Juan Ramón Rallo y la Gestación Subrogada: Un Análisis Detallado

La gestación subrogada es una técnica de reproducción asistida que ha generado un intenso debate en España y en el ámbito internacional. En este artículo, analizaremos la opinión de Juan Ramón Rallo sobre la gestación subrogada, explorando los aspectos legales, éticos y sociales que rodean esta práctica.

Situación de la gestación subrogada en el mundo: legal, ilegal y sin regulación específica. Fuente: Wikipedia

El Debate Legal en España

Podemos no se ha salido finalmente con la suya y la nueva Ley de Aborto no instará a encarcelar a aquellas familias que recurran a la gestación subrogada. Que recurran a ella no ya en España -donde desafortunadamente es ilegal por una pinza entre la peor izquierda y la peor derecha- sino en aquellos países extranjeros donde, como en muchos estados de EEUU, es legal y está regulada de manera garantista para todas las partes implicadas.

En el anteproyecto original, el Ministerio de Igualdad equiparaba la gestación subrogada con el tráfico de menores sancionado por el artículo 221.1 del Código Penal, incluso aunque la gestación subrogada se hubiese practicado fuera de la jurisdicción española. Para muchos fanatizados opositores a la gestación subrogada, resultará de sentido común extender el concepto de tráfico de menores a esta técnica de reproducción asistida practicada en el extranjero. Recordemos que el artículo 221.1 establece que “los que, mediando compensación económica, entreguen a otra persona un hijo (…) con la finalidad de establecer una relación análoga a la de filiación, serán castigados con las penas de prisión de uno a cinco años y de inhabilitación especial para el ejercicio del derecho de la patria potestad, tutela, curatela o guarda por tiempo de cuatro a 10 años”.

Por consiguiente, una pareja estaría perpetrando ese delito si entregara una contraprestación económica para ejercer como padres de un menor que legalmente no es su hijo: pero es que, en los países donde la gestación subrogada es legal, ese menor sí es su hijo desde el primer día. Por consiguiente, los padres comitentes no pagan por 'quedarse' con un menor del que no son tutores legales, sino que pagan para compensar a la gestante por haber gestado a su hijo: y la gestante no lo ha gestado como madre sino como gestante. Perseguir en España a las familias que recurran a la gestación subrogada en el extranjero dejaría, además, al menor en una situación de absoluta indefensión.

Si los padres comitentes no solo no son reconocidos como tales por las autoridades españolas sino que incluso se les impide materialmente desarrollar las funciones de padres mandándolos a la cárcel e inhabilitándoles para el ejercicio de la patria potestad, ¿quién se encarga de criar a los hijos concebidos mediante gestación subrogada? Con lo cual, deberían ser los servicios sociales españoles quienes se quedaran con el menor y lo sumergieran en un proceso de adopción. Obviamente no, pero es que el objetivo de esta ley del aborto jamás fue proteger a los menores ni buscar su máximo bienestar: al contrario, la legislación trataba de imponer el credo feminista-liberticida, aun destrozando familias y condenando a los niños a una vida separada de sus padres.

Por suerte, el PSOE ha logrado que el texto legal no contenga la aplicación del artículo 221.1 a los padres por gestación subrogada. Y desde luego ese daño mayor se ha evitado. Pero no olvidemos que la ley sigue dirigiendo recursos y oficios públicos a criminalizar a las familias por gestación subrogada, buscando generar poco a poco un clima de opinión pública suficientemente desfavorable hacia ellas como para que, entonces sí, las autoridades españolas puedan encarcelar a los padres y secuestrar a sus hijos. La ley sigue siendo una salvajada.

La Postura de Juan Ramón Rallo

Ciudadanos propone regular la maternidad subrogada, es decir, los vientres de alquiler, para que esos embarazos de encargo sean desinteresados, no mercantilizados. En estas páginas Juan Ramón Rallo ha escrito que esa iniciativa es innecesaria porque, dice, allí donde se regula las mujeres que prestan su útero no son unas indigentes en busca de dinero: son clase media, casadas, cristianas, universitarias y lo hacen por altruismo, por empatía hacia parejas sin hijos. Y concluye: la gestación subrogada es un acto de amor y «no hay ninguna razón moral para prohibirla».

La gestación subrogada no debería, sin embargo, generar mayor polémica que cualquier otra técnica de reproducción asistida de cuantas son perfectamente legales y están plenamente aceptadas en nuestras sociedades. En un sentido (muy) amplio, podríamos decir que el proceso de reproducción y desarrollo humano se compone de cinco fases: emparejamiento, fecundación, gestación, parto y crianza.

Estas cinco etapas de la reproducción humana, como casi cualquier otra faceta de nuestras vidas, se ven inevitablemente influidas por el grado de desarrollo tecnológico. Cuando la tecnología es muy precaria, las únicas técnicas de reproducción que tenemos disponibles son las que nos ha legado el desarrollo evolutivo, esto es, lo que algunos llaman ‘técnicas naturales’. Muchos conservadores consideran que la preservación de las técnicas de reproducción natural es algo intrínsecamente positivo. Son rehenes de la falacia lógica ‘argumentum ad naturam’: a saber, la idea aparentemente intuitiva de que lo natural es siempre preferible a lo artificial.

Y es que, en efecto, muchas técnicas de reproducción naturales se han visto superadas por técnicas de reproducción artificiales que, por fortuna, se hallan completamente normalizadas y aceptadas en nuestra sociedad. El emparejamiento de gametos puede desarrollarse a través de los bancos de semen o de óvulos; la fecundación puede efectuarse ‘in vitro’; la gestación puede concluir en las incubadoras; el parto puede tener lugar por cesárea, y la crianza puede ser realizada en gran medida no por los padres o familiares cercanos, sino por profesionales. La gestación subrogada no es más que otra técnica de reproducción asistida que, de manera injustificada, se halla prohibida dentro de nuestro ordenamiento jurídico.

El argumento de los conservadores es que la gestación subrogada genera daños psicológicos irreparables a la mujer gestante y entorpece el adecuado desarrollo psicoafectivo del bebé. Pero la mejor evidencia disponible nos indica que tales efectos negativos no existen en ninguno de los dos casos. Pero imaginemos que tales efectos sí existieran en cierto grado: que, por ejemplo, los niños concebidos mediante gestación subrogada obtuvieran, como media, peores puntuaciones en marcadores educativos, cognitivos, conductuales o psicosociales que los niños gestados por su madre genética. ¿Bastaría ello para justificar la prohibición de la gestación subrogada?

El argumento de las feministas es que la gestación subrogada supone una mercantilización del cuerpo de la mujer y ello es naturalmente ilegítimo. Como ya he dicho, me parece un error legalizar únicamente la gestación subrogada altruista, pues con las debidas cautelas la gestación subrogada comercial funciona de manera armoniosa para todas las partes, como el ejemplo de EEUU nos muestra. En definitiva, la gestación subrogada es una técnica más de reproducción asistida que permite que una mujer ayude voluntariamente a una pareja a gestar un bebé y formar una familia. No hay motivos razonables para prohibirla y seguir cercenando las legítimas aspiraciones vitales de miles de personas a alcanzar la paternidad y proporcionar un hogar afectivo y funcional a sus hijos.

Análisis de las Partes Implicadas

La gestación subrogada es una técnica de reproducción asistida prohibida en España. Pero, en una sociedad respetuosa con la libertad de las personas, solo debería prohibirse aquello que genere un daño grave a terceros. Pues, bien, en un proceso de gestación subrogada se ven implicadas (al menos) tres partes: los padres comitentes, la gestante subrogada y el nasciturus. ¿Cuál de las tres sale perjudicada por la gestación subrogada?

Los Padres Comitentes

De entrada es difícil sostener que la gestación subrogada daña a los padres comitentes. Los padres comitentes son una pareja (o una única persona) que, generalmente por problemas de fertilidad propios, recurren a una gestante subrogada para que geste a su hijo en fase embrionaria. En este sentido, y como nadie les ha obligado (salvo acaso las circunstancias naturales de su propia infertilidad) a recurrir a la gestación subrogada, cabrá suponer que, si lo hacen, es para ver satisfecho su deseo de convertirse en padres.

El Nasciturus

Salvo que uno se adscriba a las teorías antinatalistas de David Benatar, la gestación subrogada no perjudica de ningún modo directo al nasciturus. Al contrario, el nasciturus es el principal beneficiario de esta técnica de reproducción asistida: gracias a ella, es capaz de desarrollarse en un feto y, posteriormente, en un bebé. En ausencia de gestación subrogada (máxime en presencia de infertilidad radical de los padres comitentes), ese embrión jamás llegaría a desarrollarse y nacer.

Con todo, en este argumento se da por supuesto que la madre del nasciturus es la gestante subrogada: y, si durante siglos, se ha considerado madre a la gestante ha sido por el principio de mater semper certa est, a saber, no había ninguna posibilidad de que la gestante no fuera la madre genética. Las nuevas tecnologías, empero, han roto este principio histórico, y seguir aferrándose a que la madre por necesidad ha de ser la gestante no afronta las cuestiones de fondo. En contra de la (muy generalmente falsa) imagen que tantas veces se traslada de gestantes forzosamente separadas de sus “hijos”, la mayoría de gestantes subrogadas no desean devenir responsables como madres del bebé, puesto que no solo no están emparentadas genéticamente con él, sino que ya tienen sus propias familias estructuradas y no desean añadir nuevos miembros a ellas.

Así que la alternativa a que la tutela del futuro bebé la ejerzan los padres comitentes normalmente consistiría en que la ejerzan los servicios sociales: y parece bastante absurdo sugerir que en términos promedio los bebés nacidos por gestación subrogada se desarrollarán de manera más saludable e integral bajo la tutela de la burocracia estatal que con sus padres comitentes. A este respecto, es menester recalcar que no existe ninguna evidencia de que los niños nacidos por gestación subrogada vean mermado su bienestar o desarrollo futuro frente a los niños gestados sin subrogación. Por todo ello, tampoco parece que pueda calificarse al nasciturus como damnificado del proceso de gestación subrogada.

La Mujer Gestante

En este caso, el perjuicio suele presuponerse por haber sido “forzada” a separarse de su “hijo”, pero ¿en qué sentido se la fuerza? Formar parte de este proceso requiere del consentimiento válido emitido por todas las partes adultas, de modo que no hay coacción alguna implicada. En realidad, cuando se afirma que la gestante está siendo forzada a separarse de su “hijo”, lo que quiere afirmarse es que sus circunstancias socioeconómicas la empujan a hacerlo: o, dicho de otro modo, que si su situación financiera fuera más holgada no se comprometería a entregar a su “hijo”.

En este caso, empero, conviene establecer una diferencia: por un lado, es posible que haya un grupo de gestantes que, si su situación económica fuera más holgada, no participarían en la gestación subrogada, pero ello no significa que igualmente gestarían a ese embrión y lo criarían como hijo propio. Por otro, no es cierto que todas las gestantes subrogadas -ni siquiera una mayoría de ellas- se ofrezcan como gestantes empujadas por la miseria de su entorno socioeconómico: al menos en EEUU, muchas gestantes tienen un nivel socioeconómico elevado. Por consiguiente, como poco, existe un subconjunto de mujeres que desean ser gestantes subrogadas no porque se vean presionadas por la necesidad: y, respecto a ellas, ni siquiera quienes sostienen que las circunstancias socioeconómicas “coaccionan” a las personas podrán afirmar que salen perjudicadas por un proceso de gestación subrogada que ellas mismas han aceptado autónoma y voluntariamente.

En definitiva, la gestación subrogada posibilita que unos padres desarrollen y vean nacer a su hijo en fase embrionaria gracias a la generosísima cooperación de una tercera mujer gestante que, de manera voluntaria, decide ayudarlos. Los padres son felices por ver nacer a su hijo; el hijo es feliz por terminar naciendo y contar con la oportunidad de disfrutar de una vida plena; y la gestante es feliz por haber ayudado a una pareja y a su hijo a nacer. ¿Quién sale, pues, perjudicado de este proceso? Tan solo aquellos que no toleran la felicidad ajena lograda a través de relaciones enteramente voluntarias.

Objeciones Morales y Sentimientos

Discrepo tanto de Ciudadanos como de Rallo. Objeciones y en concreto morales las hay y numerosas, sencillamente porque las personas somos seres racionales y a diferencia de otros seres vivos ni funcionamos sólo a base de instintos ni vegetamos. Nuestra conducta es moral y cuando se trata de técnicas de reproducción humana asistida, y una variante es la maternidad subrogada, hay que tener finura para captar su moralidad, más fortaleza e interés para asumir sus exigencias. En fin, esa finura es exigible al menos para que no perjudique a la madre, ni a quien parece ser un convidado de piedra en todo esto: ese futuro hijo cuya dignidad está concernida.

Evitar la mercantilización será loable, pero aconsejo leer el reciente informe de la Comisión de Bioética, que razona que esa desinteresada subrogación es la antesala de su efectiva comercialización, que no hay una cesión altruista del cuerpo para -ojo al dato- embarazarse, ahí es nada; quizás confundir un embarazo -y por encargo- con un voluntariado sea porque se ve con ojos masculinos, de ahí la ligereza de tildarlo de «acto de generosidad». Y es que hay mucho que reflexionar en todo esto.

Pero frente a las objeciones morales surgen los sentimientos y deseos; no los rechazo, pero constato que pueden ser verdaderos tiranos si no se embridan. La historia lo evidencia: ante los deseos de descendencia, los sentimientos exigen satisfacerlos aun a costa de la dignidad de mujer e hijos; ante un embarazo no deseado o simplemente descuidado, exigen «interrumpir» la gestación; ante la obviedad de que el matrimonio es heterosexual, reclaman el homosexual; ante un enfermo o impedido extremo, exigen su «muerte digna»; ante un adulterio, apelan a que «el amor se acabó».

Hoy lo sentimental tiene la complicidad del pensamiento débil, líquido, del relativismo moral, político o jurídico. De los cuatro grandes partidos políticos españoles, solo Ciudadanos se ha manifestado claramente a favor de la gestación subrogada; e incluso en ese caso, se ha tratado de una defensa parcial y limitada a la gestación subrogada de tipo altruista.

Implicaciones Éticas y Sociales Profundas

Lo que más irrita es la ingenuidad con la que se plantean los términos del debate de la “gestación subrogada”. ¿Se está abriendo las puertas de par en par a una futura manufacturación de la vida humana? «Ese es el primer paso en dirección a la metamorfosis de la imagen de los seres humanos y el mundo» escribe Ulrich Beck. El debate no es nuevo. La manipulación de los genes afecta nuestra identidad como especie.

No solo la unidad entre concepción, gestación y nacimiento se ha roto, el concepto de madre se desintegra; la gestación subrogada desacopla los procesos, tanto en el espacio y tiempo, y en el plano social. Esto es posible en una imagen fragmentada del hombre. Prolifera al comercio de embriones, la bioingeniería, implantes digitales, la manipulación genética, etc. ¿Qué impide utilizar esa técnica médica para satisfacer el deseo de tener hijos? ¿Existen límites éticos en “optimizar” el cuerpo orgánico para, de esto modo, dar el paso a un cuerpo biotecnológico?

La optimización del «espíritu» humanos ¿es una chifladura o un diagnostico digno de tomarse en serios? Inquieta y, sin embargo, parece que poco importa que se «rompen los diques» que separa lo que somos de la dotación que nos damos. Para Zygmunt Bauman la liberación de la interferencia de dios, como creador del hombre como ser dotado libre y obligado a serlo, esto es, su «indisponibilidad» no tiene que durar como su esencia. En filosofía se sustituye la consciencia (individualidad) por el cuerpo (singularidad).

La “gestación subrogada” desaparece la “natalidad” superando la distinción entre vida y cuerpo. No es como convertir en derecho el deseo de las nuevas formas de familia a tener su anhelado hijo. No importa si el motivo real es proporcionar potenciales clientes a esa industria reproductiva o promover una normalización de un negocio y, para ello, erradicar el tabú contra de la manufactura médico-tecnológica por mucho que altere la comprensión de la vida humana. ¿En qué medida la “gestación subrogada” altera la comprensión del “nacimiento” (como lo “indisponible”) y, por tanto, altera nuestra comprensión?

La unidad entre concepción, gestación y nacimiento establecida por la naturaleza se desintegra. ¿Se puede suprimir la frontera entre “donante de esperma”, “donante de óvulos”, vender material biológico, etc., con encargar la “fabricación de un hijo”? La primera consecuencia es lo inadecuado, desconcertante, polémico y provocador que tiene hablar de “madres de alquiler”, “madre sin padre”, “padre sin madre”, “mujeres menopáusicas embrazadas”, etc., que abren la puerta a la manufacturación médico-tecnológica de la vida humana. ¿Dónde queda el carácter sagrado de la maternidad, la protección de la nueva vida?

Al final humanidades será una rama de la biorobótica. Las nuevas familias viven en un mundo cosmopolita en el que puede pueden buscar y comparar precios de vientres. Estamos en el nuevo mercado global de “madres de alquiler” con inconvenientes legales nacionales. La procreación deja de ser la relación de dos cuerpos para ser la relación de semen donado, útero cedido, vientre prestado, leche materna subrogada, etc. En medio las categorías de responsabilidad, paternidad, se adiós a la “natalidad” con efectos en una desvalorización del cuerpo (Lieb) para Hannah Arendt.

No faltan ideólogos del libre mercado, como Juan Ramón Rallo, convertidos en ideólogos del altruismo. Los detalles del debate ocultan lo “normativo”, esto es, las consecuencias secundarias implícitas en ese horizonte médico-tecnológico. ¿Cómo repensar la condición humana a nivel planetario cando aparecen estas contradicciones?

Los nacidos quedan atrapados por dos legislaciones; por ejemplo, según la ley en la India si los padres son alemanes y niño no es indio; pero, según la legislación alemana, al ser ilegal el alquiler de úteros, el niño tampoco es alemán. ¿Cuál es la patria de la Madre? ¿Qué Madre? ¿Existe, todavía, una “madre”? Un niño puede tener muchas madres, o mejor, el útero de una madre, vientre de otra, leche de otra, ¿a quién identifica como madre? Preocupa ese final de la “natalidad”.

El Reparto de Carnets y la Realidad de la FIV

Hoy Rallo insiste en abordar el debate echando mano de una de las costumbres más feas que se dan en el liberalismo español: el reparto de carnets. Dice Rallo: "el profesor Contreras es un convencido liberal-conservador que cree posible compatibilizar ambas tradiciones intelectuales para promover una sociedad más próspera y justa." Dos párrafos más abajo, Rallo le quita el carnet a Contreras: "liberalismo no es conservadurismo y en muchas ocasiones ambas tradiciones entran en conflicto".

En su contrarréplica de hoy Rallo comete algunos errores. Afirma que "la fecundación in vitro es una técnica distinta de la gestación subrogada", pero la realidad es que la FIV es una de las técnicas de fecundación usada en los vientres de alquiler, junto a la inseminación artificial. Y la terrible realidad de la FIV, que muchos se empeñan en ocultar, es que cuesta multitud de vidas humanas, pues "para obtener un niño, es necesario, en el caso óptimo, haber empleado una media de 24 embriones", señala Antonio Pardo, Médico y Subdirector del Máster en Bioética de la Universidad de Navarra.

También afirma Rallo: "El riesgo de bebés a la carta que otea en el horizonte el profesor Contreras podría justificar, como mucho, la prohibición de la fecundación in vitro (o, por afinar más, de una fecundación in vitro que conduzca a la selección caprichosa de embriones), pero no de la gestación subrogada." Como hemos visto, la FIV sí guarda relación con los vientres de alquiler. Pero además hay que señalar que la realidad ya le lleva la contraria a Rallo.

En 2013 una pareja de EEUU ofreció 10.000 dólares a la madre gestante para abortar al bebé al saber que tenía problemas de salud (había sido concebido mediante FIV). Los padres amenazaron a la madre con abandonar al bebé y dejarlo bajo la tutela del Estado. La madre, a pesar de estar en el paro y sin un hogar permanente, decidió negarse a abortar. En 2014 una pareja australiana que contrató un vientre de alquiler en Tailandia se quedó con la niña sana y renunció a su hermana por tener el síndrome de Down. Previamente la pareja que había contratado la compra de las bebés le había pedido a la madre que abortara a la niña discapacitada. Otra mujer de California que aceptó ser vientre de alquiler para un hombre se quedó embarazada de trillizos mediante FIV (sí, esa técnica que según Rallo no se usa en la maternidad subrogada) y el comprador de los niños la amenazó con arruinarla si no abortaba a uno de ellos.

Sinceramente, me importa un pimiento que me llamen conservador (como si fuese un insulto), o carca, o retrógrado o lo que sea, pero como liberal, me niego a apoyar la reedición de los antiguos mercados de esclavos, esta vez con bebés. Lo que yo tengo claro es que como liberal no puedo tomar posición sobre un tema así obviando que hay vidas en juego. La humanidad ya cometió un grave error hace tiempo, incluso en un país democrático como EEUU, considerando que determinados seres humanos no eran personas y que sobre ellos podía ejercerse un derecho de propiedad que incluía su venta a otros.

Maternidad subrogada: la nueva esclavitud del s. XXI. Un análisis ético y jurídico.

Ilustración sobre el concepto de gestación subrogada. Fuente: Vecteezy

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