La sexualidad era sagrada para los nativos de las diversas culturas de las Américas. En el contexto de las culturas andinas, como la Moche, el arte erótico y la representación de la fertilidad jugaron un papel importante en su cosmovisión.
Huaco erótico Moche representando la fertilidad.
Sexualidad y Fertilidad en las Culturas Precolombinas
Según el filósofo y escritor colombiano moderno Roberto Palacio, la sexualidad ha abierto el camino a las civilizaciones. En el Pópol Vuh -el libro sagrado de los antiguos mayas- hay treinta referencias al sexo y a la fertilidad, al adulterio y al incesto, al acoso y al parto, al semen, a los seres creados por sí mismos y al hermafroditismo, a la separación y a la magia.
México: Prostitución Sagrada y Enfermedades Venéreas
En el México azteca antiguo, los soldados solteros tenían relaciones sexuales con las sacerdotisas/prostitutas de la diosa Xochiketzal, que aparecían provocativamente vestidas y maquilladas elevando la libido de aquellos hombres con la ayuda de sustancias enteógenas.
El hermano de la diosa Xochiketzal -cuyo nombre significa: “Pájaro del Paraíso con Flores en vez de Plumas”- era Xochipilli -el dios del amor, de la fertilidad y las relaciones ilícitas. Su esposa fue Mayahuel, la hermosa diosa del cactus que produce la bebida pulque, quien tuvo relaciones sexuales con el dios Quetzalcóatl, la serpiente emplumada.
Otra deidad del placer era Tlazoltéotl, la diosa de la luna y la sensualidad, que protegía a las embarazadas, a los magos que hacían hechizos sobre el amor y los hombres sexualmente muy activos. También provocaba enfermedades venéreas, como la sífilis (treponematosis americana), a quienes practicaban sexo ilícito. El nombre de esta diosa significaba: “La que devora las impurezas”, y se la representa con la boca sucia de heces humanas.
En México, y por toda Centroamérica y el Caribe, los homosexuales eran considerados como personas especiales, con propiedades mágicas, que traían buena suerte.
El Rol de la Mujer en las Sociedades Antiguas
Al otro lado del continente, en los Andes, las lesbianas disfrutaban de muchos privilegios en la sociedad inca: se les permitía tener ese tipo de vida sexual y se respetaba su opinión sobre los asuntos más importantes de la sociedad. En comparación, en la antigua Grecia, y específicamente en Atenas, las mujeres estaban relativamente limitadas en el hogar.
Entre los zapotecas de Oaxaca, en el centro de México, los travestis “muxe”, circulaban vestidos de mujer y tenían el importante encargo de enseñar a los muchachos adolescentes los primeros pasos de la vida erótica.
Perú: El Arte Erótico Moche
Dentro de la historia de las culturas andinas encontramos diferentes periodos. Los historiadores son incapaces de ponerse de acuerdo de dónde dividir estas etapas, así que intentaré quedarme con lo mejor de cada una. Con la decadencia de Chavín a partir del año 200 a.C., muchos pueblos se desligaron de esta influencia y comenzaron a desarrollar sus propias culturas. Al mismo tiempo que los Nazca lo petaban al sur de Perú, en el norte aparecía la Cultura Mochica o Moche (100-700 d.C.).
Los conquistadores españoles del siglo XVI, no pudiendo entender a las sociedades amerindias, afirmaban que los nativos no tenían prejuicios morales en la forma de hacer el amor. En aquellas sociedades de dualismo, la bisexualidad era socialmente aceptable.
La cultura de los moche o mochica, los antepasados de los posteriores chimús con la homónima “civilización hidráulica”, se distinguieron por su cerámica, especialmente por sus ánforas-retratos, pero también por las figurillas de barro en posiciones eróticas, y por los juegos preliminares, como la masturbación mutua, la conducción del pene en la vagina con la mano de la mujer y la felación con el hombre de pie o sentado y la mujer arrodillada frente a él. También fue popular la posición conocida como “69” - o sea, la felación mutua.
Cerámica Moche representando diversas prácticas sexuales.
En estas figurillas vemos que las personas desarrollaron su imaginación sexual, abandonando la costumbre del Paleolítico, según la cual la mujer se ponía de cuatro patas y el hombre arrodillado detrás, para estar atento a posibles ataques de bestias u otras razas hostiles. Una alternativa de esta postura en la cultura moche era con la mujer completamente de rodillas, de modo que sus glúteos descansaran sobre la parte posterior de su muslo.
En la famosa cerámica mochica vemos que los nativos disfrutaban de 12 posturas de… nivel avanzado. Aparte de la simple posición llamada “misionero” -que, sin embargo, se mejoraba al doblar voluntariamente las rodillas de la mujer hacia arriba y tener al hombre arrodillado encima de ella (misionero enganchado)-, también practicaban lo contrario, es decir, con la mujer acostada boca abajo y el hombre arrodillado encima de ella, entrando en el clítoris. Otra variante era la posición lateral, es decir, con la pareja tumbada sobre su lado derecho o izquierdo y el hombre entrando de nuevo por detrás.
Finalmente, en una obra de arte de cerámica de esta cultura andina, vemos una especie de bestialidad inversa: ¡un mono sodomiza a una mujer acostada boca arriba! Este simbolismo mitológico, por supuesto, se refiere a la fecundación mitológica de la Tierra.
El sodomismo se practicaba no solo entre dos hombres, sino también entre un hombre y una mujer.
Algunos eruditos afirman que los rostros inexpresivos de la pareja indicaban falta de placer. Una teoría viable, sin embargo, es la de los arqueólogos, quienes argumentan que de esta manera, es decir, el sexo anal -conocido en el Mediterráneo oriental y como “otomano”- se convirtió en una especie de control demográfico (que en Centroamérica se hacía a través de sacrificios humanos).
En las culturas andinas, sin embargo, también aparecen figurillas de carácter religioso, que representan deidades que tienen relaciones sexuales con personas.
Besarse no era común en los amores de los indios. De esta manera los amerindios representaban la concepción sexual del más allá (vita post mortem). Con estas “invasiones / penetraciones” ocasionales de los muertos en el mundo de los vivos (en forma de recompensas) aseguraban el placer de sus amados muertos en la América precolombina.
Las danzas rituales, tanto en la región de la cultura panamericana como en Centroamérica, en las que hombres y mujeres bailaban desnudos, tocando alternativamente los genitales de sus compañeros en el círculo, declaraban la sexualidad sagrada que dio a luz a esas culturas. A veces organizaban orgías con 4-6 parejas.
En la sociedad indígena colombiana de los tumaco, los hombres le pedían al alfarero del pueblo que les hiciera un falo hipertrófico de cerámica.
En la misma zona se ofrecía hospitalidad junto con los servicios sexuales de la esposa al huésped. Esto puede recordarnos la conocida costumbre de los inuit del Círculo Polar Ártico.
Los tairona, la tribu de los famosos orfebres de Colombia, evitaban hacer el amor de noche, por temor a que sus hijos nacieran ciegos. Así, las indígenas adornaban su cabello con collares de luciérnagas vivas, para que su choza quedara románticamente iluminada.
Esto sucedía en el continente americano, hasta que llegaron los españoles y prendieron el fuego de la Santa Inquisición, para “purificar” el “pecado mortal y demoníaco de las relaciones sexuales” y convertir la libertad de orientación sexual en homofobia y herejía.
En 1513, el conquistador Vasco Núñez Balboa (1474-1519) encontró un grupo de homosexuales en Panamá, de los cuales capturó cuarenta y los entregó a una manada de perros salvajes para que los devorara. Luego pidió hacer un grabado del incidente, que colocó en un lugar destacado, como medida de intimidación.
Uno de los productos introducidos en Europa tras el descubrimiento del Nuevo Mundo fue la sífilis (treponematosis americana) -la enfermedad venérea de la bacteria treponema pallidum- que enloquece a la gente. Allí tomó la forma de una epidemia burguesa y fueron muchos los que maldijeron la venganza de América sobre sus conquistadores.
El modelo cristiano de Dios-Padre y Dios-Hombre sin pareja sexual o erótica es refutado por los evangelios gnósticos, según los cuales Jesús tuvo una relación erótica con María Magdalena.
Las áreas principales de la vida sexual comunitaria de los antiguos atenienses eran el matrimonio, la prostitución y la pedofilia. En el aspecto religioso encontramos la veneración al falo, así como otros rituales sexuales y de la fertilidad. Parte de la sexualidad en la religión era la prostitución (como era el caso en el México antiguo).
