La Navidad es un tiempo de reflexión y alegría para los cristianos de todo el mundo. La mirada y el corazón de los cristianos se dirigen hacia Belén, donde resonó el anuncio esperado durante siglos: "Les ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor" (Lc 2,11). Este anuncio, proclamado por un ángel en el cielo de Belén, sigue resonando hoy, llenándonos de confianza y esperanza al saber que el Señor nació por nosotros.
El Anuncio de Belén: Una Alegría Transformadora
El Papa Francisco nos recuerda que "nos llena de confianza y esperanza saber que el Señor nació por nosotros; que la Palabra eterna del Padre, el Dios infinito, puso su morada entre nosotros; que se hizo carne, vino «y habitó entre nosotros" (Jn 1,14). ¡Esta es la noticia que cambia el curso de la historia!".
El anuncio de Belén es una gran alegría, no la felicidad pasajera del mundo, sino una alegría que nos hace "grandes". Hoy, nosotros, seres humanos con nuestros límites, abrazamos la certeza de una esperanza inaudita: la de haber nacido para el cielo. Jesús, nuestro hermano, vino a hacer que su Padre sea nuestro Padre. Siendo un Niño frágil, nos revela la ternura de Dios y nos da el poder de llegar a ser hijos de Dios (Jn 1,12). Esta es la alegría que consuela el corazón, renueva la esperanza y da la paz; es la alegría del Espíritu Santo, la alegría de ser hijos amados.
Una Llama Inextinguible en la Oscuridad
En medio de las tinieblas de la tierra, en Belén se ha encendido una llama inextinguible; en medio de la oscuridad del mundo, hoy prevalece la luz de Dios, que ilumina a todo hombre. Alégrate tú, que has perdido la confianza y las certezas, porque no estás solo: ¡Cristo ha nacido por ti! Alégrate tú, que has abandonado la esperanza, porque Dios te tiende su mano. No te señala con el dedo, sino que te ofrece su manito de Niño para liberarte de tus miedos, para aliviarte de tus fatigas y mostrarte que a sus ojos eres valioso como ningún otro. Alégrate tú, que en el corazón no encuentras la paz, porque se ha cumplido la antigua profecía de Isaías: 'Un niño nos ha nacido, un hijo nos ha sido dado […] y se le da por nombre: […] Príncipe de la paz' (9,5).
El Nacimiento de Jesús: Signo de Luz y Paz
La Navidad es el tiempo en el que la Iglesia celebra que Dios se hace hombre. Los cristianos celebramos su humilde nacimiento en Belén, anunciado a los pastores. Nace un niño que se presenta como signo de luz y paz en medio de la oscuridad de la violencia y de la guerra. Este niño nacido pobre en Belén traerá la paz. Jesús es nuestra paz y la fuente de nuestra alegría. Él es nuestra esperanza, como dice el Evangelio. En Navidad Dios nace en la humildad.
Para que la debilidad se hiciera fuerte, se hizo débil la fortaleza. Ese “hoy” significa que su primera venida se nos hace presente. Efectivamente, en la celebración litúrgica él sigue viniendo en medio de la noche del mundo para iluminarnos con su gracia y prepararnos así para que un día podamos gozar en el cielo del esplendor de su gloria (Co).
El Nacimiento de Jesús | Pastor José Manuel Sierra
La Sagrada Familia: Modelo de Virtudes Domésticas
La Sagrada Familia es modelo de virtudes domésticas y de unión en el amor (Co). Con ella comenzó a existir la familia como Iglesia doméstica, en la que se evangeliza y se practica la vida cristiana. La primera lectura nos recuerda que hay que honrar a los padres.
María, Madre de Dios y de la Iglesia
En este primer día del año celebramos la Octava de la Natividad del Señor con la solemnidad de la maternidad divina de la Virgen María. De ella nació el enviado por Dios, el Hijo (cf. 2 Lect), la segunda Persona de la Santísima Trinidad, hecho hombre, por lo que puede ser proclamada con toda propiedad como Madre de Dios y Madre de la Iglesia, Cuerpo místico de Cristo (cf. De).
Los Magos de Oriente: Reconociendo a Jesús como Salvador
Jesucristo es Salvador para todo el mundo. Así se expresa en el relato evangélico que nos presenta a unos gentiles -los magos de Oriente- que guiados por la luz de la fe representada por la estrella, adoraron al niño que estaba con María, su madre. Y le ofrecieron oro, como rey; incienso como Dios; y mirra como hombre que habría de sufrir para salvarnos.
El Bautismo de Cristo: Revelación del Hijo Amado
El Padre, en el bautismo de Cristo en el Jordán, quiso revelar solemnemente que él era su Hijo amado, su predilecto (cf. Co y Ev). En él se cumple la profecía de Isaías: «Mirad a mi siervo, a quien sostengo».
Orar en Familia: Una Escuela del Evangelio
Las familias son una auténtica escuela del evangelio. Aquí aprendemos que todo núcleo familiar cristiano está llamado a ser «iglesia doméstica», para hacer resplandecer las virtudes evangélicas y llegar a ser fermento de bien en la sociedad.
Dios Padre, tú has amado tanto a los hombres que nos enviaste a tu único Hijo para salvarnos y llevarnos de nuevo a ti, derrama tu bendición sobre estos alimentos y también sobre los miembros de este hogar, para que así como ahora acogemos gozosos a tu Hijo hecho niño en Belén, lo recibamos también confiados cuando venga al fin de los tiempos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
Dios Viene a la Cárcel: Un Mensaje de Esperanza
El papa Francisco nos recuerda que «Dios nunca se cansa de perdonar, somos nosotros los que nos cansamos de pedir perdón» (Evangelii Gaudium, 3). Hoy, en Navidad, Dios no viene a señalar con el dedo, sino a abrir caminos nuevos. No viene a condenar, sino a salvar.
Este día proclamamos que el futuro no está cerrado, porque Dios ha entrado en la historia. El Niño que nace en Belén crece, entrega su vida, muere en la cruz y resucita. Y su resurrección nos dice que el mal no tiene la última palabra, que el pecado no es más fuerte que la misericordia, que la muerte no vence a la vida. Que de la cárcel se sale, que uno puede volver a empezar y que vale la pena luchar.
El Nacimiento de Juan el Bautista: El Precursor
En la convicción de que Juan el Bautista es el «precursor», Lucas, antes de hablar del nacimiento de Jesús, habla del nacimiento de Juan (Lc 1,57-80). El texto se divide en dos partes: la primera (Lc 1,57-66) relata el acontecimiento del nacimiento; la segunda (Lc 1,67-79) refiere el Benedictus, el canto de alabanza de Zacarías.
La segunda parte del Benedictus (Lc 1,76-79) es una profecía sobre el futuro de Juan: será profeta, pero con un carácter especial. De hecho, tendrá la misión de ser el «precursor» de Dios, es decir, el que tendrá que preparar el camino para la venida del Señor.
El Contexto Histórico del Nacimiento de Jesús
Desde el punto de vista de la fe cristiana, lo importante es el acontecimiento del nacimiento de Jesús en Belén en tiempos de César Augusto. En cambio, las condiciones históricas en las que nació Jesús son menos importantes. El hecho de que Jesús nazca en Belén, es decir, en la ciudad de David, demuestra que es descendiente de David y cumple la profecía de Miqueas de que el Mesías saldría de Belén. El hecho de que Jesús nazca en tiempos de César Augusto vincula este nacimiento con el imperio romano y con el hombre más poderoso de su tiempo - el emperador César Augusto -, a quien se concedió el título de Salvador del mundo.
José emprende el camino a Belén para ser censado «junto con María, su esposa, que estaba embarazada». José acoge a María en su casa y la conduce con él a Belén. El acontecimiento del nacimiento de Jesús se expresa en muy pocas palabras: «Mientras se encontraban en Belén, le llegó el tiempo de ser madre; y María dio a luz a su Hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el albergue (Lc 2,6-7).
Los Pastores: Primeros Testigos del Nacimiento
En las cercanías de Belén, unos pastores velaban de noche por su rebaño contra los ladrones. Fue en una de estas vigilias nocturnas cuando un ángel del Señor se les apareció y la gloria del Señor los envolvió en luz. Les invadió un gran temor, pero el ángel les dijo: «“No teman, porque les traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo: Hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor. Y esto les servirá de señal: encontrarán a un niño recién nacido envuelto en pañales y acostado en un pesebre”.
La aparición del ángel y de la «gloria», es decir, el esplendor y la majestad de Dios, que los llena de luz en la oscuridad de la noche, asusta a los pastores, hasta el punto de que antes de anunciarles el nacimiento de Jesús el ángel debe tranquilizarlos, diciéndoles «No teman». A continuación, les da el anuncio, que será motivo de «gran alegría» - ¡alegría mesiánica! - para ellos y para todo el pueblo, al que está destinada la salvación: «Hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor».
La Adoración de los Pastores y la Meditación de María
En efecto, llenos de alegría, los pastores van a Belén para ver el acontecimiento que el Señor les ha dado a conocer, buscan y encuentran al niño, acostado en un pesebre, con su madre María y José. Una vez que lo han visto, cuentan lo que el ángel les ha dicho del niño, asombrando a todos los que les oyen. Y mientras ellos regresan a su rebaño glorificando y alabando a Dios por lo que han visto y oído, María, por su parte «conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón» (Lc 2,19).
El Nombre de Jesús: Dios Salva
José y María son fieles a la Ley judía, que exigía circuncidar al niño a los ocho días de nacer. Y, en efecto, Jesús es circuncidado; pero lo que más importa a María es poner al niño el nombre que el ángel le señaló: Jesús.
La Presentación de Jesús en el Templo
Cuando llegó el día fijado por la Ley de Moisés para la purificación, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor (Lc 2,22). La «presentación» del niño Jesús al Templo de Jerusalén recordaba al pequeño Samuel «presentado» por sus padres a Elí y «entregado al Señor» por su madre Ana «por todos los días de su vida» (1 Sam 1,25-28). De igual modo Jesús es consagrado a Dios. Por su «redención» ofrecen «un par de tórtolas o de pichones»: la ofrenda propia de los pobres.
El Nacimiento de Jesús en el Corazón
Hablando con una amiga, me dijo que le gustaría que Jesús naciera en su corazón y que no sabía si lo había experimentado alguna vez. La verdad es que aquella conversación me llevó a orar, porque es cierto que, en estos días, escuchamos ese deseo: “que Jesús nazca en nuestro corazón”. Pero, ¿qué significa realmente?
El Señor sabía que ellos no lo racionalizarían todo, sino que se asombrarían, y su corazón estallaría en alabanzas al Señor. ¡Qué feliz se vive cuando uno se sabe escogido así por Él, cuidado y protegido por todo un Dios que ha venido a salvarnos! Esa experiencia es un don del Espíritu Santo, que obra una transformación dentro de nosotros.
¿Cuándo y Dónde Nació Jesús?
Así pues, si formulamos a cualquier conocido la pregunta: ¿cuándo y dónde nació Jesús de Nazaret?, es probable que su respuesta sea rápida y llena de seguridad: Jesús nació en Belén de Judea el 25 de diciembre del año 1 a. C., seis días antes del cambio de era. Pero, ¿es ésta una respuesta exacta? ¿En qué datos se basa?
Los relatos de los llamados Evangelios de la Infancia, el de Mateo (capítulos 1 y 2) y el de Lucas (capítulos 1 al 3), nos ofrecen dos anclajes cronológicos: el primero, que aparece en Lucas 1.5 y en Mateo 2.1, afirma que Jesús nació en tiempos del rey Herodes el Grande (40-4 a. C.), y el segundo, en Lucas 2.1-2, que coincidió con el censo que, en tiempos de Augusto, Quirino llevó a cabo en la provincia romana de Siria.
El Significado de Belén
Pero no solo el lugar de nacimiento es fruto de la necesidad de situar a Jesús dentro del esquema del esperado Mesías, sino que hay otros elementos de la historia que cumplen esta misma función. Cuando los magos de Oriente se presentan ante Herodes para preguntarle por el recién nacido, el rey, asustado ante la posibilidad de perder su trono, ordena el asesinato de todos los niños menores de dos años de Belén.
Hay que hacer notar la similitud entre este episodio y otro del Antiguo Testamento, en Éxodo 1, sobre el nacimiento de Moisés, donde el faraón ordena la muerte de todos los niños hebreos de su reino. El propósito de esta narración es doble. Este versículo, trasladado al Nuevo Testamento, identifica a Raquel con el pueblo de Belén, donde se encuentra su tumba. Por otra parte, se adivina en Mateo una intención de presentar a Jesús como el “nuevo Moisés”, que promulgará (en concreto en el sermón de la montaña) una ley que superará la que este recibió en el Sinaí.
La Fecha del Nacimiento de Jesús: Un Debate Histórico
Una vez establecida la dificultad del dato de Belén, hay que añadir que la fecha de nacimiento coincidiendo con el censo de Quirino se contradice igualmente con otro dato que nos ofrece el mismo evangelista; a saber, que Jesús tenía unos treinta años cuando comenzó su predicación (Lucas 3.23). Asumiendo que esta duró unos tres años, y que fue crucificado siendo gobernador de Judea Poncio Pilato (26-36 d. C.), deberemos situar su nacimiento entre los años 7 a. C. y 3 d.
En realidad, la cuestión sobre la fecha exacta del nacimiento de Jesús preocupaba bien poco a los primeros cristianos de los siglos I y II d. C., y su establecimiento fue, en primera instancia, una cuestión de política religiosa.
La Imposición de la Navidad Cristiana
Sea como fuere, cuando, a partir del año 325 d. C. todo el imperio adoptó el cristianismo como religión oficial, se tardó poco tiempo en suplantar estas fechas por otras de base cristiana y contenido muy similar. Y así, en 350 d. C. el papa Julio I ya sugirió que se celebrase el nacimiento de Jesús el día 25 de diciembre, y cuatro años más tarde, su sucesor Liberio decretó oficialmente aquel día para la celebración.
Lo que subyace aquí es una imposición de unas festividades cristianas de nuevo cuño sobre las tradicionales fiestas paganas, del mismo modo que, a lo largo y ancho de todo el mundo cristiano, las iglesias y catedrales fueron construidas a menudo sobre templos paganos o muchos santos representan, en realidad, antiguas divinidades o mitos grecolatinos o nórdicos. De ese modo, la gente adoptaba de mejor grado la nueva religión sin la sensación de pérdida de sus costumbres más arraigadas.
El Cálculo de Dionisio el Exiguo
Pero la fecha propuesta por Dionisio, basada en criterios astronómicos, no encajaba con las consideraciones históricas sobre las fechas de reinado de Herodes o del censo de Quirino. Caía cuatro años después de la muerte de Herodes y seis años antes del censo de Quirino.
Hay dos posibles explicaciones. La primera sería admitir que errar es humano y asumir que Dionisio, sencillamente, se equivocó. La segunda es que Dionisio escogió conscientemente el año 754 ab urbe condita para iniciar su nueva era porque esos dígitos contenían unos números con un valor sagrado, en concreto el 7 y el 27 (múltiplo de 3 y 9).
Sea como fuere, la propuesta de Dionisio acabó por ser aceptada durante los siglos siguientes por todas las iglesias cristianas, y ha acabado por ser universalmente admitida como base cronológica en todo el mundo occidental.
El Significado de la Luz en la Navidad
En esta noche, el amor de Dios se ha mostrado a nosotros: es Jesús. En Jesús, el Altísimo se hizo pequeño para ser amado por nosotros. En Jesús, Dios se hizo Niño, para dejarse abrazar por nosotros. Pero, podemos todavía preguntarnos, ¿por qué san Pablo llama “gracia” a la venida de Dios al mundo? Para decirnos que es completamente gratuita.
La Navidad nos recuerda que Dios sigue amando a cada hombre, incluso al peor. A mí, a ti, a cada uno de nosotros, Él nos dice hoy: “Te amo y siempre te amaré, eres precioso a mis ojos”. Dios no te ama porque piensas correctamente y te comportas bien; Él te ama y basta. Su amor es incondicional, no depende de ti. Puede que tengas ideas equivocadas, que hayas hecho de las tuyas; sin embargo, el Señor no deja de amarte.
La Gracia y la Belleza del Amor de Dios
Gracia es sinónimo de belleza. En esta noche, redescubrimos en la belleza del amor de Dios, también nuestra belleza, porque somos los amados de Dios. En el bien y en el mal, en la salud y en la enfermedad, felices o tristes, a sus ojos nos vemos hermosos: no por lo que hacemos sino por lo que somos.
En esta noche, el amor venció al miedo, apareció una nueva esperanza, la luz amable de Dios venció la oscuridad de la arrogancia humana. Queridos hermanos y hermanas: ¿Qué hacer ante esta gracia? Una sola cosa: acoger el don. Antes de ir en busca de Dios, dejémonos buscar por Él, porque Él nos busca primero. No partamos de nuestras capacidades, sino de su gracia, porque Él es Jesús, el Salvador. Pongamos nuestra mirada en el Niño y dejémonos envolver por su ternura.
Acoger el Don de Jesús
La pregunta que surge en Navidad es: “¿Me dejo amar por Dios? Un regalo así, tan grande, merece mucha gratitud. Acoger la gracia es saber agradecer. Pero nuestras vidas a menudo transcurren lejos de la gratitud. Hoy es el día adecuado para acercarse al sagrario, al belén, al pesebre, para agradecer. Acojamos el don que es Jesús, para luego transformarnos en don como Jesús. Jesús nos lo manifiesta esta noche. No cambió la historia constriñendo a alguien o a fuerza de palabras, sino con el don de su vida. No esperó a que fuéramos buenos para amarnos, sino que se dio a nosotros gratuitamente.
Si tus manos te parecen vacías, si ves tu corazón pobre en amor, esta noche es para ti. Se ha manifestado la gracia de Dios para resplandecer en tu vida.
Un Mensaje de Paz y Esperanza para el Mundo
En el seno de la madre Iglesia, esta noche ha nacido nuevamente el Hijo de Dios hecho hombre. Su nombre es Jesús, que significa Dios salva. El Padre, Amor eterno e infinito, lo envió al mundo no para condenarlo, sino para salvarlo (cf. Jn 3,17). El Padre lo dio, con inmensa misericordia. Lo entregó para todos. Lo dio para siempre.
Que Cristo sea luz para tantos niños que sufren la guerra y los conflictos en Oriente Medio y en diversos países del mundo. Que sea consuelo para el amado pueblo sirio, que todavía no ve el final de las hostilidades que han desgarrado el país en este decenio. Que remueva las conciencias de los hombres de buena voluntad. Que inspire hoy a los gobernantes y a la comunidad internacional para encontrar soluciones que garanticen la seguridad y la convivencia pacífica de los pueblos de la región y ponga fin a sus sufrimientos.
Que el Señor Jesús sea luz para la Tierra Santa donde Él nació, Salvador del mundo, y donde continúa la espera de tantos que, incluso en la fatiga, pero sin desesperarse, aguardan días de paz, de seguridad y de prosperidad. Que el pequeño Niño de Belén sea esperanza para todo el continente americano, donde diversas naciones están pasando un período de agitaciones sociales y políticas.
Que el Señor recién nacido sea luz para los pueblos de África, donde perduran situaciones sociales y políticas que a menudo obligan a las personas a emigrar, privándolas de una casa y de una familia. Que haya paz para la población que vive en las regiones orientales de la República Democrática del Congo, martirizada por conflictos persistentes.
Que el Emmanuel sea luz para toda la humanidad herida. Que ablande nuestro corazón, a menudo endurecido y egoísta, y nos haga instrumentos de su amor. Que, a través de nuestros pobres rostros, regale su sonrisa a los niños de todo el mundo, especialmente a los abandonados y a los que han sufrido a causa de la violencia.
Celebraciones Navideñas y sus Símbolos
El día de Navidad, se celebra cada año el 25 de diciembre. El 24 de diciembre es la víspera del día de Navidad y según la tradición cristiana, la Nochebuena es la sagrada noche en la que nació nuestro Señor Jesús, y tradicionalmente es considerada la noche más mágica del año, en la que las familias se reúnen, emergidas en un ambiente de amor y paz para celebrar la llegada de Nuestro Señor Jesucristo.
La Natividad de Jesús
La Natividad de Jesús o el Nacimiento de Jesús, se describen en los Evangelios Bíblicos de Lucas y Mateo y cuentan estos relatos, que Jesús nació en un establo, en Belén de Judea.
La Misa del Gallo
Papa Sixto III introdujo en Roma la costumbre de celebrar el Nacimiento de Jesús con una oración a medianoche, “mox ut gallus cantaverit”, que significa “al cantar el gallo”, pues éste era el momento del inicio del día para los antiguos romanos. Esta expresión es la que da a la misa su curioso nombre actual.
Desde hace siglos, la tradición navideña cristiana celebra esta Misa nocturna en adoración al Nacimiento del Niño Jesús en Nochebuena, en la primera hora del día de Navidad.
El Árbol de Navidad
El árbol de Navidad es probablemente el elemento más significativo de esta época a nivel internacional, sirve para recordarnos que Jesús vino a la Tierra para conseguir la reconciliación.
San Bonifacio, evangelizador de Alemania e Inglaterra, derribó ese árbol que representaba al Dios Odín, y en el mismo lugar plantó un pino, símbolo del amor inmenso de Dios y lo adornó con manzanas y velas.
El Belén
Otro de los símbolos característicos de las fiestas decembrinas es la representación del Nacimiento de Cristo, a través de un Belén, hecho con figuras en miniatura, que los católicos ponen en sus casas.
El origen de dicha representación, tal y como la conocemos en la actualidad, se la debemos a San Francisco de Asís. La inspiración para reproducir el primer Belén le llegó tras un viaje a Tierra Santa del que regresó profundamente emocionado.
Independientemente de cómo se decora la casa o cómo se celebra, la Navidad es una fecha muy especial para todos los cristianos.
| Símbolo | Significado |
|---|---|
| Árbol de Navidad | Representa al Paraíso y la reconciliación a través de Jesús. |
| Belén | Representación del Nacimiento de Jesús, simbolizando humildad y fe. |
| Misa del Gallo | Celebración del Nacimiento de Jesús con una oración a medianoche. |
