John McEnroe: Un Legado Más Allá de la Cancha

Imagine a un joven tenista de diez años, lleno de potencial y con un futuro incierto pero prometedor. ¿Qué podría ser lo mejor y lo peor que le podría pasar? La respuesta es la fama. Esta es la historia de un tenista que experimentó ascensos y caídas a lo largo de su carrera, dejando una marca imborrable en el deporte.

John McEnroe en 2018.

La Era Dorada del Tenis Estadounidense

En la era ATP, el tenis masculino estadounidense se acostumbró a dominar. Durante muchos años, Estados Unidos fue la cuna de los mejores jugadores, asociaciones y escuelas. Nombres como Pete Sampras y André Agassi hicieron historia, protagonizando rivalidades que marcaron una época.

En 1990, Pete Sampras emergió como un fenómeno, ganando catorce grandes trofeos en doce temporadas. Sampras se convirtió en el tenista con más títulos del Grand Slam de la historia. Si bien Pete Sampras no fue especialmente carismático y quizá no fascinó tanto a los aficionados como otros grandes del pasado, elevó el listón como nunca antes y protagonizó varios hitos y récords históricos impresionantes.

Su gran rival, André Agassi, también estadounidense, intensificó la competitividad. Se enfrentaron nada menos que treinta y cuatro veces en total, en las que su odio mutuo sólo hizo que crecer… la feroz competitividad de los campeones estadounidenses hace que rara vez consigan llevarse bien. Aunque la verdad es que Sampras y Agassi no eran propensos a organizar trifulcas como otros rivales norteamericanos del pasado.

Volviendo a Sampras y Agassi, ambos tuvieron la decencia de dejar los numeritos embarazosos de avinagrada animosidad para las exhibiciones posteriores a su retiro o para comentarios extemporáneos y sarcasmos varios en los medios. Pero en competición se supieron comportar. ¿El resultado final de su rivalidad? Bastante igualado.

El Legado de McEnroe y Connors

No se puede hablar de rivalidades estadounidenses sin mencionar los enfrentamientos entre John McEnroe y Jimmy Connors. Hablo, cómo no, de aquellos atroces (pero divertidos, ¡para qué negarlo!) concursos de barriobajerismo entre John McEnroe y Jimmy Connors. Esto de odiarse sobre la pista era una cosa muy entre americanos, como lo prueba que el trato de McEnroe con su otro gran rival, el sueco Borg, fuese siempre exquisito.

John McEnroe y Bjorn Borg en 2011.

El Fin de una Era y la Búsqueda de un Nuevo Ídolo

En el 2002, Sampras se retiró en lo más alto, tras ganar su último US Open en su trigésimo cuarto choque con su odiado André Agassi. Sampras, para quien siempre contaban los Slams mucho más que el resto de torneos, fue listo al retirarse justo entonces: sabía perfectamente que ya no era el mejor (había abandonado el nº1 del ranking años atrás, tras haberlo ocupado durante seis temporadas consecutivas), que su carrera estaba decayendo y que aquel título grande sería muy probablemente el último.

Tras la retirada de Sampras, Andy Roddick emergió como una esperanza, ganando el US Open en 2003. Providencialmente, apareció otro talento norteamericano llamado Andy Roddick en el que algunos quisieron -quizá demasiado pronto-ver a un Sampras en ciernes. Roddick tenía un servicio que era como un misil, una derecha agresiva, una actitud muy atlética sobre la pista.

Pero Roddick no dominó como se esperaba, o mejor dicho, como esperaban sobre todo en su país. Cuando con la súbita e inesperada decadencia de Ferrero, Roddick ya estaba frotándose las manos pensando en los títulos que estaban por venir, un suizo del que se venía hablando maravillas por su inspiración extravagante, pero que no había terminado de centrarse, un tal Roger Federer, despertó de su letargo juvenil y se convirtió básicamente en la versión raqueta en mano de Superman.

Para colmo, Federer daba muestras de que sería capaz de superar a Sampras en el ranking histórico, cosa que al final, como hoy ya sabemos, terminaría consiguiendo. El reinado norteamericano había terminado y su orgullo tenístico no parecía capaz de asimilarlo. Su mejor hombre, Roddick, se convirtió de la noche a la mañana en un juguete en manos del genio suizo.

Estados Unidos dejó de ser una potencia hegemónica, y otros países como España comenzaron a destacar. Otros países comenzaron a soplarles la nuca: Rusia, Argentina, Francia, y sobre todo España. El sistema español de academias de tenis terminó igualando o incluso superando en potencia al hasta entonces todopoderoso sistema norteamericano.

El Niño Prodigio y el Hype

Se necesitaba un niño prodigio para revivir el interés por el tenis en Estados Unidos. Y los niños prodigio nacen, no se hacen. Quien desató la tormenta fue John McEnroe, ayer exquisito genio de la volea y bocazas profesional en la pista; hoy comentarista simpático y en cierto modo todavía bocazas profesional tras los micrófonos. McEnroe, por decirlo de manera llana, no se calla ni debajo del agua. Literalmente.

En 1999, McEnroe intercambió golpes con un recogepelotas de diez años llamado Donald Young, quien resultó ser un prometedor tenista. En Estados Unidos se toman estas cosas más a la tremenda, especialmente cuando su tenis estaba siendo superado sobre las pistas y fuera de ellas, necesitaba desesperadamente un revulsivo y la aparición de un niño prodigio era como agua caída del cielo.

John McEnroe, uno de los artistas y estetas por excelencia no ya del tenis, sino probablemente de todos los deportes, acababa de decir públicamente que había reconocido a otro artista, con ese sexto sentido que suponemos tienen los genios para detectar a otros genios. La prensa norteamericana, enternecida por el pequeño Young o sencillamente alborotada ante la posibilidad de terminar recobrando el trono, se volcó en la historia. Naturalmente se puso en marcha una de las más eficaces y demoledoras maquinarias de la sociedad estadounidense: el hype.

El hype norteamericano implica que cualquier individuo, objeto, suceso o concepto adquiere una resonancia nacional inmediata (y «nacional» en Estados Unidos, ¡es algo muy grande!) y salta a las revistas y a los programas de televisión. Se habla de él, ella o ello en todas partes, sencillamente porque es el tema del momento y está de moda. Nada ni nadie puede seguir siendo anónimo cuando la maquinaria del hype se apodera de él.

Durante sus años de junior, Young obtuvo resultados satisfactorios, pero sus padres lo lanzaron al profesionalismo a una edad muy temprana. Mientras fue junior obtuvo resultados más que satisfactorios a nivel internacional. Pero la avaricia de sus padres, o su excesiva ambición, o quizá sencillamente su falta de sensatez, les hicieron lanzar a Donald como profesional a una edad muy temprana. Demasiado temprana.

Con sólo quince años estaba jugando sus primeros torneos profesionales, algo poco común en el tenis masculino. Eran torneos de bajo nivel, pero jugados por tenistas adultos ya formados. Debutar tan pronto es algo que también hizo, por ejemplo, Rafael Nadal. Pero había una diferencia fundamental entre ambos tenistas: a los quince años Nadal era un jugador precoz y su tenis estaba ya a un considerable nivel, tras haberlo cultivado durante varios intensos años en la calmada sombra del anonimato. Nadal podía ganar o perder más o menos partidos cuando debutó, pero también era capaz de jugarle de tú a tú a tenistas adultos. Estaba preparado para saltar a la arena y aprender.

Los resultados de Young durante sus primeros años de evolución en el tenis profesional fueron pobrísimos, incluso teniendo en cuenta su juventud e inexperiencia. No era un profesional precoz como Nadal, sino sencillamente un junior al que se había empujado a la piscina demasiado pronto y que estaba empezando a ahogarse. Su potencial era evidente, pero era como una naranja arrancada demasiado pronto del árbol y a la que, por tanto, le costará mucho más madurar adecuadamente… si es que lo consigue alguna vez.

La Vida Personal y el Legado de McEnroe

John McEnroe se casó dos veces. En 1986 con la actriz Tatum O’Neal, con quien tuvo tres hijos (Kevin en 1986, Sean en 1987 y Emily en 1991), y de la que se divorció en 1992. Inició una relación con la cantante Patty Smyth en 1993, su hija Anna nació en 1995 y ellos se casaron en 1997.

La relación con O’Neal fue realmente tortuosa. Al parecer era tan excéntrica como el propio John McEnroe, que llegó a denominarla «mi versión femenina» e, incluso, aparecieron en programas televisivos tirándose objetos.

Además de su carrera en el tenis, McEnroe ha explorado otras pasiones. Toca la guitarra como pasatiempo y en 1994 creó su propio grupo musical para cumplir su sueño de convertirse en músico profesional: The Johnny Smyth Band. Era el cantante y guitarrista.

Desde su retiro, McEnroe ha trabajado como comentarista de tenis y ha participado en diversos proyectos audiovisuales. En 2017 se estrenó el largometraje sueco «Borg vs McEnroe», centrado en la rivalidad entre ambos tenistas, especialmente la final de Wimbledon 1980.

Desde 2010 tiene una academia de tenis con su nombre en New York. Desde su último año como jugador trabaja como comentarista de tenis en diversas cadenas de televisión.

Academia de Tenis John McEnroe en Nueva York.

Tabla Resumen de la Carrera de John McEnroe

Logro Detalle
Títulos Individuales 77
Títulos de Dobles 78
Semanas como Nº1 en Dobles 269
Títulos de Grand Slam Individual 7
Finales de Grand Slam Individual 11

Bjorn Borg vs John McEnroe | The 1980 tie-break in full

El legado de John McEnroe perdura, no solo por sus logros en la cancha, sino también por su personalidad y su impacto en la cultura del tenis.

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