La frase "Es que nadie va a pensar en los niños" ha resonado en diversos contextos, desde debates sobre políticas públicas hasta discusiones sobre crianza. Pero, ¿cuál es el origen de esta expresión y por qué ha calado tan hondo en la sociedad?
Para entender su significado, es crucial explorar las emociones y preocupaciones que subyacen a esta pregunta. A menudo, se invoca cuando se percibe que las necesidades y el bienestar de los niños están siendo ignorados o minimizados en una situación dada.
La verdad es que algunos de los argumentos podrían dar hasta risa, máxime cuando personalidades del mundo de la cultura, repito, del mundo de la cultura, se hacen eco de semejantes barbaridades. Sin embargo he de deciros que, gracia no tiene ni un pelo. Y no la tiene porque:Con que una sola familia dude y deje de vacunar a su hijo, ya habremos perdido todos.
El impacto de las vacunas en la salud infantil
Comprenderéis que para nosotros, los pediatras, las vacunas suponen el no ver morir a un niño por una enfermedad prevenible y aunque sea uno solo, entre los más de 2 millones de vidas que salvan las vacunas cada año, ya es mucho, ya es muchísimo. “Aquel que no conoce su historia está condenado a repetirla”.
Esta célebre frase me recuerda la necesidad hoy más que nunca de repasar algunos datos históricos que no debemos olvidar. Y para no alargarme demasiado os daré solo dos datos:
- Viruela: En el siglo XX, 300 millones de personas en todo el mundo perdían la vida a causa de esta enfermedad. Tras la obligatoriedad de la vacuna en 1929 se registraron sólo 2 muertes por viruela en España. Actualmente y desde hace más de 30 años, la viruela está erradicada en todo el mundo.
- Sarampión: Produce una muerte por cada 3000 casos, y una encefalitis por cada 1000, que puede ser grave y dejar secuelas neurológicas. Además, en uno de cada 100 000 casos puede desarrollarse, al cabo de unos años, una panencefalitis esclerosante subaguda, enfermedad muy grave y limitante.
Desgraciadamente en los últimos años los casos de sarampión se han triplicado en el mundo por una disminución de las coberturas vacunales. Se calcula que en 2017 murieron 110.000 personas por sarampión la mayoría de ellos niños menores de 5 años.
Aun así se estima que entre 2000 y 2017, la vacuna contra el sarampión evitó unos 21,1 millones de muertes, lo que la convierte en una de las mejores inversiones en salud pública. En España la situación está controlada, que no cunda el pánico pero no podemos bajar la guardia.
- Lucía, dinos el bulo que más veces has desmentido.- me preguntaron recientemente en una entrevista a raíz del lanzamiento de El Gran Libro de Lucía mi pediatra en el que por supuesto hay un capítulo extenso sobre todos y cada uno de los bulos. Sin pensarlo apenas, sentencié: Las vacunas no provocan autismo.
Derribando mitos: Vacunas y autismo
A lo largo de mi carrera como pediatra me he encontrado con bastantes familias reacias a la vacunación: desde familias manifiestamente antivacunas hasta familias “anti alguna vacuna” pasando por supuesto por infinidad de padres o madres con miedos puntuales ante la avalancha de información que circula en red. Si algo he aprendido con los años es que el ataque nunca funciona.
¿Y sabes por qué? Porque si tu paciente se siente atacado o juzgado no volverá a tu consulta y habrás perdido una oportunidad valiosísima de vacunar a un niño. No se trata de llevar la razón, esta es una guerra que se gana en pequeñas batallas, dando pequeños pasos pero firmes junto a esa familia y no en contra de ella.
Con los años he aprendido que una retirada a tiempo en un momento de la conversación, es una victoria, porque ese paciente volverá. Así que antes de nada suelo escuchar todo lo que tienen que contarme e intento averiguar qué les ha llevado tener esa creencia equivocada sobre la “maldad” de las vacunas.
Una vez conozco esos detalles que les han llevado a pensar que no vacunar es mejor para su hijo, es mucho más fácil ir desmontando todas y cada una de esas creencias (que si el autismo, que si el mercurio, que si el aluminio… todo esto es muy fácil de desmentir). Pero es algo que no se puede hacer en una única y primera visita.
Has de ganarte su confianza poco a poco. A medida que pasa el tiempo y ellos descubren que bajo tu bata hay una profesional que se preocupa de verdad por la salud de su hijo, que les has resuelto infinidad de dudas respecto a muchos otros temas y te ganas su confianza, es cuando notas que empiezan a dar más credibilidad a los argumentos que les das frente a la vacunación.
Esto es una carrera de fondo. Para mí, una familia antivacunas, lejos de ser un problema, es un reto. Así que no me veréis a mí emprendiendo duros ataques personales, insultos, ni infamias hacia nadie piense lo que piense, porque si algo tengo claro es que desde ese lugar ellos nunca vendrán al mío, al lugar donde está la ciencia, la evidencia, el respeto y el progreso.
La vergüenza infantil: Un sentimiento común y pasajero
Llega un punto de la vida de la madre o del padre que las piernas sirven para algo más que para caminar: para que se esconda tu hijo, se líe en ellas, te pase por debajo y casi te haga caer de culo mientras intenta hacerse invisible a ojos de algún conocido o no, que intenta saludarlo.
A mediados de noviembre la vergüenza hizo acto de presencia de golpe, sin avisar, como casi han llegado a casa todos los cambios que ha ido haciendo Laia desde que nació. La segunda vez que se empezó a enroscar por mis piernas le dije, «eso que te pasa se llama vergüenza. Cuando te haya pasado, me avisas, ¿vale? «. Estuvo un rato detrás de mí y de repente salió y dijo: «mamá, ya está vergüenza». De pronto a mí me vino un flash. A esta vergüenza había otra cosa asociada.
En realidad es fácil: no hay que hacer NADA. No. Esperar. Empatizar. Callar. Cuando veáis un niño con vergüenza que intenta esconderse, dejadlo, ya le pasará. Los niños buscan caso, atención (ya lo expliqué en «MAMA, CASO«) o sea que no os preocupéis. La vergüenza pasa y de hecho, desaparece de repente.
Sabéis aquello de «si lo que vas a decir no va a ayudar, entonces mejor que te calles», pues eso. Todas las frases del estilo de: «ay… tienes vergüenza, qué gracia… sal de las piernas de mamá, que no te veo, ¿que no me dices nada, hoy? Uy… ¡me pondré triste, si no me saludas!
Y es que en realidad, no está pasando nada. El niño es muy probable que tenga una interacción estupenda con los adultos que conoce, pero si no nos ve nunca, es normal que no quiera (ahora mismo) hablar contigo. Incluso muchos adultos cuando están en un entorno que para ellos no es muy conocido, sienten vergüenza. No sé que manía tenemos en pensar que los niños siempre tienen que estar contentos, sociables y con ganas de interactuar.
Es fácil. Pongámonos en su lugar e intentemos hacer memoria, seguro que en algún momento de vuestra vida hemos pasado vergüenza. Y seguro que no nos ha gustado que nadie nos lo haya restregado por la cara. Pues eso.
NIÑO TÍMIDO ¿Cómo ayudarlo a superar la timidez?
Refranes y expresiones coloquiales sobre la infancia
La lengua española está llena de refranes y expresiones que reflejan la sabiduría popular sobre la infancia y la crianza. Aquí hay algunos ejemplos:
- "Cría cuervos, y te sacarán los ojos": Indica que los beneficios hechos a ingratos les sirven de armas para pagar el bien con el mal.
- "En boca callada no entran moscas": Denota lo útil que es callar, especialmente en situaciones delicadas.
- "Más vale algo que nada": Indica que no se deben despreciar las cosas aunque sean de mala calidad.
Estos refranes, aunque sencillos, encierran profundas reflexiones sobre el comportamiento humano y las relaciones interpersonales, aplicables tanto a niños como a adultos.
