Formas de decir "biberón" y su diversidad lingüística

Es fascinante observar cómo, dentro de un mismo idioma, existen múltiples maneras de nombrar un mismo objeto o concepto. Esta diversidad se acentúa aún más al considerar las variaciones regionales y las particularidades de cada comunidad autónoma.

En el ámbito de la maternidad y la alimentación infantil, esta riqueza lingüística se manifiesta en una variedad de términos para referirse al biberón. Podemos mejorar nuestras capacidades a la hora de redactar y editar los consejos escritos que damos a nuestras familias.

Variaciones lingüísticas del término "biberón"

Exploremos algunas de estas variantes y su origen:

  • Mamadera: Este término es común en Argentina y otros países de Latinoamérica.
  • Nanos, nana, nano: En Valencia, estas palabras se utilizan para referirse a los niños, sin connotaciones despectivas.
  • Chilpayate: En México, esta palabra se utiliza para referirse a "niño".

Es curioso cómo hablando el mismo idioma, hay muchas cosas a las que llamamos de distinta manera, y muchas veces sin salir de España, según la Comunidad Autónoma en la que estemos. Si nos referimos sólo a maternidad y alimentación infantil, seguro que encontramos montones de palabras que en cada sitio se dicen de forma diferente.

Entre las habilidades de comunicación necesarias para el desarrollo de nuestra actividad profesional diaria, no solo se encuentran, por ejemplo, saber realizar un buen consejo breve en consulta o conocer la técnica de una entrevista motivacional.

La importancia de la legibilidad en la comunicación de la salud

En las sociedades modernas, los sistemas sanitarios propugnan que los pacientes participen en la toma de decisiones con respecto a su propia salud. El documento SALUD 21 (Organización Mundial de la Salud [OMS], 1999) dice que la participación y responsabilidad de los individuos y comunidades son necesarias para la promoción de la salud.

El lenguaje médico es muy complicado, y más aún lo son los “conceptos” médicos. En nuestro caso, en Pediatría, tanto los padres como los propios niños y adolescentes, necesitan información sobre la salud que sea fácil de comprender. No debería importar la edad ni el nivel educativo que tengan.

A veces, son tan complejas que solo las pueden calcular especialistas. ¡No nos asustemos! No hace falta ser ningún experto. Solo poner un poco de interés y ponernos en la piel del que nos va a leer. No hace falta conocer o aplicar de forma “rigurosa” fórmulas matemáticas “mágicas”.

Consejos para mejorar la legibilidad de los textos

Vamos a intentar dar unas pautas claras que nos sirvan. Incluir la fecha de edición. Hay que ponerse en el lugar de la familia. No basta con que nosotros sepamos qué queremos decir. También hay que evaluar si estará claro para quien lo lea.

  • Usar frases cortas (14-20 palabras como máximo).
  • Construir frases simples. Evitar las frases con más de una oración subordinada.
  • Prescindir de las palabras o frases que no aporten información útil. Tener presente que el principio de una frase o el inicio de un párrafo es la posición más importante.
  • Elegir palabras cortas. Escribir con palabras sencillas, como se habla. Evitar tecnicismos. Sustituirlos por descripciones simples o por palabras coloquiales equivalentes.
  • Usar el punto para separar frases. Hacer un esfuerzo para puntuar con propiedad. Da sentido a lo escrito, y evita errores en la interpretación.
  • Usar letra grande y clara. Al menos de tipo 12 o 13. No usar más de dos o tres tipos de letra en un mismo texto. Dejar márgenes amplios. Los interlineados y los espacios entre caracteres han de ser amplios. Los textos muy amazacotados son más difíciles de leer. No hacer párrafos muy largos.
  • Usar imágenes para conceptos difíciles de explicar. Usar “pictogramas”. Son gráficos con figuras, imágenes o símbolos para ayudar a recordar los consejos prácticos o pautas de actuación.
  • Dar mensajes afirmativos. Usar el tuteo si el texto es para niños y adolescentes. Evitar dar solo los consejos. Poner ejemplos prácticos para dejar claros los conceptos complejos. Usar expresiones que ayuden a atraer el interés. Situar la frase más importante al comienzo del párrafo.

Es la que se ve y se lee primero. También es la que se recuerda mejor después. Algunas veces los textos que les damos no se entienden lo suficiente. Los folletos de salud no siempre cumplen sus expectativas. Múltiples estudios afirman que “el acceso a la información sobre salud y su comprensión están relacionados directamente con la capacidad de autocuidado”.

Asimismo, sería bueno que los propios pacientes se incorporaran al diseño y elaboración de los materiales. La legibilidad (legibility) de un texto, significa “que se puede leer”. La comprensibilidad (readabilty) o lecturabilidad quiere decir “que se puede entender”. Se refiere a la facilidad de comprensión de un texto sin dificultad ni esfuerzo. En castellano, ambos términos se usan como sinónimos.

Fórmulas para el análisis de la legibilidad de los textos

El estudio de la legibilidad lingüística ha llevado al desarrollo de fórmulas matemáticas para su análisis. Estas fórmulas se desarrollaron a partir de 1950, sobre todo en EE. UU. Hoy en día se ha generalizado su uso en los países de habla inglesa y se ha extendido a otros idiomas.

Casi todas las fórmulas exigen mucho esfuerzo para aplicarlas (recuentos de palabras, sílabas u oraciones, y de las otras categorías que cada una de ellas requiera). Se necesita tiempo.

En la actualidad se descarta su uso como único modo para medir la legibilidad de un texto. No es el objetivo de este artículo hablar de las fórmulas de legibilidad en profundidad. Solo para que las conozcamos os ofrecemos estas tablas-resumen. En los recursos y bibliografía disponéis de más información para aquellos que os interese.

Ejemplos prácticos

Examinad estos dos textos y con objetividad preguntaos ¿cuál se entiende mejor para una familia media? Si disponéis de algo de tiempo, intentad hacer un análisis del porqué.

Texto 1: El cepillo debe ser pequeño, de fibras artificiales con terminación redondeada, para evitar la lesión de la encía si el niño usa con fuerza el cepillo. Se recomienda el cambio de cepillo cada 4 meses. Emplear pastas dentífricas fluoradas (en niños de 6 meses a 2 años debemos cepillarles los dientes con agua o con una pasta sin flúor o con una pasta que contenga “una baja concentración de flúor” (probablemente 250 ppm). Entre los 2 y 6 años, el dentífrico debe tener hasta 500 ppm, asegurando que el niño escupe la pasta tras el cepillado y que realiza un adecuado enjuague bucal con agua.

Texto 2: Usar la pasta infantil a partir de los 3 años. Respetar las horas de las comidas. Tomar pocos zumos envasados.

Se pueden probar los materiales en algunos individuos o un grupo representativo durante el proceso de redacción. No demos formularios de baja calidad, “multifotocopiados” ni ladeados.

Las técnicas de análisis de la legibilidad lingüística formal incorporadas por los programas de Microsoft Word sucesivos han sido validadas para su uso en castellano para evaluar formularios escritos de consentimiento informado, pero no para evaluar materiales de educación para la salud.



Sería bueno invitar a los destinatarios del material a colaborar en su redacción y diseño para conocer su opinión. Las familias y los pacientes son los que de verdad nos dan idea de la legibilidad de lo que les damos por escrito.

👉 Terapia de Lenguaje para niños y adultos, ejercicios desde casa.

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