusia, sin Ucrania Rusia no existe. Para Putin, Rusia es allí donde haya alguien que habla ruso, ergo los ucranianos que hablan ruso son Rusia y Kiev no puede mandar sobre ellos. El nacionalismo ruso, por lo tanto, no puede aceptar la plena independencia de Ucrania, lo ve como la amputación de un miembro del propio cuerpo. La cuna del pueblo, la nación Rus fue nada más y nada menos que Kiev, la actual capital de Ucrania.

Mil años después, ese lejano origen se ha convertido en el centro de una batalla política, cultural y militar que sacude Europa. ¿Quién puede reclamar legítimamente su legado? ¿Y por qué Vladímir Putin considera que Kiev es "la cuna" de Rusia?

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Orígenes de la Rus de Kiev

Antes de indagar sobre el mítico origen de estos pueblos eslavos me gustaría hablar antes de turcos y de vikingos. En primer lugar, de los jázaros o kázaros, que no hay que confundir con los cataros, los célebres herejes occitanos. Estos jázaros eran parte de un pueblo nómada de origen túrquico, incluso se apunta que el nombre “jázaro” significaría “errante”.

La Rus de Kiev se denomina a una liga de pueblos eslavos establecidos a las orillas del río Vóljov, primero, y del Dniéper, después. En su proceso de expansión hacia el norte y el oeste, los jázaros entraron en confrontación con ellos y los dominaron, pasando a ser esta liga eslava tributaria de estos judíos turcomanos.

Si los jázaros fueron un pueblo sorprendente los varegos no lo fueron menos. ¿Quiénes son los varegos? Pues un pueblo vikingo. En finés Suecia se denomina “Ruotski” y, de ahí, posiblemente derive el nombre de “la Rus”. Este pueblo báltico de origen germano se expandió hacia el este y entró en guerra con los jázaros.

Con el príncipe varego Oleg la capital se traslada a Kiev y durante todo el siglo X se suceden las batallas con los jázaros. Finalmente, Sviatoslav I de Kiev los derrota definitivamente en el año 960. Los varegos llegarán incluso hasta Constantinopla. Los eslavos, a disgusto con los tributos constantes decidieron aliarse con el jefe varego Riúrik que pasará a ser el primero de la dinastía rúrika, en la ciudad de Novgorod, a mediados del siglo IX (curiosa paradoja histórica el hecho que la Rus de Kiev no nace en Kiev).

Con la boda de Vladímir con la princesa Anna, hermana de Basilio II de Constantinopla, comenzará la cristianización de la Rus y la época dorada de esta comunidad eslava que dominará durante varios siglos las estepas que van desde el Báltico hasta el mar negro, hasta que las invasiones mongólicas, la peste y las conquistas del Reino de Polonia y del Gran Ducado de Lituania la conviertan en historia.

Según la Crónica de Néstor, los vikingos sometieron a las tribus de la llanura sarmática alrededor del 859. Posteriormente, en el año 862, los indígenas lograron liberarse del yugo vikingo pero, al fracasar en sus intentos de autogobierno, se vieron obligados a pedir a quienes los habían invadido que volvieran a administrar sus tierras.

El relato prosigue explicando que tres hermanos de la noble Rus, llamados Rúrik, Sineus y Trúvor, aceptaron la invitación y se establecieron en la región eslava oriental. Una interpretación plausible de la narración de Néstor de Kiev, especialmente cuando se compara con los acontecimientos vikingos en Inglaterra, explica cómo los Rus probablemente no fueron invitados a regresar como «federadores» de las tribus finlandesas y eslavas, sino que simplemente lograron subyugar a los lugareños de nuevo aprovechando la inestabilidad de la zona. Estas dos versiones no hacen sino alimentar el debate historiográfico sobre la etnicidad de los fundadores de la Rus de Kiev, que siempre ha sido acalorado y politizado.

La historiografía rusa, por ejemplo, siempre ha destacado la importancia del papel de los eslavos autóctonos en la formación de la Rus, usándolo para la nacionalización del mito y el paneslavismo a menudo evocado por el Imperio zarista ruso.

Pero el concepto de nación es el resultado de la percepción de quienes la habitan. Sin embargo, cuando se explota esta percepción para construir una estrategia política, se tiende a simplificar el relato de periodos históricos mucho más complejos. Es lo que sucede con la Rus de Kiev, cuyo legado reivindican Rusia, Ucrania y Bielorrusia.

Mapa de la Rus de Kiev en 1015.

Esplendor y Declive de la Rus de Kiev

La historia política de la Rus de Kiev se puede dividir en tres periodos principales: el ascenso (882-980), el apogeo del poder (980-1054) y el declive (1054-1240). La primera etapa se inaugura con el reinado de Oleg (879-912), quien sucedió a Rúrik como regente de su hijo Ígor y reinó consolidando la crucial vía varego-griega que conectaba el Mar Báltico con el Mar Negro. Se trataba de una autopista fluvial fundamental para mantener vivas las relaciones comerciales con el Imperio Romano de Oriente, el sujeto político más rico y sofisticado de la época. Oleg logró conquistar Kiev en 882, convirtiéndola en la capital y madre de todas las ciudades de la Rus.

Ígor fue sucedido por su esposa Olga (945-962), cuyas hazañas se confunden entre la realidad y la leyenda, polarizándose hasta el punto de verla descrita como una soberana sanguinaria pero también santa. Regente de su hijo Svyatoslav, Olga consolidó el frágil poder estatal sobre las áreas conquistadas por sus predecesores, reprimiendo ferozmente a la tribu eslava de los drevlianos, sus oponentes. Según las fuentes, tras su conversión al cristianismo ortodoxo, Olga atenuó su ferocidad, esforzándose al máximo en la fallida labor de difundir la religión monoteísta entre su pueblo.

En el 962, Svyatoslav (962-972), ahora adulto, se convirtió en el Gran Príncipe de Kiev. La adopción de un nombre eslavo por parte de Svyatoslav y sus sucesores confirma la eslavización de la élite vikinga.

Las grandes campañas militares emprendidas por Svyatoslav aseguraron el control de la Rus sobre todo el curso del Volga y contribuyeron significativamente a la unificación definitiva de las tribus eslavas orientales. La muerte de Svyatoslav, seguida de una guerra de sucesión entre sus tres hijos, condujo al surgimiento de Vladímir el Grande (980-1015), quien proporcionó una dimensión sagrada para la Rus de Kiev.

Vladímir también logró fortalecer el vínculo de la Rus con Constantinopla. En 988, a través de una ceremonia imbuida de solemnidad, ordenó el bautismo de toda la población en las aguas del río Dniéper, en Kiev. La elección probablemente estuvo dictada más por consideraciones estratégicas que por la adhesión religiosa, y fue el primer paso para consolidar las relaciones con la capital del Imperio Romano de Oriente. Posteriormente el Gran Príncipe se casaría con Anna Porphyrogenita, hija del emperador bizantino.

La llegada a Kiev de sacerdotes seguidores de Anna favoreció el establecimiento de la Iglesia ortodoxa y, como consecuencia, la difusión del cirílico: un alfabeto diseñado para difundir la palabra de Dios en las tierras eslavas, confirmando un mayor alejamiento entre las nuevas Iglesias oriental y católica europea, anclado en el uso del alfabeto latino.

En los años posteriores a la conversión de la Rus y correspondientes al gobierno de Yaroslav el Sabio (1019-1054), hijo de Vladímir, el estado de Kiev alcanzó la cumbre de su extensión y de su relevancia política, artística y cultural para luego avanzar hacia un descenso lento. El derecho sucesorio consuetudinario eslavo entró en conflicto con el nuevo código legislativo, inaugurando una larga serie de guerras civiles que acabaron por desgarrar la ansiada unidad política de los eslavos orientales.

En el siglo XIII d.C., las invasiones tártaro-mongolas de las estepas orientales confirmaron el epílogo definitivo del estado de la Rus de Kiev.

El Legado de Kiev en la Historia Rusa y Ucraniana

La evolución posterior de los habitantes de estos territorios fue, como en casi todos los de la Europa Oriental, muy compleja. En cualquier caso, las razones históricas no pueden justificar ninguna invasión. De hecho, salvo un mandato expreso del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, nada justifica una invasión de un Estado independiente, aunque sea por parte del país más democrático del planeta frente al más dictatorial.

Francesc Serra, Profesor de Relaciones Internacionales en la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB) y especialista en conflictos nacionales en el espacio de la antigua URSS y en las relaciones entre Rusia y la UE, analiza cómo Rusia utiliza el pasado medieval para justificar la invasión del presente, y cómo Ucrania responde con una narrativa propia que reivindica su autonomía histórica, cultural y lingüística.

La historiografía rusa sostiene que con el bautismo de Vladímir nace Rusia. En cambio, muchos historiadores occidentales y los propios ucranianos sitúan el origen de Rusia en el siglo XIV o XV, alrededor del principado de Moscú. Desde la perspectiva rusa, Ucrania es una parte inseparable de la historia rusa. En su discurso del 21 de febrero de 2022- tres días antes de la invasión militar de Rusia en Ucrania- Putin afirmó que la nación ucraniana es una creación reciente, impulsada por Occidente y, en parte, por Lenin. Para él, Rusia nace en Kiev, y todo lo que ha ocurrido después forma parte de una continuidad histórica. Esta narrativa niega la legitimidad de Ucrania como nación independiente y presenta su existencia como una usurpación.

Para los ucranianos, la Rus de Kiev no se transformó directamente en Rusia, sino que desapareció y dio origen a varias culturas distintas. Su interpretación es que Ucrania nace de ese mismo legado, pero como una evolución autónoma. Aunque ambos países reclaman la Rus de Kiev como origen, sus relatos son opuestos: Rusia ve una continuidad histórica, mientras que Ucrania defiende una ruptura y una identidad nacional propia.

Aunque Rusia sostiene que Ucrania siempre ha formado parte de su espacio histórico, lo cierto es que durante siglos gran parte de Ucrania perteneció a otras entidades, como el Reino de Polonia o la Confederación Polaco-Lituana. En el siglo XVII, surge un estado semiautónomo en territorio ucraniano, el Hetmanato cosaco, que se alía con Rusia en busca de protección frente a las incursiones de los tártaros de Crimea, quienes realizaban razias para capturar esclavos. Esta alianza con Moscú, en 1654, fue más pragmática que identitaria.

A partir del siglo XVIII, Rusia ya era una potencia militar consolidada y comenzó a expandirse hacia el sur, dominando finalmente a los tártaros de Crimea y anexionando la propia península. Inicialmente, el Hetmanato tenía cierta autonomía dentro del Imperio ruso. Sin embargo, con el tiempo, los zares la eliminaron por completo.

Tras la desaparición del Hetmanato, Ucrania quedó completamente provincializada. Las élites adoptaron el ruso, y las ciudades más importantes -como Kiev, Járkov u Odesa- acabaron rusificadas. Aunque el idioma ucraniano pervivió entre la población rural, en las grandes urbes fue marginado. Curiosamente, antes de la rusificación, muchas élites hablaban polaco, debido al pasado polaco-lituano de la región.

Con Stalin, todo cambió. Su régimen no solo reprimió a las élites intelectuales ucranianas, sino que castigó duramente al conjunto de la población. Durante la década de 1930, especialmente entre 1931 y 1933, Ucrania vivió uno de los episodios más trágicos de su historia: una gran hambruna conocida como Holodomor. Aunque afectó sobre todo al sur de Ucrania, también se dieron situaciones similares en otras regiones del norte del Cáucaso, en Moldova (más adelante) y en algunas zonas de la propia Rusia. Se calcula que murieron entre un millón y medio y cinco millones de personas. El impacto fue devastador. Aparte de los millones de muertos, muchas personas huyeron a las ciudades, y se registraron episodios extremos, como el canibalismo. Fue una combinación de decisiones políticas deliberadas, errores de planificación, represión sistemática y una falta total de control sobre las consecuencias. A partir de este momento, se impuso una nueva oleada de rusificación y represión cultural en Ucrania.

En el caso de Ucrania -como en la mayoría de repúblicas soviéticas, salvo las bálticas- no hubo un movimiento popular masivo que reclamara la independencia. No fue un proceso bottom-up, desde abajo, sino más bien el resultado del colapso del Estado soviético.

Lugares Emblemáticos de Kiev

La Catedral de Santa Sofía (Sofiiskiy Sobor) construida en el siglo XI hasta nuestros días conserva su belleza única y es declarada uno de los singulares monumentos de historia, arquitectura y pintura monumental. La Catedral de Santa Sofía fue fundada en 1037 por mandato del príncipe de Rus de Kiev, Yaroslav I el Sabio, en el sitio donde los ciudadanos de Kiev vencieron a los pechenegos. El templo construido y nombrado en honor de la Santa Sofía de Constantinopla representaba el edificio más grande de la capital. La catedral de Santa Sofía no fue sólo el templo principal del estado sino que desempeñaba el papel de un relevante centro social, político, cultural y educativo. Dentro de la iglesia hay muchos mosaicos creados en el siglo XI por los maestros bizantinos que las dotaron de la hermosura excepcional.

Es un complejo único de la arquitectura militar y uno de los pocos que fueron conservados hasta nuestros días. Este edificio maravilloso cuya grandeza y magnificencia impresionan y fascinan a la vez es considerado el símbolo de Kiev. La función de la Puerta Dorada no se limitaba a servir de protección, sino que también desempeñaban el papel de la entrada de gala a Kiev. Justo aquí se solía recibir a los embajadores extranjeros y príncipes. Debajo del arco pasaban triunfalmente los militares que regresaban de las guerras. En honor de la religión cristiana, Yaroslav I el Sabio mandó construir la pequeñita iglesia de la Anunciación (Blagovishchenska tserkva) en lo alto de las puertas.

El Monasterio de San Miguel de las Cúpulas Doradas es un monasterio en funcionamiento que data del siglo XII. Destruido durante la era soviética, con muchas de sus obras de arte retiradas apresuradamente, algunas de las cuales fueron trasladadas a los museos de Moscú y San Petersburgo, algunas fueron trasladadas a la Catedral de Santa Sofía. Algunos mosaicos alojados en Santa Sofía posteriormente cayeron en manos de los nazis, pero fueron devueltos.

Lugar Costo de Entrada (UAH) Horario
Recinto de la Catedral de Santa Sofía 20 Variable
Catedral de Santa Sofía 80 Variable
Torre de la Catedral de Santa Sofía 60 Variable
Puerta Dorada 50 10:00 - 18:00

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