El concepto de "nacer de nuevo" es fundamental en la teología cristiana y su comprensión es esencial para aquellos que buscan una relación más profunda con Dios. Este concepto fue introducido por Jesucristo en una conversación con Nicodemo, un fariseo y líder judío, tal como se relata en el Evangelio de Juan.
I. Nicodemo: Un Buscador de la Verdad
A. Un Hombre Religioso
Nicodemo era un fariseo, lo que significaba que pertenecía a un grupo religioso judío conocido por su estricta observancia de la ley mosaica y las tradiciones rabínicas. Probablemente era miembro del Sanedrín, el Concilio, un cuerpo gobernante judío. Los fariseos eran legalistas, enfatizando las obras sobre la gracia y la relación personal con Dios.
B. Un Principal de los Judíos
Nicodemo era un líder respetado entre los judíos, lo que indica su posición de autoridad y su influencia en la comunidad.
C. Un Buscador de la Verdad
A pesar de su posición y conocimiento religioso, Nicodemo buscaba saber más acerca de las enseñanzas de Jesús, lo que demuestra una apertura a la verdad y una disposición a cuestionar sus propias creencias.
II. El Nuevo Nacimiento: Nacer del Espíritu
En el Evangelio de Juan, nos encontramos con un diálogo trascendental entre Jesús y Nicodemo, un fariseo y miembro del Sanedrín. Este encuentro revela la esencia de la transformación espiritual y el significado profundo de "nacer de nuevo". Jesucristo nos desafía. ¿Por qué Jesús procede así? Porque somos pecadores y es por eso que el Reino de Dios no puede venir como algo más para agregar. No es adicionar algo a la vida. Surge como confrontación y desafío.
Jesús le contestó: «En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de nuevo no puede ver el reino de Dios». "Nacer de nuevo" significa "nacer de lo alto o de arriba". Esta obra es espiritual, y por lo tanto, obra de Dios, y no del hombre.
En palabras del Papa Francisco, en la homilia del 20 de abril de 2020, nos presenta a Nicodemo: “Este hombre, Nicodemo, es un jefe de los judíos, un hombre prestigioso; sintió la necesidad de ir donde Jesús. Fue por la noche, porque tenía que tomar precauciones, ya que los que iban a hablar con Jesús no eran bien vistos. Es un fariseo justo. […] Nacer de lo alto, nacer del Espíritu. […] el Espíritu es imprevisible. La definición del Espíritu que Jesús da aquí es interesante: «El viento sopla donde quiere, y oyes su rumor, pero no sabes de dónde viene ni adónde va. Así es todo el que nace del Espíritu», es decir, libre.
Si queremos entrar en el Reino no podemos dar un paso más en la vida como la hemos llevado. Jesús busca una transformación que va más allá de ser religioso o de asistir a los cultos. Es una invitación a ir al principio, comenzar de nuevo, un proceso de crecimiento y transformación. Es nacer de nuevo, “desde arriba” o “de lo alto”.
Le costará a Nicodemo entender esto, y también cuando Jesús le dice «tienes que nacer de nuevo, porque si no naces de nuevo, no tienes vida». El evangelio de san Juan relata los episodios de la vida pública de Jesús con una dimensión diferente, con una intencionada ambigüedad en el uso de las palabras. Nacer de nuevo y nacer de lo alto es nacer del agua y del Espíritu’ (Santo), y también de la Cruz. Es muy importante desgranar el sentido pleno de todas las palabras escritas por el evangelista.
Nicodemo estaba respondiendo como lo hacían las autoridades del Templo y tomó las palabras de Jesús de manera literal. Tenía la oportunidad de entender bien lo que Jesús había dicho, pero escogió hacerse el tonto.
Un maestro como Nicodemo debía reconocer en estas palabras una referencia al profeta Ezequiel qu en su descripción de la salvación hablo de la necesidad de ser transformado: “Los rociaré con agua pura, y quedarán purificados. Los limpiaré de todas sus impurezas e idolatrías. Les daré un nuevo corazón, y les infundiré un espíritu nuevo; les quitaré ese corazón de piedra que ahora tienen, y les pondré un corazón de carne.
III. La Confusión de Nicodemo: Nacimiento Físico vs. Espiritual
A. El Nacer de Nuevo no es un Nacimiento Físico
Nicodemo quedó con una duda. Nicodemo le pregunta: «¿Cómo puede nacer un hombre siendo viejo? ¿Acaso puede por segunda vez entrar en el vientre de su madre y nacer?». Jesús le contestó: «En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el reino de Dios.
B. El Nacer de Nuevo es un Nacimiento Espiritual
Jesús le contestó: «En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el reino de Dios. Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es espíritu. No te extrañes de que te haya dicho: “Tenéis que nacer de nuevo”; el viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni adónde va. ¿Es esto posible?
Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es espíritu. No te extrañes de que te haya dicho: “Tenéis que nacer de nuevo”; el viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni adónde va. ¿Es esto posible? Esto significa que nuestros criterios pueden estar movidos no por el hombre nuevo que restaura el Señor resucitado, sino más bien con los criterios de nuestro mundo y necesitan una transformación o un cambio, cuando la actuación es mundana, decimos también, según la carne.
Ser un buen cristiano es dejar que el Espíritu entre en ti y te lleve, te lleve donde quiera. […] ¿Y cómo se prepara uno para nacer de nuevo? A través de la oración. La oración es lo que abre la puerta al Espíritu y nos da esta libertad, esta franqueza, este coraje del Espíritu Santo. Que nunca sabrás dónde te va a llevar.
¿Qué significa nacer de nuevo? – Dr. Charles Stanley
C. El Espíritu Santo en la Vida del Creyente
Nacer del Espíritu representa el poder divino. “El ser humano tiene que pasar por una transformación que uno mismo es incapaz de lograr y que debe venir como don de Dios. Esta fuera de nuestro poder y control”. Jesús hablo del Espíritu como el viento (Jn 3:8) y ambos están fuera del poder humano: van donde quieren sin poder entender desde donde se mueven o a donde van.
Nicodemo había comenzado la conversación con una pretensión de control diciendo “sabemos” y tenía que ser cambiado en cuanto a su concepto de pertenecer a los entendidos para recibir la nueva vida de Jesús.
No es posible ver al Espíritu Santo obrando en la vida de una persona. Sin embargo, el Espíritu es como EL VIENTO. El verdadero cristiano tiene una vida transformada. El verdadero cristiano seguirá adelante en la vida cristiana.
Junto con el lema que nos ocupa, hemos querido resaltar con una imagen otra de las palabras de Jesús en su diálogo con Nicodemo: el que no nazca del agua y del espíritu no puede ver el Reino de Dios (Jn 3, 5). Con esta afirmación se nos está mostrando cómo el crecimiento y el destino feliz de nuestra vida es pura gracia, pero necesita también de la aceptación libre de la persona que ha de acoger la propuesta de Dios. Se une nuestro presente histórico con la meta definitiva de nuestra existencia.
El bautismo, al que hace referencia Jesús en sus palabras, es la puerta de entrada al encuentro con el Señor, a injertarnos en su misericordia, en su plan de salvación. Al quedar incorporados a Cristo, el Sol que nace de lo alto, quedamos orientados, es decir, mirando al Oriente, lugar del nacimiento del Sol. Nuestra vida, por tanto, como hemos indicado, está orientada, tiene un sentido.
IV. Implicaciones Prácticas del Nuevo Nacimiento
El Reino de Dios nos confronta y a su vez nos invita a todos. Nos invita a nacer de nuevo y a participar en la misión de Dios. “Nicodemo no se tenía que ver como un maestro de Israel sino como alguien herido con necesidad de curarse por el poder de Dios” (Jn 3:14). Es un llamado a reconocer nuestra limitación, renunciar a nuestras pretensiones y dejar que Jesús nos salve.
La venida de Jesucristo sigue generando una crisis en el mundo de hoy. La crisis es esta: hay que definirse. El nuevo nacimiento viene de lo alto o desde arriba pero sucede aquí en la tierra. Si Nicodemo quería entrar a la vida celestial tenía que arreglar sus cuentas aquí y ahora. En estas escenas hay un llamado de Jesús para todas las autoridades religiosas.
| Aspecto | Descripción |
|---|---|
| Transformación Espiritual | Renovación interna realizada por el Espíritu Santo. |
| Reino de Dios | Condición esencial para ver y entrar en el Reino. |
| Agua y Espíritu | Símbolos del bautismo y la obra del Espíritu Santo en la vida del creyente. |
| Nicodemo | Representa a aquellos que buscan la verdad a pesar de su estatus y conocimiento religioso. |
Jesús también invita a su iglesia a ver el Reino de Dios. Si alguien cree también lo sigue confrontando y desafiando (Jn 4:48). Nos invita a iniciar un proceso (Jn 4:46-54).
Nicodemo empezó a salir de la oscuridad para encontrarse con la luz y aparece más adelante arriesgándose a favor de Jesús (Jn 7:50-51). Los dirigentes querían arrestar a Jesús y menospreciaban al pueblo (Jn 7:32, 48-49). Las autoridades pretendían realizar un proceso legal sin escuchar al acusado.
“La contradicción entre la actitud de las autoridades y la de Jesús no puede ser más radical: vivir la fe como medio de promoción propia es lo opuesto a vivirla como servicio de amor a los demás”. Nicodemo se transformó en discípulo. Lo encontramos finalmente junto a José de Arimatea. Ellos tomaron el cuerpo de Jesús para darle sepultura (Jn 19:38-42). Esto requería valor y fue parte de un proceso que lo transformó en seguidor de Jesús. En el momento de la crucifixión vio la gloria de Dios encarnada en la persona de Jesucristo (Jn 12:32).
No podemos domesticar el Reino de Dios a nuestra forma de pensar y ser. Su Reino viene para todos, incluso para nuestros enemigos y somos llamados a ser testigos. Jesús pretende dirigir el Reino Universal por lo tanto Jesús nos confronta. Su Reino es una invitación abierta para aceptar sus prioridades.
El diálogo entre Jesús y Nicodemo podría ser nuestro diálogo con cualquier persona que se relacionara con nosotros, por una cuestión de fe, o por cualquier otro motivo. De fondo partimos de una certeza: Jesús, el fundador de la Iglesia (no es, entonces, un proyecto humano) ha querido identificarse para siempre con ella, y, por tanto, es ésta la que permite el acceso seguro a su persona, para que su figura no quede desdibujada por modas o acercamientos parciales que quisieran apropiárselo.
Necesitamos la determinación del fariseo amigo de Jesús y acudir a él con confianza y desahogar ante él nuestro corazón porque él se interesa por nosotros (cf. Las palabras de Jesús nos interrogan y puede que ya las hayamos empezado a responder.
Se lo ha dicho el Papa León XIV en el reciente Jubileo de los jóvenes, en sus distintas intervenciones: construir relaciones humanas auténticas, saber que la amistad es camino de la paz; buscar la verdad con pasión; dar la vida por los demás; tener la valentía de tomar decisiones según Dios; comprometerse con la justicia y la suerte de los pobres; etc. En la homilía de clausura del Jubileo lo recogía todo con una expresión: “aspiren a cosas grandes, a la santidad allí donde estén.
En cualquier caso, todo comienza con la experiencia personal de un encuentro con Cristo, como el que hemos escogido para nuestro comentario. De la constancia en nuestro trato personal con el Señor se van a dar el resto de dedicaciones posteriores y habremos dado con la fórmula de diálogo íntimo con Jesús para descubrir los tesoros que tiene preparados para cada uno.
Jesús nos ha dejado varios de estos encuentros personales en los que los personajes que han intervenido se han visto descubiertos, acogidos, transformados y enviados a mostrar a otros lo que con ellos ha sucedido, para repetir de nuevo el ciclo de salvación que quiere difundirse y llegar a cuantos más mejor, según el plan de Dios. Seguro que recordamos, por ejemplo, la conversación con la mujer samaritana (cf. Jn 4, 5-42), y el diálogo con Zaqueo (cf.
V. Los Sacramentos y la Vida Cristiana
Lo mismo ocurre con el sacramento de la Reconciliación. ¿Acaso no vuelve a nacer quien ha reconocido su pecado, lo verbaliza con humildad al confesor, recupera con la absolución la amistad perdida con el Señor, y se esfuerza con la gracia en mantener la fidelidad que Dios reclama para nuestra felicidad?
Qué decir de la Eucaristía, fuente y culmen de la vida cristiana (Lumen Gentium 11). Cabría preguntarse si la vivimos así. Debemos insistir en la Diócesis en cuidar la liturgia, sus gestos, palabras, cantos, etc., para que podamos celebrar con gozo lo que la Iglesia quiere transmitir, lejos de toda arbitrariedad ajena al sentir eclesial.
El sacramento de la Confirmación es otro encuentro de gracia que se ofrece en la Diócesis en distintos momentos, según los procesos de cada lugar, pero vemos conveniente unificar criterios y adelantar en general la edad del sacramento.
Queremos que los sacramentos y la vida de fe en general lleguen igualmente a las personas con discapacidad, para lo que hemos creado un Servicio Diocesano para Personas con Discapacidad (SERDIS), encargado de acompañar la realidad de estas personas y de sus familias.
Si bien es verdad que los sacramentos son signos visibles de una realidad invisible que transmiten la gracia de Dios, nuestra actividad eclesial debe contar con otros signos que todos entiendan y que ayuden a reconocer que Dios está en medio de nosotros a través de esas acciones directas, de tal manera que, si no las pudiéramos encontrar, nuestro mensaje de esperanza quedaría puesto en entredicho.
No podemos predicar nacer de nuevo, sin todas las implicaciones que tiene secundar las palabras de Jesús. De ahí la importancia de la convocatoria que todos los años hacemos en el Paseo del Espolón de Logroño, este año, Dm, el sábado 21 de marzo, fecha próxima al día 25, Solemnidad de la Anunciación, porque para nacer de nuevo primero hay que nacer, aunque bien sabemos que los que no han llegado a nacer ya han nacido a la vida verdadera, lo cual no nos exime de seguir reclamando justicia para los más débiles e indefensos.
VI. Reflexiones Finales
¿Qué significa creer? ¿En qué casos Jesús nos confronta? ¿Qué cosas nuevas tiene que hacer el Espíritu de Dios en nuestras propias vidas y la vida de la iglesia?
Cuando comprendí el significado de lo que la Iglesia hizo conmigo entendí la respuesta que tu Señor diste al sorprendido Nicodemo. ¿Cómo puede uno nacer de nuevo? Volver a entrar en el útero materno siendo adulto es del todo imposible. Aún si volviera a tener el tamaño del recién nacido la tarea seria harto imposible.
Sin embargo, la única manera de nacer a esa vida nueva que tú quieres que se de en mi Señor pasa por hacerme pequeño, muy pequeño, humilde muy humilde, para que aparezcas en mí, Tú, para que ya no sea yo si no Tú.
El Nuevo Nacimiento y el Reino de Dios. Observen Juan 3 en verso 3. Aquí estaba un Fariseo, Nicodemo, y él no entendía de lo que Cristo estaba hablando. Pero escuche esto y vea lo que significa para usted. Es tan claro y tan poderoso, y sin embargo la gente no lo cree. Casi toda la gente no lo cree, y estas son las propias palabras de Cristo a Nicodemo. Esto es lo que le dijo: “… El que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios”. ¿Cuántas personas entienden esto hoy día? “El que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios”. Tienen que nacer de nuevo para siquiera verlo, así que tenemos que saber lo que significa “nacer de nuevo”. Si no se nace de nuevo no se puede ver. En otras palabras, en nuestra carne no podemos verlo. Esto es lo que está diciendo realmente, y es contrario a lo que la mayoría de la gente cree sobre “nacer de nuevo”. Así que no se puede ver el reino de Dios.
En resumen, el nuevo nacimiento es una transformación espiritual esencial para ver y entrar en el Reino de Dios. No se trata de un mero cambio externo, sino de una renovación interna que solo puede ser realizada por el Espíritu Santo.
