Juanita Reina: Biografía de la Reina de la Copla Española

Una folclórica siempre lo hizo antes. Esto vale para casi todo. Ahora que vivimos en la era de las fake news, se podría pensar que la expansión a gran escala de bulos es un mal exclusivo de nuestro tiempo, pero no; también en esto han sido pioneras las folclóricas.

En este artículo, exploraremos la vida y el legado de esta figura emblemática, desde sus primeros pasos en el mundo del espectáculo hasta su consagración como un ícono de la cultura española.

Primeros Años y Comienzos Artísticos

Juanita Reina había nacido en el sevillano barrio de La Macarena el 25 de agosto de 1925 mientras su padre, Miguel, estaba en la guerra de Marruecos. Dolores, su madre, dio a luz a 15 niños de los que sobrevivieron nueve. Tras el fallecimiento de los dos primeros, con seis meses y siete años respectivamente, Juanita -que había sido la tercera en nacer- se convirtió en la mayor de los hermanos. Ser la primogénita de una familia tan numerosa como la suya colocó mucho peso sobre los hombros de la niña.

En la biografía que María Jesús Pérez Ortiz le dedica, titulada Juanita Reina: un estilo, una época (Arguval Editorial), la autora detalla cómo la infancia de la futura estrella consistió en gran medida en dedicarse a las tareas del hogar: “Cuando su madre llegaba del trabajo, su hacendosa y disciplinada hija ya le tenía arreglada la casa. Juanita siempre fue consciente desde muy pequeña de la lucha que tenía su madre con tantos hijos”.

En los descansos de aquellos cuidados prematuros, Juanita disfrutaba acompañando a su abuelo al cine. Allí se quedaba embobada viendo a Greta Garbo o a Imperio Argentina. Después, cuando llegaba a casa, se encerraba en el baño a repetir los diálogos frente al espejo mientras soñaba con ser como ellas.

Se sentía inclinada hacia la interpretación, pero fueron sus dotes para la canción las que primero suscitaron interés. Era habitual que cantara para las vecinas, que muchas veces le ofrecían algún dulce a cambio de escucharla. Tomó la comunión, continúa contando su biógrafa, con un traje prestado. Ya adolescente, Juanita tuvo su primera bata de cola. Se la cosió una vecina llamada Carmen que la apoyaba en su empeño de ser cantante. El vestido, de percal, era blanco y estaba cuajado de lunares azules. Sería el primero de muchos.

Pero nada más lejos de ese despliegue textil que sus discretos comienzos. Juanita debutó, a escondidas de sus padres, como corista de una zarzuela. Tenía 13 años. En el Teatro Cervantes de Sevilla se representaba La rosa del azafrán, obra con música del maestro Jacinto Guerrero y libreto de Federico Romero Sarachaga y Guillermo Fernández-Shaw Iturralde inspirada en El perro del hortelano de Lope de Vega. Confundida entre el resto de muchachas del coro -como en su día hiciera, por ejemplo, la Fornarina, que también debutó como corista antes triunfar en solitario como cupletista-, Juanita Reina se subió a un escenario por primera vez. Poco después logró convencer al director de actuar en solitario en el fin de fiesta. Interpretó -aclara Pérez Ortiz- la canción Salomé, originalmente compuesta para Pastora Imperio.

Es más que probable que la oposición inicial de la familia a su vocación artística se debiera precisamente al temor de que acabara engrosando las filas de esa feminidad fatal. La moral sexual de las artistas era habitualmente puesta en entredicho y la de folclórica no parecía la mejor carrera para una jovencita de orden, de ahí que Juanita debutara a escondidas. Sin embargo, no pudo evitar que los rumores llegaran a su padre. Una noche, sin decirle nada, él se presentó en el teatro para verla cantar y comprobó con sus propios ojos el incipiente éxito de su hija. Miguel comprendió que frenarla era tratar de poner puertas al campo y desde ese día la acompañó en todo momento, convirtiéndose en su más fiero guardián.


Juanita Reina en una de sus actuaciones.

Ascenso a la Fama

La carrera de Juanita no tardaría en despegar. A principios de los años cuarenta ya triunfaba con sus primeras películas: La blanca paloma (Claudio de la Torre, 1942) y sobre todo Canelita en rama (Eduardo García Maroto, 1943), donde compartía pantalla con la mismísima Pastora Imperio. También sobre los escenarios despuntaba con un espectáculo teatral inicialmente titulado Variedades pero que acabaría siendo rebautizado como Los Churumbeles en honor al número musical más celebrado.

Cuentan que cuando el rapsoda González Marín lo vio no pudo evitar exclamar: “¡Menudo grano le ha salido a la Piquer!”. Por aquel entonces Juanita no tenía ni 20 años, mientras que Conchita no solo venía triunfada de Broadway sino que llevaba tiempo señoreando las tablas españolas sin que nadie, según ella, “le pisara el poncho”. A la pregunta de si tenía rivales, solía responder: “No, lo que he tenido han sido muchas imitadoras”. En una ocasión le preguntaron por Juanita Reina y contestó, no sin cierto desdén, que “le tenía simpatía porque era buena hija de familia”.

Sin ser ni mucho menos el único en hacerlo, Terenci Moix reconocía en sus Suspiros de España que esa joven Juanita Reina era “ya un mito de alcance nacional y la única tonadillera que podía dar motivos de preocupación a toda una Piquer”. La rivalidad estaba servida. En 1992 durante una entrevista a Rocío Jurado para el programa La copla tiene memoria de Radiolé, el periodista y escritor Manuel Román, gran conocedor de este género, se refirió -como venía siendo habitual- a una cantante como “Juanita” y a la otra como “Doña Concha”. La Jurado, que también había tenido sus más y sus menos con la valenciana, le respondió entre risas: “Será Juanita y Conchita o Doña Juana y Doña Concha, digo yo”. Sin atisbo de duda, Juana Reina también se ganó con su brillante trayectoria un “doña” que, sin embargo, parecía casar menos con su carácter afable y cercano.

En 1943 estrenó Solera de España, un espectáculo creado a su medida por Antonio Quintero, Rafael de León y Maestro Quiroga que contaba con temas como Tabaco y seda, Callejuela sin salida o Ni hablar del peluquín. Este tanguillo constituye uno de los primeros registros de esa expresión popular. La canción contaba con tono humorístico la historia de un hombre mayor que estrenaba peluquín para cortejar a una mujer más joven. Ignorar la evidente existencia del postizo era uno de los muchos esfuerzos que tenía que hacer la muchacha para casarse con el señor, de ahí el repetido consejo de “ni hablar del peluquín”. Solera de España tuvo un éxito tan atronador que al año siguiente Juanita Reina estrenó un renovado espectáculo llamado Solera de España nº 2 y así continuó año tras año hasta llegar al nº 6.

Como muchos otros artistas, Juanita también cantó para Franco en varias ocasiones y acudió a las famosas recepciones que el dictador organizaba cada 18 de julio en La Granja. No paraba de encadenar trabajos en el cine, tanto que cuando a Lola Flores le preguntaron en 1950 por qué no hacía más películas, ella contestó: “Porque Juanita Reina tiene acaparado todo esto del folclore”.

Dos de los personajes más recordados de Juanita eran precisamente tocayas de la Faraona. Tanto en La Lola se va a los puertos (Juan de Orduña, 1947) como en Lola la piconera (Luis Lucia, 1951) Juanita interpretaba a temperamentales y algo arquetípicas cantaoras, inicialmente protagonistas de obras teatrales, la primera de los hermanos Machado, la segunda de José María Pemán. Con todos los ingredientes habituales de Cifesa, estaban concebidas para mayor gloria de su protagonista, cuyos números musicales eran el verdadero plato fuerte. Pese a la importancia de las canciones en sus películas, Juanita tenía -a diferencia de otras folclóricas- buenas dotes de actriz. Nunca usó colirio, ya que lloraba con facilidad a demanda del guion. Ella misma contó que prefería lo dramático, aunque tanto en cine como en música siempre lo alternó con la comedia.

En su repertorio musical conviven canciones humorísticas como Compuesta y sin novio con verdaderos dramas como los recordadísimos pasodobles Francisco alegre y Capote de grana y oro, este último compuesto en recuerdo de la muerte de Manolete, con el que Juanita tenía mucha amistad. También dio vida en algunas canciones a mujeres que habitaban los márgenes morales y sociales del momento. El propio Rafael de León dudó de si querría interpretar Yo soy esa, una atrevida copla protagonizada por una prostituta. Reina aceptó, pero prefirió no cantarla fumando un cigarro bajo la luz de una farola como le sugirieron sino sosteniendo un clavel entre las manos, insistiendo en la carga dramática de la letra.

A principios de los años cincuenta Juanita Reina estaba en la cima, pero había un tema que parecía inquietar al público más allá de sus cualidades artísticas: su soltería. Se lo preguntaban en entrevistas y ella, risueña, contestaba: “Para eso me falta lo principal: ¡el novio!”. Los años pasaban y la vigilancia social se intensificaba. Se comentaba que la causa era el rigor con que su padre la protegía. Además de encargarse de la parte empresarial e incluso responder a menudo a los periodistas por su hija, espantaba personalmente a los numerosos pretendientes. Lo llegaron a apodar “el telón de acero de Juanita Reina”. “Era muy celoso, me cuidaba al máximo y había personas que lo censuraron muchísimo por eso, pero ahora que yo tengo a mi hijo lo comprendo”, diría Juanita al cabo del tiempo. Alentada por su padre, seguía una disciplina de trabajo férrea. Su sobrina, Charo Reina, recuerda que Juanita “evitaba hablar durante el día y dormía con un pañuelo de seda natural al cuello para cuidar sus cuerdas vocales.


Juanita Reina en una de sus interpretaciones más emotivas.

Matrimonio y Vida Personal

El padre de la artista se opuso en un principio a la relación y le impuso al pretendiente tres años de espera sin verla para probar que sus intenciones eran buenas. Se dice que durante la prohibición se dejaban furtivas cartas de enamorados detrás del camarín de la Macarena. Precisamente en esa basílica se casaron tiempo después entre un gentío que los jaleaba. Rafael de León contó su historia de amor en la copla En el último minuto que cantaba la propia Juanita: Si en la época lo más frecuente era que la mujer abandonara el mundo laboral al contraer matrimonio, la singular posición social y económica que ocupaban las folclóricas hacía que en su caso a menudo sucediera al revés. Muchas veces eran los maridos quienes daban un paso atrás para apuntalar las carreras de ellas.

La cantante y activista feminista Alicia Murillo comenta a este respecto que “estos hombres no tuvieron más remedio que claudicar al feminismo de una forma práctica sin saber qué era el feminismo”, debido tanto al éxito económico de ellas como a sus fuertes personalidades. Federico, señala Murillo, “no es que viniera deconstruido de antes, eso fue cosa de Juanita. Él quiso quitarla de los teatros pero ella (cuentan que con ternura y firmeza) le dijo que eso no podía ser. Digamos que Juana tuvo arte para explicarse y él supo entender bien”.

“Ha demostrado quererte, te tiene como tú te mereces ¡Un aplauso para Caracolillo!”, le dijo Lola Flores a Juanita Reina cuando compartieron escenario en 1985 en el teatro Álvarez Quintero de Sevilla. Tan solo un año después del enlace entre Caracolillo y Juana Reina nació Federico Casado, el único hijo de la pareja, muy implicado en la puesta en valor del legado de sus padres. Recuerda a su madre, me dice, como “una mujer muy humilde, entregada a su familia. Era muy buena cocinera y le encantaba la naturaleza, se embelesaba con una flor, con el cielo, con el sol...”.

La Tumba de Juanita Reina: Homenaje a la Voz Eterna de la Copla Española

Últimos Años y Legado

A partir de los años 70 Juanita Reina disminuyó sus espectáculos para centrarse cada vez más en su familia. En 1978 intervino en el programa Cantares de Lauren Postigo y más adelante, ya en 1989, en Las coplas de Carlos Herrera. El broche de su carrera fue participar, junto a Imperio Argentina, Nati Mistral, Rocío Jurado y María Vidal en el espectáculo Azabache con motivo de la Expo de Sevilla de 1992. Solo siete años después, el 19 de marzo de 1999, Juanita Reina falleció. Fue enterrada en el Cementerio de San Fernando de su Sevilla natal, donde la despidieron varios miles de personas.

Así nació ... el diminutivo para lo que iba a ser, sin embargo, una carrera mayúscula, tanto que acabó por encender los luminosos del Radio City Music Hall, el mítico escenario de New York, New York, donde obtuvo un éxito que las crónicas de la época bautizaron de clamoroso junto a Minerva, su pareja artística de entonces, con nombre de diva italiana. También cuentan que su paso de baile llegó a ser tan rotundo que la mismísima Ava Gardner, aquella que llamaron el animal más bello del mundo, iba a verlo a Florida Park, corazón artístico madrileño.

Pero en esta biografía hay otro corazón. Aquel de la hija de Miguel el pescadero, la niña macarena que un día subió a los altares de la copla. En la Macarena, claro, se casaron. Y él, dicen, entendió que no podía haber dos estrellas en casa. Así que Federico Casado apagó la suya para ser la sombra de otro brillo, el de la gran Juana, la que abría majestuosa su capote de grana y oro. Ella se fue; su adiós de peina y bata de cola puso epílogo a una época.

Juanita Reina ha sido y es, con la salvedad de doña Concha Piquer -la creadora del género-, una de las más grandes artistas de nuestra época que dignificó la copla. La conozco desde que tengo quince años y para mí ha sido, junto con Rocío Jurado, una de mis preferidas. Siempre tuvo un público muy fiel y sus canciones se siguen cantando.

Era una mujer nacida en familia humilde, del barrio de la Macarena, que siempre miró por sus hermanos y cuidaba de ellos, al ser la primogénita. Era muy casera, bastante religiosa, y una gran melómana. No sólo le gustaba la copla sino que también disfrutaba con la zarzuela.

Juanita tenía un estilo personal, con esa voz de contralto y esa forma de moverse que le dieron tanto éxito y que le otorgaron la categoría de exigir que le hicieran sus espectáculos los mejores autores de la época, como fueron Quintero, León y Quiroga.

Muchos, como el torero Manolo Vázquez, el conde de Halcón… Incluso se decía que para Franco fue su amor platónico.

Juanita fue muy sacrificada y fiel a Miguel, su padre, porque él apostó por ella con su propio dinero para montarle el primer montaje que se estrenó en el teatro San Fernando de Sevilla, con un éxito enorme, por cierto. Eran otros tiempos y Juanita respetó siempre sus decisiones durante muchos años, fueran más o menos correctas.

Ella conoció a Federico Casado “Caracol de Cádiz”, pero su padre no estaba por la labor a pesar de que ya tenía 35 años. Tuvieron que verse a escondidas y se dejaban las cartas de amor detrás del Camerín de la Macarena.

Bueno, en lo personal Federico Casado era un hombre bastante serio y celoso -como ella decía “era muy moro”- y la quería solo para él cuando Juanita había alcanzado su éxito gracias al cariño de su fans.

Era muy religiosa y sentía una devoción muy especial por la Virgen de la Macarena. De hecho, dio su pelo cuando se hizo artista a la Hermandad para que la Virgen lo luciera. También hizo muchas donaciones de forma anónima a la cofradía para enseres y obras de caridad e incluso Juanita pidió a Rafael de León que compusiera la plegaria “Esperanza y Macarena”.

Siempre fue muy querida y respetada por sus amigas. Tenía un cariño especial con todas. La querían mucho Lola Flores, Paquita Rico, Dolores Abril y, sobre todo, Rocío Jurado, que la admiraba desde niña, cuando iba en verano a Chipiona y la escuchaban cantar desde las rejas de su chalet.

Juanita era Sevilla, era Giralda, era Alameda, era Guadalquivir… y esta ciudad siempre la ha querido muchísimo, pero también la quieren en Valladolid, en Madrid, en Castilla La Mancha, en Córdoba… Aquí le han puesto una glorieta en el Parque de María Luisa, donde también la tiene Rafael de León.

De haber una estrella de la copla andaluza que pudo medirse con Conchita Piquer durante la posguerra esa fue Juanita Reina. A los trece años debutó en el coro de una zarzuela de aficionados cantando una copla de Estrellita Castro. Su padre, que no quería que su hija fuera artista, acabó siendo su apoderado y montándole su primer espectáculo: «Los churumbeles». El éxito de la tonadillera fue tal que la función recorrió toda Andalucía y acabó en Barcelona, donde la «La Voz de su Amo» la contrató por 125.000 pesetas para grabar su primer disco.

En la cresta de la ola, su padre, que era un humilde pescadero, le propuso a Rafael de León que le escribiera un espectáculo, que tituló «Tabaco y seda». La canción que «saltó a la calle» fue «Doña Mariquita de los Dolores». Con veintidós años se consagró en el cine con «La Lola se va a los puertos» (1947), cantando las coplas andaluzas escritas por Quintero, León y Quiroga con un dramatismo majestuoso y una vis cómica que enamoró al público. Nadie paseaba la bata de cola como ella, excepto doña Concha.

Cuenta Juanito Valderrama en su biografía «Mi España querida» (2002) que cuando la compañía de Concha Piquer en la que él trabajaba se embarcó para América en 1943 «a quien le vino mejor que a nadie fue a Juanita Reina que era competidora en los espectáculos folklóricos. Concha Piquer se fue a América y Quintero, León y Quiroga se quedaron sin figura, y entonces empezaron a escribirle a Juanita Reina. Todo lo que tenían preparado para la Piquer fue entonces para Juanita Reina, que debutó con el espectáculo «Solera de España» con todos esos temas que tenían guardados, y ya le hicieron «Francisco Alegre» y todo lo suyo grande».

Sus canciones son verdaderos dramas de amor y dolor pues «el amor necesita del dolor para llegar a las puertas de la felicidad». Ella inspiró amor. Soltera yo no me quedo», cantó Juanita Reina derrochando ironía para responder a las críticas de los que veían pasar los años sin que ella pasara por el altar. «Soltera yo no me quedo, mandarme ya los regalos, lo mismo da un camafeo que dos cucharas de palo (...) Igual que Sansón acaba con todos los filisteos por más que me pongan trabas, soltera yo no me quedo», cantaba Juanita con desparpajo y determinación la letra que le escribió Rafael de León.

Corrían los primeros años sesenta. Las mujeres todavía parecían estar programadas para casarse y tener hijos como única misión en la vida. En 1964 contrajo matrimonio, ya con 39 años, con el bailaor de flamenco Federico Casado, “Caracolillo”. Juanita, igual que doña Concha aprendió de Rafael de León cada gesto, entonación y forma de «decir» las canciones. A él se debe la majestuosidad y dramatismo de las tonadilleras entonando las coplas. Todas ellas y muy en especial Juanita Reina se parecen a la hora de decir la copla y desenvolverse como divas por las tablas con la desenvoltura y tronío que les enseñaba Rafael de León.

Por su belleza y también por su elegancia cantando, Juanita Reina encarnó la figura de la «Reina y Señora de la copla española», con su potente voz y su forma de modular unas letras tan sentidas como «Capote de grana y oro», «Madrina», «Yo soy esa» y su mayor éxito «Y sin embargo, te quiero», con estos famosa estrofa de Rafael de León: «Que se me paren los pulsos si te dejo de querer / Que las campanas me doblen si te falto alguna vez».

Las películas folclóricas eran sainetes y folletines ingenuos, con tenue un hilo argumental para que las tonadilleras entonaran las coplas. Su impronta antes de la Guerra Civil española lo marcaron Estrellita Castro e Imperio Argentina: gitanas salerosas acompañadas de un personaje cómico, normalmente Miguel Ligero. No es por tanto un invento del franquismo. La paradoja del éxito que tuvo la copla durante las décadas del franquismo fue que la creara Rafael de León, un homosexual falangista que no escondía para nada sus amores oscuros gracias a su anonimato.

Aquel día la copla y Sevilla enmudecieron. Fallecía rodeada de su familia la gran señora de la copla, Juanita Reina, artista que paseó por todo el mundo su arte y humanidad antes de descansar para siempre en el lugar que el cementerio de San Fernando de Sevilla tiene reservado para los grandes. Aquel día, la voz de «Francisco Alegre», «Capote de grana y oro», «Madrina», «Yo soy esa» o «Las cinco farolas» se apagaba rodeada de sus familiares. Si Quintero, León y Quiroga hubiesen estado vivos para relatar, en la letra de alguna de sus famosas coplas, la muerte de Juanita Reina, habrían comenzado por el lugar y la hora en la que esta se produjo. A las 20:30 horas del 19 de marzo de 1999, en la Clínica Sagrado Corazón de Sevilla, la reina de la copla se fue para siempre.

Filmografía Selecta

  • La Blanca Paloma (1942)
  • Canelita en Rama (1943)
  • Macarena (1944)
  • La Lola se va a los puertos (1947)
  • Lola la Piconera (1951)

Reconocimientos

  • Medalla de Plata al Mérito en el Trabajo (1975)
  • Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes (1960)
  • Lazo de Dama de la Orden de Isabel La Católica
  • Medalla de Oro de Andalucía (1992)
  • Hija Predilecta de Sevilla (título póstumo)

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