La Psicología de la Figura Materna: Apego, Desarrollo y Heridas

El vínculo maternofilial es una de las conexiones más profundas que existen. Precisamente por eso, cuando se debilita o, en el peor de los casos, se pierde, las consecuencias no son negativas. A continuación, exploraremos la influencia de la figura materna en el desarrollo psicológico, el apego y las posibles heridas emocionales que pueden surgir.

El Apego Materno y el Desarrollo del Niño

Según diferentes estudios, el apego hacia la figura materna (y hacia los padres en general) es fundamental para el desarrollo de la representación de uno mismo, y el embarazo es el momento donde se aprende más en este sentido. Según diferentes estudios, los recuerdos de la propia educación durante la infancia facilitan el establecimiento del apego con el futuro bebé, influyendo en su calidad.

Por otro lado, la futura mamá que ha experimentado menos calor de sus respectivos padres percibirá más diferenciación respecto a su futuro bebé, es decir que le percibirá ya como una persona separada. Durante el embarazo se puede presentar el deseo de visitar a la propia madre y, tal vez, hacerle preguntas sobre la propia infancia, removiendo a veces viejos conflictos.

Según diferentes estudios, el apego hacia la figura materna es crucial para el desarrollo de la representación de uno mismo, especialmente en un momento de cambio tan profundo como el embarazo.

El Síndrome de la Madre Ausente

Lo que se conoce como el síndrome de la madre ausente puede manifestarse de diferentes formas y tiene un impacto significativamente negativo en el desarrollo emocional, cognitivo, y social de los niños. Se produce cuando un hijo o una hija siente que no está recibiendo el apoyo emocional necesario de su madre.

Esto ocurre por muchas razones, como la falta de tiempo debido al trabajo o las múltiples obligaciones, o cuando se atraviesa por situaciones personales difíciles. Aunque ella pueda estar físicamente presente, la ausencia emocional suele tener un impacto profundo.

Recuerda que la óptica de tus hijos es acorde a su edad y su madurez, y aunque a veces nos ausentemos por motivos razonables y válidos, es probable que ellos no logren comprenderlos desde su lógica, lo que puede llevar a conflictos de apego. Ante la perspectiva infantil de esta carencia, podría terminar por aparecer el síndrome de la madre ausente.

Consecuencias del Síndrome de la Madre Ausente

La ‘ausencia’ de la figura materna puede acarrear dificultades para establecer relaciones íntimas y seguras en la vida adulta. Al manifestarse el miedo al abandono, es probable que aparezca tarde o temprano un conflicto a la hora de confiar en los demás, abrirse y vincularse.

  1. Problemas de autoestima: Los niños que experimentan una falta de conexión emocional con su madre corren más riesgos de desarrollar baja autoestima y una percepción negativa de sí mismos. Incluso sentir que no son lo suficientemente valiosos o amados.
  2. Dificultades al vincularse: Al manifestarse el miedo al abandono, es probable que aparezca tarde o temprano un conflicto a la hora de confiar en los demás, abrirse y vincularse.
  3. Problemas de regulación emocional: La falta de un apego seguro dificulta la capacidad del pequeño para manejar sus emociones de manera saludable. Le será algo difícil expresar bien sus sentimientos y podría recurrir a comportamientos poco adaptativos.
  4. Búsqueda de aprobación externa: Los niños con síndrome de la madre ausente tienden buscar constantemente la aprobación de los demás, ya que no han experimentado una validación real en casa. Esto podría volverles dependientes de la validación externa para sentirse queridos.

Cómo Prevenir el Síndrome de la Madre Ausente

Las consecuencias descritas son realmente preocupantes, pero prevenirlo y construir un vínculo sólido y seguro es posible. Estas son las consideraciones y las pautas más importantes para conseguirlo:

  1. Tiempo de calidad: Asegúrate de pasar tiempo de calidad con tus hijos e hijas todos los días. Esto implica estar presente emocionalmente, escuchar de forma activa sus preocupaciones y demostrar interés genuino en sus actividades.
  2. Comunicación abierta: Fomenta una comunicación abierta y honesta con tus hijos. Construye un espacio en el que se sientan cómodos compartiendo sus sentimientos y pensamientos contigo. La confianza es importantísima a la hora de brindarles seguridad, así que no subestimes las buenas charlas.
  3. Apego seguro: Responde de manera sensible a sus necesidades emocionales. Bríndales consuelo y apoyo cuando lo necesiten, para que desarrollen un apego seguro contigo. No importa si el problema que plantean te parece nimio, probablemente para ellos sea un suceso trágico producto de su edad y madurez.
  4. Establecer rutinas: Las rutinas en la infancia proporcionan a los niños una sensación de seguridad y previsibilidad fundamental. Establecer horarios regulares para actividades familiares puede parecer algo menor, pero no lo es; les ahorra la sensación de caos e inestabilidad.
  5. Cuida de ti misma: Como madre, también es importante cuidar de ti y mantener un equilibrio entre tus responsabilidades y la maternidad. No siempre es fácil, y cada familia es un mundo, pero para poder brindarle a tus hijos lo mejor, también debes ofrecértelo a ti misma.

En definitiva, es esencial que tomemos medidas para construir un vínculo sólido con nuestros hijos e hijas, proporcionándoles tiempo de calidad, apoyo emocional y una comunicación en la que prime la confianza. Al hacerlo, estarás proporcionándoles la base afectiva necesaria para su bienestar.

Funciones de la Madre en la Crianza Temprana

El papel de la figura materna en la crianza durante los primeros años de vida de un bebé es de vital importancia, ya que es en este período cuando se asientan las bases para el desarrollo emocional, social y cognitivo del niño. En general, se considera que el vínculo entre la madre y el bebé es uno de los más fuertes y significativos en el desarrollo.

Al nacer, los sentidos no están desarrollados, así que el contacto físico, proporcionado principalmente por la madre, es muy importante para que el bebé sienta seguridad, consuelo y sensaciones agradables, necesarios para su regulación emocional. Desde el nacimiento, el pequeño ya empieza su aprendizaje emocional y social, así que los modelos que tenga próximos serán los principales maestros de las habilidades sociales y emocionales que lo enseñarán a comunicarse e interactuar con el mundo.

En la actualidad, gracias a la tendencia social hacia conductas y roles más igualitarios se ha demostrado que, cuando tanto la madre como el padre están presentes y son cariñosos, involucrados y responsables en el cuidado del bebé, esto tiene un impacto positivo en su desarrollo y bienestar.

Principales Funciones de la Madre en la Crianza Temprana

  • Proporcionar cuidado físico: La madre es a menudo la principal cuidadora del bebé en los primeros meses de vida, y proporciona cuidado físico como alimentación, cambios de pañales, baño y vestimenta.
  • Proporcionar seguridad emocional: Los bebés necesitan sentirse seguros y amados. Es a través del contacto y la proximidad físicas, como la madre desempeña un papel fundamental en la provisión de seguridad emocional al bebé.
  • Crear un vínculo emocional con el bebé: La madre es generalmente la primera persona con la que el bebé tiene un vínculo emocional, y esta relación es esencial para el desarrollo emocional y social del bebé.
  • Fomentar el desarrollo cognitivo: La madre fomenta el desarrollo cognitivo del bebé proporcionándole estímulos adecuados y oportunidades para explorar su entorno, así como comunicándose con él de manera afectiva y responder a sus necesidades.
  • Proporcionar un ambiente seguro y de apoyo: La madre es la responsable de proporcionar un ambiente seguro y de apoyo para el bebé, asegurándose de que sus necesidades físicas y emocionales estén satisfechas.

Estas funciones, en el pasado más predominantes en la figura materna, ya están muy compartidas entre ambos progenitores en la actualidad y trabajar juntos como equipo tendrá un impacto más positivo en el desarrollo y bienestar del niño.

Perspectivas Psicológicas

Desde el punto de vista de las distintas corrientes psicológicas, la relación entre la madre y el bebé durante los primeros meses de vida es fundamental para el desarrollo emocional y psicológico del niño.

Según Sigmund Freud, el vínculo materno - filial se desarrolla en la etapa oral del desarrollo, que abarca aproximadamente el primer año de vida del niño. Freud sostiene que la madre desempeña un papel fundamental en la formación del Yo del niño, proporcionando un ambiente seguro y estable para el bebé y satisfaciendo sus necesidades. A través de esta relación, el niño desarrolla su autoestima y su confianza en el mundo que lo rodea.

Otro teórico importante en el campo del psicoanálisis, John Bowlby, desarrolló la Teoría del Apego, que se centra en la relación entre el niño y la figura de apego, generalmente la madre. Según Bowlby, el apego es una necesidad básica del ser humano, y el niño necesita, al menos, una figura de apego estable y segura para desarrollarse de manera saludable. Sobre este apego seguro se establecerá la autonomía y autoestima posteriores que permitirán al niño afrontar los distintos momentos y situaciones de su vida.

Sin un apego seguro bien desarrollado, la probabilidad de padecer trastornos del comportamiento o psicológicos en la niñez y adultez es muy alta.

Etapas del Desarrollo del Vínculo Madre-Hijo

  1. Etapa pre - apego (de 0 a 6 semanas): En esta etapa, el bebé todavía no ha desarrollado un apego específico con una figura de cuidado. En su lugar, los bebés están equipados con patrones de comportamiento innatos que les permiten atraer la atención y el cuidado de los adultos.
  2. Etapa de apego inicial (de 6 semanas a 6-8 meses): En esta etapa, los bebés comienzan a desarrollar un vínculo afectivo con una o varias figuras de cuidado. El apego comienza a establecerse a través de interacciones positivas y predecibles con estas figuras, como ser alimentados, cambiados y consolados cuando lloran. Comienzan a desarrollar un comportamiento específico para atraer la atención de sus figuras de apego, como sonreír o llorar.
  3. Etapa de apego establecido (de 6-8 meses a 18-24 meses): En esta etapa, los bebés forman vínculos más fuertes y específicos con una o varias figuras de cuidado. Los bebés comienzan a usar a estas figuras como una base segura desde la cual pueden explorar su entorno. Se atreven a alejarse paulatinamente porque tienen la seguridad de que podrán volver.
  4. Etapa de reciprocidad (de 18-24 meses en adelante): Comienzan a desarrollar habilidades cognitivas que les permiten comprender y responder a las emociones, necesidades y deseos de sus figuras de cuidado. También comienzan a buscar la reciprocidad en su relación con estas figuras, lo que les permite desarrollar un sentido de confianza y seguridad en sus relaciones interpersonales presentes y futuras.

Cómo Construir un Apego Seguro

La Teoría del Apego de Mary Ainsworth propone que la forma en que los padres interactúan con sus hijos durante los primeros años de vida es fundamental para el desarrollo de un apego seguro en los niños. Según Ainsworth, existen cuatro patrones principales de apego: seguro, evitativo, ambivalente y desorganizado. El apego seguro es el patrón deseado, ya que se asocia con un mejor bienestar emocional y social en la infancia y en la vida adulta.

Para construir un apego seguro, Ainsworth recomendó que las madres adopten ciertos comportamientos que fomenten la conexión emocional con sus hijos. A continuación, se detallan algunos de estos comportamientos:

  • Sensibilidad: Las madres deben ser sensibles a las señales y necesidades de sus hijos y responder de manera adecuada y oportuna. Esto significa estar atentas a las señales no verbales del niño, como su lenguaje corporal, y proporcionar una respuesta amorosa y apropiada.
  • Disponibilidad: Las madres deben estar disponibles para sus hijos cuando los necesiten. Esto implica estar presente tanto física como emocionalmente, asegurándose de que el niño se sienta seguro y protegido en todo momento.
  • Afecto: Las madres deben mostrar afecto y amor por sus hijos de manera consistente y demostrar que se preocupan por su bienestar emocional. Los abrazos, las caricias y el contacto físico son importantes para establecer un vínculo emocional fuerte y positivo.
  • Estimulación: Las madres deben proporcionar a sus hijos oportunidades de exploración y estimulación seguras y apropiadas para su edad. Esto incluye jugar con ellos, leerles y hablarles de manera regular para fomentar su desarrollo cognitivo y emocional.

Es importante comprender que, desde el nacimiento, la madre y su bebé aprenden constantemente uno del otro a través de sus interacciones. La madre (y el padre), tienen que darse la oportunidad y darse el tiempo, la paciencia y la calma para discriminar las distintas respuestas de su hijo, desde la serenidad, no desde la ansiedad o la emergencia, de manera que puedan aprender y conseguir que las interacciones con el bebé sean lo más reforzantes para ambos.

Autonomía y Autoestima

Desde el momento del nacimiento, la función principal de los padres será la de dotar de cuidados y herramientas a su hijo para que pueda adaptarse en las próximas etapas de su vida y valerse por sí mismo en la adultez, es decir, construir a una persona autónoma y capaz.

La autonomía y la autoestima están estrechamente relacionadas. La construcción de la autoestima del niño se basa en la capacidad de desarrollar un sentido de competencia y autonomía en la realización de actividades.

Tipos de Autonomía

  • Autonomía física: Es la capacidad del niño para realizar actividades físicas y cuidar de sí mismo.
  • Autonomía emocional: Es la capacidad del niño para comprender y regular sus emociones.
  • Autonomía cognitiva: Es la capacidad del niño para pensar y tomar decisiones por sí mismo.
  • Autonomía social: Es la capacidad del niño para interactuar y comunicarse con los demás.

El apego seguro será la base sobre la que se apoyará la autonomía y, sobre ésta, una autoestima sana y fuerte. Cuando un niño tiene la oportunidad de tomar decisiones y resolver problemas por sí mismo, aumenta su confianza en sus propias habilidades y capacidades. Esto, a su vez, fomenta el desarrollo de la autoestima del niño. Por el contrario, cuando un niño no tiene la oportunidad de tomar decisiones o resolver problemas por sí mismo, puede sentirse inseguro y desanimado, lo que puede afectar negativamente a su autoestima.

Los padres tienen la responsabilidad de fomentar progresivamente la autonomía del niño, mediante la supervisión cercana, permitiendo la exposición a las distintas situaciones y permitiendo el error.

Ansiedad por Separación

La ansiedad por separación es una respuesta emocional normal en los niños pequeños cuando se separan de sus padres o cuidadores principales. Sin embargo, ciertas conductas de los padres pueden fomentar la exacerbación o el mantenimiento de la ansiedad por separación. Algunas de estas conductas incluyen:

  • Sobreprotección: Los padres que se muestran muy protectores pueden hacer que el niño se sienta más inseguro al separarse de ellos.
  • Rituales prolongados de despedida: Cuando los padres prolongan demasiado las despedidas, pueden generar mayor estrés y ansiedad en el niño.
  • Hablar en exceso sobre el momento de la despedida: Los padres que hablan en exceso sobre la separación pueden generar más ansiedad en el niño.
  • No establecer rutinas: Los niños necesitan tener una rutina diaria que les brinde seguridad y estabilidad.
  • Ausencias prolongadas o frecuentes: Los padres que se ausentan por períodos prolongados o de forma frecuente pueden generar más ansiedad en el niño.

Sin un apego seguro, no habrá una autonomía adecuada y la autoestima del niño y del adulto posterior será baja, provocando dificultades de adaptación y sufrimiento emocional.

La Herida Materna

Las mamás no tienen el manual de instrucciones, y los hijos vienen con muy pocos recursos para comunicar sus necesidades, así que la maternidad viene cargada de una elevada angustia y sensación de incompetencia. No es extraño encontrarse en terapia con madres que tienen la sensación de ser “mala madre” por no saber reaccionar “adecuadamente” ante determinadas situaciones.

Por eso, es de fundamental importancia que la madre reciba apoyo emocional de su red de soporte social. Amor, paciencia, comprensión son claves para que la madre gane confianza en sus funciones y no se castigue cuando comete un error.

De hecho, el contacto con nuestra madre es el más íntimo que tenemos de inicio ya que venimos de ser alimentados a través de ella en el útero y de ser “porteados” también durante nueve meses en su vientre. A veces estas heridas las han originado mujeres “normales” que simplemente no supieron o pudieron dar a sus hijos lo que necesitaban porque ellas mismas no lo recibieron cuando fueron niñas y no tenían referentes.

No se trata de buscar culpables, ni tampoco de invalidar nuestro dolor por justificar a quien lo causó. Es normal que no podamos reconocer el impacto de la herida materna porque este es un tema tabú. Muchas veces, además, tenemos borrados momentos de nuestra infancia y mantenemos solo accesibles los recuerdos que concuerdan con la versión del discurso materno, en términos de Laura Gutman.

Parentificación: cuando el niño se convierte en el «apoyo emocional» para su madre, asume responsabilidades emocionales que son inapropiadas para su edad. Esto les convierte muchas veces en adultos volcados hacia los demás.

Cada herida materna es única y puede haberse fraguado de maneras muy diferentes. LA HERIDA MATERNA.

Sanar la herida materna es un proceso profundo que requiere tiempo, paciencia y compromiso. El primer paso es reconocer que la herida existe y aceptar las emociones asociadas, como el dolor, la tristeza o la rabia, que muchas veces tenemos silenciada, sobre todo las mujeres.

Comprender el contexto en el que se desarrolló nuestra relación con nuestra madre puede ayudarnos a ver con mayor claridad. He señalado antes que esta es una de las principales dificultades que podemos encontrarnos. Y, al mismo tiempo, es de lo más sanador que podemos empezar a entregarnos: momentos de autocuidado. Aprender a establecer límites saludables con nuestra madre, si la relación es conflictiva, es fundamental.

Sanar la herida materna es un viaje único para cada persona. Es un proceso que puede ser desafiante, pero también profundamente transformador.

SANANDO LA HERIDA MATERNA: cómo liberarte (paso a paso) según CARL JUNG - EL PENSADOR MODERNO

Función Materna

Dentro de las denominadas funciones parentales en la crianza de un niño se combinan dos tipos de funciones: función materna y función paterna. La función paterna se define por una presencia discontinua, que representa la ley e introduce el mundo social y profesional.

Así como la función paterna no va ligada únicamente a un sexo, la función materna tampoco queda en exclusividad de una mamá o de una mujer, tampoco necesariamente a la mamá biológica, un gran número de madres adoptantes representan esta función.

La función materna no viene dada por los modelos de género, que indican las conductas o los patrones educativos que los padres y madres pueden realizar, sino por un efecto que tienen que ver con funciones estructurantes del psiquismo.

Tampoco la función materna, desde el psicoanálisis, puede entenderse como un conglomerado de consejos de puericultura, crianza y educación de los hijos, más allá de que pueda resultar interesante conocer ciertos aspectos que contribuyen en el día a día de la interacción padres e hijos que nos aportan otras disciplinas.

La función materna es la interacción en sintonía relacional con el bebé que va configurando un afuera acogedor y amable donde el bebé pueda sentirse formando parte del entrono y el entorno adaptado a su necesidad. A través de esta función se va dosificando el encuentro con ese afuera ajeno y extraño del espacio extra corpóreo que experimenta el recién nacido para convertirlo en un encuentro amable y esperanzador.

Si bien se trata de una función, podemos ver como se va gestando este sostén emocional que permitirá al niño constituirse como sujeto humano desde antes de nacer, cuando surge el deseo mismo de hijo -diferenciado del deseo de maternidad- y luego durante el transcurso del embarazo.

Por eso en la función materna su lugar es privilegiado para acompañar al niño en el recorrido relacional con el mundo que le rodea, pero no en todos los casos es posible y eso no significa que sea sinónimo de complicaciones en el niño.

Su madre en sus vocalizaciones, miradas, con su aroma, su caricias entre lo autoconservativo y el mundo, introduce el placer en sistemas representacionales. El bebé no sólo se nutre con leche, sino con todo lo que acompaña a la alimentación, la voz de su madre, la sensación de piel a piel que le calma y le sostiene.

En el baño, al cambiarlo, se da un encuentro de miradas, de gestos, de palabras, de sensaciones que su madre va despertando en él, experimentando una manera de ser sostenido o no, con firmeza o incomodidad, acunado o arullado. Todo lo que el niño recibe luego lo irá transformando y podrá él comenzar a producir algo nuevo.

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