Hijos Ilegítimos del Rey Juan Carlos I: Nombres, Pruebas y Controversias

Antes se les llamaba "bastardos", una palabra de sonido peyorativo felizmente en desuso. Ahora lo correcto es decir "no reconocidos", aunque el contenido es el mismo: se trata de los hijos que determinadas celebridades han podido tener fuera del seno conyugal. Reales o inventados, la lista es larga.

Para empezar, un repaso a Don Juan Carlos, objeto de mil leyendas urbanas sobre sus idilios extramatrimoniales, con descendientes incluidos. El Rey Juan Carlos también se negó a realizar prueba alguna tras dos denuncias de presuntas paternidades -la de un catalán, Albert Solá, y la de una belga, Ingrid Satiau-, las dos sin fundamento alguno.

El periodista Jaime Peñafiel, que recuerda los casos de otros famosos como Julio Iglesias o Pepe Navarro que sí tuvieron que asumir su paternidad, desvela otros casos monárquicos mucho más elocuentes que el español. Y lo hace dando pelos, señales y nombres.

Felipe VI, hijo legítimo del Rey Juan Carlos I.

El 'olvido' constitucional y la sucesión al trono

El 'olvido' constitucional que no distingue entre hijos legítimos e ilegítimos en la sucesión al trono es una anomalía de España.

El rotundo desmentido a este periódico del Rey Juan Carlos sobre la paternidad sobrevenida de la tal Alejandra debería bastar para zanjar el asunto, al menos si no surgen nuevos datos que aporten algo a esta historia.

Sin embargo, la noticia, que en pocos segundos creció ayer como la pólvora, como todo cuanto tiene que ver en los últimos años con el Emérito, bien sirve para reflexionar una vez más sobre los agujeros que aquejan a la regulación de nuestra Monarquía, que cualquiera diría que es la institución medular en la que se asienta todo nuestro sistema, tal como recoge la Ley Fundamental del 78.

Así, dice nuestra Constitución que «la Corona de España es hereditaria en los sucesores de S. M. Don Juan Carlos I de Borbón, legítimo heredero de la dinastía histórica». Por sucesores se entiende a descendientes -no tuvieron su mejor día al redactar el articulado los Padres de la Carta Magna en plena Transición-.

Y, por despiste, por desinterés real en la institución o por ganas de juerga, el artículo que se promulgó nada dice sobre hijos nacidos del matrimonio legítimo o fuera de él. Esto de los hijos legítimos puede sonar en el 2023 chirriante, anacrónico.

En las Monarquías de nuestro entorno, incluidas por supuesto las europeas, sus Constituciones o las leyes que regulan el funcionamiento de la singular institución distinguen con claridad entre hijos legítimos e ilegítimos del rey o la reina. Es una salvaguardia de estabilidad. Porque no existen antídotos 100% eficaces contra las conductas poco ejemplares, nada edificantes, de los soberanos en su esfera más íntima.

España es jauja. Aquí al Legislador sabemos que la Corona le importa lo que le importa. Y si de pronto surge alguien que, en este caso, eleva a la Justicia una demanda de paternidad contra Don Juan Carlos y gana en los tribunales, automáticamente pasaría a formar parte del orden sucesorio en una línea que alcanzaría igualmente a sus descendientes, en el caso de que los tuviera.

📌Todos Los Hijos Secretos De Juan Carlos I

¿Quiénes son los cuatro hijos ilegítimos que aseguran que Juan Carlos I es su padre?

La figura de Juan Carlos I vuelve a enfrentarse a un huracán tras darse a conocer la identidad de una presunta hija ilegítima que lleva por nombre Alejandra de Rojas. De este modo, el emérito se envuelve una vez más en la polémica puesto que no es la primera ocasión que se le atribuye una paternidad extramarital; de hecho, algunos de ellos llegaron a convertirse en personajes mediáticos a los que se les ha dedicado diferentes entregas de algunos programas de televisión.

Entonces, ¿quiénes son los nombres de los que dicen ser hijos bastardos del que fuera nuestro jefe de Estado?

Alejandra de Rojas

El tema estrella de la conversación social tiene que ver con la mencionada Alejandra de Rojas, quien, supuestamente, es hija del Borbón fruto de una relación con una aristócrata de mayor edad. Esta persona cuya identidad no ha sido revelada resaltaba entre las élites por su perfil liberal y progresista, erigiéndose como una habitual en diferentes actos promocionales y eventos relacionados con la moda.

De la publicación donde queda recogida esta información se deduce que la existencia de esta mujer se acercaba al secreto de Estado, puesto que el monarca necesitaba que todo permaneciese oculto y que el pago de su manutención no supusiese un escándalo mientras estaba en activo.

Albert Solà

Parece que no es la primera vez que Juan Carlos I activa esta especie de modus operandi, puesto que todas las alarmas comenzaron a sonar con Albert Solà, recientemente fallecido. Nació en Barcelona durante el año 1956 y fue separado de su madre puesto que le aseguraron que necesitaba cuidados especiales. El catalán fue dejado en la puerta de un horfanato con un chupete verde. '¿Quién es mi padre?' desveló que ese color siempre se asoció a la monarquía y más concretamente al rey Juan Carlos.

De hecho, las iniciales del planteamiento "viva el rey de España" conforman la palabra "verde". El tiempo fue pasando hasta que dio con una familia de acogida en Ibiza, donde hubo una serie de acontecimientos que le llevaron a tener claro que era hijo del monarca. De hecho, siempre mantuvo que se abonaba una cantidad de novecientas pesetas "cada trimestre por la lactancia".

Albert Solà, quien afirmaba ser hijo del Rey Juan Carlos I.

Quizás Albert Solà pensó que, si mediatizaba su caso, sería más fácil que se le reconociese la paternidad que siempre solicitó. Sin embargo, su periplo por los medios de comunicación no logró hacer presión en el ámbito judicial a juzgar por la negativa constante de los tribunales. En este sentido, el catalán de nacimiento nunca logró que se otorgase ese reconocimiento puesto que las pruebas aportadas siempre fueron insuficientes.

En una de sus intentonas terminó encontrando a una mujer belga con la que podía compartir parentesco, motivo por el que ambos se sometieron a unas pruebas de ADN; no obstante, los resultados se quedaron lejos de ser suficientes como para que el Tribunal Supremo admitiese su demanda de paternidad.

Ingrid Sartiau

Las mencionadas pruebas concluyeron que Solà era hermano de Ingrid Sartiau, la mujer de origen belga antes mencionada. Su alumbramiento se produjo en el año 1966, pero no fue hasta tiempo después cuando su progenitora le comunicó que Juan Carlos I era su padre, según ella misma ha relatado en distintos medios de comunicación. Este caso también se ha tratado en espacios de nuestra pequeña pantalla, donde incluso se ha expuesto la situación en la que el monarca conoció a su madre.

Sus palabras aseveran que el emérito conoció a Liliane Sartiau en 1956, pero fue un reencuentro en Luxemburgo diez años después cuando se engendró a esta supuesta hija ilegítima, puesto que nació meses después.

El ADN concluyó que Sartiau y Solà eran hermanos y, por este motivo, decidieron interponer una demanda de paternidad, pero, tras una ampliación, el Tribunal Supremo desestimó el caso al concluir que no existía "principio de prueba suficiente" dando carpetazo al asunto. El pleno de la Sala Civil emitió siete votos en contra y tres a favor.

Desde entonces, la mujer belga sigue haciendo una defensa férrea sobre quién es su padre a través de las redes sociales, incluso exponiendo imágenes donde se advierten parecidos entre ellos.

María Alexandra

El penúltimo nombre en salir a la palestra fue el de María Alexandra, una comercial catalana que mantenía ser hija de Juan Carlos I. Hace algunos años, se enfrentó al inicio de un proceso judicial que tenía por objetivo que se concluyese la paternidad del monarca. Ella quería luchar para que se le diese todo lo que le correspondía, exponiendo también su compleja situación: es madre de dos hijos mayores de edad y tiene una enfermedad que no le permite trabajar. Tras iniciar acciones legales, el caso termina llegando al Tribunal Supremo.

Otros casos y la realeza europea

En Mónaco, Alberto, su príncipe soberano, dio al menos ejemplo al reconocer su paternidad en dos casos, Jazmin Grace y Alexandre, nacidos de dos relaciones extramatrimoniales distintas. Ambos son hijos del jefe de Estado con todas las de la ley. Nunca mejor dicho. Porque eso significa que ni forman parte de la familia real ni tienen derechos sucesorios, ya que la Constitución del microestado recoge que sólo los descendientes legítimos del titular de la Corona están vinculados a la misma.

Se compara muchas veces al anterior rey de los belgas, Alberto II, con nuestro Emérito, Don Juan Carlos. Ambos han tenido que afrontar demandas públicas de paternidad. Mientras uno y otro estuvieron en el trono, la inviolabilidad ejerció como escudo protector también ante una cuestión de carácter civil y personal. Pero una vez abdicaron, los tribunales supremos de los respectivos países aceptaron requerimientos, aunque aquí en 2015 el TS archivó la demanda interpuesta por la ciudadana belga Ingrid Sartiau al poco de admitirla por considerar que no existían mínimas pruebas para continuar el procedimiento.

No fue el caso belga. Delphine Boël consiguió que la Justicia reconociera su filiación -el propio Alberto II admitiría después, tras años negándose, que efectivamente era el padre-. Y, aún más. Los tribunales dieron la razón a Boël, quien batalló para que se le concediera el derecho a usar el título de princesa. Pero, eso sí, ni ella -ni lógicamente sus descendientes- forman parte de la línea dinástica.

Y en Bélgica, como en cualquier nación que se toma en serio su Monarquía, su Ley de leyes excluye de la cadena al trono a los hijos ilegítimos de los reyes. Se trata de preservar la institución por encima de todo.

Albert Solà: Su Historia y Búsqueda de la Verdad

Albert Solà nació en Barcelona en 1956, el mismo año en que Juan Carlos I disparó y mató por accidente a su hermano menor Alfonso de Borbón. El entonces príncipe Juan Carlos tenía 18 años y todavía faltaban 20 más para que ocupara la jefatura del Estado por deseo expreso de Franco.

Durante décadas, los medios de comunicación españoles guardaron silencio ante cualquier asunto que pudiera manchar la imagen del monarca, incluidos sus supuestos líos amorosos y escándalos de corrupción. Solà se siente víctima de ese silencio: asegura ser el hijo primogénito del rey Juan Carlos.

Según el relato de Solà, su madre biológica es la aristócrata catalana Anna Maria Bach Ramon, con quien Juan Carlos de Borbón habría tenido un romance. Solà denuncia que, tras el parto, unas enfermeras le quitaron el niño a la joven y se lo llevaron a Ibiza. Le dijeron -sostiene- que su hijo había nacido enfermo e iba a morir.

El único asidero legal que ahora tiene Solà para que se esclarezca su historia es la nueva ley de bebés robados durante el franquismo, que fue admitida a trámite en junio de este año por el Congreso con el voto favorable de todos los partidos, excepto Vox. “Eso podría obligar al rey Juan Carlos a hacerse la prueba de sangre, porque cuando yo nací el rey no era inviolable, solo un joven tutelado por Franco”, explica.

En 1964, con ocho años de edad, Solà cuenta que fue dado en adopción a una familia humilde de Sant Climent de Peralta, a 30 kilómetros de Girona. Los padres adoptivos cuidaban una masía propiedad de un conocido oftalmólogo catalán, Jaime Vilahur.

Cuenta el supuesto primogénito del rey Juan Carlos que una de las hijas de Narciso de Carreras, abogado y empresario franquista (llegó a ser presidente del Barça y acuñó el lema ‘més que un club’), lo visitó en su bar y le contó que había encontrado cinco cartas firmadas por Narciso de Carreras (su padre) y Carmen Polo, esposa de Franco.

En ellas, supuestamente, daba la orden de cuidar y proteger al niño y se explicaba que iba a ser dado en adopción a una familia de Sant Climent Peralta. “Franco intervino en mi caso”, asegura Solà.

El Misterio del DNI y los Últimos Días de Albert Solà

Pero sobre todo, Manel le insistía a diario en que "renovase su documentación, porque iba a tener problemas". Porque esa era una de las incógnitas que siempre rodeó al Monarca: tenía todos sus documentos caducados y nunca dio una explicación plausible. "Por eso se fue de mi bar: cuando llegó la pandemia, yo necesitaba que se vacunase. El problema era que no tenía la tarjeta de salud. Sin DNI no se la hacían. Yo le preguntaba y él me iba poniendo excusas. Hasta que fui yo personalmente al ambulatorio a preguntar qué pasaba con la tarjeta y me demostraron que nunca fue a solicitarla. Le pedí explicaciones a Albert y me dijo que dejaba el trabajo", prosigue Manel, que tampoco entiende la decisión.

Tras dejar el bar de Manel, se fue como camarero a Can Casadellá, un restaurante de banquetes a unos 7 kilómetros del pueblo. Su propietario, Eduard Casadellá, también lamenta su muerte porque "llevaba casi dos años trabajando aquí y ya era como de la familia. A menudo se traía la maleta y se quedaba a dormir aquí, porque nuestro restaurante también es casa rural y tenemos habitaciones. Le gustaba quedarse aquí, porque él no tenía coche ni documentación para llevarlo, y vivía solo en un piso de La Bisbal".

Lo que había pasado era que el Monarca y su amigo entraron al bar Pa i Trago sobre las 20 horas del 8 de octubre. Y ni un minuto más tarde, el primero caía fulminado al suelo, víctima de un ataque al corazón.

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