Hauke Pattist: El Nazi Holandés que Vivió Impunemente en España

La historia de Hauke Bert Pattist Joustra, un nazi holandés que residió impunemente en España desde 1956, es un claro ejemplo de la impunidad con la que altos cargos de la jerarquía nazi se movieron por el país tras la Segunda Guerra Mundial. Su vida, marcada por crímenes de guerra y una sorprendente aceptación en la sociedad española, ha sido objeto de controversia y debate.

Hitler condecorando a Vidkun Quisling, cuyo gobierno fue responsable del asesinato de al menos 762 judíos.

Un Pasado Oculto en Tiempos de Guerra

Hauke Bert Pattist Joustra nació en Utrecht (Holanda) el 9 de octubre de 1920, aunque se hizo alemán en 1941 para hacer la guerra e ingresar en las Waffen-SS. En noviembre de 1944, siendo ya teniente, comandaba una compañía que recibió la orden de participar en el arresto de los últimos judíos que habían podido escapar a la persecución sistemática desatada por los nazis para enviarlos a los campos de concentración; un trabajo sucio complementado con las torturas habituales para forzar la delación de aquellos que permanecían escondidos y que en no pocas ocasiones concluía con la muerte de los interrogados.

Responsable de la muerte de al menos 762 judíos, Jensen se destacó combatiendo en primera línea, y fue condecorado por sus méritos en la trinchera por el mismísimo Hitler. Tras la rendición de Berlín, Pattist fue detenido en Veenendaal, pero logró huir del campo de reclusión en noviembre de 1946.

Según su propio testimonio, intentó primero cortando las alambradas, pero fue descubierto y condenado a pasar nueve meses en un cobertizo a tres o cuatro grados bajo cero, comiendo pan duro y patatas, lo que le hizo perder 20 kilos de su peso. Desde allí fue trasladado a otro campo de concentración y tuvo la suerte de que le diagnosticasen una úlcera de estómago, anemia y otras enfermedades infecciosas que relajaron la vigilancia facilitando su escapada.

Luego, durante cinco años recorrió las dos Alemanias, pasó a Sudáfrica y retornó a Europa por Francia para acabar entrando en España por los Pirineos. Llegó en una moto y cuando fue detenido por la Guardia Civil llevaba consigo papeles que justificaban cuatro documentaciones distintas. Lo trasladaron a Bilbao en espera de su repatriación y enseguida a Nanclares de Oca donde estuvo seis meses, pero en aquel momento, la dictadura de Franco acogía sin problemas a muchos oficiales huidos de Alemania y estos avalaron su identidad para que fuese puesto en libertad.

Refugio en España: Una Nueva Vida sin Arrepentimiento

Entretanto, en 1948 un tribunal holandés lo condenó en rebeldía a cadena perpetua por haber colaborado voluntariamente con una potencia extranjera enemiga de los Países Bajos y también en la detención de 2.000 judíos en Amsterdam, pero a él aquello ya le quedaba muy lejos porque tenía la seguridad de que en España podía rehacer su vida sin que nadie lo molestase. En 1956 se estableció en Ribadesella donde quiso montar un camping en una playa cercana, aunque cada vez pasaba más tiempo en Oviedo donde dirigió una escuela de idiomas, colaboró haciendo traducciones para la prensa y obtuvo tras superar las pruebas exigidas el puesto de traductor jurado del Ministerio de Asuntos Exteriores para Asturias. Aquí obtuvo la nacionalidad española, se casó y tuvo cinco hijos.

En Ribadesella lo recuerdan como un anciano alto y pálido que movía mucho las manos al hablar. Un tipo agudo, socarrón, con tendencia a celebrar sus propios chistes, que pasaba largas temporadas en Oviedo. A Hauke Pattist le gustaban los coches, la caza y las tertulias de café. Echaba sidra con maneras de experto. Se reía estrepitosamente. Por las tardes, si el invierno le daba una tregua, paseaba sus 73 años junto al río.

Los investigadores Manuel Carballal y Clara Tahoces consiguieron localizarlo a finales de los 90. A Pattist lo buscaba la justicia holandesa por crímenes de guerra. En 1946 un tribunal lo había condenado a cadena perpetua como culpable de la detención de más de 2.000 judíos en Amsterdam, muchos de los cuales fueron torturados o asesinados después. Escapó. La Fundación Wiesenthal lo consideraba un objetivo prioritario.

Cuando Carballal y Tahoces le preguntaron al respecto, el abueles invitó a otra ronda y dijo: «Han sacado las cosas de quicio acusándome de tantas barbaridades. Pattis reconocía abiertamente su militancia en las SS, pero siempre negó los cargos.

Simon Wiesenthal, incansable "cazanazis", localizó a Pattist en Oviedo.

Intentos Fallidos de Extradición

Las autoridades holandesas solicitaron su extradición en dos ocasiones. En abril de 1979, un representante de la embajada de Holanda en Madrid explicó las razones de su demanda basándose en que el convenio de extradición hispano-holandés entonces vigente excluía los motivos políticos, salvo cuando los hechos concretos que motivaban la solicitud se debiesen a un delito común o revelasen una singular perversidad en el delincuente, y que este era el caso de Pattist.

Como aquel primer intento chocó con la inoperancia de la justicia española, volvieron a intentarlo cuatro años más tarde. El 12 de mayo de 1983, el diario "El País" comunicaba que por fin la Audiencia Nacional había cedido a la demanda considerado que la condena del nazi respondía a "su cooperación en crímenes de insólita crueldad y especialmente dirigidos contra los integrantes de un grupo étnico religioso, el hebreo", añadiendo que "dadas las circunstancias del caso, la entrega de Pattist a Holanda, lejos de suponer una ofensa a la dignidad del Estado español, implicaba un acto de nobleza en las relaciones internacionales", pero aún así, el nazi nunca llegó a cruzar nuestra frontera, pero en esta ocasión la vergüenza fue aún mayor, ya que cuando todos creían que el asunto estaba cerrado, los jueces españoles, por un motivo que nunca se hizo público, volvieron a dar marcha atrás.

El último intento para ponerlo a disposición de la justicia holandesa lo hizo el propio centro judío Simon Wiesenthal en 1997, pero también fue inútil y finalmente Hauke Bert Pattist Joustra pudo pasar tranquilamente sus últimos años tomando cafés en las tertulias ovetenses con algunos notables de la capital.

Una Muerte Tranquila y sin Arrepentimiento

Hauke Pattist murió en Langreo en enero de 2001 sin haber renunciado a sus «valores raciales», con la conciencia aparentemente tranquila y el certificado de penales limpio. Él, que murió apaciblemente en 2001, pasó sus últimos años en Asturias, muchos de ellos en Ribadesella, desde donde se trasladaba a pasar largas temporadas a Oviedo. Finalmente, se retiró en Langreo. Jamás se arrepintió.

Sus conciencias parecían inmunizadas contra la culpa, al igual que la de Hauke Pattist, el abuelo que paseaba por la ribera del Sella, tan campechano y bonachón, que se despidió de su entrevista con los investigadores Manuel Carballal y Clara Tahoces con un chiste: «¡Eh!», les gritó, cuando ya se iban: «¿Sabéis cómo entran 50 judíos en un Seiscientos?» Pausa expectante, sonrisa abierta y guiño cómplice.

No es un caso aislado, sino la demostración palmaria de la impunidad con la que altos cargos de la jerarquía nazi se han movido y aún se mueven por nuestro país, ajenos a las maniobras, cada vez más inviables, de instituciones como el Centro Wiesenthal.

"El Amigo de Todos": Un Documental Revelador

Cuando el cineasta José Antonio Quirós asistió en febrero de 1999 en el Teatro Campoamor de Oviedo al estreno de su primera película "Pídele cuentas al rey", un anciano de 79 años que había conocido en su infancia y al que ... apenas reconoció se le acercó para saludarlo. Era Hauke Bert Pattist, un nazi holandés que residió impunemente en España desde 1956 y que ahora protagoniza su documental "El amigo de todos".

La cinta, que este miércoles tiene su estreno comercial en los nuevos Cines Embajadores de la capital asturiana tras ganar el premio del público en el último Festival de Gijón, relata la peripecia vital de Bert Pattist en Oviedo durante el franquismo y la democracia a partir de los ojos de un niño al que un hombre generoso en las propinas y que hablaba varios idiomas había fascinado cuando acudía al restaurante de sus padres.

El desencanto, la decepción y especialmente la conmoción llegaron durante el confinamiento por la Covid-19 cuando, leyendo viejos recortes de prensa que guardaba su madre, descubrió que el cliente que le tenía impresionado por su gran carisma y ser “el amigo de todos” tenía un pasado turbio.

“El Alemán”, como le apodaban a pesar de que había nacido en Utrech (Holanda), había sido teniente de las Waffen-SS, uno de los cuerpos del Ejército de la Alemania nazi, había sido condenado a cadena perpetua en 1947 por hechos de guerra en su país natal y había logrado fugarse después de la segunda guerra mundial a España, que vivía bajo el régimen franquista, y donde se asentó en 1956. Pattist se refugió en Asturias, donde formó una familia y se integró plenamente en la sociedad ovetense y también en la riosellana. El 'cazanazis' Simón Wiesenthal localizó al holandés en la academia de idiomas que regentaba en Oviedo. El antiguo teniente de las Waffen-SS, condenado a cadena perpetua en 1947, llevaba viviendo en España desde 1956 cuando logró fugarse. Tenía una vida social muy activa cuando su pasado salió a la luz tras ser localizado en la academia de idiomas que regentaba en Oviedo por el 'cazanazis' Simon Wiesenthal. A la sociedad asturiana no le influyó.

José Antonio Quirós captó enseguida que la doble vida de Pattist daba para más de un guion cinematográfico. Intentó documentarse para acercarse a su figura a través de su familia directa, pero sus hijos declinaron el ofrecimiento. No obstante, la película documental “El amigo de todos (2024)”, centrada en su figura, deja abierto el debate, para que el espectador reflexione y saque sus propias conclusiones.

Un detalle le llamó poderosamente la atención. Dice que nunca pidió perdón, ni se arrepintió, pero tampoco escondió su pasado y, a pesar de ello, la sociedad “seguía dormida y miraba hacia otro lado”, apunta el director que ha llevado su vida a la gran pantalla. La gran expectación que han despertado los 71 minutos que dura la cinta ha llevado a la dirección de los nuevos Cines Embajadores Foncalada, en Oviedo, a ampliar su proyección de los dos días iniciales hasta finales de mes. No en vano, llega precedida de dos importantes reconocimientos. Por un lado, ha obtenido el premio del público en el Festival Internacional de Cine de Gijón y, por otro, ha sido seleccionada por el Mercado Internacional de Producciones de Televisión de Cannes.

José Antonio Quirós habló con su madre para saber más detalles, pero ella prefería quedarse con los instantes positivos. Quería rememorar únicamente aquellos platos que le cocinaba o las propinas que le daba su cliente holandés. “Hay un periodo de olvido, que es eso de la memoria, y a partir de ahí ya el personaje adulto va investigando y se acerca a lo que fue realmente Pattist. Además, reconoce que no aprendemos de la historia. Por ello plantea una cuestión: ¿Qué haríamos nosotros si hubiéramos vivido una época como esa?.

La película plantea varios interrogantes, entre otros, si finalmente fue o no asesinado Pattist, aunque de nuevo se opte por que sea el espectador el que se pronuncie a tenor de lo que ha visto. No obstante, expone que ha habido algunos documentos que no pudieron salir a la luz por no estar desclasificados y aunque hay ciertas sospechas, él prefiere quedarse con las dudas. “Mucha gente, cuando entra en esa parte de la película, se queda impactada. Es como si dijeran: ¿Qué está pasando aquí?. También planteamos otras cuestiones, entre otros, cómo los gobiernos dan un mensaje, pero luego aplican otro,.

Por ejemplo, hubo tres solicitudes de extradición desde Países Bajos y luego descubres que en los años 70 del siglo pasado, los Países Bajos solicitan los servicios de Pattist para que actúe como captador y convoque a una serie de trabajadores de la industria y del metal, y los lleven ahí a trabajar. “Me adentré en una sociedad que era la del ver, oír y callar, que es también el entorno en el que yo me crié” afirma.

José Antonio Quirós logró salir de ese bache gracias al visionado de esa entrevista cuando vio estupefacto que los espectadores aplaudían. “Lo vi con un cierto humor e ironía. En ese momento -añade- decidí tirar para adelante porque vi que eso no era normal. Y aguanté hasta el final con los aplausos para que al final uno se pueda hacer preguntas del tipo: ¿Por qué aplauden?. El cineasta opina que ahí se comprueba cómo hay un sector de la sociedad que parece que no piensa o quiere huir hacia adelante.

Su película documental busca el efecto contrario: quiere que la gente piense y lo hace en varias fases. “Este personaje es una excusa para definir esta sociedad en la que vivimos, que vuelve otra vez. Aunque José Antonio Quirós opta en todo momento por dar la última palabra al espectador, sí da su propia definición de Pattist. Bajo su prisma, tras estudiar bien a la persona y al personaje, cree que era “un superviviente que busca la adaptación y se adapta.

FRIEDRICH BERGER: El Nazi que Sobrevivió 70 Años Escondido en la Selva Amazónica 💀

Otros Nazis Refugiados en España

El caso de Hauke Pattist no es único. Joan Cantarero, autor de 'La huella de la bota', revela las vinculaciones entre organizaciones ultraderechistas y nazis acogidos por España tras la Segunda Guerra Mundial, nombrando a Herbert Schaefer, Theodor Soucek y Fredrik Jensen.

Soucek reside en Benalmádena y, a pesar de su edad, publica textos revisionistas en revistas como 'Sieg'. Jensen, condecorado por Hitler, pasó diez años en prisión. Schaefer, abogado de las SS, reside en Málaga y expone su colección de arte en la Universidad de Yale, donde un estudiante judío reconoció un cuadro expoliado a su familia.

Ni Schaefer, ni Soucek, ni Jensen han mostrado jamás el más mínimo signo de arrepentimiento. Tampoco lo hicieron Wolfgant Jugler (considerado por Hitler el hijo que nunca tuvo), Otto Remer (fallecido en octubre de 1997), ni Hans Hoffman (octubre de 1998) o Leon Degrelle (marzo de 1994), todos ellos altos cargos de la SS que acabaron sus días en España.

Adolf Hitler con Leon Degrelle, otro alto cargo de la SS que encontró refugio en España.

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