Stephen Hawking: Biografía de un Genio Nacido para Desentrañar los Misterios del Universo

El famoso astrofísico británico Stephen Hawking falleció en la madrugada del 14 de marzo de 2018 en su casa de Cambridge a los 76 años, según confirmó un portavoz de su familia. Su legado perdura como uno de los científicos más reconocidos del planeta, cuya mente brillante desafió las limitaciones de su cuerpo.

Stephen William Hawking nació en Oxford el 8 de enero de 1942, una fecha que parecía predestinarle al estudio del Universo, exactamente 300 años después de la muerte de Galileo. Desde muy joven se sintió seducido por el mundo de la ciencia y por comprender, en sus propias palabras, "cómo funcionan las cosas".

Su vocación y la brillantez que siempre mostró como alumno le abrió las puertas de las dos grandes universidades británicas: primero Física en Oxford, y después Cosmología en Cambridge.

Stephen Hawking en una imagen de 1968.

El Diagnóstico de ELA y un Nuevo Comienzo

Fue precisamente durante su primer año como estudiante doctoral en esta última universidad, con 21 años recién cumplidos, cuando empezó a sentirse progresivamente débil, e incluso a caerse al suelo sin ningún motivo aparente.

Al principio, tras someterle a toda clase de pruebas, los médicos no entendían lo que le pasaba, pero pronto se le diagnosticó esclerosis lateral amiotrófica (ELA), una enfermedad degenerativa que deteriora progresivamente la capacidad motora del organismo. Los especialistas pronosticaron que viviría uno o dos años como mucho.

Sin embargo, a pesar de que inicialmente -como confesó él mismo- se sentía "como un personaje trágico" y pasaba días enteros "escuchando a Wagner", decidió regresar a Cambridge y volcarse de nuevo en sus estudios. Un factor crucial en sus renovadas ganas de vivir fue su noviazgo con Jane Wilde, la mujer que le animó a seguir luchando y se convirtió en su esposa y madre de sus tres hijos (posteriormente se divorció para casarse con su enfermera).

Una Carrera Científica Meteórica

A partir de ese momento, su carrera científica y académica tuvo una trayectoria meteórica. Tras completar su licenciatura en Oxford y doctorarse en Física por Cambridge, a los 28 años Hawking ya era considerado uno de los astrofísicos más brillantes de su generación, fundamentalmente gracias a sus contribuciones al estudio de los orígenes del universo y la naturaleza exótica de los agujeros negros.

Por un lado, tal y como explicaba su colega Roger Penrose, apuntaló la teoría del Big Bang, al comprobar que el universo pudo surgir espontáneamente de una "singularidad", es decir, un punto de densidad infinita "que no pudo haber provenido de un universo previo". O como le gustaba decir al propio Hawking, "preguntar qué ocurrió antes del Big Bang es cómo preguntar qué hay más al sur del Polo Sur".

Posteriormente también demostró cómo, en sus propias palabras, los agujeros negros "no son tan negros" como se creía, en el sentido de que estos sumideros cósmicos, aunque ni siquiera dejan escapar a la luz de su atracción gravitatoria, sí emiten algunas partículas (bautizadas como "radiación Hawking", en honor al nombre de su descubridor).

Todos estos hallazgos le dieron renombre internacional, y en 1979 obtuvo la prestigiosa catedrática Lucasiana de Matemáticas en Cambridge, la misma que en su día ocupó Isaac Newton. Al mismo tiempo, su estado físico se iba deteriorando, hasta que en 1985 tuvo que someterse a una traqueotomía que le dejó sin habla.

A partir de ese momento, tuvo que aprender a comunicarse a través de un sintetizador de voz que se diseñó especialmente para él, y que activaba eligiendo palabras o frases en una pantalla de ordenador mediante movimientos con las manos y los ojos.

Stephen Hawking en Jerusalén en 2006.

El Divulgador Científico

Pero a pesar de todas las dificultades, Stephen Hawking jamás arrojó la toalla y decidió dedicarse cada vez más a llevar sus conocimientos sobre el Universo al gran público a través de obras divulgativas como 'Historia del Tiempo', que con más de 10 millones de ejemplares vendidos en más de 35 idiomas, batió todos los récords para un ensayo de divulgación científica.

Más adelante, Hawking siguió cosechando éxitos editoriales con libros en los que siguió intentando difundir en un lenguaje comprensible los enigmas del cosmos, como 'El Universo en una cáscara de nuez', 'Brevísima historia del tiempo', y con su hija Lucy, 'La clave secreta del Universo'. Se convirtió en un auténtico 'superstar' mundial de la ciencia, e incluso llegó a protagonizar episodios de series tan populares como 'Los Simpson' y 'Star Trek'.

Todas estas apariciones estelares hicieron que desde algunos círculos científicos se le criticara por un desmedido afán de protagonismo, y se le tachara de frívolo por algunas de sus declaraciones en campos que se salían de su especialidad académica.

Sin embargo, la dimensión puramente mediática de Hawking como "icono pop" de la ciencia no debería llevar a nadie a olvidar ni cuestionar la importancia de sus contribuciones a la astrofísica.

El propio Hawking se reía de quienes le equiparaban a Newton o Einstein porque lo consideraba una exageración absurda, pero es innegable que sus trabajos sobre el Big Bang, la formación de las primeras galaxias y los agujeros negros se consideran aportaciones de gran trascendencia en el campo de la cosmología.

Buena prueba de ello es la larga lista de prestigiosos reconocimientos académicos que ganó a lo largo de su carrera, como el Premio Wolf (1988), la Medalla Copley (2006), y, en España, el Premio Fronteras del Conocimiento de la Fundación BBVA (2016), compartido con el astrofísico ruso Vladimir Mukhanov.

Durante sus 76 años de vida, Hawking logró la difícil hazaña de destacar tanto por su trabajo científico como por su condición humana. El primero le valió los más altos honores y reconocimientos (aunque el Nobel se le escapó), entre ellos el Premio Wolf, el Príncipe de Asturias de la Concordia, el de la Fundación BBVA en Ciencias Básicas o la Cátedra Lucasiana de Matemáticas de la Universidad de Cambridge, la misma que en su día ocupara otro de los grandes de la ciencia, Isaac Newton.

Diagnosticada cuando apenas había cumplido los 21 y estaba a punto de casarse por primera vez, los médicos no le dieron más de dos años de vida. Se equivocaron. Primero fueron las piernas, después la voz, el uso de las manos, las funciones respiratorias, la posibilidad de alimentarse por sí mismo… El propio científico ha admitido en más de una ocasión que, nada más recibir el diagnóstico, se vino abajo.

Durante los primeros meses, en efecto, permaneció encerrado en su habitación, sin hacer otra cosa más que beber y escuchar a Wagner de forma compulsiva. Lo cierto es que Hawking no se rindió. Y combatió con tecnología y voluntad a todas y cada una de sus carencias físicas a medida que se iban presentando.

«La raza humana necesita un desafío intelectual. Debe ser aburrido ser Dios y no tener nada que descubrir», dijo en cierta ocasión el físico para dejar clara su postura en el espinoso asunto de la existencia de un Creador.

En su libro «El gran diseño», en efecto, Hawking afirmaba sin tapujos que Dios, sencillamente, no tiene lugar alguno en las actuales teorías científicas sobre la creación del Universo. Y no es que Hawking negara directamente la existencia de Dios, cosa que no hizo nunca, sino que se limitó a afirmar que su intervención no resulta «necesaria» para explicar la existencia del mundo y de todo cuanto le rodea. Una idea que puede parecer, pero que no es, contradictoria.

La Ciencia, sostenía el físico británico, ha ido «arrinconando» a Dios, encontrando una explicación concreta para cada uno de los fenómenos naturales que nos rodean, desde el nacimiento de una estrella a la formación de una tormenta. Siempre podemos pensar, añadía, que Dios es el autor de esas mismas leyes que hicieron posible todo lo demás, pero entonces estaríamos hablando de un Dios muy lejano y apartado del hombre, que se limitó a escribir las reglas básicas a partir de las cuales surgió y pudo desarrollarse todo lo que existe.

Si lo pensamos bien, eso equivale a decir que, desde que nació el universo, hace 13.700 millones de años, Dios no ha vuelto a tener ninguna intervención en su devenir, ya que todo lo que sucedió después del Big Bang se puede explicar en virtud de esas mismas leyes, fueran o no creadas por Él.

La propia idea de que existió un Big bang en el origen del Universo fue una de las mayores aportaciones científicas de Stephen Hawking. Más adelante, nuevos trabajos llevaron a Hawking a reemplazar la singularidad original por una configuración similar en el espacio-tiempo, una que implicaba que el Universo no tiene límites ni fronteras, por lo que no puede hablarse de un verdadero punto de origen del espacio y del tiempo. Sería, dijo una vez Hawking para explicar su idea, como preguntarse qué hay al norte del Polo norte.

Una consecuencia de ese Universo surgido del Big Bang son los agujeros negros, regiones de espacio en las que la gravedad es tan fuerte que nada, ni siquiera la luz, puede escapar de ellos una vez ha sido atrapada. La física de los agujeros negros fue la otra gran aportación científica del físico británico. Por un lado, el modelo de Big Bang implicaba que en origen del Universo, junto a todo lo demás surgieron, también, un gran número de agujeros negros primordiales.

Con todo y a pesar de su genialidad, Hawking también cometió errores. Y pagó por algunos de ellos en forma de apuestas perdidas, algo que le gustaba hacer a menudo con sus colegas. La primera fue en 1975, justo cuando investigaba sobre los agujeros negros y apostó (en contra de sí mismo y su trabajo) con su amigo Kip Thorne una suscripción de cuatro años a la revista erótica Penthouse. Hawking sostenía que el sistema binario Cisne X1 no contenía un agujero negro. De esa forma, si ganaba y se demostraba que su trabajo no valía, «por lo menos me quedaría la suscripción».

Otra muy sonada fue cuando apostó dinero con el físico Gordon Kane a que el bosón de Higgs no existía. Tras su hallazgo en 2012, Hawking admitió su error y pidió el Nobel de Física para Peter Higgs, que llegó al año siguiente.

En otra ocasión, para encontrar una prueba que revelara la posibilidad de viajar en el tiempo, Hawking organizó una fiesta, el 28 de junio de 2009, pero envió las invitaciones el día siguiente a la fecha de celebración. Si hubiera acudido alguien (antes de recibir la invitación) se trataría sin duda de un viajero del tiempo, al que habría «cazado» in fraganti. «Estuve esperando mucho rato -comentó entonces Hawking- pero no vino nadie».

El pasado miércoles 14 de marzo de 2018, nos despertamos con la triste noticia del fallecimiento del gran científico británico Stephen Hawking. Y, como curiosidades, que sólo al azar hay que conceder, esta figura de la Ciencia nació el día que se cumplían 300 años del fallecimiento de Galileo (el científico italiano primero en utilizar el telescopio con fines astronómicos a principios del siglo XVII).

Pero es más, Hawking muere en el cumpleaños del nacimiento de otro genio del siglo XX: el alemán de origen judío Albert Einstein (en 1879), hace hoy 139 años, el cual dejó a la Ciencia el gran legado de sus teorías de la Relatividad y del Espacio-Tiempo.

Pero por si esto fuera poco, nuestro añorado compatriota Félix Rodríguez de la Fuente, médico, autodidacta en Biología y divulgador naturalista, muy conocido por la serie televisiva «El Hombre y la Tierra», nació y murió este mismo día, en 1928 (Poza de la Sal, Burgos) y 1980 (Alaska), respectivamente, cuando cumplía 52 años; por lo que también Stephen quedará ligado a él en esta efeméride.

El delicado aspecto físico de Stephen Hawking, provocado por una enfermedad degenerativa, detectada prácticamente en su adolescencia, y que le ha mantenido en silla de ruedas durante la mayor parte de su vida, como le hemos conocido y le recordaremos siempre, contrasta con sus aficiones de juventud: la hípica y el remo, principalmente.

Pero no ha sido obstáculo para que en su cerebro nacieran y maduraran grandes ideas y revolucionarias teorías científicas sobre acerca del Universo, su origen, su sentido y su fin (en sus dos vertientes de finalidad y extinción.

Y, gracias a sus parejas, hijos y personas de su entorno más cercano, así como a la tecnología de movilidad y comunicación de que, podríamos decir, ha gozado, han hecho posible que esa sabiduría haya podido ser difundida y compartida con el resto del mundo científico.

Stephen William Hawking nació en Oxford 8 d enero de 1942, y nos ha dejado este miércoles pasado (14 de marzo de 2018, a los 76 años de edad, en la también británica ciudad de Cambridge. Fue el primer hijo natural (y único varón) de Isobel Hawking y Frank Hawking, junto a otras dos chicas, además de un hermano adoptivo. Más tarde volvieron a Londres.

Stephen se casó con su primera esposa, y madre de sus tres hijos, Jane, en 1965. La cual, desbordada por el trabajo domestico, el cuidado de sus hijos y de su propio esposo, al que tenía que duchar, asear, vestir y darle de comer, como a otro bebé, se apoyó física, emocional y sentimentalmente en otro hombre, que los llevó al divorcio, después de 25 años de matrimonio.

Después re hizo su vida con Jane, sus hijos y nietos, pasando el resto de su vida con ellos y diversos cuidadores.

Nos hemos extendido en la parte humana de este genio, cuya historia será conocida principalmente por su legado científico.

Y así, la singularidad del Universo, el Big Bang y los agujeros negros han sido sus principales campos de trabajo, contradiciéndose finalmente el mismo en estas materias, al decir últimamente que la singularidad del Universo no tiene sentido, sino que el espacio y el tiempo forman una «superficie» cerrada sin fronteras. Y sobre los agujeros negros, de los que afirmaba inicialmente no salía nada (ni siquiera la luz), haciéndose por tanto cada vez más y más potentes y masivos, pasó recientemente a conjeturar que dejan escapar ciertas radiaciones (conocidas desde 1970 como «Radiaciones de Hawking»), que terminarían «evaporándolos».

Fue titular de la Cátedra Lucaciana de Matemáticas de la Universidad de Cambridge. En 1989 fue distinguido en España con el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia. Y un sin fin de galardones a nivel mundial a lo largo de una fructífera vida, sobre su silla de ruedas y su sintetizador de voz.

El fallecimiento del físico Stephen Hawking este miércoles a los 76 años ha conmocionado al mundo. No sólo hizo grandes aportaciones a la Ciencia -dedicó su vida a estudiar el origen del mundo y los agujeros negros-, sino que dejó grandes reflexiones sobre la vida, por lo que hoy muchos lamentan su pérdida, desde la NASA, a la Universidad de Cambridge (donde fue profesor), o los actores que compartieron pantalla con él, como el elenco de The Big Bang Theory.

Al repasar su vida, hay quienes se han dado cuenta de tres grandes casualidades que coinciden con su fecha de nacimiento y muerte y que hacen pensar a muchos que, a veces, los astros se alinean.

  1. El astrofísico Stephen Hawking nació el 8 de enero de 1942, justo 300 años después de la muerte de Galileo Galilei (8 de enero de 1642). A este científico renacentista se le considera como el padre de la astronomía y de la física moderna.
  2. Hawking, uno de los autores de la Teoría del Big Bang, ha fallecido el 14 de marzo de 2018... justo 139 años después del nacimiento de Albert Einstein (14 de marzo de 1879), quien formuló la Teoría de la Relatividad.
  3. La fecha de su muerte coincide con el Día de Pi (π). Según el sistema anglosajón, el 14 de marzo es el 3.14, por lo que se toma este día para celebrar esta constante matemática.

No es una celebración oficial, pero matemáticos, científicos y docentes de todo el mundo aprovechan este día para organizar eventos y conferencias o proyectar la película Pi, fe en el caos, de Darren Aronofsky.

¿Quién es Stephen Hawking? | Bios Aula365 👨🏻‍🦽

Premios y Reconocimientos

A lo largo de su vida, Stephen Hawking recibió numerosos premios y reconocimientos, entre ellos:

  • Premio Wolf (1988)
  • Medalla Copley (2006)
  • Premio Príncipe de Asturias de la Concordia (1989)
  • Premio Fronteras del Conocimiento de la Fundación BBVA (2016)
  • Cátedra Lucasiana de Matemáticas de la Universidad de Cambridge

Estos galardones son un testimonio de su brillantez y su impacto en la ciencia y la sociedad.

Premio Año
Premio Wolf 1988
Medalla Copley 2006
Premio Príncipe de Asturias de la Concordia 1989
Premio Fronteras del Conocimiento de la Fundación BBVA 2016

El destino quiso que Stephen Hawking naciera un 8 de enero, el mismo día en que murió Galileo, y que su muerte se produjera un 14 de marzo, el día del nacimiento de Einstein. Si Galileo fue de los primeros en darse cuenta de que la Tierra no estaba en el centro de todas las cosas y Einstein cambió el mundo con su teoría de la Relatividad, Hawking también hizo lo propio al demostrar que el origen del Universo estuvo marcado por un Big Bang y dar carta de identidad a unos misteriosos objetos que hoy todo el mundo conoce gracias a él, los agujeros negros.

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