¿Instinto Maternal sin Tener Hijos? Estudios y Perspectivas Actuales

Tradicionalmente, la maternidad se ha presentado como un hecho que da sentido a la vida de las mujeres, pero cada vez son más las que deciden no serlo. De hecho, el papel de la mujer ha cambiado en las últimas décadas y la prioridad de hoy ya no es sólo la de ser madre.

Entonces, ¿existe realmente el instinto maternal? Lo cierto es que no existen pruebas que avalen la existencia de un impulso instintivo por tener hijos en todas las mujeres. Como ya hemos dicho anteriormente, lo cierto es que la existencia del instinto maternal no se ha comprobado científicamente, pero sí se ha mantenido en la sociedad hasta llegar a considerarse como algo normal y necesario.

Si aplicamos esta definición a las mujeres, todas deberían sentir el instinto maternal y, en consecuencia, las mismas reacciones biológicas antes de ser madre. Ahora bien, ¿por qué no es así?

El Debate Científico sobre el Instinto Maternal

El instinto maternal tiene más relación con el cuidado del bebé y no solo con el deseo de ser madre. En general, los diferentes estudios se inclinan más por describirlo como un medio de adaptación a la nueva situación que llega a la vida. Y es que la maternidad es el día a día. Y las noches. Son las emociones que no se preparan, pero que surgen.

Pero también puede ser entendido como una reacción a un estímulo que puede ser una sensación, una emoción. Y nos pone el siguiente ejemplo: “Si sentimos miedo el instinto es correr, pero también puede ser agredir o paralizarse, eso va a depender de la situación”. Entonces, ¿hablamos de instinto o de deseo? Por tanto, si aplicamos esta definición al instinto maternal el resultado puede ser confuso ya que la psicóloga nos explica que “realmente lo que aparece en una mujer, en un primer momento, puede ser deseo, aunque comúnmente se le llame instinto.

De hecho, el instinto aparece cuando nuestro cerebro sufre cambios producidos durante los meses del embarazo, que lo preparan para cuidar al bebé una vez que nazca. Es más, hay investigaciones que evidencian estos cambios a nivel cerebral”. Y es que existen estudios que aseguran que durante la gestación se modifica el sistema cerebral del placer, la motivación y el esfuerzo de la mujer para facilitar la relación de la madre con su bebé.

Dicho de otra manera, no existen pruebas que avalen que exista el instinto maternal o, lo que es lo mismo, ese impulso de las mujeres que las lleva a querer tener hijos. La psicóloga insiste: “Confundimos instinto con deseo”.

Cambios Biológicos Durante el Embarazo

El embarazo activa un conjunto de reacciones biológicas, y hace que se produzcan también cambios en el cerebro. La materia gris se vuelve más concentrada. La actividad aumenta en las regiones que controlan la empatía, ansiedad, e interacción social.

De hecho, la oxitocina es una hormona que genera de forma natural el hipotálamo y es segregada por la glándula pituitaria, que está situada en la base del cerebro. Se le conoce como la ‘hormona del amor’ porque está relacionada con el surgimiento de sentimientos positivos como el orgasmo, el amor, la felicidad y el apego entre mamá y bebé.

La Presión Social y la Decisión de No Ser Madre

Todavía hoy las mujeres que no desean ejercer la maternidad encuentran innumerables obstáculos. Se las califica de egoístas y se les asegura que se arrepentirán si deciden no tener descendencia. Cada ser humano ha de ser libre de elegir su camino y la maternidad es únicamente una opción personal.

En España cada vez hay menos madres y las que deciden tener hijos lo hacen cada vez más mayores. En esta sociedad, donde el control de la natalidad está bastante disponible, la natalidad baja. No importa mucho de dónde vega la ayuda, pero las sociedades que no apoyan la igualdad o la natalidad tienen menos bebés. Y es un gran problema en parte del mundo. Japón es muy buen ejemplo. La natalidad es tan baja que no hay reemplazo, lo que económicamente está siendo un problema, al menos en el corto plazo, porque no tienen gente joven que pague impuestos para apoyar a la población más mayor.

El 10% de las mujeres españolas ha decidido no ser madre, según los últimos estudios demográficos, que también contemplan que este porcentaje vaya en aumento. "El papel de la mujer ha cambiado en las últimas décadas y la prioridad que tenemos a dia de hoy las mujeres jóvenes no es la de ser madres. No estamos estudiando con el objetivo de formar una familia sino de desarrollarnos profesionalmente", asegura Ada Santana de la Federación de Mujeres Jóvenes Feministas.

Las mujeres jóvenes que optan por la no maternidad, muchas veces se enfrentan a la presión social de su entorno. Familia y amigos suelen cuestionar su decisión de no ser madres. "Está la idea de que somos más egoístas que otras personas que deciden ser padres o madres. He experimentado situaciones tanto con familiares como con desconocidos... Mucha gente me cuestionaba mi decisión de no ser madre. Por eso escribí el cómic No quiero ser mamá, buscando que se respetase mi decisión", cuenta Irene Olmo.

Sin duda, a la hora de elegir la opción de no tener hijos influyen los factores de la precariedad laboral, la inestabilidad en las parejas o las dificultades de conciliación. Pero,según nuestras entrevistadas, la decisión de no tener descendencia culpabiliza sólo a las mujeres.

Diálogos en confianza (Sociedad) - Mitos del instinto maternal (10/05/2018)

El Instinto Maternal: ¿Adaptación o Deseo?

Si una mujer no siente el instinto maternal durante su embarazo, ¿será peor madre? En Fertilab Barcelona nos gusta mirar más allá y pensar que el instinto maternal es mucho más. Es, por ejemplo, cuidar al bebé, atenderle, alimentarse, abrazarlo, protegerlo. Es, sobre todo, querer a tu hijo.

El instinto maternal no tiene que ver con fertilidad, tiene que ver con reconocer a un recién nacido como hijo y de ser capaz de proporcionarle cuidado, amparo, sostén, amor. Pero, para ello tiene que tener a su hijo enfrente.

Niega que el instinto maternal exista, o que haya cualquier diferencia biológica que explique por qué los hombres y mujeres no se tomen las tareas por igual. Bueno, es muy conveniente asumir que las mujeres tienen algo innato cuando se trata de cuidar, ¿no? Libera a los hombres del apuro de que todos pensemos que ellos no pueden hacer eso.

Pero la investigación muestra que, biológicamente, tanto mujeres como hombres son impactados hormonalmente igual cuando se convierten en padres. El nivel de algunas hormonas en nuevos padres que están alrededor del bebé y de sus mujeres durante el embarazo también se incrementa. Así que ambos están impactados psicológicamente al convertirse en progenitores.

De alguna manera, queremos de forma inmediata a nuestros bebés. Sentimos por ellos y queremos cuidarlos y protegerlos. Por eso los seres humanos han prosperado. Tenemos una criatura pequeña a la que hay que cuidar muchísimo. Y, en la evolución, lo que ha beneficiado esa situación es que haya dos personas que sean capaces de hacerlo, porque da mucho trabajo. No importa que uno de los progenitores pueda morir. En el pasado, muchísimas mujeres morían dando a luz todo. Todo lo demás sobre el apego a nuestro bebé y el estar alrededor de ellos tiene que ser aprendido.

Mi único punto es que no usamos la palabra instinto de forma correcta. Instinto es una palabra que en Biología significa el comportamiento de un animal o una criatura que no necesita aprender. Los seres humanos poseemos pocos: lo aprendemos casi todo. El 99,9% de lo que hacemos como padres es un comportamiento aprendido. ¿Ahora me van a decir que los hombres no aprenden como las mujeres? Eso no es cierto.

Pero claro, la forma en la que aprendemos es haciendo. Muchas de las experiencias de las mujeres que recogió en el libro decían que los hombres eran simplemente… hombres. Porque las mujeres, igual que los hombres, crecen aprendiendo lo que se supone que deben hacer. Como chicas, crecemos aprendiendo que es nuestro trabajo pensar en otra gente; que sus sentimientos y sus necesidades y prioridades están por encima, pese a que nadie se lo diga de manera literal. Pero claro que lo hacemos: alabamos cuando ellas son agradables y consideradas; a ellos, cuando son unos buscavidas. Podemos crecer pensando que hay dos tipos diferentes de personas, con roles y comportamientos distintos. Pero, de nuevo, son comportamientos adquiridos. No son naturales.

El Impacto del Patriarcado y la Desigualdad en la Maternidad

P. Pienso que si entendemos el impacto que tiene [la maternidad] en la sociedad, en nuestra cultura y en nosotros, podemos tomar muy buenas decisiones para nosotras mismas. No creo que sea una trampa. El patriarcado, un mundo donde los deseos, necesidades y objetivos de los hombres van siempre por delante, sí que es una trampa. Pero solo si nos permitimos estar de acuerdo con eso.

P. Incluso en hogares donde hay una distribución igualitaria de las tareas, todo cambia cuando llega el primer bebé. A menudo no hay igualdad antes de esa llegada. Simplemente hay menos tareas que realizar.

Mi experiencia propia es que antes de que llegaran las niñas [tenían seis y tres años cuando escribió este libro] no había gran cosa que hacer. Nada. Quiero decir que la casa podía estar limpia o no, si no te apetecía cocinar la cena pues podías salir fuera… Y esto es algo que apoya la investigación: los trabajos no se dividen de forma igualitaria antes de los bebés.

Pero cuando llegan los bebés, de repente hay mucho de lo que cuidar. Y no hacerlo no es una opción. No puedes decir: bueno, da igual que el bebé no tenga pañales, o que la de tres no tenga la comida hecha. Hay mucho más trabajo si tienes a un ser humano completamente dependiente viviendo en casa. Es ahí donde, la pareja o, al menos, las mujeres, empiezan a notar de manera más contundente la falta de igualdad.

No creo que el libro produzca un cambio social. Eso lo sé. Pero lo que esperaba con él es que las parejas lo leyesen antes de tener hijos. Es gracioso porque yo soy psicóloga y ejerzo como terapeuta.

Una pareja con la que estoy trabajando ahora mismo, y que he visto unas cuantas veces, están tratando de tener un hijo. Ella da por sentado que le toca cuidarse ahora, pero sabe que, aunque se sienta mal, será así los próximos 18 años. Yo le pregunté que por qué, y ella respondío que si no se ocupaban las madres de todo.

Porque durante el embarazo tiene que ser así: solo los cuerpos femeninos pueden hacer crecer un bebé. Pero una vez que nace el bebé, no. Era una pareja que nunca había pensado en esto antes, pero es interesante ver cómo creían que sería su vida los próximos 18 años. ¿De qué mundo hablan?

Ella es la única que tiene útero, pero no tiene que hacer todo una vez que nazca el bebé. Puedes tomar otras decisiones si quieres para que sea distinto, pero creo que es algo que la gente siente como lo único posible. Viene de nuestra cultura occidental.

La Adopción en Bonobos: Un Nuevo Enfoque sobre el Cuidado

Los chimpancés y los bonobos, además de ser dos especies emparentadas, son las dos especies de primates vivas genéticamente más relacionadas con los seres humanos y su comportamiento siempre ha llamado la atención de zoólogos, primatólogos, etólogos e incluso antropólogos. Pero si bien ambas especies son muy parecidas entre sí, es cierto que cada una de ellas siempre ha hecho gala de una serie de comportamientos particulares y característicos.

Así, por ejemplo, mientras que los chimpancés siempre se han mostrado más territoriales, hostiles y agresivos con su conespecíficos, sus alianzas intergrupales se fundamentan principalmente en alianzas entre machos, y su jerarquía social, en la mayoría de los casos, está basada en relaciones de fuerza; los bonobos se caracterizan por mantener una convivencia más pacífica donde es mucho más frecuente la alianza entre machos y hembras, e incluso donde el sexo, y no la violencia, juega un papel fundamental en establecimiento de las relaciones sociales.

Ya se trate de bonobos o chimpancés, no es difícil observar en ellos algunos de los comportamientos de los que hacemos gala los seres humanos. La competición, la traición o la hostilidad, así como la cooperación, las alianzas o el altruismo, forman parte de la naturaleza de estos primates tanto como de la propia naturaleza humana. Uno de estos comportamientos es la adopción, entendida como el acto de tomar la descendencia de otro individuo y tratarla como propia.

La adopción es un comportamiento poco habitual, no obstante ampliamente documentado en varias especies de mamíferos, generalmente entre parientes cercanos o pertenecientes al mismo grupo. Sin embargo lo que ahora ha observado un equipo de primatólogos de la Univeridad de Kyoto, ha sido la adopción de dos crías de bonobo ajenas al grupo social de las madres adoptivas, un comportamiento jamás estudiado hasta el momento en primates superiores.

Los hallazgos indican que la adopción en bonobos puede no solo involucrar casos en los que existan relaciones familiares o sociales preexistentes entre madres y crías o entre madres adoptivas y biológicas, por lo que los autores sugieren que las posibles adopciones pueden haber sido impulsadas por el altruismo de los bonobos, una fuerte atracción por los bebés y una alta tolerancia hacia los individuos ajenos al propio grupo social.

Entre otras hipótesis barajadas también se sugiere que la aloparentalidad -la forma de cuidado parental en la que la crianza de la prole no se lleva a cabo por los progenitores - es una forma en que los individuos pueden aprender conductas de cuidado, aumentando así las posibilidades de supervivencia de su futura descendencia.

Conclusión

En conclusión, a menudo todavía las mujeres que deciden no ser madres se ven cuestionadas y culpabilizadas por su entorno. Por otra parte, factores como la precariedad laboral, la falta de conciliación y la inestabilidad de pareja influyen en la decisión de no tener hijos. Socialmente hay estereotipos negativos sobre las mujeres no madres relacionados con el egoísmo, la inmadurez emocional o la frialdad. Sin embargo, cada vez son más las mujeres que deciden no contar con descendencia.

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