La enfermedad celíaca (EC) es una afección autoinmune crónica causada por una reacción anormal al gluten en individuos con una predisposición genética. El factor tóxico desencadenante de la EC es el gluten, un conjunto de proteínas contenidas en la harina de diversos cereales, fundamentalmente el trigo (gliadinas y gluteninas), pero también cebada (hordeínas), centeno (secalinas), avena (aveninas) o cualquiera de sus variedades e híbridos (espelta, escanda, kamut, triticale…).
En los últimos 10 años, se han descrito afecciones relacionadas con la ingestión de gluten: la alergia al trigo (de todas ellas la menos frecuente); la forma autoinmune (que incluye la enfermedad celíaca, la dermatitis herpetiforme y la ataxia por gluten); la intolerancia al trigo; y la sensibilidad al gluten inmuno-mediada (considerada hoy en día como la más frecuente).
La enfermedad celíaca (EC) se caracteriza por una expresividad clínica muy variable, incluyendo tanto la afectación digestiva como la extradigestiva e, incluso, la ausencia completa de síntomas, y que persiste de forma permanente, es decir, se mantiene durante toda la vida.
La enfermedad celíaca puede manifestarse en cualquier momento de la vida, incluyendo los bebés, una vez están expuestos al gluten a través de la alimentación complementaria.
Es importante resaltar que estos síntomas pueden estar causados por otros tipos de enfermedades. Para confirmar una posible enfermedad celíaca es necesario realizar análisis diagnósticos más profundos. Por eso, siempre es recomendable consultar al médico para realizar el diagnóstico.
Se conoce desde antiguo que existe una predisposición hereditaria a la EC con penetración incompleta, puesto que los familiares de primer grado tienen 20 veces más riesgo de desarrollar la enfermedad en comparación a la población en general.
La susceptibilidad genética para el desarrollo de la EC está fuertemente asociada a genes del complejo mayor de histocompatibilidad, HLA tipo II, codificados en el cromosoma 6, pero el 25-30% de la población general tiene dichos genes, por lo que su valor en el diagnóstico de la enfermedad es limitado.
Síntomas de la Enfermedad Celíaca en Bebés
Resulta difícil establecer un cuadro sintomático de la enfermedad celiaca, ya que la dolencia afecta a las personas de distintas formas. Algunos pueden desarrollar la intolerancia al gluten en la infancia y otros no manifiestan la enfermedad hasta la edad adulta.
Los síntomas también se diferencian cuanto a las molestias. Al inicio de la enfermedad, algunas personas pueden tener constantes diarreas y dolores abdominales, mientras que otras sólo presentan irritabilidad, ansiedad, falta de energía o depresión.
Los síntomas que presentan los niños con intolerancia al gluten son variados. Los síntomas también pueden variar según la edad.
En los niños, por ejemplo, se puede detectar la intolerancia al gluten cuando se introduce la papilla en su alimentación. Los niños suelen estar más irritables, y se puede percibir una pérdida de peso y de talla.
Cuando hablamos de niños en los primeros años de vida, se suelen ver síntomas digestivos y un retraso en el crecimiento, derivados de la malabsorción de nutrientes.
Algunos de los síntomas más comunes incluyen:
- Vómitos y náuseas.
- Diarrea, aunque no todos los niños la padecen. Es común que las heces aparezcan muy líquidas y de color blanco. El mal olor es también una característica común.
- Distensión abdominal. Es común que muchos niños presenten una barriga con una forma más pronunciada.
- Anemia ferropénica. Es uno de los síntomas de celiaquía en niños más común.
- Problemas con el esmalte de los dientes.
- En ocasiones aparecen cuadros de dermatitis atópica u otras reacciones cutáneas.
En todo caso, la enfermedad celíaca suele provocar síntomas como diarrea, flatulencia excesiva, cansancio, pérdida de peso y, durante la infancia, se puede notar un retraso en el crecimiento en los niños.
Tipos de Enfermedad Celíaca
Las características clínicas de la EC difieren considerablemente en función de la edad de presentación, variando de un paciente a otro, y oscilando entre una sintomatología clínica evidente hasta otras identificadas gracias a la utilización de los distintos marcadores serológicos:
- EC clásica o típica: La más fácil de detectar y en la que predominan los trastornos intestinales. Se inicia en niños con edades comprendidas entre 6 y 24 meses, quienes tras un período variable desde la introducción del gluten en la dieta comienzan a presentar un retraso póndero-estatural, incluso con pérdida de peso y estancamiento del crecimiento, diarrea crónica, vómitos y pérdida de apetito. Este conjunto de síntomas clínicos, con aspecto de malnutrición y distensión abdominal, es lo que se denomina “hábito celíaco”. Los anticuerpos séricos son positivos y existe atrofia grave de las vellosidades. Frecuentemente, existe coincidencia simultánea de intolerancia a la lactosa.
- EC pauci u oligo o monosintomática: Actualmente, es la forma más frecuente de EC; aunque, según el Registro REPAC, no en la población pediátrica de nuestro entorno, y puede cursar con síntomas intestinales y/o extraintestinales. La forma más frecuente en la infancia es la talla baja, generalmente, no acompañada de manifestaciones digestivas. La dermatitis herpetiforme es la expresión cutánea de la EC.
- EC silente: No hay manifestaciones clínicas, pero sí lesiones histológicas características.
- EC latente: Es una forma de expresividad variable, ya que puede o no tener síntomas y los anticuerpos pueden ser positivos o negativos.
- EC potencial:
- EC refractaria: Hace referencia a aquellos pacientes con lesión histológica bien documentada (generalmente con atrofia vellositaria), cuyos síntomas no desaparecen después de haber excluido el gluten de la dieta, al menos, durante un período de seis meses.
Diagnóstico de la Enfermedad Celíaca en Bebés
Cuando hay sospecha de enfermedad celíaca el diagnóstico se hace mediante un análisis de sangre que incluye la detección de los anticuerpos propios de la celiaquía. Sin embargo, la prueba más fiable para detectar la celiaquía es la biopsia duodenal, y en algunos casos es necesario realizarla.
A partir de los 2 años, la enfermedad de la celiaquía en niños ya se puede diagnosticar. Recuerda que la detección precoz es elemental para prevenir complicaciones en la salud de los pequeños.
Existen cinco pruebas diagnósticas de celiaquía en niños:
- Sospecha clínica: cuando el pequeño presenta muchos de los síntomas de celiaquía en niños.
- Prueba serológica de celiaquía:
- Prueba genética: La celiaquía tiene un componente hereditario. Sin embargo, esto no significa que la persona vaya a presentar la enfermedad. Aun así, un positivo en esta prueba no confirma necesariamente la enfermedad, pues habría que realizar el resto de pruebas.
- Biopsia intestinal: El trastorno de la celiaquía provoca daño en las vellosidades intestinales. Por este motivo, en ocasiones se procede a realizar una biopsia intestinal con el objetivo de identificar posibles daños producidos por el gluten.
- Dieta sin gluten: Por último, se suele recomendar a los padres del niño ofrecerle una dieta sin gluten durante un periodo de tiempo de 6 meses aproximadamente.
Tratamiento: Dieta Sin Gluten
La enfermedad celiaca se caracteriza por una intolerancia al gluten y el único tratamiento a seguir para que los niños afectados puedan vivir una vida larga y normal es seguir una dieta libre de gluten. La dieta sin gluten es el único tratamiento eficaz de la enfermedad celíaca.
MENÚ SEMANAL SALUDABLE SIN GLUTEN | Cómo preparar una dieta semanal para celiacos
En cambio, cuando se elimina el gluten de la dieta, el intestino delgado empieza a curarse y la salud general del paciente mejora considerablemente, dependiendo claro, de la intensidad del daño intestinal que se haya producido anteriormente.
La exclusión del gluten permite la recuperación de la arquitectura normal de la pared intestinal y de su función. La dieta sin gluten está libre de efectos secundarios y no requiere suplementación alguna.
La dieta sin gluten para niños con celiaquía debe respetar las proporciones de grupos de alimentos indicadas en el Método Nutriplato, excluyendo los alimentos que contienen gluten. En casa, y también en el resto de los lugares donde el niño coma, deben tomarse una serie de precauciones para asegurar que todas las comidas sean sin gluten.
Una dieta para niños celíacos no puede incluir trigo, cebada, centeno, triticale, avena o derivados. Es por ello que el niño no podrá consumir pan, gran variedad de harinas, bollería, galletas ni tampoco pastas que contengan gluten. Además, una dieta para niños celíacos no impide que no sea saludable. La alimentación de tu hijo puede ser perfectamente equilibrada.
Los alimentos como carnes, pescado, pollo, legumbres, frutos secos, leche, fruta o vegetales, si no están procesados no presentan ningún problema, pero hay que tener en cuenta la contaminación cruzada cuando se come o se preparan alimentos.
Es importante resaltar que, a no ser que el niño sea celíaco o intolerante a la lactosa, no hay motivo para eliminar alimentos de su dieta habitual. Ni el gluten, ni la lactosa, son nutrientes a evitar en una alimentación saludable sin que lo haya recomendado un profesional de la salud.
Alimentos permitidos en una dieta sin gluten:
- Arroz
- Maíz
- Verduras
- Hortalizas
- Tubérculos
- Frutas
- Carne
- Pescado
- Huevos
Intolerancia a la Lactosa
La celiaquía y la intolerancia a la lactosa son dos enfermedades relacionadas con la alimentación, y que cada vez se observan con mayor frecuencia. La intolerancia a lactosa es una situación en la que la lactosa, un disacárido (azúcar formado por 2 componentes) presente de forma natural en la leche, no se absorbe correctamente.
En esta intolerancia, se puede optar por leche sin lactosa, a la que se le ha añadido la cantidad justa de lactasa para “romper” la lactosa y evitar así las molestias digestivas tras su consumo.
Ahora que ya conoces los síntomas de la enfermedad celíaca y la intolerancia a la lactosa en niños, podrás estar atento o atenta y observar cómo le sientan a tu hijo los alimentos. Consulta con tu pediatra ante cualquier duda.
