Hay pequeñas poblaciones españolas que, pese a estar alejadas de las grandes urbes y escondidas entre las montañas, no pasan desapercibidas. El lugar del que vamos a hablar es un claro ejemplo de ello.
Camarena de la Sierra es un pueblo pequeño en la provincia de Teruel, Aragón, que se destaca por su cercana conexión con el agua. Situado en la comarca de Gúdar-Javalambre, Camarena es, ante todo, un lugar marcado por el agua. En el interior de la provincia de Teruel, a más de 1.300 metros de altitud y apenas a media hora de la capital, Camarena de la Sierra se presenta como uno de esos pueblos que parecen haber escapado del ruido del tiempo.
Se trata de una localidad turolense con menos de 200 habitantes que destaca por una característica muy peculiar: cuenta con más de 100 fuentes. Con menos de 150 habitantes, este pueblo pintoresco cuenta con un patrimonio natural único que lo distingue de otros lugares. Se trata de sus más de cien fuentes de agua, cada una de las cuales tiene un nombre y una historia.
Sin embargo, por lo que es especialmente conocido este pueblito con tanto encanto es porque cuenta con más de 100 fuentes censadas. Por lo que sí, además de poder presumir por tener una buena cantidad de fuentes, también puede hacerlo por el agua de las mismas, ya que estas se nutren de aguas de montaña de gran calidad.
La localidad de Camarena de la Sierra se encuentra en una de las zonas más montañosas de Teruel, y es precisamente esta ubicación geográfica la responsable de la gran cantidad de fuentes que se encuentran en el municipio.
Algunas de las más de cien fuentes que se encuentran en Camarena de la Sierra se han convertido en emblemáticas. Además de brindar agua, estas fuentes han servido como puntos de reunión y encuentro para los habitantes de Camarena.
Tal es la cantidad de fuentes que encontramos en esta región, que las hay de todo tipo. Nombres como la Fuente del Agua Buena, que desde 1970 abastece al depósito municipal, o la Fuente de los Baños, cuyo caudal nace en un balneario cercano, forman parte del paisaje habitual. También lo son la pintoresca Fuente del Cabrito, conocida por sus once caños, o la Fuente Matahombres, la del Buey, la del Zarcillo, la Miel o la Blanquilla.
Algunas fuentes, como la Fuente del Peral y la Fuente Blanquilla, son muy apreciadas por los habitantes y turistas debido a su belleza y frescura.
La Fuente del Agua Buena lleva abasteciendo al depósito municipal desde 1970, y la de los Baños precisamente destaca por su gran caudal, el que lleva aguas medicinales de un balneario cercano, la Fuente del Cabrito también es muy conocida, es llamada ‘de los Once Caños’ y hace gala así de su principal característica.
Fuente del Cabrito en Camarena de la Sierra
No obstante, en los últimos años ha habido un cambio en la conexión entre Camarena de la Sierra y sus fuentes. El cambio climático está teniendo un impacto visible y preocupante en la región. La cantidad de precipitaciones, tanto de lluvia como de nieve, ha disminuido significativamente, lo que ha disminuido el caudal de las fuentes.
Dado que las fuentes a mayor altitud dependen en mayor medida del deshielo de las montañas, el efecto es más notable allí. Los habitantes de Camarena de la Sierra están preocupados por esta situación, ya que sienten que un componente tan importante para la identidad de su comunidad está desapareciendo.
A pesar de las dificultades, Camarena de la Sierra sigue atrayendo a visitantes que buscan disfrutar de sus fuentes y de su entorno natural. Aunque no es tan abundante como antes, el agua sigue siendo un atractivo importante para los visitantes, que recorren las rutas que conectan las diferentes fuentes del pueblo.
El turismo ha sido, en cierta medida, un salvavidas para el pueblo porque ha permitido que sus fuentes sean valoradas y cuidadas.
Además de los caños de agua, Camarena alberga un interesante patrimonio arquitectónico. Pero no solo de agua vive Camarena. Desde un cerro rocoso conocido como El Castillejo, los restos de una antigua fortaleza de origen musulmán recuerdan el pasado defensivo del municipio.
Documentada su conquista por Pedro del Pomar en el siglo XIII, la fortificación fue declarada Bien de Interés Cultural, aunque hoy solo se conservan algunos vestigios.
Se trata de una fortaleza de origen musulmán de la que hay fuentes documentales que hablan de su conquista por Pedro del Pomar en el siglo XIII.
El casco urbano de Camarena también guarda pequeñas joyas arquitectónicas. La Iglesia de San Mateo, del siglo XVII y de estilo barroco, conserva interesantes decoraciones en esgrafiado en su interior. Su iglesia parroquial está dedicada a San Mateo, el patrón de la localidad, y es otro de los lugares históricos de Camarena.
En uno de sus muros se puede leer «Año 1677» por lo que podemos imaginar la historia que guarda tras sus paredes.
Los alrededores del municipio también cuentan con restos de antiguos molinos harineros, uno de los cuales, el Molino de Arriba, llegó a funcionar como central hidroeléctrica hasta 1971. El lugar donde se encuentra, junto a un puente y el río, es un escenario casi bucólico.
Algo curioso es que en el pueblo también existieron tres molinos harineros. De hecho, el Molino de Arriba, el que fue más relevante, funcionó hasta 1971 como molino, pero también como central hidroeléctrica.
Se puede localizar en un paraje natural muy bonito junto a un puente y un río, estampa ideal para inmortalizar.
Unido a ello, no podemos no destacar los hornos comunales que había en Camarena, donde los vecinos cocinaban la harina para elaborar pan.
Los lavaderos eran lugar de relaciones sociales y, en Camarena, que no iba a ser menos, existía, y todavía puede verse, el lavadero de la Fonsomera, situado uno a un kilómetro del centro siguiendo el camino al balneario.
Aprovechando la visita a la localidad, no hay que olvidar pasar por el balneario, el cual tiene un manantial cuyas aguas se consideran medicinales y se recomiendan para tratar ciertas enfermedades. En él destaca la ya nombrada Fuente de los Baños, con su peculiar plafón en el que puede leerse el año «1890».
Camarena de la Sierra no es un pueblo de escaparate. Es un lugar vivo, auténtico y poco transitado, donde cada rincón invita a detenerse. Lejos de las rutas masificadas, pero cerca de todo lo esencial, este rincón altoaragonés demuestra que hay pueblos que no necesitan cambiar para seguir sorprendiendo.
