Entre las parábolas más conocidas de Jesús está la llamada del hijo pródigo. Esta parábola habla de forma patente del amor incondicional de Dios. Y nos dice que todos lo necesitamos. Cada uno de nosotros, todos los seres humanos, hemos sido partícipes de esa infinita generosidad y amor del Padre.
Jesús dijo en Lucas 15:11: «Dijo además: -Un hombre tenía dos hijos». Introducción estándar de una parábola. En la primera parábola en este capítulo 1 oveja se pierde de 100, en la segunda, se pierde 1 moneda de 10. En esta del hijo pródigo se pierde 1 de 2. La secuencia enfatiza la magnitud del hijo perdido. Y como veremos al final, en realidad estaban los dos perdidos. Todo el mundo estaba perdido.
“Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna” (Juan 3:16). Dios les dio la herencia a ambos. Extraño para la época que el padre dividiera la herencia en dos partes iguales. El hijo quería estar libre de su padre. Todos nos independizamos de Dios por el pecado y nos alejamos de su país. Su juventud no es enfatizada, pero la juventud tiende a ser más insensata, y los hijos mayores son más tendentes a menospreciar a los hermanos menores.
Figurativamente, el hijo mayor podría representar a los fariseos y el menor a los creyentes recientes que Jesús estaba enseñando (Lc. En la iglesia primitiva, el hijo mayor podría haber correspondido a los judeo-cristianos y el menor a los gentiles. ¿En qué situación te identificas tú? Si eres un cristiano viejo puede que te identifiques con el hijo mayor, si estás recién convertido puede que te identifiques con el menor.
Vr. 13 «No muchos días después, habiendo juntado todo, el hijo menor se fue a una región lejana, y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente». Un país gentil. Vrs. 14-15«Cuando lo hubo malgastado todo, vino una gran hambre en aquella región, y él comenzó a pasar necesidad. Entonces fue y se allegó a uno de los ciudadanos de aquella región, el cual le envió a su campo para apacentar los cerdos. Separados de Dios lo único que hay es hambre. Tratando de satisfacerla nos allegamos a cualquier idea, filosofía y cosa en el país alejado de Dios. Lo último que se le ocurría a un judío sería cuidar puercos, la ley los consideraba impuros, lo que indica que había abandonado sus escrúpulos religiosos.
El Regreso a la Casa del Padre
Vr. Este versículo central cambia la dirección de la historia. Volver en sí es la catarsis del arrepentimiento. Es solo y únicamente el amor incondicional del Padre el que nos lleva a él. Es Dios Padre quien nos llama para que vayamos hacía Jesucristo Juan 6:44, 65 «Nadie puede venir a mí, a menos que el Padre que me envió lo traiga; y yo lo resucitaré en el día final»…65 «-Por esta razón os he dicho que nadie puede venir a mí, a menos que le haya sido concedido por el Padre». Dios nos lleva al arrepentimiento. Él contaba con el amor incondicional de su padre.
Vrs. 18-19 «Me levantaré, -cambiaré, me arrepentiré- iré a mi padre y le diré: ‘Padre, he pecado contra el cielo-es un eufemismo para Dios, usado sin duda porque el padre representa a Dios en la historia- y ante ti. El arrepentimiento no es solo reconocer lo que se ha hecho, sino un cambio de dirección en la forma en la que vemos a Dios y la vida. En el momento del arrepentimiento, los pecadores nos tenemos que ver como lo que somos, y ver que incluso en lo más bajo de nuestra condición Dios nos ama incondicionalmente, de otra forma no estaremos dispuestos a que el amor de Dios nos cambie, no veremos la necesidad de hacerlo. Y ahora, después del deseo de cambiar, tiene que intervenir la voluntad de cambio y la acción constante y progresiva de santificación, por medio de la aceptación de la acción del Espíritu Santo en nuestras vidas. Esa tiene que ser la actitud del cristiano.
Vr. 20 «Se levantó y fue a su padre». El padre está siempre con los brazos abiertos esperando el regreso de su hijo. Nunca ha dejado de amarlo. Desde que el Espíritu motiva el deseo de cambiar en cada uno de nosotros, el Padre nos mira de una forma especial. Él sabe lo que somos, conoce nuestra fragilidad espiritual y nos extiende su misericordia como registró David en el Salmo 103:10-14 “No ha hecho con nosotros conforme a nuestras iniquidades, ni nos ha pagado conforme a nuestros pecados. Porque como la altura de los cielos sobre la tierra, engrandeció su misericordia sobre los que le temen. Cuanto está lejos el oriente del occidente, hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones. Como el padre se compadece de los hijos, se compadece el Señor de los que le temen. El Padre es el primero que ve al hijo.
El Padre tomó la iniciativa en Cristo y nos llevó a él. Dios el Padre, salió fuera, vino a este mundo, para buscarnos a cada uno de nosotros, por medio de Jesús. «Y corrió»-estas palabras enfatizan el entusiasmo del Padre. En las sociedades antiguas, que un hombre mayor corriera era considerado indigno, para hacerlo tenía que mostrar su piernas descubiertas- «…y se echó sobre su cuello, y le besó». Las acciones del padre representan el amor de Dios por todos sus hijos sin excepción. Lo besó como señal de perdón. El hijo no terminó de decir lo que pensaba decir, quizás porque fue detenido por ese beso de su padre.
Vrs. 21-22 «El hijo le dijo: «Padre, he pecado contra el cielo y ante ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo. La confesión del pecado delante de Dios aumenta en el corazón del creyente el valor del amor del Señor y estimula el deseo de recibir su bendición. El padre no deja terminar al hijo. Él estaba pensando que el padre lo hiciese un siervo pero el padre le dice a los siervos: “ Sacad de …». El hijo venía descalzo. El vestido, el anillo y las sandalias, que el padre le da, son signos de hombre libre. Dios nos ha vestido de la justicia de su Hijo.
Hemos emblanquecido nuestras ropas en la sangre del Cordero (Ap. 7:14). Somos hechos hijos de Dios, y nos ha dado el sello del Espíritu Santo, que nos hace parte de su familia: “Y por cuanto sois hijos, Dios envió a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo, que clama: «Abba, Padre. Así que ya no eres más esclavo, sino hijo; y si hijo, también eres heredero por medio de Dios» (Gálatas 4:6-7).
Vr. 24 «…porque este mi hijo estaba muerto y ha vuelto a vivir; estaba perdido y ha sido hallado» - Que muestra que su regreso y su hallazgo es el resultado de la búsqueda del Padre”. Y comenzaron a regocijarse». Quizás el padre lo consideraba metafóricamente muerto porque se había convertido en un gentil. Algunos judíos conducían funerales por los hijos que se habían casado con un gentil. Nosotros ciertamente estábamos muertos en nuestros delitos y pecados, como el apóstol Pablo escribe en Efesios 2:1-7 «En cuanto a vosotros, estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo, conforme a la corriente de este mundo y al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora actúa en los hijos de desobediencia.
En otro tiempo todos nosotros vivimos entre ellos en las pasiones de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de la mente; y por naturaleza éramos hijos de ira, como los demás. Pero Dios, quien es rico en misericordia, a causa de su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en delitos, nos dio vida juntamente con Cristo. ¡Por gracia sois salvos!
La Reacción del Hijo Mayor
El hijo mayor regresa a casa, Vrs. 25-27 «Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando vino, se acercó a la casa y oyó la música y las danzas. Después de llamar a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. Este le dijo: 'Tu hermano ha venido, y tu padre ha mandado matar el ternero engordado, por haberle recibido sano y salvo'». Hasta ahora esta parábola ha ido paralela a las dos primeras que se encuentran en este capítulo. Lo perdido ha sido hallado y hay regocijo. Ahora el hijo mayor es introducido por Jesucristo para darnos una lección adicional.
La aparición del hijo mayor en escena es extraña. Normalmente un siervo hubiera ido a buscarlo para darle la buena noticia. Pero parece como si el hijo mayor se enterara accidentalmente de la fiesta por el regreso de su hermano. El hijo mayor escucha «la danza de amor del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo» como señala el Dr. Baxter C. Es posible que algunos de nosotros, aún estando dentro de la familia, dentro de una comunidad cristiana, a consecuencia de una actitud de falta de agradecimiento y reconocimiento del gran amor de Dios en Cristo por cada uno de nosotros, y en nuestra mente estemos cortados de una relación profunda y real con Dios, como el hijo mayor de esta parábola lo estaba.
Aquellos que ya hemos aceptado y recibido el amor de Dios somos los hijos mayores, aquellos que ya nos hemos reconciliado con Dios nuestro Padre. ¿Cómo nos estamos comportando con aquellos que están arrepintiéndose ahora, los despreciamos, o los animamos, los estimulamos y les perdonamos sus errores como Dios nos ha perdonado y nos perdona a todos? Ahora el hijo mayor es contrastado con el joven. El joven empieza la historia abandonando el hogar, el mayor la empieza retornando.
Vr. 28 «Entonces él se enojó y no quería entrar. Su padre salió afuera para rogarle al hijo mayor que entrara en casa. El padre salió, exactamente igual que había hecho por el hijo menor. Dios Padre salió en Cristo a rescatar lo mismo a judíos que a gentiles. Cristo fue crucificado fuera de los muros de la ciudad. El deseo del padre era que el hijo mayor participara de su gozo por el regreso de su hermano. El hijo mayor desobedeció a su padre, había heredado la propiedad de su padre, pero no su actitud de misericordia. No hay ni una persona que no tenga necesidad del amor y la misericordia infinitas de Dios, pero los fariseos no eran conscientes todavía de ello. Todos los seres humanos estábamos destituidos de la gloria de Dios.
Así que no veamos a los demás como si nosotros hubiésemos sido mejores, porque todos estábamos desesperadamente en necesidad del amor de Dios y de la justicia, por medio de la fe en lo que Cristo hizo por nosotros y somos en él. «Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios atestiguada por la Ley y los Profetas. Esta es la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo para todos los que creen.
Vr. 29 «Pero respondiendo él dijo a su padre: «He aquí,-¡Mira! La relación con su padre estaba basada en el trabajo, en lo que él hacía. Sentía que estaba comprando el afecto de su padre con el trabajo que hacía. La relación con su padre no estaba fundamentada en el amor- «y jamás te he desobedecido». Se estaba conformando a los deseos de su padre pero NO estaba siendo transformado por su amor desde dentro hacía a fuera- y nunca me has dado un cabrito para regocijarme con mis amigos». Un cabrito es de menor valor que un becerro. El padre le habría dado un cabrito si se lo hubiera pedido Vrs. Se sentía no valorado, no apreciado, sin recompensa.
Sus quejas sugieren que él tenía un largo resentimiento guardado. Se quejaba sobre la misericordia dada a su hermano menor, en una forma similar a los trabajadores en la viña que habían laborado todo el día y recibieron lo mismo que aquellos que solo habían trabajado una hora. Vr. ¿Sabía el mayor realmente en qué se había gastado su hermano la herencia? La historia no nos lo dice. Esto sugiere que el hermano mayor estaba haciendo falsas acusaciones. La autojusticia, los falsos rumores, los juicios, las falsas acusaciones, las calumnias y el desprecio, son la expresión más clara de la falta de amor y consideración hacía los demás.
Vr. Los hijos mayores heredaban el doble que los otros porque tenían la responsabilidad de la familia. El hijo mayor tenía la responsabilidad de cuidar de un hermano que cayera en desgracia. Vr. 32 «Pero era necesario- La palabra usada es «edei» con el claro significado de que es necesario regocijarse del regreso del pecador, no es una opción, es una necesidad.- alegrarnos y regocijarnos, porque este tu hermano -no «mi hijo» sino «tu hermano»- estaba muerto y ha vuelto a vivir; estaba perdido y ha sido hallado.» El padre le recuerda al hermano mayor la responsabilidad que tiene con su familia. Y es eso precisamente lo que nos dijo Cristo que debemos de hacer con nuestros hermanos, estar siempre dispuestos a reconciliarnos con ellos y regocijarnos de ello, Lc. 17:3-4: “Mirad por vosotros mismos: Si tu hermano peca, repréndele; y si se arrepiente, perdónale.
El Amor Incondicional de Dios
La parábola del hijo pródigo cuenta la historia de un padre con dos hijos: uno responsable, trabajador y obediente y otro que es su antítesis: irresponsable, derrochador, desobediente… Un buen día el hijo irresponsable decide reclamarle al padre su parte de herencia y abandonar el hogar. El hijo responsable se mantiene al lado de su padre, trabajando con él y cuidándolo. Lo que este hijo pródigo recibe al llegar es el abrazo alegre de su padre, que lleno de felicidad da una fiesta por la vuelta de su hijo. Este acto de misericordia y bondad despierta la envidia y soberbia en el hijo que siempre estuvo a su lado: “yo he seguido a tu lado, obediente y amoroso, y nunca has festejado por mi”.
La parábola del hijo pródigo habla de la misericordia de Dios para los pecadores arrepentidos y la sincera alegría por la conversión de los descarriados. Al relatarla, Jesús hacía una alegoría sobre la conversión de los pecadores y el perdón de los pecados. Es fácil marcharse de casa y también es fácil quedarse en ella, lo más difícil es volver. Volver significa hacer el camino de regreso, entrar en el interior de nosotros mismos, buscar, descubrir, mirar, examinar, discernir, tomar opciones, sabiendo que lo que late en nuestro corazón es el palpitar del Padre.
El carácter simbólico de los personajes de la parábola, por lo que podemos identificarnos con alguno de ellos. Cual representa mejor mi postura ante Dios y ante los demás. El amor de Dios es incondicional, no depende de lo que hagamos o digamos, pero, para acogerlo, hay que acercarse de corazón a él. ¿Cuándo somos el hijo mayor que estamos cerca del Padre sin sentirnos amados? Las dificultades de la fraternidad tanto ayer como hoy. El sueño del padre es que sus hijos lleguen a ser verdaderamente hijos suyos y hermanos. La fraternidad es siempre una tarea para realizar.
Agradezco al Padre su amor incondicional, que no exige nada de mí para derramarse en mi corazón. Presento ante el Padre mis ambigüedades e incoherencias, que me hacen identificarme a veces con el hijo pequeño y otras con el mayor. Pedimos al Padre que nos enseñe a ser hijos y hermanos y que sepamos llevar esa enseñanza a nuestras familias. Recordamos ante el Padre que todos sus hijos, hermanos nuestros que no están cerca de él, que se mantienen lejos por miedo, ignorancia o mala conciencia. Contemplo el misterio de Dios que, en Jesús corre a nuestro encuentro.
El Hijo Pródigo (Parte 1) Parábolas - John MacArthur
Un buen ejemplo de este perdón paterno es la metáfora del hijo pródigo. Es una bonita historia que nos enseña mucho, más allá de que seamos o no creyentes. Respecto al Amor, poco puedo decir que no se haya dicho, escrito o cantado sobre esto. Mi definición preferida es la que viene en la Carta a los Corintios, capítulo 13. Lo relaciono con el párrafo anterior, y que me perdonen los que no sean cristianos, pero es otra obra de arte que nos deja la Biblia. Es poesía pura y la belleza de sus palabras, si la cantara un cantante moderno, llenaría estadios y vendería millones de discos.
Tabla comparativa de los personajes
| Personaje | Representación | Características |
|---|---|---|
| Padre | Dios | Amor incondicional, perdón, misericordia |
| Hijo Menor | Pecador arrepentido | Rebelión, arrepentimiento, humildad |
| Hijo Mayor | Fariseos, legalistas | Obediencia, resentimiento, falta de comprensión |
