La frase "hay que nacer del agua y del espíritu" proviene de un diálogo entre Jesús y Nicodemo, un fariseo y jefe judío, tal como se relata en el Evangelio de Juan. Este concepto es fundamental para comprender la esencia de la vida cristiana y la entrada al Reino de Dios.
Nicodemo visitando a Jesús de noche.
El Diálogo Entre Jesús Y Nicodemo
Nicodemo se acerca a Jesús de noche y le reconoce como un maestro enviado por Dios. Jesús responde con una declaración sorprendente: "En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de nuevo no puede ver el reino de Dios". Ante la incomprensión de Nicodemo, Jesús explica que este nuevo nacimiento no es físico, sino espiritual: "el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el reino de Dios".
La pregunta que Nicodemo plantea - "¿Cómo puede nacer un hombre siendo viejo? ¿Acaso puede por segunda vez entrar en el vientre de su madre y nacer?" - es la misma que muchos se hacen al enfrentarse a la idea de una transformación radical. ¿Cómo podemos renovarnos y dejar atrás nuestros errores y caídas?
Cristo nos anuncia que podríamos volver a nacer de lo alto, del Espíritu. No de atrás, de nuestra vieja historia, sino de delante, de lo que seremos. Porque somos en realidad lo que podemos llegar a ser con Él. Él abre para nosotros potencialidades que no estaban contenidas en nuestro origen, ni en nuestra biología, ni en nuestra cultura, ni en nuestra historia. Basta que nazcamos de Él, que nuestro punto de partida en nuestro obrar sea Él. Que nos miremos desde Él. Él es lo que tenemos que llegar a ser. Pero para eso es necesario siempre buscarle.
Normalmente nacemos de la carne. Es necesario, sin embargo, nacer del Espíritu. Eso implica estar siempre a la búsqueda de lo que no sabemos para abismarnos en lo que no sabemos, donde Él quiera: «El viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va.
Significado Del Agua Y Del Espíritu
El agua simboliza la purificación y el arrepentimiento, como el bautismo de Juan el Bautista. Representa la limpieza de nuestros pecados y la preparación para una nueva vida en Cristo.
El Espíritu se refiere al Espíritu Santo, la fuerza divina que nos transforma y nos da la capacidad de vivir según la voluntad de Dios. Es el aliento de Dios, la realidad de Dios, sus dones. El espíritu de Dios aparece de muchas maneras en la vida de Jesús: en su concepción, en su bautismo, en el desierto, en su misión, en su oración, en la última cena, en su resurrección, en la primera comunidad cristiana.
En la Biblia espíritu significa el aliento de Dios (Gn 2,7), la realidad de Dios (Jn 4,24), sus dones (Is 11,2), el don del espíritu: «Sucederá en los últimos días, dice Dios: Derramaré mi espíritu sobre toda carne» (Jl 3,1).
El bautismo de Juan prepara el camino de aquel que bautizará con agua y con espíritu (Jn 3,5), con espíritu santo y fuego: «En su mano tiene el bieldo y va a limpiar su era: recogerá su trigo en el granero, pero la paja la quemará con fuego que no se apaga» (Mt 3,11-12).
El bautismo cristiano es un baño en el espíritu: «Juan bautizó con agua, vosotros seréis bautizados en espíritu santo» (Hch 1,5). El espíritu es don de Dios, comunicación de Dios que se da a sí mismo. Todo lo que acontece desde Dios, acontece en el espíritu.
Implicaciones Para La Vida Cristiana
Nacer del agua y del Espíritu implica un cambio radical en nuestra forma de pensar y de vivir. Significa dejar atrás nuestra vieja naturaleza y abrazar una nueva identidad en Cristo. Esto se manifiesta en:
- Conversión: Un giro de 180 grados en nuestra vida, dejando el pecado y buscando a Dios.
- Transformación: Un proceso continuo de crecimiento espiritual, guiado por el Espíritu Santo.
- Comunidad: Integración a la Iglesia, donde compartimos la fe y nos apoyamos mutuamente.
- Servicio: Poner nuestros dones al servicio de los demás, siguiendo el ejemplo de Jesús.
Como dice Pablo, quien se encuentra con Cristo es como si volviera a nacer, un «hombre nuevo» (2 Co 5,17). La profundidad de esa relación la expresa así: «¡Vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mi!» (Ga 2,20).
El reconocimiento de Cristo saca a Pablo fuera de sí, derriba sus viejos centros de interés, invierte su jerarquía de valores, cambia los cimientos de su mundo: «Todo eso que para mí era ganancia, lo consideré pérdida comparado con la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. Por él lo perdí todo, y todo lo estimo basura con tal de ganar a Cristo y existir en él, no con una justicia mía - la de la ley - sino con la que viene de la fe de Cristo, la justicia que viene de Dios y se apoya en la fe» (Flp 3,7-9).
El espíritu es el caudal que derrama Jesús en quienes creen en El: «Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos, por todos y en todos» (Ef 4,5-6;ver 1 Co 6,11).
¿Qué significa nacer del agua y del Espíritu? Juan 3: 5 - Hna. María Luisa Piraquive #IDMJI
El Bautismo de Jesús como Modelo
El bautismo de Jesús, modelo de todo bautismo, se realiza en el espíritu de Dios. Bautizado por Juan en el Jordán, se abren los cielos, desciende el espíritu, se escucha una palabra que dice: «Tú eres mi hijo amado, en quien me complazco» (Mt 3,16-17). El espíritu de Dios viene sobre Jesús y reposa sobre él (Is 11,2;Mt 3,16). Con la querencia de una paloma sobre el nido donde están los polluelos. Como el espíritu de Dios revolotea sobre las aguas primordiales (Gn 1, 2), ahora el espíritu de Dios crea un hombre nuevo y un mundo nuevo. En cierto modo, para Jesús es un nuevo nacimiento. Se cumple el salmo 2: «Tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy».
Se cumple también el canto primero del siervo (Is 42): «He aquí mi siervo, a quien yo sostengo, mi elegido a quien prefiero». Dios mismo presenta a su siervo. El siervo tiene el espíritu de Dios y una misión que cumplir: «He puesto mi espíritu sobre él: dictará ley a las naciones. No vociferará ni alzará el tono, y no hará oír en la calle su voz. Caña quebrada no partirá, y mecha mortecina no apagará. Lealmente hará justicia; no desmayará ni se quebrará hasta implantar en la tierra el derecho y su instrucción atenderán las islas».
El Don Del Espíritu en La Comunidad Cristiana
El don del espíritu es una realidad que brota a raudales de la pascua de Cristo. Lo proclama Pedro el día de Pentecostés: «A Jesús Nazareno, hombre a quien Dios acreditó entre vosotros con milagros, prodigios y señales…A este Jesús Dios le resucitó, de lo cual todos nosotros somos testigos. Y exaltado por la diestra de Dios, ha recibido del padre el espíritu santo prometido y ha derramado lo que vosotros veis y oís» (Hch 2,22-33). En la Iglesia se repiten las señales de Jesús: los cojos andan (Hch 3,1-10), los muertos resucitan (9,40;20,10), se dan cambios radicales (10,44-48), la palabra de Dios es anunciada con valentía (4,13), se comparten los bienes (2,44;4,32), las amenazas y persecuciones son afrontadas con paz y alegría (5,41), el espíritu produce sus frutos (1 Co 12,8-10), se confiesa que Jesús es el Señor (1 Co 12,5).
Los Hechos de los Apóstoles muestran el lugar central que ocupa el bautismo en la primera comunidad cristiana. Quienes acogen el Evangelio, reciben el bautismo. Las palabras de Pedro les llegan al corazón y preguntan: ¿Qué tenemos que hacer? Pedro les dice: «Convertios y bautizaos en el nombre de Jesucristo para remisión de vuestros pecados; y recibiréis el don del espíritu santo» (Hch 2, 38). Las primeras comunidades bautizan «en el nombre de Jesucristo» (Hch 2,38), «en Cristo» (Gal 3,27;Rm 6,3), «en el nombre del Señor Jesús» (Hch 19,5) o bien en «espíritu santo» (19,3).
Tabla Resumen: El Nuevo Nacimiento
| Elemento | Significado | Implicación |
|---|---|---|
| Agua | Purificación, arrepentimiento | Limpieza de pecados, preparación |
| Espíritu | Espíritu Santo, poder divino | Transformación, guía, vida nueva |
| Nuevo Nacimiento | Transformación radical | Conversión, crecimiento espiritual, servicio |
