Isadora Duncan, nacida en San Francisco en 1877 y fallecida en Niza en 1927, fue una figura icónica que revolucionó el mundo de la danza. Su vida, marcada por el talento, la rebeldía y la tragedia, la convirtió en una de las personalidades más fascinantes y revolucionarias del arte.
En Madrid, en la Fundación Telefónica, se puede ver actualmente la exposición "La bailarina del futuro", que reivindica la figura de Isadora Duncan y de otras seis mujeres que revolucionaron la danza contemporánea.
20 Isadora Duncan, la musa de la danza libre
Primeros Años y Orígenes
Su verdadero nombre era Dora Ángela Duncan. Su padre, Joseph Charles, era un banquero prestamista, y su madre, Dora Gris, una profesora de música. Isadora fue la menor de cuatro hijos. La familia Duncan pasó por grandes dificultades económicas después de que su padre los abandonara. La madre de Isadora comenzó a impartir clases de piano para solventar los gastos y fundó una escuela de danza. Isadora interrumpió sus estudios a los 10 años para dar clases con sus hermanos a los alumnos más pequeños.
Más adelante, la familia se mudó a Chicago, donde Isadora estudió danza clásica. Tras un incendio que los dejó en la calle, se mudaron a Nueva York. En esta ciudad, Isadora consiguió un lugar en una compañía de teatro. En 1898, su padre falleció trágicamente en un naufragio.
Revolución en la Danza
Descalza, con el pelo suelto, con una holgada y leve túnica y sin maquillaje, Isadora Duncan rompió con el encorsetamiento y la linealidad geométrica del ballet clásico, inspirándose en las bailarinas de la pintura y la cerámica griegas, en los cuadros de Botticelli, en las esculturas de Rodin y, sobre todo, en el movimiento de las olas y de las copas de los árboles, en la naturaleza. Liberó su cuerpo para bailar como lo liberó para vivir, pensar y amar. Bailarina libre, mujer libre, escribió: «Lo que yo pretendía es que mente y espíritu fuesen los motores del cuerpo y lo elevasen sin esfuerzo aparente hacia la luz».
Su danza fue criticada por ortodoxos e inmovilistas, pero triunfó creando escuela y cambiando para siempre el baile del siglo XX. En su autobiografía, dice que se enamoró del baile viendo el movimiento de las olas en el mar. Por eso, sus movimientos eran libres y fluidos, dotados de la máxima expresión emocional, como si se dejara envolver por el vaivén de las olas del mar.
Isadora Duncan comenzó a salir descalza a escena y solo cubierta por una túnica de estilo griego. También llevaba el cabello suelto y danzaba al ritmo de composiciones que no estaban hechas para el baile. Improvisaba y creaba en plena escena. Atrás quedaban los tutús, los velos y los movimientos rígidos de la danza clásica.
Los Duncan se instalaron en Londres y, más adelante, en París. Isadora dedicó mucho tiempo a la contemplación del arte griego en los grandes museos de Europa. Adoptó para su danza varias de las posturas que veía en las esculturas. Sus experiencias previas y estos hallazgos comenzaron a darle forma a su estilo, que cambió para siempre la historia de la danza.
Europa y la Fama
Isadora llegó a Europa con el nuevo siglo. Danzó ante la nobleza inglesa y los artistas parisinos. En Berlín se unió a la compañía de la bailarina Loie Fuller en una gira por Múnich y Viena, hasta que, en Budapest, firmó el primer contrato para bailar sola en un gran escenario. Su fama comenzó a crecer y muchos teatros le abrieron sus puertas. Ella rechazaba el ballet académico y se dedicó a crear un arte propio, poético y absolutamente personal, inspirado en la antigua Grecia, por cuya cultura desarrolla su pasión en sus visitas al British Museum.
Vida Personal y Tragedias
La vida de Isadora Duncan también estuvo marcada por el dolor y la tragedia. Tras un romance apasionado con el actor y escenógrafo Edward Gordon Craig, con quien tuvo una hija, sus sueños comenzaron a cumplirse. El millonario estadounidense Paris Singer, heredero del imperio de máquinas de coser, apareció ofreciendo ayuda económica. El romance con Singer fue muy intenso, y la introdujo en una vida de grandes lujos que la llevó incluso a cambiar sus túnicas por vestidos de alta costura.
En 1913, sus hijos, Deirdre y Patrick, murieron ahogados en un terrible accidente al precipitarse al Sena el carro en que viajaban. Partió en un triste viaje que finalizó en Italia, donde conoció a un joven que la dejó embarazada. Dio a luz en París, el mismo día en que estalló la Primera Guerra Mundial, pero el niño murió a las pocas horas de nacer. El mundo volvía a venirse abajo.
Estas dos relaciones acabaron fatal. Todavía peor, trágicamente, considerando que Isadora tuvo un hijo con cada uno de ellos y que los dos niños murieron ahogados cuando el coche en el que iban con su institutriz se precipitó en 1913 a las aguas del Sena. La bailarina estaba en el apogeo de su triunfo parisino.
Se han atribuido a Isadora varios romances lésbicos, especialmente con la escritora y guionista norteamericana de origen español Mercedes de Acosta. Sin embargo, amistades íntimas de Isadora negaron tajantemente que fuera bisexual.
Estancia en la Unión Soviética y Matrimonio
Episodio clave de su recorrido fue su estancia en la Unión Soviética entre 1921 y 1924. Amante del lujo y simpatizante de los comunistas, se hizo diseñar en una casa de modas de París un traje de bolchevique y bailó La internacional con sus alumnas ante Lenin, ataviadas todas con túnicas rojas.
Isadora, que nunca había querido casarse, contrajo matrimonio en 1922 con el joven poeta ruso Serguéi Yesenin, gran promesa de la poesía comunista. Ella le sacaba 17 años. Isadora parecía dejar atrás una vida de apasionados romances y tragedias. Isadora y Serguéi empezaron muy pronto a llevarse mal y, después de un viaje por Estados Unidos, el poeta regresó alcoholizado y trastornado. Dijo: «Prefiero ir a Siberia que ser el marido de Isadora». Se divorciaron. Yesenin fue recluido en un sanatorio y terminó ahorcándose en 1925 en un hotel de Leningrado.
Escándalos y Controversias
No solo era irreverente en el mundo de la danza, sino que también su vida personal estaba llena de escándalos para la época. Así, Isadora Duncan decidió olvidar las imposiciones del momento y ser madre soltera de dos hijos. En una ocasión, se quitó la túnica y expuso su pecho desafiando al público en torno a la autenticidad de su danza. En Argentina, bailó el himno nacional del país en un bar. En Estados Unidos, la apodaron despectivamente como ‘zorra comunista’, por una arenga que desgranó frente al público.
Muerte Trágica
Dos años después, el 14 de septiembre de 1927, Isadora Duncan murió. Llevaba una larga chalina que le bordeaba el cuello. Así se subió a un auto, con tan mala fortuna que la chalina se enredó en una de las llantas. Su cuerpo salió despedido y fue arrastrado por el automóvil que conducía su amante mecánico. Dicen que sus últimas palabras fueron “Me voy al amor”, haciendo alusión a una cita privada a la que acudía.
Legado
Irreverente, fascinante y, desde luego, atípica, Isadora Duncan es una de esas figuras inolvidables, que ha pasado a los anales de la historia por su habilidad para la danza, pero también por romper moldes. Su confianza en sí misma, su genio, sus ideas extremadas sobre el arte, la política, la condición femenina o la educación, conservan hoy toda la fuerza iconoclasta de una mujer que reinventó la danza, inventándose a sí misma cada día de su vida. Su autobiografía Mi vida se publicó en 1929, dos años después de su muerte.
| Año | Acontecimiento |
|---|---|
| 1877 | Nacimiento en San Francisco. |
| 1904 | Comienzo de su relación con Edward Gordon Craig. |
| 1910 | Nacimiento de su hijo Patrick con Paris Singer. |
| 1913 | Muerte de sus hijos en un accidente en el Sena. |
| 1922 | Matrimonio con Serguéi Yesenin. |
| 1925 | Suicidio de Serguéi Yesenin. |
| 1927 | Muerte en Niza. |
