Fórmulas para Bebé Recién Nacido: Composición Nutricional y Guía para Padres

La alimentación de un recién nacido es crucial para su desarrollo y crecimiento saludable. La elección de la mejor leche es fundamental, ya que no solo proporciona los nutrientes esenciales, sino que también puede influir en la salud a largo plazo del bebé. Desde que nace un bebé, la leche es su principal fuente de alimento. Sabemos que la leche materna es la mejor opción, pero hay ocasiones en las que no puede ser. Sin embargo, tenemos la suerte de contar con una variedad de leches de fórmula para que nuestros peques crezcan sanos y fuertes.

Con el auge de diversas marcas y productos, los padres a menudo se enfrentan a decisiones difíciles sobre qué tipo de leche es adecuada para su pequeño. ¿Es mejor optar por una fórmula orgánica o una convencional? ¿Qué ingredientes deben evitarse? La alimentación adecuada en los primeros meses de vida es crucial para el desarrollo y crecimiento de los recién nacidos. En este contexto, la elección de la leche adecuada juega un papel fundamental.

Si eres mamá primeriza, existen varios tipos de leches, desde las que se dan para sustituir a la leche materna y que son aptas desde el primer día de vida de tu bebé, hasta las que se dan cuando se comienza a introducir la alimentación complementaria. De hecho, en este paso se puede combinar este tipo de leche con la materna. No será hasta que tu bebé tenga seis meses de vida cuando la leche para bebé será ya una fuente equilibrada y variada. Por lo que siempre se debe adaptar a su corta edad.

Sabemos que la leche materna es única por sus propiedades, sin embargo, hay veces en las que esto no es posible por cantidad o por cualquier otro problema, pero la verdad es que no hay de qué preocuparse. Gracias a todos los avances hoy en día la leche de fórmula tiene todo lo que tu bebé necesita para ir creciendo poco a poco con el mismo aporte nutricional.

Se dividen en tres tipos de leche que pueden estar clasificadas en números, es decir, uno, dos y tres, o por categorías que son de iniciación, continuación o crecimiento.

Tipos de Leche para Recién Nacidos

Existen principalmente tres tipos de leches diseñadas específicamente para recién nacidos.

  1. Leche Materna: Es considerada el estándar de oro, ya que no solo proporciona la nutrición óptima, sino que también contiene anticuerpos que ayudan a fortalecer el sistema inmunológico del bebé.
  2. Leche de Fórmula: Es una alternativa sintética que busca replicar la composición de la leche materna, pero puede variar en calidad y nutrientes dependiendo de la marca.
  3. Leche de Soya: Está indicada para bebés con intolerancia a la lactosa o alergias a las proteínas de la leche de vaca.

En los primeros seis meses del bebé existen lo que se llaman “leches de iniciación” y son lo más parecidas a la leche materna, conteniendo hierro, niacina, fósforo, calcio y vitaminas, entre otros.

Por último, la leche de crecimiento es la que se da a partir de los 12 meses y hasta los tres años de edad aproximadamente, cuando pueden introducirse poco a poco en la leche de origen animal. Estas últimas tienen un gran aporte no solo de energía, también de proteínas, calcio o Vitamina D respecto a la leche de continuación.

La alimentación adecuada en los primeros meses de vida es vital para el desarrollo del bebé. Las leches para recién nacidos deben contener nutrientes esenciales como proteínas, grasas saludables, vitaminas y minerales. Las proteínas son fundamentales para el desarrollo celular, mientras que las grasas proporcionan energía y son cruciales para el desarrollo cerebral. Además, las leches enriquecidas con ácidos grasos omega-3 y ácido docosahexaenoico (DHA) pueden contribuir al desarrollo cognitivo del bebé. También, la presencia de hierro y vitamina D es clave para prevenir anemia y garantizar un crecimiento óseo adecuado.

Composición Nutricional de las Fórmulas Infantiles

La mejor leche de formula según la OMS es siempre la leche materna, ya que ofrece el equilibrio perfecto de nutrientes, defensas y beneficios emocionales para el bebé. Esto implica que las fórmulas infantiles deben estar enriquecidas con nutrientes esenciales como hierro, calcio, zinc, vitaminas y ácidos grasos esenciales, además de estar libres de contaminantes y elaboradas bajo estrictos controles de producción.

Las principales diferencias entre la leche materna y las leches en fórmula para recién nacidos radican en su composición nutricional.

El objetivo del desarrollo de fórmulas artificiales es reproducir, tanto la composición como los efectos funcionales de la lactancia materna. Todas las fórmulas artificiales que existen en el mercado cumplen las normativas europeas y son válidas. Existen 3 tipos de fórmulas artificiales: tipo 1 o de inicio, tipo 2 o de continuación y tipo 3 o de crecimiento.

  • Preparados para lactantes, de inicio o tipo 1: se recomienda hasta los 6 meses. Puede utilizarse junto con la alimentación complementaria hasta el año de vida.
  • Preparados de continuación o tipo 2: desde los 6 meses.
  • Leches de crecimiento o tipo 3: como transición de fórmula adaptada a leche de vaca. Desde los 12 meses hasta los 3 años.

La tendencia de las FA ha sido disminuir el aporte de proteínas hasta 1,8-2,5 g/100 kcal (1,2-1,7 g/100 ml). Los requerimientos de proteínas son altos en los primeros meses de vida (1,77 g/kg/día), pero van disminuyendo a partir del sexto mes (1,15 g/kg/día)(5). Se ha demostrado que ingestas muy elevadas de proteína en los primeros meses de vida, promueven un crecimiento acelerado y un mayor IMC a partir de los 6 meses de edad, que se mantiene hasta los 6 años.

La proporción seroproteínas/caseína varía en la LM desde el calostro (80/20) a la leche madura (60/40). El lactosuero materno contiene: alfa lactoalbúmina (exclusivo en la LM), lisozima, lactoferrina e inmunoglobulinas (fundamentalmente IgA secretoria). La alfa-lactoalbúmina es una proteína de alto valor biológico que representa el 20-25% del contenido proteico de la LM(7). Se compone de 63% de aminoácidos esenciales y es una fuente rica en triptófano, que es precursor de serotonina y melatonina, fundamentales en: desarrollo cognitivo, estado de ánimo y bienestar de los lactantes. Además, aporta otros aminoácidos esenciales (cisteína y lisina), tiene actividad inmunomoduladora, favorece la absorción de nutrientes (hierro, calcio y zinc), modifica de forma beneficiosa la microbiota, estimulando el crecimiento de bifidobacterias, y promueve una mayor saciedad.

La lactosa debe ser el disacárido fundamental de las fórmulas artificiales. La lactosa (glucosa + galactosa) es el disacárido fundamental de la LA, siendo el contenido mínimo 4,5 g/100 kcal, excepto en las fórmulas sin lactosa. La LM no es estéril, es una de principales fuentes de bacterias (102 y 104 UFC/ml) y, además, es muy rica en oligosacáridos, siendo la mayoría no digeridos, actuando como “fibra dietética”. Tienen actividad antiinfecciosa, acidificando el medio a partir de su fermentación por las bacterias del colon, promoviendo el crecimiento de lactobacilos y bifidobacterias, como Bifidobacterium bifidum.

Los prebióticos se definen como oligosacáridos no digeribles, que pueden estimular y promover el crecimiento y/o metabolismo de bifidobacterias y lactobacilos. Únicamente, algunos oligosacáridos no digeribles cumplen con los criterios para poder ser considerados como prebióticos, entre ellos: los fructooligosacáridos (FOS) y los galactooligosacáridos (GOS). Para garantizar su función en las fórmulas artificiales, los FOS se combinan con los GOS en proporción de 9:1; y la suma de ambos debe ser de 0,8-1 g/dl.

En 2010, el Comité de Nutrición de la Sociedad Europea de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica ha publicado una revisión sistemática en la que se considera que las fórmulas lácteas suplementadas con pro y prebióticos son seguras y han demostrado ser bien toleradas por los lactantes, no producen efectos adversos a corto plazo y no alteran el crecimiento. Sin embargo, no se conocen efectos a largo plazo y la escasa calidad de los estudios metodológicos (tipo de probiótico, duración de la intervención), hacen que el Comité crea que aún hay demasiada incertidumbre.

Por tanto, el Comité llegó a la conclusión de que actualmente no hay datos suficientes para recomendar el uso sistemático de fórmulas infantiles suplementadas con probióticos y/o prebióticos para el lactante sano(11,12). A pesar de ello, puntualiza que es posible que la adición de determinadas cepas bacterianas pueda ser recomendable.

La preocupación por la seguridad a largo plazo del empleo de microorganismos vivos, ha aumentado el interés por los microorganismos no viables o extractos de células microbianas, proponiendo un nuevo término “paraprobiótico”.

Dentro de los AG poliinsaturados o AG esenciales, los más importantes son: ácido linoleico (15%) y ácido alfa-linolénico (1%), ya que son precursores de AG poliinsaturados de cadena larga o LC-PUFA, tales como: ácido araquidónico o ARA (omega 6) o ácido docosahexanoico o DHA (omega 3). Los LC-PUFA (ácido araquidónico y docosahexasenoico) son precursores de las prostaglandinas, leucotrienos y tromboxanos, teniendo un papel importante en la inmunidad. El DHA o ácido docosahexanoico presenta un impacto muy positivo en la función cognitiva y visual del lactante, por ser componente fundamental de las membranas celulares, especialmente del SNC y fotorreceptores de la retina.

El aporte de compuestos proteicos y lípidos complejos (fosfolípidos como esfingomielina y gangliósidos), son necesarios para la formación de membranas celulares del SNC y para el desarrollo del sistema inmunitario(14). Queda prohibida la utilización de aceite de sésamo o de algodón en las fórmulas lácteas.

Por otro lado, la ingesta de calcio y fósforo, al igual que la de magnesio y de la vitamina D debe ser adecuada para el correcto desarrollo de los huesos. Dado que la absorción del calcio de las leches infantiles es peor, la cantidad no debe ser menor de 50 mg/100 kcal.

Consideraciones Adicionales al Elegir una Fórmula

Al seleccionar una leche para un recién nacido, la seguridad y la calidad son aspectos fundamentales a tener en cuenta. Es esencial verificar que la leche elegida cumpla con las normativas de seguridad alimentaria establecidas por las autoridades sanitarias. Optar por marcas reconocidas que realicen controles de calidad rigurosos puede evitar problemas de salud. Además, leer las etiquetas y estudiar los ingredientes puede ayudar a identificar posibles alérgenos o aditivos no deseados. No menos importante es considerar las recomendaciones del pediatra, quien puede ofrecer orientaciones personalizadas según las necesidades nutritivas del bebé.

Fórmulas Especiales

Las fórmulas especiales deben reservarse para su uso en lactantes que presentan una patología que impide la utilización de una fórmula convencional. El estreñimiento, la regurgitación y los cólicos disminuyen el bienestar del lactante.

  • Fórmulas anti-cólicos: para facilitar la digestión del lactante, estas fórmulas contienen proteínas séricas parcialmente hidrolizadas y menor cantidad de lactosa, la cual es sustituida por dextrinomaltosa.
  • Fórmulas anti-estreñimiento: mejoran la proporción de B-palmitato, asemejándose a la leche materna. De esta forma, disminuyen la cantidad de ácidos grasos en posición alfa, los cuales al unirse al calcio dan lugar a la formación de jabones cálcicos insolubles que aumentan la consistencia de las heces. Por otro lado, estas leches aumentan la cantidad de lactosa, que es metabolizada por la flora anaerobia al llegar al colon, produciendo un efecto laxante osmótico al atraer agua al lumen intestinal. Algunas de ellas añaden probióticos que favorecen el tránsito digestivo, como el Lactobacillus reuteri o incorporan oligosacáridos con efecto prebiótico, siendo los más relevantes GOS y FOS, los cuales aumentan el volumen del bolo digestivo.
  • Fórmulas anti-regurgitación: incorporan dos tipos de espesantes, harina de algarrobo y almidones que aumentan la viscosidad de la leche. Por otro lado, aumentan la proporción de caseína frente a seroproteínas, la cual precipita en el estómago, disminuyendo las regurgitaciones y neutraliza la acidez gástrica. Además, suelen llevar menor cantidad de ácidos grasos de cadena larga para favorecer el vaciado gástrico y menor proporción de lactosa.
  • Fórmulas sin lactosa: indicadas en lactantes con intolerancia transitoria o secundaria a la lactosa o en casos de intolerancia congénita a la misma.

Destinadas a prematuros o con bajo peso al nacimiento (menor de 2.500 g), en los que la lactancia materna no es posible:

  • Hidratos de carbono: entre 9,6 y 12,5 g/100 kcal. Sustitución parcial de la lactosa por polímeros de glucosa, debido a la deficiencia relativa de lactasa que presentan por menor actividad de la misma.
  • Lípidos: se recomienda entre 4,4 y 5,7 g/100 kcal. Mayor proporción de triglicéridos de cadena media (TCM) para facilitar su absorción, sin sobrepasar el 40% de la grasa administrada.
  • Proteínas: en mayor cantidad (2,8 a 4,9 g/kg/día), parte hidrolizadas. Añaden mayor cantidad de taurina.

Fórmulas parcialmente hidrolizadas (entre 5.000-12.000 dalton): pueden utilizarse en lactantes con riesgo de atopia (con, al menos, uno de los padres o hermano con enfermedad alérgica documentada), como prevención de alergia a las proteínas de leche de vaca. Sin embargo, se debe tener precaución en su uso, ya que no se dispone de estudios a largo plazo que demuestren su eficacia.

Fórmulas extensamente hidrolizadas(20): las proteínas han sido sometidas a un alto grado de hemólisis (100% <5.000 dalton, incluso algunas fórmulas con <1.500 dalton). La fuente de dichas proteínas suele ser la caseína, las proteínas séricas o una mezcla de ambas. Están indicadas: en pacientes con alergia a las proteínas de la leche de vaca (APLV), en casos de malabsorción intestinal y en situaciones de afectación intestinal grave (síndrome de intestino corto, enteritis por radioterapia o quimioterapia, síndromes de malabsorción o diarrea grave del lactante). Además, estas fórmulas suelen estar exentas de lactosa, dada la posible atrofia de las vellosidades intestinales con disminución de la actividad de lactasa intestinal.

Fórmulas elementales: llevan en su composición: L-aminoácidos libres, dextrinomaltosa, e incluyen TCM. Su uso se encuentra limitado, dada la alta osmolaridad (que puede producir diarrea osmótica y deshidratación hipernatrémica), el coste elevado y el mal sabor.

  • La proteína de soja es deficitaria en: metionina, lisina, prolina y carnitina.
  • Lípidos de origen vegetal. Aporte calórico similar al de las fórmulas de leche de vaca.
  • Indicaciones: intolerancia primaria o secundaria a la lactosa y galactosemia, familias vegetarianas y APLV no mediada por IgE y no sensibilizada a la proteína de soja (tras tolerancia clínica).

Las leches en polvo no son estériles. Las dos principales bacterias que se han relacionado con la contaminación de leches en polvo son: Enterobacter sakasakii, enterobacteria que puede infectar especialmente a los neonatos pretérmino, con bajo peso al nacer y a los inmunodeprimidos. Se la ha relacionado con brotes de meningitis y enteritis.

  • Limpiar y esterilizar bien todos los utensilios de preparación y alimentación del lactante.
  • Se puede utilizar agua del grifo, si es apta para el consumo humano.

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¿Existen efectos secundarios comunes asociados con el uso de leches en fórmula específicas para recién nacidos?

Sí, existen efectos secundarios comunes asociados con el uso de leches en fórmula específicas para recién nacidos. Algunos de los más frecuentes incluyen cólicos, estreñimiento y alergias a ciertos ingredientes.

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