Gestación Subrogada: Argumentos en Contra y Controversias Éticas

La gestación subrogada, también conocida como "vientre de alquiler", es un proceso mediante el cual una mujer se queda embarazada y, una vez da a luz al bebé, éste pasa a ser de otra persona o pareja. En los últimos tiempos, la gestación subrogada ha ocupado los titulares de los medios de comunicación.

Esta práctica puede realizarse de dos maneras. Por un lado, existe la gestación subrogada comercial: la persona o pareja interesada en tener un bebé paga a la mujer gestante para que lleve a cabo el embarazo. Esta práctica se considera ilegal en muchos países.

En la actualidad, la gestación subrogada es una práctica legal y está regulada en unos pocos países o regiones. Cada país tiene su propia legislación sobre esta práctica. Por ejemplo, en Rusia, donde la comunidad LGTBIQ+ está perseguida, las parejas homosexuales tienen prohibida la gestación subrogada. En Ucrania, la madre que solicita un vientre de alquiler tiene que ser incapaz de gestar por su cuenta debido a una incapacidad médica.

Los que están a favor de esta práctica defienden que es una forma de garantizar que todas las personas que tengan el deseo de ser padre o madre puedan serlo. Por ejemplo, muchas parejas de hombres homosexuales que desean tener un hijo biológico recurren a un vientre de alquiler. Además, los defensores sostienen que las mujeres son libres de decidir si quieren o no ser gestantes.

España es uno de los múltiples países donde la gestación subrogada no es legal: la Ley 14/2006 sobre Técnicas de Reproducción Humana Asistida no permite esta práctica. Los que están en contra de los vientres de alquiler critican que es una forma más de explotación hacia la mujer. En este caso, hacia la madre gestante, que es usada como una incubadora durante nueve meses. Además, esta práctica afecta sobre todo a las mujeres más vulnerables o en situación de exclusión. Por último, hay que tener en cuenta las consecuencias físicas y psicológicas que el embarazo puede provocar en las mujeres gestantes.

El debate sobre la denominada gestación subrogada está arreciando en España de la mano de una campaña política a favor de su regulación. En 2016, en Suecia, sin embargo, se avanzó hacia la prohibición de la gestación subrogada.

A continuación, se exponen sucintamente argumentos éticos, deontológicos y consecuencialistas para demostrar que la gestación subrogada es moralmente indeseable y, en consecuencia, debería estar prohibida.

A casi 30 años del controvertido Caso Baby M, y tras décadas de leyes diversas en distintos países ‒a modo de gran experimento biomédico y socioeconómico‒, constatamos que, impulsada por la globalización, la gestación subrogada se ha consolidado en un modelo mayoritariamente mercantilista que atenta no solo contra los derechos humanos, sino que constituye una inmensa injusticia global.

La vulnerabilidad y la precariedad, dada la asimetría entre las partes concernidas, no pueden ser descontadas de una estimación ética y política de la gestación subrogada.

El argumento de los defensores de la gestación subrogada radica en la autonomía de la mujer que va a quedar embarazada, en su voluntariedad, junto a otras consideraciones relativas a la libertad reproductiva y a la propiedad del cuerpo. Sin embargo, constatamos una paradoja: un supuesto libre consentimiento, vía contrato o acuerdo, que anula, con respecto al futuro inmediato, la misma autonomía reproductiva de la mujer. Invocar la autonomía para luego, acto seguido, suspenderla, es lógicamente contradictorio, y desde el punto de vista de la ética, simplemente aberrante, pues liquida la propia autonomía como principio.

Kant nos explicó que ceder la libertad y someterse a la tutela y los fines de otros no es una opción en la medida en que atenta contra la dignidad y degrada la humanidad en cada uno de nosotros. No es una cuestión interpretable: la autonomía no puede cancelarse temporalmente; debe actualizarse en cada momento porque el consentimiento informado es un proceso y no un mero resultado. En otros ámbitos, como en la experimentación con seres humanos o los trasplantes de vivo a vivo, la opción de retirarse o negarse está disponible siempre, precisamente para no cancelar la autonomía de quien, voluntariamente, se presta a estos procedimientos.

En la gestación subrogada, la versión que se da de la autonomía de las mujeres es una anomalía bioética de gran calado, porque la autonomía no es nunca hipotecable. Ningún contrato o acuerdo puede cancelarla.

Asimismo, la indicación médica de una gestación subrogada frente a la infertilidad, agotadas otras vías, pero no la de la adopción, enfrenta el núcleo duro de la ética médica: la no maleficencia, el no dañar. En la gestación subrogada se «indica» un embarazo a un tercero, una mujer que no es, en principio, una paciente del especialista médico, y que va a correr con los riesgos psicofísicos derivados de un embarazo y un parto.

Finalmente, si ponemos en el punto de mira la demanda, podemos preguntar lo siguiente: ¿es moralmente lícito pedir a una mujer que se convierta en un medio para el fin reproductivo, con los riesgos que implica, existiendo, además, otras vías como la adopción?

Anderson responde a nuestra pregunta: «(….) hay algunas maneras de tratar a las personas que son moralmente objetables, incluso si ellas consienten en ser tratadas de esas formas. Uno no debe convertir el abuso físico o emocional de otra persona en respeto por su autonomía y dignidad diciendo tan solo: «Tú consentiste en ser tratada de esta manera» ‒incluso si la otra persona consiente‒.

En países como India, Tailandia, Ucrania e incluso México, la llamada gestación subrogada se ha implementado como explotación reproductiva organizada por las agencias y clínicas beneficiarias. Dickenson ha denunciado que la subrogación ha quedado subsumida en la tendencia global que fomenta la mercantilización de los cuerpos y compromete derechos humanos básicos en los sectores más vulnerables: «El bando a favor del alquiler de vientres enfatiza los beneficios de la práctica, entre los cuales se cuentan la diversidad de opciones reproductivas y concesiones para el pluralismo sexual. Pero aunque esas puedan ser consideraciones genuinas e importantes, no se las puede poner por encima de la necesidad de evitar la explotación de algunas de las mujeres más vulnerables del mundo».

Es más, ella denuncia cómo el Reino Unido, sumándose a la ola neoliberal de la desregulación, ha desmantelado los comités éticos relativos a la bioética de la reproducción. Valora, en cambio, la deriva francesa de optar por evitar que los mercados fomenten la comercialización de los procesos corporales.

Ergas expone dos pendientes resbaladizas: la creación de un mercado de bebés por encargo, de un lado, y del otro, dada la disparidad de las legislaciones nacionales, el fenómeno de los bebés apátridas. El caso Baby Gammy nos permite abrir los ojos a las realidades ocultas del negocio transnacional de la gestación subrogada.

Suele pensarse que puede frenarse la transnacionalización mercantilista de la gestación subrogada con una regulación suficientemente restrictiva, pero el caso del Reino Unido avala lo contrario. No hay una nómina suficiente de mujeres que se ofrezcan como «gestantes» y la demanda se traslada al extranjero ‒se deslocaliza la reproducción‒.

En un mundo atravesado por desigualdades de clase, de género y de raza, así como gobernado por relaciones neocoloniales recreadas por la globalización neoliberal, resulta improcedente hablar, de forma abstracta y descontextualizada, de autonomía irrestricta o de contratos de gestación subrogada que suspenden el derecho de autodeterminación sobre el propio cuerpo y los mismos derechos de filiación.

La bioética neoliberal se ha impuesto, sin apenas oposición, legitimando, en el caso de la gestación subrogada, la despersonalización de las mujeres contempladas como meros medios para resolver la infertilidad al margen de toda consideración de justicia. La autonomía como principio irrenunciable no admite alquileres ni hipotecas.

Margaret Atwood, en El cuento de la criada, que publicó en la década de 1980, imaginaba la servidumbre reproductiva en un país, Gilead. Hoy la distopía ha llegado porque el afán de lucro espoleado por la globalización neoliberal ha convertido a la maternidad en un negocio, un mercado tóxico, sometido al marketing y a la publicidad ‒basta, para comprobarlo, teclear «gestación subrogada» en Google‒.

La regulación de la gestación subrogada y sus variaciones va en la dirección de afianzar la injusticia global con una política de hechos consumados en diversos países y prestar un impulso a una mercantilización creciente de los cuerpos de las mujeres a escala transnacional, que se traduce en realidades análogas a la trata de personas y al tráfico de bebés.

Mapa mundial que muestra el estado legal de la gestación subrogada en diferentes países. Verde: Legal y regulada. Amarillo: Legal, pero no regulada. Rojo: Ilegal.

La ética y la regulación de la gestación subrogada - Mariano Beltrán

Argumentos Éticos en Contra de la Gestación Subrogada

La gestación subrogada plantea una serie de problemas éticos significativos que merecen una consideración profunda.

  • Explotación de la mujer: Uno de los principales argumentos en contra es que la gestación subrogada puede ser una forma de explotación de la mujer, especialmente en países con bajos ingresos donde las mujeres pueden sentirse presionadas a convertirse en madres sustitutas por razones económicas.
  • Comercialización de la vida: La gestación subrogada comercial se considera a menudo como la mercantilización de la vida y la reproducción, lo que plantea preguntas sobre el valor intrínseco de la vida humana.
  • Derechos del niño: Existe preocupación por los derechos del niño nacido a través de la gestación subrogada, incluyendo su derecho a conocer su origen genético y a tener una relación con la madre gestante.
  • Impacto psicológico: Tanto la madre gestante como los padres intencionales pueden experimentar un impacto psicológico significativo durante y después del proceso de gestación subrogada.

Legislación Internacional sobre Gestación Subrogada

La legislación sobre gestación subrogada varía significativamente de un país a otro. Algunos países la permiten y la regulan, mientras que otros la prohíben por completo.

País Estado Legal Notas
España Ilegal La Ley 14/2006 sobre Técnicas de Reproducción Humana Asistida no permite la gestación subrogada.
Rusia Legal (con restricciones) Prohibida para parejas homosexuales.
Ucrania Legal (con restricciones) La madre solicitante debe ser incapaz de gestar por razones médicas.
Suecia Ilegal Avanzó hacia la prohibición en 2016.

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