Salamanca (Corona castellanoleonesa), 4 de octubre de 1497. Hace 525 años, Juan de Trastámara y de Trastámara, hijo y heredero de los Reyes Católicos, moría prematura e inesperadamente a la edad de veinte años.
Con la muerte de Juan, oficialmente a causa de la tuberculosis y extraoficialmente a causa de su pasión por el sexo, se perdía el único descendiente varón de la católica pareja y se hundía toda la estrategia de Fernando y de Isabel, construida para convertir a los Trastámara hispánicos en la estirpe más poderosa del planeta.
Es posible que los Reyes Católicos sean dos de las figuras más conocidas de la historia de la península Ibérica. Con su matrimonio unen las Coronas de Castilla y Aragón, y a lo largo de su reinado consiguen destacadas victorias militares en Granada y Nápoles, además de financiar los viajes de Cristóbal Colón al continente americano y hacer una amplia reforma administrativa. Toda su suerte en las labores de gobierno no se transmite a lo referente a su sucesión, perdiendo varios de sus herederos (Francisco Olmos, 2002).
Juan era el segundo hijo de Fernando y de Isabel, pero cuando nació (1478) ni era el primogénito ni era el heredero en los tronos de Barcelona y de Toledo. La católica pareja ya tenía a una niña, Isabel (1470), que había sido proclamada princesa de Asturias, cuando la madre había sido coronada reina de Castilla y de León (1474).
Y en Barcelona el horizonte todavía se perfilaba más lejano: Juan II, padre de Fernando, a sus ochenta años -una edad absolutamente extraordinaria en la época- se mantenía inalterable con las nalgas en el trono. No obstante, en tan sólo dos años (1478-1480), las expectativas de Juan cambiaron radicalmente: su abuelo paterno moría y su padre alcanzaba el trono de Barcelona (1479) y se imponía la tradición patriarcal -de influencia claramente catalana- de nombrar heredero al primer varón.
Sorprende la gran diferencia de edad entre los dos primeros descendientes de los Reyes Católicos: Isabel (1470) y Juan (1478), sobre todo porque el tercero, cuarto y quinto vinieron prácticamente seguidos: Juana (1479), María (1482) y Catalina (1485). Esta diferencia se explica por las dificultades que tuvieron la futura reina católica y sus partidarios (guerras incluidas) para desbrozar el camino hasta el trono (1469-1474). Pero con la muerte de Juan II (1479) se completaba un largo camino iniciado una década antes en las negociaciones matrimoniales de Cervera (1468).
Juan, el heredero, era la personificación del triunfo de un ambicioso proyecto político: la unión dinástica de los dos principales estados peninsulares.
Muerte del Príncipe Juan - Serie Isabel 3ra temporada
La Boda de Juan y la Estrategia Política de Fernando
Isabel, que había ganado el trono castellanoleonés con el uso de las peores armas, era consciente de que la disidencia silenciosa le podía carcomer las patas del trono; y para eliminar la posibilidad de cualquier tipo de conspiración se descolgó con una propuesta relativamente conciliadora: el matrimonio del joven heredero Juan (1478) con Juana la Beltraneja (1462) -la sobrina a la cual había usurpado la corona (1474)-.
Pero Fernando, extremadamente ambicioso y radicalmente político, confió la liquidación de la disidencia a la nueva policía política del régimen: la Inquisición. E impuso su criterio: negoció el matrimonio del joven Juan con Margarita (1480), la hija de Maximiliano de Habsburgo y de María de Borgoña, los soberanos más poderosos de la Europa central.
La estrategia de Fernando era clarísima: consistía en entrelazar Trastámaras y Habsburgos y convertir aquellas dos estirpes en una sola que luciría por todas partes el apellido hispánico. Para conseguirlo, se contaba con el hecho de que Juan y Margarida tuvieran, como mínimo, un hijo varón. Y se confiaba en que Juana y Felipe tuvieran, como mínimo, una hija. La futura unión de aquellos dos hipotéticos primos-hermanos habría representado la concentración del patrimonio político de las dos casas en las manos de un futuro Trastámara.
Pero aquella jugada tenía un importante componente de riesgo. Maximiliano, que no era burro, jugaba con las mismas cartas; pero con los palos invertidos.
El 12 de noviembre de 1496, Felipe de Habsburgo y Juana de Trastámara se casaban en el templo parroquial de Lies, una pequeña villa cerca de Amberes, en los Países Bajos borgoñones de los dominios de María, la esposa de Maximiliano. En la elección de aquella modesta parroquia intervino un sospechoso personaje: Hendrik van Bergen, secretario y consejero del novio; que en sus armas familiares lucía una reveladora bandera de tres barras de sangre y que, poco tiempo después de las bodas, sería despedido cuando trascendió que mantenía correspondencia secreta con Fernando el Católico.
Según la investigación historiográfica tradicional, Juan siempre fue una persona con una salud quebradiza que explicaría su prematura desaparición. Pero, en cambio, la investigación moderna se hace eco de un rumor que circuló insistentemente durante las semanas y meses posteriores a la muerte de Juan, y que relaciona la supuesta tuberculosis que, oficialmente, constaría como la causa de su muerte, con un estado de debilidad muy acusada provocado por un abuso desenfrenado del sexo. Y este mismo rumor, que tenía mucha apariencia de veracidad, señaló a Margarita, la joven esposa del difunto Juan, como una ninfómana que habría sido la responsable de aquel inesperado deceso.
En una carta de su sobrino, el emperador Carlos V, a su hijo, el futuro Felipe II, se menciona que la muerte del príncipe Juan se debe a un exceso de agotamiento al mantener relaciones con su esposa (Fernández Álvarez, 1975, pp. 90-103).
Treinta meses después de aquel deceso (24 de febrero de 1500) nacía Carlos, el primogénito de Felipe el Bello y Juana, mal llamada "la Loca" (hermanos, respectivamente, de la ninfómana Margarida y del difunto Juan). Carlos, reveladoramente nacido en Gante (Países Bajos borgoñones), se convertiría en el heredero del proyecto y en el sucesor de los dominios de los Reyes Católicos (1516).
Con la muerte de Juan, la partida había quedado casi resuelta: ganaba Maximiliano y perdía Fernando. Y el Católico -aunque, posteriormente, envenenó a su yerno Felipe (1506)- no podría evitar el desenlace final. Con la muerte del Católico (1516), los Trastámara pasaban definitivamente a la papelera de la historia.
La viuda de Juan, Margarita de Austria, espera un hijo de su esposo que habría de convertirse en heredero de los Reyes Católicos. Con la extinción de su descendencia patrilineal, la heredera de los Reyes Católicos pasa a ser su hija mayor, Isabel.
La nueva princesa se acaba de casar con el rey Manuel I de Portugal, por lo que esta sucesión supondría un «reajuste positivo» que permitiría la unión dinástica de tres reinos (Carretero Zamora, 1988, p. 191). El derecho de los reyes de Portugal a la herencia de los Reyes Católicos es cuestionado por el archiduque Felipe de Austria, quien reclama el título de príncipe de Asturias como esposo de la infanta Juana, segunda hija de Isabel y Fernando. Esta reclamación produce un conflicto diplomático entre los Austria y los Trastámara, pero no debilita los derechos de la princesa Isabel (Aram, 2001, p.
Las Cortes de Toledo de 1498 reconocen a Isabel como heredera de Castilla (Carretero Zamora, 1993, pp. 73-76). Sin embargo, las Cortes de Zaragoza se niegan a reconocerla como princesa de Aragón por ser mujer. El debate sobre la sucesión de Aragón se alarga durante meses, en los que la princesa desarrolla su embarazo. Antes de que las Cortes lleguen a una conclusión, Isabel de Aragón muere en el parto de su hijo el 23 de agosto (García Gallo, 1966, pp.
Este niño recibe el nombre de Miguel por deseo póstumo de su madre. Está destinado a ser heredero tanto de su padre como de sus abuelos maternos, y por tanto a unir la península Ibérica con excepción de Navarra. Tanto Manuel como Isabel y Fernando desean la custodia de su nieto, ganando finalmente la posición de los abuelos (Martínez Alcorlo, 2021, pp.
Las Cortes de Zaragoza no muestran a Miguel la misma oposición que a su madre por ser un varón, y le reconocen como heredero de su abuelo Fernando. Posteriormente, los monarcas se trasladan a Castilla con el príncipe, donde es reconocido como sucesor de su abuela en las Cortes de Ocaña de 1499. Debido a la avanzada enfermedad de la reina Isabel, los procuradores temen que no sobreviva hasta la mayoría de edad de su nieto, por lo que le piden que designe un regente que gobierne en caso de que el príncipe Miguel acceda al trono siendo demasiado joven (Carretero Zamora, 1993, pp. 76-78).
Paradójicamente es el reino de Portugal, en el que Miguel ha de ser el heredero como primogénito de su rey, donde se dan más objeciones a su juramento como heredero. En ausencia de su hijo, el rey Manuel solicita a las Cortes de Lisboa de 1499 que reconozcan a Miguel como su príncipe. Al crecer fuera de Portugal es de suponer que heredará una cultura extranjera, por lo que Manuel debe suscribir los llamados Artículos de Lisboa de 1499 o Capítulos del Rey don Manuel en los que garantiza la independencia de Portugal en caso de que su hijo herede tres reinos distintos (Bouza, 1998, pp.
Miguel es la última esperanza de los Reyes Católicos de tener un sucesor que continúe su obra, motivo por el reclaman su crianza. Le sucede como heredero de Castilla y Aragón su tía Juana, quien llegará a reinar como Juana I durante medio siglo, aunque nunca gobernará de manera efectiva (Fernández Guisasola, 2022).
Fernando el Católico intenta continuar su obra, al menos en Aragón y los reinos recién adquiridos de Nápoles y Navarra. Para ello contrae segundas nupcias con Germana de Foix poco después de la muerte de la reina Isabel (26 de noviembre de 1504) a fin de tener descendientes que impidan que Juana I herede también los territorios de su padre.
Virgen de la Misericordia con los Reyes Católicos y su familia. Se puede apreciar a sus hijos Isabel, Juan y Juana detrás de los monarcas.
El heredero natural de los Reyes Católicos es el príncipe Juan, su único hijo varón. Enfermizo desde su infancia, el príncipe Juan fallece a causa de unas fiebres el 4 de octubre de 1497.
Sepulcros de la Capilla Real de Granada. En un primer momento, los restos del príncipe Miguel reposan en el convento de San Francisco de la Alhambra junto a los de sus abuelos. Más tarde, Carlos V ordena el traslado de los tres cuerpos reales a la Capilla Real de Granada, donde también descansan Juana I y Felipe I de Castilla.
En conclusión, Miguel de la Paz nace con el potencial de ser el rey de la mayor parte de la península Ibérica, o de su totalidad si se tiene en cuenta que Fernando el Católico conquistará el reino de Navarra en 1512. Su fallecimiento, y el cambio dinástico de los Trastámara a los Austria, trunca las esperanzas de los Reyes Católicos de tener un sucesor que continúe su obra política. El propio rey Fernando tratará de evitar las consecuencias de este cambio tratando de tener nuevos descendientes para romper la unión con Castilla.
| Acontecimiento | Fecha |
|---|---|
| Nacimiento del Príncipe Juan | 1478 |
| Matrimonio del Príncipe Juan con Margarita de Austria | 3 de abril de 1497 |
| Muerte del Príncipe Juan | 4 de octubre de 1497 |
| Nacimiento del Príncipe Miguel | 23 de agosto |
