Mª Paz era hija de Julián Diaz de Cerio y Daría Crespo. Este matrimonio tuvo dos hijos más: Jesús Mari, ya fallecido, y Carmen. Daría enviudó joven y quedó con sus tres hijos pequeños. Su marido, Julián, era guardia civil y estaba destinado en Isaba (Navarra).
Con la tienda de ultramarinos y el estanco pudo sobrevivir, ya que tenía pocas fincas agrícolas, que gobernaba su hijo Jesús Mari ayudado por alguno de sus tíos. Mª Paz y su hermana Carmen fueron al colegio de Huérfanas de la Guardia Civil Marqués de Vallejo en Valdemoros (Madrid). Mª Paz se ocupó en una tienda de ultramarinos, mas al poco tiempo entró a trabajar de operadora en Telefónica hasta su jubilación.
En Vitoria se desposó con un chicarrón del norte, Fermín Madinabeitia Esquibel a quien en Azuelo todos conocemos como Fermín “El Vasco”. Durante unos años los hijos de Daría se desligaron de Azuelo hasta que un día sintieron la morriña de su tierra y comenzaron a regresar al pueblo para visitar a sus primos. Visitas que cada vez eran menos espaciadas y un día decidieron comprar una casa entre los tres y la rehabilitaron. Cultivaron la huerta y hasta tenían mula mecánica que era la delicia de todos los vástagos de estos tres hermanos, para ellos no había mayor diversión en el pueblo que pasear hasta la huerta montados en el remolque de la mula mecánica.
Mª Paz tenía gran amor a su pueblo; se le llenaba la boca hablando de él y siempre que se despedía nos hacía la misma recomendación: cuidad bien el pueblo. Hasta su fallecimiento ha sido socia de la Asociación Cultural Recreativa Santa Engracia y de la Asociación Cultural Monasterio San Jorge de Azuelo. Con la jubilación de Fermín planificaron poder venir más a Azuelo.
Hoy desde esta página de la Asociación Cultural Recreativa Santa Engracia les decimos a sus hijos, Javier y Mari Paz, Zuriñe y Roberto, a sus nietos Naroa, Aimar y Jon y a todos sus familiares que les acompañamos con nuestro sentimiento por el fallecimiento de Mª Paz. Mª Paz ha fallecido, pero a sus hijos les ha dejado el amor a su pueblo, su casa, su borda y su vergel.
La Resiliencia de Marta Oriol: Un Testimonio de Esperanza tras la Pérdida
Marta dice estar llena de cicatrices por dentro y por fuera. Pero al hablar ninguna de estas se impone, sino una sonrisa grande y maternal que ayuda al que escucha a poder acoger todo lo que va a seguir narrando.
Con 18 años empiezo a salir con Quique, todo es una historia maravillosa. Y cuando más felices estamos, con unos gemelos de un año y otro bebé a punto de nacer, tenemos un accidente. Estuve 15 días en la UVI luchando por mi vida.
Un Dolor Inimaginable
En la UCI luchaba pensando en todos los planes que teníamos por delante. Salí emocionada. Yo no sabía nada. Pensé que me estaba esperando en el cuarto. Y empieza el peso de la cruz… Fue un dolor salvaje. Yo que era superapasionada, que he querido vivir cada minuto a fondo y de repente, no quería vivir. Un tío mío me decía que le recordaba a Job. Así que yo le preguntaba cómo terminaba. Y el final siempre me consolaba porque le da el ciento por uno en esta vida y luego la vida eterna. Pero fue durísimo. Entendía a la gente que se quita la vida. Se había roto mi vida y tenía 27 años.
COMO SUPERAR LA PERDIDA DE UN SER QUERIDO
La Relación con Dios en Tiempos de Adversidad
Recuerdo que le dije a mi madre: «No interesa ser su amiga. Me tiro toda la vida haciendo lo que Él quiere y va y me manda esto». Fue a partir de la experiencia de sentirlos verdaderamente presentes como pude tener una experiencia y certeza real del cielo. Sentía que Dios me llevaba en brazos literalmente. Sentía a Cristo como mi cireneo.
El Comienzo de la Aceptación
Un día me dije -fue una actitud del corazón que me regaló Dios-: «No puedo más, se acabó, que sea lo que Tú quieras». Y empecé a aceptarlo, a dar gracias por lo que pasó de bonito a raíz del dolor, por la gente que me escribió. Empecé a dar gracias por el marido que había tenido, por los hijos. Y me esforcé en vivir el hoy.
La Esperanza Renace: Un Nuevo Comienzo
A los pocos meses del accidente me fui a Asturias con mis suegros. Cuatro meses antes del accidente estaba embarazada y teníamos la boda de mis cuñados allí, estábamos emocionados, pero no pudimos ir porque tuve que guardar reposo. Así que, cuando volví, tuve un momento de rebeldía: «Pero Señor, si te lo ibas a llevar, ¿por qué no me dejaste disfrutar de esto con él, que habría sido su último viaje?». Comentándolo luego con mi cuñada me decía que quizá lo mejor es que hubiera un lugar donde no tuviera recuerdos que me hicieran daño, un sitio donde pudiera conocer a gente diferente, un sitio virgen.
No obstante seguía deshecha y así me fui a Tierra Santa con mi familia, que no me apetecía nada, porque pensaba: «¡Y ahora a recorrer el camino de la cruz, como si no tuviera yo bastante!». Pero la verdad es que de ese viaje volví cambiada. Empezó el corazón a funcionar.
Un Nuevo Amor Tras el Duelo
Yo decía que nunca iba olvidar a mi marido. Voy con los anillos que él me regalo aún en la mano. Lo tengo presente, su familia sigue siendo la mía, estoy marcada para siempre. Así que eso le dije a José. Y él me respondió: «Mira, a mí me gustas tú como eres; si no fuera por eso no serías tú, y eso es lo que quiero». Él es un hombre de Dios. Nos casamos donde nos conocimos, en ese lugar en el que tiempo atrás me ayudaron a ver que se trataba de un lugar nuevo para mi, donde poder reposar. Allí había pedido yo a la Virgen de Guía: «Si tú estás aquí para guiarme, guíame. Igual que guías a los marineros, guíame porque estoy en un momento de oscuridad total y absoluta».
Marta Oriol, al cierre de esta edición, tendrá ya en sus brazos a Rocío. Cuatro hermanos la cuidarán en casa. En el cielo, otros tres (la última su hermana Paz, una trilliza que murió al nacer).
| Personaje | Relación | Información Adicional |
|---|---|---|
| Mª Paz | Hija de Julián Diaz de Cerio y Daría Crespo | Casada con Fermín Madinabeitia Esquibel, tenía un gran amor por su pueblo, Azuelo. |
| Marta Oriol | Madre | Superó la pérdida de su esposo y trillizos, encontrando un nuevo amor y esperanza. |
