La expresión "Aleluya, ha nacido el Salvador" resuena con fuerza en la liturgia cristiana, especialmente durante la época navideña. Esta frase, cargada de significado, nos invita a reflexionar sobre el nacimiento de Jesucristo y su impacto en la humanidad. Exploremos el trasfondo histórico y espiritual de esta poderosa declaración de fe.
El Contexto Bíblico del Nacimiento
El Evangelio de San Lucas narra la historia del nacimiento de Jesús:
"Había en la misma comarca unos pastores, que dormían al raso y vigilaban por turno durante la noche su rebaño. Se les presentó el Ángel del Señor, y la gloria del Señor los envolvió en su luz; y se llenaron de temor. El ángel les dijo: “No temáis, pues os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un salvador, que es el Cristo Señor; y esto os servirá de señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre”. Y de pronto se juntó con el ángel una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo: “Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres en quienes él se complace”. Y sucedió que cuando los ángeles, dejándoles, se fueron al cielo, los pastores se decían unos a otros: “Vayamos, pues, hasta Belén y veamos lo que ha sucedido y el Señor nos ha manifestado”. Y fueron a toda prisa, y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre.
El relato del nacimiento de Jesús está contado en tres escenas. Lucas dice que el censo de Quirino se realizó en todo el imperio romano. Al colocar este hecho en relación con el nacimiento de Jesús está dando a entender que su venida al mundo es un acontecimiento que también afecta a todo el Imperio. Subraya también que Jesús nació en Belén, “la ciudad de David”. En ella había nacido el rey más grande de Israel, y por eso muchos judíos esperaban que el Mesías naciera de la familia de David y en su mismo pueblo.
Significado de los Nombres y Títulos
El ángel les dijo: «No temáis, os anuncio una buena noticia que será de gran alegría para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor.
El ángel había anunciado el nacimiento del Salvador, dando una señal para reconocerlo: “Encontraréis un niño envuelto en pañales, y acostado en un pesebre”. Ellos esperaban al Salvador de todo un pueblo y deberán reconocerlo en un niño recién nacido, pobre, que yace entre dos animales. El plan de Dios acontece de modo inesperado, lleno de sorpresa. Esto sucede hoy también. ¡Un niño pobre será el Salvador del mundo!
El ángel te dice: “¡Atención! Te doy esta señal de reconocimiento: encontrarás a un niño en un pesebre, en medio de los pobres!” ¿Tú lo creerías?
Se proclama su función y misión desde el mismo momento de su aparición en la tierra. ¡Con cuánta frecuencia se aplica a Cristo el título «Salvador» y la palabra «salvación» a su obra!
El ángel da al niño tres títulos:
- Salvador: aquél que libera a todos de todo lo que les ata. A los gobernantes de aquel tiempo les gustaba usar el título de Salvador. Ellos mismos se atribuían el título de Soter = Salvador.
- Cristo: significa ungido o mesías. En el Viejo Testamento éste era el título que se le daba a los reyes y a los profetas. Era también el título del futuro Mesías que cumpliría las promesas de Dios con respecto al pueblo. Esto significa que el recién nacido, que yace en un pesebre, viene a realizar la esperanza del pueblo.
- Señor: era el nombre que se daba a Dios mismo.
Aquí tenemos los tres títulos más grandes que se pueda imaginar. A partir de este anuncio del nacimiento de Jesús Salvador Cristo Señor, imagínate alguno con una categoría más elevada.
Estos títulos revelan la identidad y misión del niño Jesús: Salvador, el Cristo (Mesías), y Señor.
La concepción virginal de Jesús tuvo lugar en Nazaret, después de que María diera su «sí» al ángel. Lucas explica este hecho por la llamada de César Augusto a hacer un censo de todo el imperio.
Lucas añade enseguida que “ María conservaba estas palabras (acontecimientos) meditándolos en su corazón”. Son dos modos de percibir y acoger la Palabra de Dios: (i) Los pastores se levantan y van para ver los hechos y verificar en ellos la señal que se les había dado por el ángel, y después, vuelven a sus rebaños glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían visto y oído. (ii) María, por su parte, conservaba con cuidado todos los acontecimientos en la memoria y los meditaba en su corazón.
De acuerdo con una norma de la Ley, el pequeño Jesús es circuncidado el octavo día después de su nacimiento (cf Gén 17,12). La circuncisión era una señal de pertenencia al pueblo. Daba identidad a la persona. En esta ocasión cada niño recibía su nombre (cf Lc 1,59-63). El niño recibe el nombre de Jesús que le había sido dado por el ángel, antes de ser concebido.
El ángel había dicho a José que el nombre del niño debía ser Jesús “él salvará a su pueblo de sus pecados” (Mt 1,21). El nombre de Jesús es Cristo, que significa Ungido o Mesías. Jesús es el Mesías esperado. Un tercer nombre es Emmanuel, que significa Dios con nosotros (Mt 1,23).
En efecto, llenos de alegría, los pastores van a Belén para ver el acontecimiento que el Señor les ha dado a conocer, buscan y encuentran al niño, acostado en un pesebre, con su madre María y José. Una vez que lo han visto, cuentan lo que el ángel les ha dicho del niño, asombrando a todos los que les oyen. Y mientras ellos regresan a su rebaño glorificando y alabando a Dios por lo que han visto y oído, María, por su parte «conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón» (Lc 2,19). Así, a la alegría de los pastores se contrapone la «meditación» de María sobre el «misterio», desconcertante para ella: un «misterio» sobre el que no terminará de meditar hasta el momento de la Resurrección. Sólo entonces, de hecho, se revelará el «misterio» de una vida que comienza en un pesebre y termina en una cruz.
La Humildad y la Gloria en el Nacimiento
Este relato del nacimiento de Jesús no es sólo un recuerdo entrañable, sino que encierra un mensaje de fe para nosotros. Este mensaje puede ayudarnos a celebrar la Navidad con la misma actitud de los pastores y a entenderla como una realidad que se actualiza cada día si tenemos los ojos abiertos y el corazón atento. Dios se ha hecho carne, ha aceptado envolverse en la fragilidad e impotencia de un recién nacido. Es un acontecimiento que no puede dejarnos indiferentes.
En su homilía Don Jerónimo destacó como Dios se hizo Niño, para dejarse abrazar por nosotros.
El Niño Jesús llenó de luz la iglesia de San Agustín en la Misa de Gallo. La Misa de Gallo se celebró en el altar preparado meticulosamente para la ocasión. Cipreses que subían al cielo con decoración navideña, un belén con espectaculares figuras… El Niño Jesús presidiendo en su pesebre y todo supervisado por el patrón San Agustín vestido con capa pluvial de brocado amarillo.
Hoy, inmersos en tantísimas oscuridades por la tenebrosidad de los acontecimientos que no cesan en su devenir, ha nacido para nosotros un niño y un hijo nos ha sido dado. Un ser frágil en la que la soberanía reposa sobre sus hombros y se le dará por nombre: ‘Consejero maravilloso’. Lo cierto es que nos encontramos en el corazón de esa vida divina del Hijo, que en este día de la Natividad quiere asumir nuestra naturaleza humana. Con este don recibimos el anuncio de la salvación y Dios es el Señor. Por eso brotan cánticos de alegría y la consolación del Señor es para su pueblo.
La Misa de Gallo se celebró en el altar preparado meticulosamente para la ocasión. Cipreses que subían al cielo con decoración navideña, un belén con espectaculares figuras… El Niño Jesús presidiendo en su pesebre y todo supervisado por el patrón San Agustín vestido con capa pluvial de brocado amarillo.
En este claroscuro se fusionan la luz y la noche, la pobreza y la grandeza unido a la pequeñez que se diviniza en el portal de belén. Verdaderamente la vida era la luz de los hombres y esta luz brilla en las tinieblas y las tinieblas no la vencieron.
La Liturgia y la Celebración de la Navidad
La tradición de celebrar la Navidad el 25 de diciembre tiene un significado especial para los cristianos. En la antigüedad, este día se correspondía con la fiesta del Sol Invictus en Roma y con el solsticio de invierno en otras culturas como la céltica. La conmemoración y celebración del nacimiento de Cristo el 25 de diciembre se instauró en Roma y pasó enseguida a Milán a través de San Ambrosio y poco a poco extendiéndose al resto del orbe cristiano.
El recorrido se inicia con el profeta Isaías, que anuncia jubiloso el fin de la dominación enemiga gracias al nacimiento del “príncipe de la paz”. La segunda lectura proclama esperanzada una salvación universal y señala a Jesús como aquel que ha venido a mostrarnos el camino del bien. Por último, el evangelio según san Lucas narra en clave teológica el nacimiento del salvador esperado, del príncipe de la paz anunciado, nos relata cómo se celebró la primera navidad, pero, sobre todo, expresa el profundo significado que tiene el nacimiento de Jesús para toda la humanidad.
Lecturas de la Misa de Navidad
- 1ª Lectura (Is 9,1-6): El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz.
- 2ª Lectura (Tit 2,11-14): La gracia de Dios se ha manifestado para salvar a todos los hombres.
- Evangelio (Lc 2,1-14): Os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un salvador, que es el Mesías, el Señor.
La solemne liturgia de la Misa Vespertina de la Vigilia de Navidad que se dilata con el sol naciente en el crepúsculo, pretende que seamos partícipes del acontecimiento en el cual el Hijo de Dios, nació del seno de la Virgen María, asumió nuestra débil naturaleza para instaurar el Reino de Dios entre nosotros y así poder salvarnos de la muerte y del pecado y las tinieblas que nos acechan. Misterio que será cumplido con su Muerte y Resurrección en la Pascua gloriosa. Porque “la palabra de Dios se hizo carne y habitó entre nosotros”. Sin duda, es el mensaje central y el núcleo y fundamento.
Es relevante que al igual que el Ángel hace partícipes a los pastores con el anuncio de esta noticia, también los exhorta a no tener miedo. Recuérdese al respecto, que la teología del Antiguo Testamento proyectaba a un Dios distante, inaccesible e imposible de distinguir, hasta el punto de que quien lo viese, moriría. Con la encarnación del Hijo de Dios, Dios se hace cercano, accesible y más aún, se hace uno como nosotros.
A continuación, se muestra un resumen de los elementos clave del significado y la celebración de la Navidad:
| Elemento | Significado |
|---|---|
| Nacimiento de Jesús | Encarnación del Hijo de Dios, cumplimiento de las profecías, inicio de la salvación. |
| Títulos de Jesús | Salvador, Cristo (Mesías), Señor: revelan su identidad y misión divina. |
| Pastores | Representan a los humildes y marginados, primeros testigos del nacimiento. |
| Ángeles | Anuncian la buena noticia y proclaman la gloria de Dios y la paz en la tierra. |
| Liturgia navideña | Celebración del misterio de la encarnación, renovación de la fe, invitación a la conversión. |
El Amor Divino y la Reciprocidad Humana
Pero no basta el mero sentimiento. Los ángeles anunciaron a los pastores: «Os ha nacido un salvador que es el Cristo Señor en la ciudad de David» (Lc 2,11). Se proclama su función y misión desde el mismo momento de su aparición en la tierra.
Navidad apunta a pascua, que es la consumaci...
¿Creo y veo hoy, ahora, la liberación de Dios? ¿Dónde?
Este primer empadronamiento se hizo siendo Cirino gobernador de Siria. También José, por ser de la casa y familia de David, subió desde la ciudad de Nazaret, en Galilea, a la ciudad de David, que se llama Belén, en Judea, para empadronarse con su esposa María, que estaba encinta.
Hoy los cristianos estamos llenos de alegría, y con razón. Como afirma san León Magno: «Hoy no sienta bien que haya lugar para la tristeza en el momento en que ha nacido la vida». Pero no podemos olvidar que este nacimiento nos pide un compromiso: vivir la Navidad del modo más parecido posible a como lo vivió la Sagrada Familia. Es decir, sin ostentaciones, sin gastos innecesarios, sin lanzar la casa por la ventana.
«Tu Salvador ya está aquí», nos dice también el profeta, y eso nos llena de alegría y de paz. Amados hermanos, esto nos falta a muchos cristianos de hoy día: hablar de Él con alegría, paz y convencimiento; cada uno desde su vocación, es decir, desde el designio eterno que Dios tiene “para mí”. Y esto será posible si previamente estamos convencidos de nuestra identidad: los laicos, religiosos y sacerdotes. Todos formamos “el pueblo santo” del que nos habla el profeta Isaías. Fue designio de Dios que acudieran pastores a adorar al Niño Jesús. Todos somos pastores. Todos hemos de ser pobres y humildes, los últimos...
En este día confirmamos la confianza y pedimos crecer en ella. Verdaderamente ha despuntado un día santo y una luz espléndida ha descendido sobre la tierra.
En este Niño y por este Niño, Dios mismo sale al encuentro del hombre y Dios viene a nuestro encuentro. En Jesús y por Jesús, Dios deja de ser inaccesible y se convierte en Dios con nosotros.
En ese Niño, Dios nos ha hecho sus hijos. ¿Acaso existe algo más grande para observar, corresponder y vivir con inmensa esperanza? La Navidad es misterio de luz, la luz que alumbra el caminar y la oscuridad que en ocasiones nos precede. Es misterio de vida, la vida misma de Dios de la que nos hace partícipes ahora. El Niño-Dios es un don gratuito de Dios. Todo nos es concedido en el Hijo de Dios que nace en Belén. Así, la vida es un don de Dios que hemos de cuidar amorosamente, tanto la propia como la ajena. Nuestra vida nueva del bautismo es un don de Dios. De manera, que todo se armoniza en el don y la gracia. Nuestra existencia es un don de Dios. Muchos dones son efímeros y pasarán. No podemos dejar que se aferren a nuestro corazón, pues somos peregrinos. La dicha que tenemos los creyentes es saber que el camino no finaliza en la muerte o en la materia inerte, como en ocasiones nos hacen interrogarnos, sino que termina en la vida misma de Dios que no tiene fin. Con lo cual, el Tiempo de Adviento concretizado en la Navidad nos llama a acoger con corazón agradecido los dones, las gracias y la gracia misericordiosa de Dios.
De manera, que no tengamos que decir que vino a su casa y los suyos no lo recibieron. Acojámosle para que crezca en nosotros lo que ya somos: hijos de Dios en su Hijo.
Muchos podrán ser los argumentos y razonamientos para no estar gozosos en este día y vivirlo como una jornada cualquiera. Si bien, la reflexión de saber que Jesús ha nacido para nuestro bien, es suficiente motivo para estar radiantes de alegría. Hagamos un espacio en el corazón para que este Niño, el ‘Dios con nosotros’, ponga su morada entre nosotros. Con la garantía que su presencia no será un protagonismo invasivo, opresor o pesado, sino que por el contrario se convertirá en una manifestación reconstituyente, liberadora, vivificante y consoladora.
Celebrar el Nacimiento de Cristo es exaltar nuestra liberación. Hoy, entrar en el misterio de Belén significa esponjarnos del amor inagotable de Dios.
En contraste con la palaba humana que no es más que la resonancia de un sonido o concepto, ‘el Verbo’, ‘la Palabra de Dios’, es el mismo Dios, revelado, manifestado y puesto a nuestro alcance en este Niño. Porque la Palabra de Dios se ha hecho carne. Jesús no es una ficción retórica, sino un hombre de carne y hueso y de nuestra propia naturaleza que no es un mito o una leyenda piadosa.
Es más, este Niño que reposa en el portal no es un mero profeta que hablará de Dios, ni un simple maestro que ilustrará una nueva doctrina, o el precursor de un movimien...
