Cuando dos personas deciden formar una nueva relación después de un matrimonio previo, a menudo se enfrentan a desafíos únicos. Uno de los desafíos más comunes es lidiar con los hijos o hijas de otro matrimonio. Estos hijos pueden ser una fuente de alegría y amor, pero también pueden presentar complicaciones y conflictos en la nueva relación y en la nueva familia. Es importante que los hijos entiendan el rol de la nueva pareja de su madre/padre.
Es comun que, cuando una persona empieza una nueva relación y decide constituir un nuevo matrimonio, el/la ex se siente desplazado/a y con miedo de que la nueva pareja de su ex quiera sustituirlo/la como padre/madre. Para que esto no sea un problema, es importante emplear un diálogo correcto y una comunicación asertiva con el/la ex. El nuevo miembro de la familia no debe intentar sustituir la figura de la madre/padre del niño.
Si la mudanza de casa es para una nueva casa para ambos miembros de la pareja y sus hijos, puede causar menos problemas. Sin embargo, si la mudanza es para la casa de uno de ellos, en la que sus hijos ya están instalados, los niños que llegan pueden sentirse que no tienen el espacio que necesitan y los que ya están pueden sentirse desplazados.
¿Eres la pareja de alguien que tiene hijos? | TU LADO POSITIVO
Desafíos Comunes en Familias Reconstituidas
En las familias constituidas, especialmente cuando cada miembro de la pareja trae hijos de otro matrimonio para la nueva relación, es muy habitual que las reglas de convivencia y la forma de crianza no coincidan, lo que puede generar grandes conflictos. Para una correcta adaptación, es necesario establecer un nuevo sistema de reglas donde se tenga en cuenta las reglas anteriores y nuevas reglas en comun. Igual que en el item anterior, es necesario que cada hijo sea tratado de la misma forma, con privilegios y educación similares.
La comunicación es la base de cualquier relación saludable, y esto es especialmente cierto cuando se trata de una relación con hijos de otro matrimonio. Es esencial que ambos miembros de la pareja hablen abiertamente sobre sus expectativas, preocupaciones y deseos en relación con los hijos. Esto incluye discutir cómo se llevarán con los hijos, qué roles desempeñarán y cómo se tomarán las decisiones relacionadas con ellos.
Es importante establecer límites y roles claros tanto para los padres biológicos como para los padrastros o madrastras. Cada persona debe tener una comprensión clara de su papel y responsabilidades en la crianza de los hijos de otro matrimonio. La construcción de relaciones sólidas con los hijos de otro matrimonio lleva tiempo y paciencia. Es importante recordar que la relación no se construirá de la noche a la mañana. Permitir que los lazos se desarrollen gradualmente y sin presiones excesivas puede facilitar la adaptación de todos los miembros de la familia a la nueva dinámica.
Cuando hay hijos de otro matrimonio involucrados, es crucial que los miembros de la pareja trabajen en equipo. Esto implica tomar decisiones juntos, apoyarse mutuamente y abordar los desafíos de manera colaborativa. Enfrentar los desafíos de una relación con hijos de otro matrimonio puede ser difícil, y en algunos casos, puede ser beneficioso buscar apoyo externo. Un terapeuta familiar o de pareja puede brindar orientación y herramientas para manejar los problemas específicos que surgen en esta situación.
Los Celos Infantiles: Una Reacción Común
Que el niño se sienta celoso con la aparición de una nueva pareja es normal y, en principio, que se reaccione ante esta nueva situación no es preocupante. Los celos son «el sentimiento receloso de quien teme que otro puede ser preferido». La forma en que se puede manifestar es muy diversa, pero generalmente aparecen rabietas, agresividad, volver a hacerse pis o caca cuando esta etapa ya se había superado, volver a usar un lenguaje infantil,… También podemos encontrar que los niños busquen diferentes maneras de llamar la atención, o también que se muestren más tímidos, cerrados, inhibidos.
Es habitual que los niños tengan miedo de dejar de ser queridos como antes. Miedo a que el padre o madre le presten menos atención, o incluso pueden llegar a tener miedo a ser abandonados.
Para empezar es muy importante no culpabilizar: Ayudar a quien lo padece a reconocer que lo que está sintiendo no es malo. También puede ayudar no considerar sus manifestaciones como algo a cambiar, sino entender que es un proceso normal y que ya pasará. Por ejemplo, si un niño empieza a hacerse pis o a estar más nervioso, será mejor ayudarle a reconocer el sentimiento de celos y decirle «es normal que te dé rabia, estés enfadado. Pero aunque ahora el padre o la madre ame a otra persona, nunca te dejará de amar».
No debemos pretender que estas manifestaciones de celos desaparezcan inmediatamente. Es importante respetar el tiempo del niño y la manera en que lo está expresando. Será desde esta comprensión y desde el respeto que podrá ir haciendo su proceso y será a medida que vaya comprobando que el padre o la madre siguen queriéndolo tanto como antes, que la desazón irá disminuyendo.
Esto no quiere decir que en determinados casos los adultos nos podamos sentir más tranquilos consultando a un profesional, ya que nos puede ayudar a buscar la manera de afrontar esta situación de la forma más adecuada, guiando ya sea a los padres como a los niños en este proceso. Es importante que este paso se dé cuando el padre/madre también esté seguro.
Hay que buscar un momento de tranquilidad, sin interferencias y poner mucho énfasis en que el amor y la dedicación hacia él/ella no disminuirá. En ningún caso se debe culpabilizar ni castigar. Mi hijo se hace pipi, o caca, o tiene muchas rabietas desde que tengo pareja. Aunque consultar nunca está de más, se puede esperar un tiempo hasta que la nueva situación se haya estabilizado.
Los niños y niñas tienen que dormir en su cama. Poner orden en casa es poner orden en su cabeza. Que cada uno duerma donde le toca, ayuda a clarificar las relaciones y les ayuda con los límites. Cada vez que estoy con mi pareja mi hijo/a hace todo lo posible para separarnos y llamar la atención. Para empezar, no ceder, no complacerle en su demanda. Ser explicativo y comprensivo, no enfadarse ni castigarlo. No debemos forzar estos momentos.
Debemos respetar su ritmo, sobre todo si se observan dificultades. Es importante reservar espacios para estar con el hijo sin la pareja y, poco a poco, ir introduciendo. Que sea progresiva. Que no lo sienta como una invasión de su espacio ni de la relación con el/la padre/madre.
Una madre consulta al servicio preocupada por las reacciones que su hijo está teniendo desde que su pareja a ido a vivir con ellos; se vuelve a despertar por las noches, quiere meterse en su cama, mantiene una actitud agresiva hacia ella y hacia la pareja. El terapeuta la tranquiliza diciendo que es una reacción normal, que seguramente durará un tiempo y poco a poco irá desapareciendo.
Cuando Tu Hijo Te Compara con Otras Madres
Suele suceder en medio de una discusión. Tu adolescente se ha quedado sin argumentos y te suelta que la madre de Fulano es mejor que tú porque sí hace… o porque no hace… Y, aunque sabes que no deberías, te sientes fatal. Porque las comparaciones son odiosas, sí, pero son, sobre todo, dolorosas. Y si lo que se compara son tus cualidades como madre, aún peor. En el artículo de hoy hablamos sobre qué pasa cuando tu hijo te compara con otras madres.
Duele. Duele mucho. Y por lo general provoca una reacción poco meditada: una respuesta desagradable, una acusación… algo que solamente va a empeorar las cosas y que, en el fondo, hará que te sientas mal dos veces, una por lo que has oído y otra por lo que has dicho. Tampoco vamos a decir que deberías callarte. Nunca es buena idea callar cuando tu hijo adolescente ha traspasado una barrera. Es necesario que le pongas límites: por ti, que mereces respeto, y por él (que merece saber hasta dónde puede llegar y que, además, así aprenderá a poner sus propios límites).
Entre los dos extremos, entre la sobre-reacción y el silencio, hay un punto intermedio al que deberías aspirar: una respuesta asertiva. Pero, para ser capaz de darla, vas a necesitar comprender por qué tu hijo adolescente te está comparando con otras madres y por qué te duele tanto su actitud. El verdadero problema quizá no es lo que dice tu hijo, sino que, al compararte con otras madres, te da en un punto débil.
¿Por qué duele que tu hijo te compare con otras madres?
Las comparaciones duelen porque cuando nos comparan con otra persona leemos, en las palabras de quien nos compara, que no somos suficientes. Y a nadie le gusta no ser suficiente, decepcionar a sus seres queridos. Pero puede haber algo más. Quizá cuando eras niña tus padres solían compararte con tus hermanos, con los hijos de sus amigos. Quizá tú misma te comparas, consciente o inconscientemente, con esas madres perfectas de las redes sociales. Y siempre sales perdiendo.
Si no eres capaz de conservar la templanza cuando tu hijo te compara con otras madres, quizá el problema es que, de alguna manera, sientes que tiene razón. Su crítica da en lo más profundo de tus inseguridades y te confirma tus sospechas: que no eres tan buena madre como deberías. Y es que, ya sea porque eres una persona naturalmente perfeccionista, porque te educaron en un ambiente donde las comparaciones eran frecuentes o, sencillamente, porque mirar a los otros, compararse con ellos, es humano, el verdadero problema quizá no es lo que dice tu hijo, sino que, al compararte con otras madres, te da en un punto débil: tu autoestima, y probablemente, en una de tus heridas de la infancia.
Si es tu caso, convéncete de que eres suficiente. Con tus errores, con tus aciertos, con tus ganas de mejorar y con tus ganas, a veces, de no esforzarte más, eres suficiente. Así que deja de evaluarte constantemente, trata de reconocer tu valía y háblate con más cariño.
¿Por qué mi hijo adolescente me compara con otras madres?
Tendemos a creer que los adolescentes y niños nos comparan con otras personas para hacernos daño, pero esto no es exactamente así. En la mayoría de los casos te compara por su propia incapacidad emocional, entre otras razones:
- En su mundo, la comparación es natural: El mundo adolescente es un espacio donde la comparación es muy importante, pues necesitan la validación social, ser iguales que los otros. Y para ser iguales que otras personas, es necesario mirarlas todo el tiempo. Esto, que tu adolescente hace para sí mismo continuamente (y que muchas veces le hace pensar, muy sinceramente, que es diferente y que está solo), es normal que también lo haga para ti. Quiere tener una madre como todas.
- Aún no ha madurado emocionalmente: Tu adolescente aún está aprendiendo a manejarse emocionalmente en el mundo y, por ello, no es capaz (o no todo el tiempo) de ponerse en tu lugar de forma empática. Si lo fuera, probablemente no te compararía, sino que te haría llegar su mensaje de otra manera. Y precisamente de tu reacción depende en gran parte que aprenda habilidades emocionales.
- Quiere manipularte: A veces en el “las otras madres son mejores porque han dicho sí” sí hay voluntad de manipularte. Los intentos de manipulación, en la adolescencia, pueden deberse a la falta de competencias emocionales, aunque es normal que nos preocupen. Es importante que, sin cerrarte tampoco a cambiar tu actitud en un momento dado, no cedas a ellos. Es decir, ceder a sus demandas, cuando te parecen justas, sí; ceder a manipulaciones, no.
- Le has comparado tú antes: Muchos padres y madres comparan a los hijos con otros, pensando que la comparación es una herramienta educativa, que “estimula” el cambio, pero esto está lejos de ser así. La comparación suele minar la autoestima y asentar una dinámica en la que los hijos sienten que nunca son suficientes para los padres. Si le has comparado en la infancia, es normal que él te compare a ti: lo ha interiorizado como una manera lícita de pedir cambios.
¿Qué hacer cuando tu hijo adolescente te compara con otras madres?
De tu reacción depende, decíamos, que tu hijo adolescente aprenda a hacer las cosas de otra manera. Si normalmente caes en el “y tú más”, probablemente el problema continuará mucho tiempo. ¿Qué hacer, entonces?
- Trata de no pensar que quiere manipularte: Lo primero es convencerte de que lo más probable es que no lo haga con la voluntad de manipularte. Salvo que tu hijo o hija suela ser manipulador, concédele el beneficio de la duda. Si eres capaz de hacer esto, probablemente no sobre-reaccionarás, y la situación se resolverá mucho mejor. Pero, insistimos, eso no significa no actuar.
- Dile que te ha molestado: Sin victimismos, sin manipulaciones, sin sermones. Dile que no te gusta que te compare con otras personas, que cada persona es diferente y cada familia también. Si el conflicto ya había escalado, déjalo aquí, de momento. Dile que hablaréis cuando estéis mejor y márchate, o déjale marcharse.
- No entres en el juego de las comparaciones: A veces actuamos como un muelle. Nos comparan, comparamos. O caemos en una de esas “frases de madre” que antes odiábamos: “A lo mejor es que la madre de tu amiga no necesita ir recogiendo tu ropa sucia” o “Pues tu amiga ha sacado más sobresalientes que tú”… Ese juego es una lucha de poder. Y recuerda, nunca te conviene entrar en luchas de poder con tu adolescente porque, además, el poder no está en juego: los papeles ya están repartidos, la madre eres tú.
- Reflexiona acerca de lo que desea: A veces, decíamos antes, los adolescentes nos comparan por falta de habilidades. Si la comparación venía como una reacción a un límite que te parece justo y no quieres modificar (“pues la madre de mi amigo le deja dormir con el móvil en la habitación”), puedes explicarle una vez más las razones (pero sin alargarte mucho: “en casa lo hacemos así porque es mejor para la salud, mira este artículo”). En otras ocasiones, puedes plantearte la demanda: quizá cuando te dice que “la madre de Marina es más simpática que tú” lo que desea decirte es que quiere compartir más momentos contigo, o que no le digas continuamente que recoja su habitación. Pregúntale “¿por qué lo dices, concretamente?”. Colaborando, es posible llegar a un acuerdo en el que modifiquéis la dinámica entre vosotros (por ejemplo: no recordarle lo que debe hacer hasta una determinada hora).
¿Puedo conseguir que mi hijo adolescente no me compare con otros?
La comparación, decíamos, es intrínseca a nuestra sociedad competitiva. Sin embargo, es posible modificar o minimizar este “mal hábito” de tu hijo o hija, enseñarle a formular sus necesidades de otro modo y a valorar a los otros por lo que sí son (y, de paso, a valorarse a sí mismo). Puedes empezar así:
- No compares: La mejor manera de evitar caer en las trampas de la comparación es predicar con el ejemplo. Así que trata de no comparar, empezando por no compararte tú. Si detectas que tu hijo se compara mucho con otros (lo va a hacer: es normal en la adolescencia), lo mejor es que le recuerdes todas esas cosas buenas que sí tiene, y que le dan valor por quien es, no por sus logros.
- Valora a tu hijo y valórate a ti: Ya lo hemos dicho antes: la mejor vacuna contra las comparaciones es una sana autoestima.
El Hijo de Reemplazo o Sustitución
El hijo de reemplazo o sustitución es el término que se usa para referirse a un niño concebido poco después de que los padres hayan perdido a otro hijo. Fue acuñado por los psicólogos Albert C. Cain y Barbara S. Con mucha frecuencia, tras la muerte de un hijo se trata de gestar o adoptar otro niño. Es un recurso humano natural para superar la pérdida, es decir, no siempre un hijo posterior a la pérdida traumática de otro hijo tiene por qué convertirse en un hijo de reemplazo. Después de llorar y aceptar la pérdida de un hijo, los padres pueden decidir dar la bienvenida a otro hijo, y esto suele ser algo curativo. Sin embargo, este fenómeno muy habitual y humano, puede ser peligroso e incluso muy patológico para el hijo que nace tras la muerte de un hermano.
Circunstancias que pueden influir en la concepción de un hijo de reemplazo:
- Pérdida de un neonato: esta terrible situación se convierte en peligrosa especialmente para la madre si es fértil, ya que a menudo puede no sentirse validada en su terrible dolor por su entorno y socialmente al entender que nuevamente y muy pronto podrá gestar más hijos. Muchas refieren sentir que su dolor no está justificado.
- Poco tiempo entre el fallecimiento de un niño y la llegada de otro: Lo que supondría un duelo paterno no resuelto.
- Fantasía de que el niño/a fallecido nacerá de nuevo: Puede ser un proceso inconsciente durante el embarazo, propio del proceso natural de duelo, y se intensifica si el niño nacido es del mismo sexo que el fallecido.
- Circunstancias de la muerte del niño: si es por accidente, enfermedad etc.
- Idealización tras la muerte del hijo fallecido: En muchos casos tras la pérdida se construye una imagen de hiperidealización. Incluso en niños fallecidos a los pocos meses de edad el progenitor o progenitores pueden construir una imagen completa de “perfección”, capacidades, parecido físico, etc. imposible posteriormente de alcanzar por el niño de reemplazo.
Las consecuencias de este fenómeno son graves para el / los progenitores ya que nunca conseguirán sustituir al niño fallecido, pero mucho más graves para el individuo de reemplazo al ser un niño cuya autoimagen está en desarrollo y depende, en gran medida, de la percepción que sus padres le proyectan.
Infografía sobre familias reconstituidas
Tipos de Familias Actuales
Los tipos de familia actuales son muy diferentes a las familias de 50 años atrás, así como esas también lo eran respecto a las de 50 años más atrás. Este desdoblamiento del concepto de familia, además de caminar cada vez más hacia la inclusividad, nos indica que la estructura familiar no es un factor determinante para decidir si una familia es funcional o no. Una de las funciones que más peso tiene, de acuerdo con la literatura, es la vertiente socializadora de la familia. Gracias a este proceso, las personas adquirimos los valores y las conductas o normas que son más aceptables en la sociedad en que vivimos.
En la actualidad existe una gran diversidad de familias, todos los tipos de familia actuales existen en igual capacidad en lo que se refiere a cubrir las necesidades básicas que le competen.
- Parejas sin hijos: Este tipo de familia está formada por una pareja sin descendientes. Cada vez son más las parejas que deciden conscientemente no tener hijos por múltiples razones personales.
- Familia biparental con hijos: La familia biparental con hijos es la más clásica, también conocida como nuclear o tradicional. Está formada por un padre, una madre y el/los hijo/s biológico/s. La mayoría de la población, al pensar en una familia, se imagina a la familia biparental con hijos.
- Familias homoparentales: Las familias homoparentales son aquellas que están formadas por una pareja homosexual (de dos hombres o dos mujeres) con uno o más hijos. Este tipo de familias han tenido que luchar contra los prejuicios derivados de la homofobia: mientras poco o nada se cuestiona la validez y capacidad de una pareja heterosexual para formar una familia, las parejas homosexuales con hijos parece que hayan tenido que recurrir incluso a investigaciones científicas que prueban su legitimidad como familia.
- Familias reconstituidas o compuestas: Como se deduce de esta introducción, las familias reconstituidas o compuestas son las que están formadas por la fusión de varias familias biparentales: tras un divorcio, los hijos viven con su madre o su padre y con su respectiva nueva pareja, que puede tener también sus propios hijos a cargo.
- Familias monoparentales: Las familias monoparentales están formadas por un único adulto con hijos. A pesar de que existe mucha gente que cree que las familias monoparentales están incompletas, no es cierto que ese progenitor único necesite forzosamente la ayuda de otro adulto para tirar adelante. Cada vez son más las familias monoparentales que están surgiendo en nuestro país.
- Familias de acogida: Son familias temporales que se encargan de ofrecer a menores en situación de necesidad el mejor entorno posible hasta que sean adoptados definitivamente o hasta que su familia biológica pueda ocuparse de ellos.
- Familias adoptivas: Las familias adoptivas constan de una pareja (o un adulto en solitario) con uno o más hijos adoptados. Muchas familias, por problemas de fertilidad, optan por adoptar como forma de acceder a la parentalidad. Otras familias, por convicción personal, prefieren adoptar que concebir.
- Familia extensa: La familia extensa está formada por varios miembros de la misma familia que conviven bajo el mismo techo. Este tipo de familia está tradicionalmente más extendido en países con menos recursos económicos.
Es evidente que las familias han cambiado aunque, quizá, la aceptación social no las ha acompañado al mismo ritmo. Los prejuicios y estereotipos generan malestar, tanto en quienes lo dan como en quienes los reciben. Normalizar las nuevas formas de ser familia es fundamental tanto para los adultos como para los niños.
Consanguinidad y Enfermedades Genéticas
Las relaciones íntimas entre familiares han sido vistas de manera muy diferentes a través de la historia. En algunas sociedades primitivas con el objeto de estimular la unidad del clan se potenciaban las uniones entre individuos consanguíneos. Por ejemplo en el antiguo Egipto los matrimonios entre miembros de la misma familia eran habituales. La cultura popular nos ha trasmitido que los hijos fruto de las relaciones entre familiares nacen con grandes malformaciones o retraso mental. Esta idea ha sido potenciada por el hecho de que ciertas enfermedades como son la hemofilia o la porfiria, se heredaban entre los miembros de la realeza europea a causa del alto grado de endogamia.
En la historia de España tenemos el ejemplo de uno de nuestros reyes que a causa del alto grado de consanguinidad nació raquítico, con retraso mental y estéril. La consanguinidad aumenta las posibilidades de trasmitir a la siguiente generación cierto tipo de enfermedades hereditarias. Existe un grupo de enfermedades genéticas que poseen un tipo de herencia denominado autosómico recesivo. En nuestro genoma tenemos dos copias de cada gen, una heredada de nuestro padre y otra de nuestra madre. Las enfermedades autosómicas recesivas para manifestarse precisan que las dos copias del gen estén mutadas.
Los padres comparten con sus hijos la mitad de sus genes. Por lo que si por azar, existiera una mutación en un gen de los progenitores, la mitad de sus hijos portarían de forma asintomática la mutación. A medida que la consanguinidad es menor, la probabilidad disminuye, aunque sería superior a la de la población general. El Test de compatibilidad genética (TCG) permite analizar más de 600 enfermedades genéticas o más de 3000 (dependiendo la modalidad) con herencia recesiva.
En caso de matrimonio entre familiares sería recomendable realizar este test a ambos miembros de la pareja. De esta manera se pueden descartar que comparten una mutación en el mismo gen, con el consiguiente riesgo de trasmitir la enfermedad a la descendencia.
Test de compatibilidad genética
