Fayna Bethencourt (Las Palmas, 1978) no se considera una víctima, sino una superviviente. Ella es «la prueba de que se puede salir» y que se puede volver a ser feliz.
Tras su relación con Carlos Navarro, el Yoyas, a las víctimas les pide «que no sientan vergüenza» porque el único culpable es el que hace daño. A su expareja, Carlos Navarro, el Yoyas, la Justicia lo condenó a seis años de cárcel. Ella es ahora la mujer que siempre había sido antes de conocerlo.
Y puede decir alto y claro que ha vuelto a ser feliz. Porque, a pesar de que su historia de maltrato se hizo pública sin su consentimiento, fue capaz de revertir la situación y de contarlo para ayudar a otras mujeres.
CARLOS NAVARRO - BEST MOMENTS
El Comienzo de una Relación Televisada
Todos hemos visto tu historia de amor en «Gran Hermano». ¿Ahora la consideras una historia de terror? Sí, supongo que sí. En aquella retransmisión en directo de Gran Hermano en 2001 también se propasó con quien se había convertido en su novia mientras concursaban, Fayna Bethencourt (46) al tirarle de los pelos y empujar.
Cuando entraron en el concurso ambos tenían 23 años. Carlos se convirtió en el primer expulsado por violencia en la historia del programa de telerrealidad. Ni tan siquiera esos ejemplos virulentos sirvieron para persuadir a la joven canaria del cuento de terror que le tocaría vivir como protagonista.
Cuando aquel joven pastelero en paro entró a la casa de Guadalix comportándose de forma irreverente nadie podía presagiar la parte oscura de su historia. Incluso a algunos les hizo gracia como a Xavier Sardá (66) y Jordi Évole (49) que le contrataron para sus respectivos programas, Crónicas Marcianas (2001-2004) y Salvados (2008-2011).
El Despertar a una Realidad Dolorosa
Llegamos hasta donde quieras, ¿cuándo te diste cuenta de que eras una mujer maltratada? Es algo paulatino. No te das cuenta de la noche a la mañana. Te adaptas y normalizas muchas situaciones.
Y, al cabo del tiempo, vas abriendo los ojos. En mi caso fue al tener a mis hijos. Me di cuenta de que no solo me estaba afectando a mí, sino que nos afectaba a todos. Fue cuando decidí salir de ahí. Pero no te das cuenta de la noche a la mañana.
Además, tu maltratador te aísla para que tengas poco contacto con el exterior. Al ser conocida, eso implicó que todo el mundo se enterase. ¿Fue por ello todavía más doloroso? No solo estaba viviendo la situación que vivía, sino que mi miedo era que la gente se enterase. No quería que se hiciera público.
De hecho, salió en contra de mi voluntad y de una manera que no me gustó nada. Se filtró la noticia. Para mí fue un disgusto muy grande. Pero, entonces, decidí hablar públicamente y en primera persona.
¿Te has sentido cuestionada? Tuve muchísimo apoyo. Toda mi familia estuvo ahí, mis amigos... y de cara a la opinión pública, también. No puedo decir otra cosa. Pero el hecho de que saliera a la luz sin tu consentimiento, ya es una manera de señalarte. A mí me hizo pasar un mal rato, por supuesto.
Un mal rato, unos malos días y unos malos meses. Fue muy duro. Mi mayor freno para salir de esa relación era que no se supiera. Porque es uno de los grandes problemas que hay. La víctima siente vergüenza.
Pero siempre he querido mandar un mensaje positivo. Mi mensaje nunca ha sido de víctima como tal, más bien de superviviente. Me gustaría decirles a las mujeres que están pasando por esto que no sientan vergüenza, porque esa es la tónica general.
Consideras que luego la gente te puede decir: «¿Cómo lo has permitido?, ¿cómo te has dejado?, ¿cómo has podido vivir así?...». Pero hay unos mecanismos psicológicos que la gente desconoce. Se llama dependencia emocional, normalizar situaciones, luz de gas, etcétera.
La Dificultad de Identificar al Maltratador
¿No es fácil detectar al maltratador? Un maltratador nunca te va a dar una bofetada o te va a llamar «puta» en la primera cita. Al principio son encantadores. Y por muy mal carácter que puedan demostrar contigo, luego van a tener unos detalles increíbles.
¿Qué piensas cuando día tras día en el telediario aparecen mujeres y niños muertos a manos de sus maltratadores? Es terrible. ¿En qué falla el sistema? Todavía queda mucho por hacer. Es un tema educacional.
La base está en formar a los jóvenes para que estas cosas no sucedan en un futuro. Todos somos machistas de alguna manera. Y me incluyo, en el sentido de que a todos nos han educado en un sistema patriarcal. Y hay que educar en igualdad.
Se trata de darnos la mano y crecer juntos. ¿Crees que un maltratador puede llegar a rehabilitarse? No creo que todo sea blanco o negro. Creo en los grises. Y pienso que hay personas que pueden aprender con el tiempo que lo que están haciendo está mal.
Pero también creo que hay personas que no van a cambiar en la vida. ¿Qué duele más: el maltrato físico o el psicológico? El físico deja rastro, pero el psicológico es muchísimo más duro.
El Rol de Fayna como Activista y Superviviente
Siempre que puedes das charlas, ayudas a otras mujeres a denunciar... Sí, desde que se hizo público, decidí que iba a hablar de ello con voz propia. Ya que yo viví un infierno, al menos, sacar algo positivo de ello. A los jóvenes les cuento mi historia porque no quiero que les pase lo mismo.
¿Qué es lo que debería hacer que saltaran todas las alarmas? Hay muchísimas cosas, pero una de ellas es la privación de libertad. A lo mejor no te lo prohíbe directamente, que esa es la trampa. Es más sutil: «Pues mira, ¿tú crees que esta persona es amiga tuya de verdad?». Pero lo principal es cuando ves que te está impidiendo hacer lo que tú quieres hacer.
¿Crees que se lograrán reducir los casos de violencia machista? Hay que educar en igualdad. Pero como madre de adolescentes, veo que muchas veces los chicos se sienten atacados ante las campañas sobre género. No sienten que se les está informando, porque el machismo es tan malo para la mujer como para el hombre.
Están recibiendo el mensaje como un ataque. El mensaje debería ser más cuidadoso, no por ser hombre eres malo. Y ellos tienen esa sensación. Sí, de lo que más orgullosa estoy es de haber sacado a mis hijos de esa situación de maltrato.
Siempre digo que mi vida volvió a empezar con 39 años, hace cinco años que volví a nacer, y ahora me quiero más. ¿Llegaste a temer por tu vida? Una de las emociones principales en una situación de maltrato es el miedo. Lo voy a dejar ahí. Todo eso se dijo en el juicio. Pero se pasa mucho miedo. Es una constante.
Miedo por ser, por hablar, por salir, por entrar, por que se acabe todo, son muchos miedos. Y el miedo de cuando te vas. Sí. Incluso algún hombre, aunque el 99 % son mujeres.
Cualquiera puede ponerse en contacto conmigo a través de mis redes. Les contestaré y haré todo lo posible por echarles una mano. La mayoría creen que no pueden salir de ahí. Pero no es así. Hay que decirles: «No estás sola y sí se puede salir». Y, a partir de ahí, vamos a trabajar.
