El 11 de febrero se celebra el Día Internacional de la Mujer y la Ciencia, una fecha clave para visibilizar el papel de las mujeres en la investigación y su contribución al avance del conocimiento. En este contexto, la figura de Ana Lluch destaca como un ejemplo de dedicación, esfuerzo y pasión por la oncología.
Ana Lluch, jefa del Servicio de Oncología Médica del Clínico Universitario de Valencia, explica que desde muy pequeña tuvo claro que quería estudiar Medicina, aunque era consciente de la dificultad de poder hacerlo “porque por la situación económica de mi familia necesitaba trabajar cuanto antes para poder ayudar en casa.
Mi vocación era ayudar a la gente, mi deseo estudiar Medicina y mi primera batalla, convencer a mis padres que creían que esta carrera era para gente con recursos económicos. Mi primer reto fue romper mitos y estereotipos que propugnaban estudiar Medicina solo para gente con recursos, y no para quienes quisieran hacerlo”. Y lo consiguió.
Una Vocación Temprana y una Lucha Constante
Desde los catorce años, Ana Lluch tuvo claro que quería ser médico y no se imagina su vida de otra manera. Su primera batalla fue convencer a sus propios padres de que estudiar Medicina no era algo reservado para los más pudientes, sino a los más vocacionales.
Las raíces de Ana son profundas y fuertes: enraíza, como los plantones de naranjo con los que trabajaba su padre, en el humanismo más optimista. Fue tremendamente rebelde frente a las presuposiciones sociales cuando quiso estudiar medicina siendo hija de jornaleros, y tremendamente trabajadora al conseguirlo en el año 1978 en la Facultad de Medicina y Odontología de València.
El devenir de la vida le llevó luego a dedicarse a la investigación en cáncer de mama, pero sin perder de vista a los pacientes. “En toda mi labor investigadora -explica- siempre he tenido presente la ayuda a los pacientes con cáncer; ésta ha sido mi finalidad básica y la razón de ser de mis proyectos”.
Trayectoria Académica y Profesional
Doctora en medicina en 1985, catedrática de medicina desde el año 2010 en la Universitat de València, y desde el año 2015 jefa de departamento del Servicio de Hematología y Oncología Médica del Hospital Clínico de València.
Directora de más de 30 tesis doctorales, y receptora de numerosos premios y galardones nacionales e internacionales, muchos de ellos a la totalidad de una carrera de lucha y de tratamiento del cáncer de mama. Medalla de la Universitat de València en el 2014 y doctora honoris causa por la Jaume I de Castelló.
Fue rebelde también frente a un sistema sanitario limitante y mejorable cuando decidió irse con su marido y sus hijos, por su cuenta y casi sin dinero, en una roulotte, a un centro oncológico avanzado de Milán, para aprender una técnica revolucionaria de investigación contra el cáncer de mama.
Conferencia sobre cáncer de mama de la Dr. Ana Lluch | Cecova TV
Compromiso con la Sanidad Pública y la Investigación
Ana Lluch ha apostado siempre por la sanidad pública y por la necesidad de la investigación clínica: “el laboratorio no puede dar la espalda a los pacientes, ni la consulta puede ignorar los avances científicos” ha dicho. También lo ha hecho por las campañas de prevención y de diagnóstico precoz, sin dejar de lado la importancia de dar siempre al paciente un trato humanizado.
Ella misma da ejemplo de que todo es posible: investigadora traslacional en biología molecular y secuenciación genética, profesora en la Universitat de València, médica empática y sensible.
“Sin lugar a dudas, yo tenía claro que quería dedicarme a la medicina pública por entender que el derecho a una salud igual para todos y de la máxima calidad era algo absolutamente incuestionable para mí. En mis objetivos nunca estuvo el de ganar más dinero, sino sentirme afortunada en mi trabajo porque en la vida uno tiene que desarrollar lo que le gusta.
Impacto en la Supervivencia del Cáncer de Mama
Actualmente (2019) un 85% de las mujeres con cáncer de mama sobreviven en la Comunitat Valenciana debido a las fantásticas campañas de detección temprana y a los nuevos tratamientos diana o personalizados, con una menor toxicidad para la paciente. En todos estos avances ha participado, y luchado por ellos, Ana Lluch.
Ella dice que aprendido sobre la vida con las enfermas y que cada noche las recuerda a todas y piensa en qué es lo que puede hacer por ellas.
Y es que Lluch rezuma empatía y cercanía hacia los pacientes; reconoce que tras treinta años de ejercicio profesional aún sigue llorando con ellos ante su dolor. “No tengo un momento concreto especialmente amargo en el ejercicio de mi profesión sino muchos momentos verdaderamente amargos cuando tengo un diagnóstico donde la supervivencia de la paciente es escasa y al mismo tiempo conoces sus ilusiones, sus esperanzas, sus temores y tienes que gestionar cómo trasladar una información veraz al tiempo que sin cortar su ilusión de vivir y sus esperanzas en que así sea.
Para implicarse realmente con las pacientes hay que escuchar sus angustias, sus miedos y sus esperanzas. Conocer sus vidas familiares y su entereza para afrontar y tratar de superar la difícil situación en que se encuentran de pronto. “Intentando ponerme en su lugar, aún sigo llorando con mis pacientes. Llevo más de treinta años ejerciendo la Medicina y no me acostumbro, ni quiero acostumbrarme a insensibilizarme ante su dolor, aunque ello me produzca amargura y tristeza, que comparto con ellas, al tiempo que procuro darles la mayor seguridad en sí mismas de que soy capaz.
Pese a la tristeza que esta implicación conlleva, Lluch tiene claro que entre los recuerdos “más felices de mi vida, después del nacimiento de mis tres hijos, está el día en que entré por primera vez a la Facultad de Medicina. Lo viví como se vive un sueño largamente esperado, como algo inalcanzable, como la consecución de una meta esperada con una infinita ilusión.
