La historia de Felipe Muñoz e Hijos es un relato de dedicación, arte y servicio a la comunidad, arraigado en la España del siglo XX. Esta es la historia de una familia que dejó una huella imborrable en El Puerto de Santa María.
Orígenes y Familia
Felipe Lamadrid Muñoz nació el 6 de julio de 1920 y falleció el 8 de diciembre de 1980. Fue hijo del matrimonio formado por Felipe Lamadrid Gutiérrez, maestro y periodista, y María Muñoz Rincón. Ambos se conocieron mientras estudiaban en la Escuela Normal de Magisterio en Cádiz. Sus padres ejercieron como maestros en El Puerto. El resto de la familia lo conformaban sus hermanos Manolo ‘Malilo’, María de los Ángeles ‘Ayiyi’, María del Carmen ‘Mamen’ y María de los Milagros ‘Atito’, cariñosos apodos familiares.
Su origen en una familia con formación intelectual le hizo estar desde muy joven, tanto él como sus hermanos, en contacto con las artes. Fue alumno de pintura de Juan Bottaro.
El 28 de Mayo de 1942, se casó con Carmen Pérez, conocida familiarmente por ‘Nena’, nacida en Osuna en 1923, pero vecina en El Puerto en la calle Santa Clara. De este matrimonio nacen siete hijos: María ‘May’, María del Carmen ‘Ika’, María José ‘Pepón’, María de los Milagros ‘Laly’ y, los tres varones, Felipe que heredó las dotes artísticas de la familia, José María y Pedro Pablo.
La Guerra Civil y sus Consecuencias
En Julio de 1936, cuando contaba con 16 años de edad, estalla la Guerra Civil, y su padre es detenido y encarcelado en el Penal de El Puerto. A esa edad, Felipe hubo de alistarse e ir a la guerra para así confraternizar con el llamado bando nacional para evitar su fusilamiento. De aquella triste experiencia le quedó la secuela de un tiro en el dedo del pie y otro en la espalda a la altura del hombro.
Mapa de la Guerra Civil Española
Su Profesión: Practicante y Servidor Público
Su profesión de practicante --como se conocía entonces a los ATS-DUE-- le hizo ser muy conocido en la Ciudad, por su trato amable hacia los demás y su actitud desprendida con muchas familias que padecían múltiples carencias de la época que les toco vivir, acompañado de un inseparable cigarro en la comisura de los labios.
Sus conocimientos de medicinas y preparados específicos aprendidos como ayudante en la botica de Mejías, hoy Farmacia Viqueira, le valieron para aprender con maestría aquellas formulaciones que se elaboraban en dicha farmacia, actividad muy común en la época, pues entonces se preparaban y fabricaban los medicamentos por el propio farmacéutico y su equipo aventajado.
En sus inicios comienza a trabajar como facultativo en el Pósito de Pescadores, en la actualidad Instituto Social de la Marina, lugar donde se sitúa en el desaparecido edificio de la Cofradía de Pescadores, frente al río hoy solar a la espera de plaza, y frente a la también desparecida Lonja del Pescado que estaba justo enfrente. Posteriormente oposita al Cuerpo de Practicantes en Medicina y el 10 de julio de 1965, se resuelve con carácter definitivo el concurso para provisión en propiedad de plazas de la plantilla del Cuerpo de Practicantes Titulares, siendo asignado en principio a la Casa de Socorro, en la calle Benjumea, en Cádiz.
Finalmente se le asigna en propiedad por concurso de méritos la plaza en la Casa de Socorro de El Puerto de Santa María, situada en aquel entonces en el Hospital de San Juan de Dios, hoy en desuso y a la espera de mejor destino, en la calle Micaela Aramburu, donde trabajó hasta el fin de sus días. Antes estuvo destinado como practicante en una pedanía de Cáceres, hasta conseguir la antigüedad y méritos suficientes para volver a su tierra.
Eran tiempos de mucha precariedad y con una familia tan grande, Felipe hubo de trabajar a destajo, compatibilizando y ejerciendo la profesión de Practicante en la Casa del Mar (perteneciente al Instituto Social de la Marina) en la Casa de Socorro, que estaba en el Hospital de San Juan de Dios.
Labor Altruista y Reconocimientos
También llevaba la enfermería de la Plaza de Toros de El Puerto, lugar que le hizo conocer las figuras del toreo del momento. Y como no, también fue el practicante del Racing Club Portuense, labor que desarrollaba de forma altruista y que le valió un merecido homenaje en 1975, donde le impusieron la insignia de oro del club.
Su familia le recuerda “Siempre haciendo guardias, hacia las suyas y cubría las que le ofrecían sus compañeros. Todo el trabajo era poco para una familia tan grande. Su vida transcurre entonces en todos los ámbitos de la ciudad, al ser una persona muy conocida ya que trataba a familias enteras de todos los sectores sociales, pero mucho más las vinculadas al mar. Su bonhomía, además de su buen hacer profesional, le hicieron ser una persona célebre y estaba presente en un sinfín de familias portuenses, amén del trato afable que tenía con la gente.
Sus hijos recuerdan, como aun hoy día, les para gente por la calle diciéndoles: «--Mi hija se me puso mu malita una noche que llovía a cántaros, con una tos de pecho que no sabía que hacer… y tu padre me la salvó….» Otro que decía «--Creía que se asfixiaba de un ataque y no sé lo que le puso, pero mira lo bien que está. Me ha dado ya tres nietos». O aquel jardinero que necesitaba sus manos porque eran su “herramienta” y le dijo una vez a su hijo Pedro Pablo «--Estos dedos me lo querían cortar, y tu padre me dijo que eso lo último.
También cuenta la familia como un matrimonio americano entró con la mujer desvanecida y herida en el Hospital de San Juan de Dios, el medico no lograba entender lo que quería decir el americano en cuestión, y el hombre gritaba con desesperación . El medico entonces dijo: «--¡Llama a Felipe!». Felipe atendió a la mujer, calmó al marido y le hizo ver que lo entendía: La mujer era alérgica a los antibióticos y el marido estaba aterrorizado con que la trataran con el medicamento. Felipe, trató a la mujer y salió del hospital al día siguiente. Al mes siguiente recibió una carta desde California, agradeciendo los servicios prestados, en una carta traducida al castellano, recibiendo como regalo un estetoscopio de última generación, no comparable a los existentes en España por aquella época. La persona era alguien relevante en aquel país.
Como curiosidad, se dirigió a Felipe como Doctor Lamadrid y, en su carta también agradecía a su “ayudante” … ¡que era el médico! En definitiva, la celeridad y buen hacer de su actuación, le hizo creer que el medico era Felipe y el verdadero médico, su ayudante, ya que ambos llevaban puesta la misma bata blanca.
El Azulejo en la Plaza de Toros
En Agosto de 2005, se le dedicó un azulejo en la Plaza de Toros de El Puerto, fruto de un homenaje que le brindo una Peña Taurina de Jerez. No asistió ningún representante del Gobierno Municipal de El Puerto, salvo el ex alcalde Fernando Gago y el entonces concejal de IU, José Manuel Vela, que lo conoció personalmente.
Recuerdos de su Hijo Pedro Pablo
Su hijo Pedro Pablo recuerda «--Tendría unos seis o siete años como mucho, mi padre me llevaba al Hospital con él los días de corrida de toros, íbamos andando desde casa que estaba a unos 150 metros del hospital. Yo esperaba entonces en el patio mientras preparaban el instrumental en unos recipientes metálicos que iban apilando hasta formar una torre. Cuando llegaba la hora me montaba en la ambulancia que conducía un señor de tez rosada, era un Dodge-Dart enorme de color blanco. Una vez que se introducía en la ambulancia todo el instrumental, yo me montaba detrás y ¡ponían la sirena! Cuando llegaba a la plaza de toros se abrían esas puertas tan grandes.
Servicio en la Playa de la Puntilla
Cuando llegaba la época estival, se trasladaba el servicio de la Casa de Socorro a la Playa de la Puntilla, instalándose allí la familia en pleno. Por las mañanas el coche grande de Bootello, llevaba a La familia a la playa y allí pasaban el día. Felipe, trabajaba durante el día en la Caseta de Socorro que se instalaba en la entrada de la playa, donde hoy día está el paseo marítimo, frente al antiguo Bar Piriñaca.
Fallecimiento y Legado
El 8 de Diciembre de 1980, fallece tras una penosa enfermedad que lo tuvo apartado de su profesión durante casi un año. Se repuso en el verano de 1980, pero recayó a primeros de Diciembre. Fue tratado en la Clínica del entonces Dr. Frontela por muchos de sus compañeros, pero nada se pudo hacer.
Muchos de los amigos que lo conocieron y personas que lo trataron o recibieron sus servicios profesionales lamentan que, después toda una vida de entrega y generosidad que dio a la Ciudad que lo vio nacer, no tenga ni siquiera una calle que le recuerde. Fueron muchos años de entrega y labor que prodigó en favor de muchas familias humildes, donde no primaba el dinero, sino el afán de servicio y los valores humanos.
