Espasmos Benignos del Lactante: Causas, Síntomas y Tratamiento

Los espasmos infantiles pueden ser una experiencia muy desconcertante para cualquier madre o padre. Ver a un bebé o a un niño pequeño presentar movimientos bruscos, sacudidas o posturas extrañas genera preocupación. Pero, ¿qué son exactamente los espasmos infantiles? ¿Son siempre motivo de alarma?

¿Qué son los espasmos infantiles?

Los espasmos infantiles son una forma de convulsión que puede aparecer en bebés, normalmente entre los 3 y los 12 meses de vida. A menudo se manifiestan como movimientos súbitos de la cabeza, el cuello, los brazos o el tronco, que suelen durar solo unos segundos. Los espasmos infantiles no siempre se presentan como una convulsión típica (con pérdida de conciencia o sacudidas violentas).

¿Cómo reconocerlos?

Detectar los espasmos infantiles a tiempo puede marcar una gran diferencia en el desarrollo neurológico del bebé. Si como madre, padre o cuidador sospechas que tu bebé presenta movimientos inusuales o repetitivos, el primer paso es acudir al pediatra.

El diagnóstico de los espasmos infantiles no siempre es sencillo, ya que pueden confundirse con otros movimientos normales de los bebés, como los sobresaltos por reflejo, cólicos o espasmos benignos del lactante. El médico te preguntará sobre diversos aspectos para comprender mejor la situación: cuándo comenzaron los movimientos, con qué frecuencia ocurren y cómo son exactamente los espasmos.

Además de las pruebas médicas, el especialista observará cómo se comporta y desarrolla el bebé de manera cotidiana. Recuerda que, aunque esta información puede ayudarte a entender mejor qué son los espasmos infantiles y cómo actuar, nada sustituye la valoración de un profesional de la salud.

Causas de los espasmos infantiles

Las causas que pueden originar espasmos infantiles son muy variadas:

  1. Causas sintomáticas: Ocurren cuando hay una lesión o alteración conocida en el cerebro.
  2. Causas criptogénicas: Son aquellas en las que no se puede identificar una causa clara ni visible a través de las pruebas médicas convencionales, como una resonancia magnética o un análisis genético.

La esclerosis tuberosa compleja también puede ser una causa.

Diagnóstico de los espasmos infantiles

Detectar los espasmos infantiles de forma temprana es fundamental para mejorar el pronóstico del niño. En cualquiera de estos casos, lo más recomendable es acudir primero al pediatra de cabecera. El EG es una de las pruebas más importantes para confirmar el diagnóstico. En los casos de espasmos infantiles, el EEG puede mostrar un patrón característico llamado hipsarritmia. La resonancia magnética cerebral permite obtener imágenes detalladas del cerebro.

Síndrome de West

El síndrome de West es una encefalopatía epiléptica que se presenta cuando el cerebro está dañado. El síndrome de West se manifiesta mediante 3 síntomas:

  • Convulsiones o espasmos infantiles.
  • Retraso psicomotor. Esta demora en el desarrollo del recién nacido podría ser previa o posterior a los espasmos.
  • Alteraciones del electroencefalograma. Se conocen por el nombre de hipsaarritmias y se trata de una desorganización de la actividad cerebral.

Síndrome de West - conceptos básicos por el Dr. Antonio Russi

Una forma de saber si tu hijo tiene el síndrome de West es detectar una pérdida de sus habilidades motoras, como por ejemplo dificultades para voltear el cuerpo o no poder sentarse. Es posible que también presente alteraciones neurológicas como la falta de reflejos, o que sea incapaz de seguir objetos con la mirada. También es frecuente que cambie el estado de ánimo del niño.

Convulsiones en bebés

Las convulsiones consisten en sacudidas violentas e involuntarias de gran parte de los músculos del cuerpo. Las convulsiones en bebés recién nacidos no siempre son fáciles de detectar. De hecho, en ocasiones una convulsión puede manifestarse únicamente porque el recién nacido mueve los labios o mastica involuntariamente. En los lactantes más mayores o niños, los temblores musculares de las convulsiones son más evidentes.

Los espasmos epilépticos son un tipo de crisis epiléptica característica de la etapa infantil que se ha asociado en muchas ocasiones con el síndrome de West. Los espasmos epilépticos provocan que los brazos y las piernas se pongan rígidos y la cabeza del bebé se incline hacia delante. Suelen durar uno o dos segundos, aunque normalmente vienen acompañados por series de varios sucesivos.

La causa de estos espasmos infantiles puede originarse en alguna lesión cerebral en el bebé, trastornos metabólicos o genéticos.

Tratamiento para espasmos infantiles

Para ello, se suelen recetar un tratamiento para espasmos infantiles basado en medicamentos para reducir o eliminar las convulsiones como anticonvulsivos, corticoides o vigabatrina. Sin embargo, si la medicación no logra controlar los espasmos, algunos expertos suelen recomendar a los padres seguir una dieta cetogénica.

Trastornos Paroxísticos No Epilépticos (TPNE)

Los Trastornos Paroxísticos no Epilépticos (TPNE) se definen como episodios que se van repitiendo con cierta frecuencia, más o menos estereotipados, y que remedan a una crisis convulsiva, pero que en realidad no son epilépticos. Una crisis epiléptica se define como: un evento clínico ya sea motor, comportamental, sensorial o sensitivo, como resultado directo de un cambio o una descarga en la actividad eléctrica cerebral. El 15% de niños menores de 15 años han padecido algún tipo de trastorno paroxístico.

La incidencia de los TPNE en la infancia es 10 veces más elevada que la de los trastornos paroxísticos epilépticos (TPE) (10:1). Mayor angustia genera no diagnosticarlos o etiquetarlos erróneamente de epilepsia, cuando en realidad no lo son. Someterlos a medicación antiepiléptica cuando no la necesitan, a muchos exámenes complementarios que no precisan, o a las limitaciones propias de la epilepsia cuando no lo requieren. Todo ello forma parte de los errores habituales que se pueden cometer cuando no se analizan en profundidad o se desconocen los TPNE de la infancia.

Existen muchas clasificaciones de los trastornos paroxísticos no epilépticos, pero preferimos agruparlos por edades de presentación y, dentro de cada edad, relacionarlos: con el movimiento, con la hipoxia, con el dolor, con el sueño, con trastornos psicógenos y, para terminar, un amplio grupo de miscelánea (Tabla I). No podemos repasar en este capítulo todos y cada uno de los TPNE, existen algunas monografías al respecto, donde se detallan todo los TPNE.

Ejemplos de TPNE

  • Temblor: El temblor es el TPNE más frecuente en el período neonatal. Consiste en movimientos rítmicos oscilatorios de igual amplitud. Se originan por inmadurez del sistema interneuronal inhibidor espinal.
  • Mioclono nocturno neonatal benigno: En el mioclono nocturno neonatal benigno, las contracciones mioclónicas solo se observan durante el sueño NREM. Es un trastorno relativamente frecuente y se confunde con crisis epilépticas y con estado epiléptico con mucha frecuencia, cuando se presentan de forma muy repetida.
  • Apnea: La apnea consiste en una interrupción del flujo aéreo, con una duración superior a los 20 segundos y con o sin disminución de la frecuencia cardíaca.
  • Laringoespasmo episódico neonatal: Es una contracción involuntaria de la musculatura laríngea, que produce una obstrucción parcial durante la inspiración.
  • Spasmus nutans: Se presenta en lactantes y se caracteriza por episodios espontáneos de nistagmo asimétrico, asociado a inclinación y movimientos de negación de la cabeza o, a veces, de afirmación.
  • Tortícolis paroxístico: Se inicia en el primer año de vida y remite espontáneamente antes de los 5 años. El niño presenta, de forma recurrente y subaguda (a menudo, desencadenado por cambios posicionales, una postura de inclinación cefálica no dolorosa, a veces, precedida de movimientos oculares anormales.

Espasmo del sollozo

Un espasmo del llanto puede constituir una experiencia aterradora para los padres, porque el niño se queda inerte y sin respuesta. Existen dos formas: cianótica, la más frecuente, y pálida, pudiendo darse las dos formas en el mismo niño.

  • Crisis cianóticas: siempre se desencadenan por una reprimenda o por una emoción del lactante. El episodio se inicia con un breve grito estridente, seguido de una espiración forzada y una apnea (ausencia de respiración). De forma rápida aparece cianosis (adquieren una coloración morada) generalizada, que en estadios avanzados se acompaña de pérdida de conciencia.

El espasmo del sollozo puede repetirse al cabo de unas horas o hacerlo sólo de forma esporádica. Son muy raros por debajo de los seis meses de edad, alcanzan su máxima incidencia a los dos años, y suelen remitir antes de los cinco años.

Lo más importante es mantener la calma. Conviene recordar que tienen una naturaleza benigna y que se resuelven sin complicaciones en unos segundos, por lo que no habrá que llevar a cabo ninguna maniobra de resucitación o de otro tipo que podría conllevar, por sí misma, un riesgo mayor de lesiones. Es recomendable situar al niño en la postura de decúbito supino (tumbado boca arriba) para favorecer el flujo cerebral y prevenir accidentes.

Debe mantenerse la calma en todo momento, evitando golpear, gritar o zarandear al niño. En estos niños es especialmente importante establecer unas normas de conducta claras y coherentes, dado que, una vez que conocen sus límites, las situaciones de frustración que podrían conducir a crisis de llanto y espasmos de sollozo se reducen, como ocurre con las rabietas.

Diagnóstico Diferencial

Los trastornos paroxísticos son alteraciones episódicas con normalidad intercrítica. El diagnóstico diferencial de los trastornos paroxísticos incluye reacciones vagales, síndromes suboclusivos intestinales o problemas que plantean riesgo vital, como los síncopes cardíacos.

El diagnóstico erróneo de epilepsia supone hacer asumir un diagnóstico y tratamiento equivocados y no apurar la estrategia diagnóstica para descartar otras patologías, algunas de ellas de gran trascendencia, incluso vital. Con frecuencia el diagnóstico se obtiene por una minuciosa anamnesis de los episodios o la visualización en vídeo de los episodios. Debe insistirse en la historia familiar y debe preguntarse por la toma de fármacos.

Pruebas complementarias

Cuando el diagnóstico es claro, no es necesaria la realización de exámenes complementarios. Pueden estar indicadas analíticas para descartar causas de crisis sintomáticas u otros trastornos del movimiento, como la tetania hipocalcémica. En algunos casos es obligatorio el estudio cardiológico. Es aconsejable en muchos casos la realización de un electroencefalograma (EEG).

La neuroimagen, especialmente la resonancia magnética cerebral, está indicada en el estudio de la epilepsia y se debe realizar para descartar otras patologías en algunos TPNE como las disquinesias paroxísticas o el síndrome de hemiplejías alternantes. La mayoría de los TPNE no tienen tratamiento específico.

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