Anemia Fetal: Causas, Diagnóstico y Tratamiento

La anemia, definida como la disminución de los niveles de hemoglobina en sangre, es una complicación hematológica común en obstetricia. Para la Organización Mundial de la Salud (OMS), se considera anemia cuando la hemoglobina está por debajo de 11 g/dl. Durante el embarazo, ocurre un proceso fisiológico llamado hemodilución, donde el volumen sanguíneo de la madre aumenta progresivamente.

A través de las analíticas de sangre que se realizan dentro del seguimiento y control del embarazo, se valoran los niveles de hemoglobina. Debido a las características especiales de la embarazada por el proceso fisiológico de la hemodilución, los niveles de corte de anemia son diferentes que en la población general. Se considera anémica una mujer gestante que tiene una concentración de hemoglobina inferior a 11 g/dl en el primer trimestre, 10,5 g/dl en el segundo trimestre y 11 g/dl en el tercer trimestre.

Diferentes estudios relacionan, en cierto grado, los niveles alterados de hemoglobina materna con riesgo de parto prematuro y bajo peso al nacer.

Causas de la Anemia en el Embarazo

La anemia es una de las complicaciones más frecuentes durante el embarazo y es causada por un descenso del hierro por debajo de los valores normales. El hierro es esencial para la producción de hemoglobina, la proteína que se encuentra en los glóbulos rojos y que lleva el oxígeno a otras células.

La falta de hierro es la causa más común de la anemia, pero no es la única. También se puede desarrollar anemia si no se toma la cantidad suficiente de ácido fólico o vitamina B12, si la mujer pierde mucha sangre, o debido a ciertas enfermedades o trastornos de la sangre hereditarios como son la anemia drepanocítica o de células falciformes.

También es importante tener en cuenta que en ocasiones la anemia real es algo menor de lo que marcan las analíticas, ya que durante el embarazo aumenta la cantidad de líquido en la sangre y se produce un fenómeno de “hemodilución”.

Síntomas de la Anemia en el Embarazo

Los síntomas durante el embarazo son muy variados, y varían en función de los niveles de hemoglobina. La anemia puede provocar cansancio y fatiga, así como palidez y taquicardia.

Todo esto es debido a que al haber menos glóbulos rojos que puedan transportar oxígeno por la sangre, el corazón debe trabajar más aumentando la frecuencia cardíaca. Sin embargo, también es posible que la embarazada no tenga ningún síntoma, especialmente si se trata de una anemia leve.

El cansancio suele ser un síntoma del embarazo, pero si se acompaña de fatiga, palidez o taquicardia pueden ser señal de anemia durante la gestación. La embarazada debe consultar con el médico si sufre alguno de los síntomas antes descritos de manera continuada a lo largo del día, durante mucho tiempo.

Diagnóstico de la Anemia en el Embarazo

Para salir de dudas, el ginecólogo hace un análisis de sangre en la primera consulta prenatal que le permite detectar una posible anemia. A lo largo del embarazo, cada vez que el médico te manda hacer unos análisis de sangre (en general, uno por trimestre) prestará mucha atención a los niveles de hemoglobina, al número de hematíes o glóbulos rojos presentes en tu sangre y a la cantidad de hierro que tienes almacenada.

El diagnóstico de sospecha de la talasemia se basará en la clínica, la exploración física, los datos hematimétricos y la morfología del frotis de sangre periférica. La microcitosis y la hipocromía constituyen un marcador diagnóstico de la enfermedad y se correlacionan con el grado de disminución de síntesis de la cadena afecta.

Tratamiento de la Anemia en el Embarazo

La dosis de hierro recomendada en el embarazo es de 30 mg diarios, es decir más del 30% de la dosis habitualmente indicada. Si los análisis indican que existe anemia, los médicos recetan un suplemento de hierro de 60 a 120 mg por día o más.

Se puede iniciar la toma profiláctica de hierro pasada la mitad del embarazo y existen multitud de preparados, siendo el sulfato ferroso el que generalmente mejor se absorbe. Elegid el que mejor toleréis con tal de que se eleven los niveles de hemoglobina 0.8 g/dl por semana.

Para absorber la mayor cantidad de hierro posible, lo mejor es tomar las tabletas de hierro con el estómago vacío, ya sea con agua o con zumo de naranja (la vitamina C ayuda a la absorción). Se pueden tomar zumos de naranja, de mandarina, de fresa, de kiwi o agua con limón, para facilitar la absorción del hierro.

En ocasiones, los suplementos de hierro pueden causar efectos secundarios molestos: acidez o ardor, pesadez, flatulencias, estreñimiento o diarrea. En el caso del suplemento de hierro, hay que tener en cuenta que puede provocar náuseas y vómitos. Se debe consultar con el médico si así ocurre y tomarlo siempre que sea posible con zumo de naranja, porque aumenta su absorción.

Para cubrir la dosis de hierro adecuada a todas las mujeres embarazadas se les recomienda comer alimentos ricos en hierro. La carne roja es la mejor opción, aunque la carne de ave (carne oscura), otras carnes y los mariscos también son buenas fuentes.

Entre los alimentos ricos en hierro que no provienen de animales se encuentran los siguientes: legumbres, tofu, pasas, dátiles, ciruelas, higos, albaricoques, patatas (con piel), brócoli o brécol, remolachas, vegetales de hoja verde, panes integrales y cereales fortificados con hierro. Comer alimentos ricos en hierro en el embarazo te ayudará a prevenir la anemia ferrópenica que a menudo sufren las gestantes.

En condiciones normales, una dieta variada y equilibrada es suficiente para asegurar a la futura mamá el hierro que necesita a través de la ingesta. En la carne, los huevos y el pescado, el hierro está presente en una forma química más fácil de procesar para el cuerpo y se absorbe, aproximadamente, el 25% de lo que se ha tomado.

En general sólo se absorbe el 30% del hierro de la dieta y se necesitarían 27 mg/día para suplir las necesidades de la embarazada, que por cierto es imposible de aportar solo con la dieta. Se recomienda tomar el hierro en ayunas (1 hora antes o 2 después de las comidas).

Anemia Fetal: Transfusión Intrauterina

La anemia fetal es una importante causa de morbilidad y mortalidad perinatal. En la actualidad la principal herramienta terapéutica es la transfusión fetal intrauterina, permitiendo una mejoría en el pronóstico y sobrevida en fetos con anemia severa.

Un estudio retrospectivo de los casos de anemia fetal que requirieron transfusión intrauterina en CERPO (Centro de Referencia Perinatal Oriente) entre los años 2003-2019 incluyó 17 embarazos, con un total de 27 procedimientos. La sobrevida perinatal fue de 82%, con un 18% de mortalidad perinatal; una tasa de mortalidad de 3.7% se reportó por procedimiento.

¿Qué pasa si tienes anemia y estas embarazada?

Talasemias

Las talasemias son un grupo heterogéneo de anemias hereditarias, ocasionadas por la disminución de la síntesis de una o varias cadenas de globina, debido a mutaciones en los genes que codifican dichas cadenas. La repercusión fisiopatológica vendrá determinada principalmente por la gravedad de la anemia y el grado de desequilibrio entre las cadenas de α y β-globina.

Existen seis tipos de cadenas de globina humana: alfa (α), beta (β), gamma (γ), delta (δ), épsilon (ε) y zeta (ζ). De las combinaciones dos a dos de las diferentes cadenas de globina tipo α y tipo β se van a formar las diferentes hemoglobinas, en los períodos embrionario, fetal, neonatal y adulto.

Las hemoglobinopatías pueden clasificarse en dos grandes grupos: alteraciones cuantitativas o síndromes talasémicos, caracterizados por la disminución de síntesis de globina, y las alteraciones cualitativas o hemoglobinopatías estructurales, en las que se producen cadenas de globina anormales (hemoglobinas anómalas), por sustitución de uno o más aminoácidos.

La confirmación diagnóstica la obtendremos mediante la identificación de la alteración genética a nivel molecular. Estas alteraciones pueden ser mutaciones puntuales (inserciones o sustituciones), que son las predominantes en las β talasemias; o mutaciones extensas (duplicaciones, deleciones y reagrupamientos), responsables de la mayoría de las β talasemias; (siendo la deleción de uno o varios genes β las más frecuentes).

El estudio molecular no solo nos confirmará la presencia de una forma severa (talasemia mayor o talasemia intermedia), sino que nos va a permitir detectar a los pacientes en fase presintomática, planificar el manejo de las futuras complicaciones y realizar un consejo genético adecuado. De esta forma, se han desarrollado programas de cribado neonatal y diagnóstico prenatal en las primeras semanas de la gestación.

La transfusión tiene un papel central en el tratamiento de la talasemia. El soporte transfusional mejora el desarrollo y crecimiento de los pacientes e inhibe la absorción intestinal de hierro. El trasplante alogénico de progenitores hematopoyéticos es el único tratamiento curativo de la enfermedad.

Tabla I: Genotipos y Fenotipos Clínicos de las Talasemias

Genotipo Fenotipo Clínico
Alteración en un solo gen α (α+ talasemia heterocigótica) Talasemia silente, sin repercusión clínica
Pérdida de tres genes α (Hemoglobina H o HbH) Talasemia intermedia, anemia hemolítica crónica
Pérdida de los cuatro genes α Hb Bart o hydrops fetalis
Talasemia mayor Anemia grave transfusión-dependiente

Recuerda, este artículo tiene un fin divulgativo y no sustituye la consulta médica. Si presentas síntomas de anemia, como fatiga, debilidad o palidez, o si necesitas ajustar tu tratamiento, no dudes en consultar con nuestros especialistas.

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