Tony Curtis: Biografía de un Ícono de Hollywood

Tony Curtis, cuyo nombre real era Bernard Herschel Schwartz, nació el 3 de junio de 1925 en Nueva York, en el seno de una familia de judíos húngaros. Su vida, marcada por altibajos, lo catapultó desde los barrios marginales del Bronx hasta la cima de la fama en Hollywood.

Tony Curtis y Janet Leigh en "Los Vikingos"

Infancia y Juventud en el Bronx

Nació en uno de los sectores más pobres del Bronx y, siendo aún un niño, mostró su gusto por la interpretación. Tuvo una infancia muy dura, llegando incluso a ser un pequeño vagabundo. Su familia, con escasos recursos, luchaba por salir adelante. En una ocasión, él y uno de sus hermanos fueron llevados a un orfanato debido a la incapacidad de sus padres para mantenerlos. Los años siguientes estuvieron marcados por tragedias, como la muerte de su hermano Julius y el diagnóstico de esquizofrenia de su hermano Robert y de su madre.

En su juventud, Tony se unió a una banda de delincuentes del barrio, involucrándose en pequeños delitos. Sin embargo, un vecino lo rescató de ese camino, introduciéndolo en los Boy Scouts y brindándole apoyo para estudiar. Tras el ataque a Pearl Harbor, Curtis se alistó en el ejército, sirviendo en la fuerza submarina del Pacífico durante la Segunda Guerra Mundial.

Inicios en el Teatro y Contrato con Universal

No se inició en el arte dramático hasta después de la Segunda Guerra Mundial. Tras graduarse en la City College de Nueva York y en The New School de Greenwich Village, un cazatalentos se fijó en él. Tony Curtis estudió en el Dramatic Workshop of the New School for Social Research de Nueva York antes de entrar a trabajar en la Universal en 1949, en la que consiguió por igual excelentes papeles y sonados fracasos. Con anterioridad a este contrato ya había tenido su primera toma de contacto con el escenario al representar pequeños papeles en Broadway.

A los veintitrés años, ya estaba en Hollywood. Firmó un contrato con la Universal, y fue entonces cuando cambió su nombre húngaro por el de Tony Curtis. Su debut en la gran pantalla fue como bailarín en «El abrazo de la muerte» (1949), junto a Yvonne de Carlo y Burt Lancaster. El salto a la fama de Tony llegaría en 1951 con «Su alteza el ladrón», película dirigida por Maté que interpretó junto a Piper Laurie.

Ascenso a la Fama y Éxito en Hollywood

Durante los años cincuenta fue adquiriendo popularidad paulatinamente y será ya en 1958 cuando logre el éxito con Fugitivos de Stanley Kramer. Hasta finales de los cincuenta no paró de trabajar en películas muy taquilleras pero que no le emocionaban especialmente desde el punto de vista actoral. Se convirtió en el galán por excelencia de la década de los sesenta, pero lejos de quedar encasillado en papeles cuyo encanto residiese en el físico, Tony Curtis se reveló como un actor dotado de humor y delicadeza. Ello queda patente en películas como por ejemplo El gran Houdini (1953) de G. Marshall. A pesar de todo no renunció al tipo de papeles de épocas pasadas que le sirvieron para hacerse de un nombre y además los dotó de emoción y seriedad.

Años después se introdujo en el género de la comedia pura y logró grandes éxitos con Blake Edwards en Vacaciones sin novia (1959) y con Billy Wilder en Con faldas y a lo loco. Sería a finales de esta década y principio de los sesenta, cuando llegarían los grandes proyectos a la vida del actor. Estamos hablando de películas tales como «Trapecio» (1957, Reed), «Chantaje en Broadway» (1957,Mackendrick ), «Los vikingos» (1958, Fleischer)… Y por supuesto, no podemos olvidar las míticas «Con faldas y a lo loco» de Wilder y «Espartaco» de Kubrick. Las interpretaciones de Curtis en estos filmes forman parte de la historia del cine.

Tony Curtis en "Con faldas y a lo loco"

Declive y Proyectos Posteriores

Con la llegada de los sesenta, Tony se infló a hacer comedias con todas las grandes estrellas de Hollywood. Lo cierto es que aunque resultaban muy taquilleras su fama comenzó a resquebrajarse un poco. Además, los críticos empezaban a tomarle menos en serio como actor. Curtis acabó enfadándose con su representante y lo despidió por no conseguirle mejores papeles.

Un día, llegó a oídos del actor que se pensaba rodar una película titulada «El estrangulador de Boston». Curtis estaba decidido a hacer el papel de estrangulador, necesitaba que todos vieran una vez más de lo que era capaz de hacer como actor. Cuando habló con los productores, les dijo que incluso estaba dispuesto a rebajar considerablemente su caché con tal de entrar en el proyecto. Lo consiguió.

En los setenta empezó a alejarse del cine y reapareció en El último magnate de Elia Kazan. En las décadas siguientes, su carrera cinematográfica se fue resintiendo cada vez más. No dejó de hacer películas hasta el 2002, pero ninguna fue especialmente importante. Se dedicó más a la televisión, apareciendo de manera puntual en episodios o protagonizando series como «Los persuasores » o «Vega$».

Vida Personal y Legado

El actor era un enamorado del amor y se casó en seis ocasiones. Su boda más sonada fue con la también actriz Janet Leigh. El matrimonio duró once años y tuvieron dos hijas, una de ellas es la archiconocida Jamie Lee Curtis. Tony tuvo cuatro hijos más con el resto de sus esposas, pero no puede decirse que fuese un padre ejemplar.

Tony pasaba gran parte de su tiempo borracho y tomando drogas. De hecho, en 1970 fue arrestado en el aeropuerto de Londres por llevar marihuana encima. En muchas ocasiones, sus hijos se lo encontraron víctima de los efectos de la cocaína y otras sustancias. Incluso Jamie contó en una ocasión que recordaba haber acompañado a su padre a comprar droga cuando era pequeña.

Su última esposa, Jill Vandenberg, heredó toda la fortuna del actor cuando falleció. Más de cuarenta y cinco millones de dólares pasaron a los bolsillos de Jill ante la estupefacta mirada de los hijos de Tony. A ellos, decidió dejarles sin nada. La hija mayor del actor, Kelly, impugnó el testamento sin éxito alguno. Aquella era la última voluntad de su padre y debía ser respetada.

Tony Curtis fue uno de los grandes en la meca del cine. Buen compañero, sobre todo con Sidney Poitier, a quien siempre dio su sitio en los títulos de crédito en épocas donde el racismo era una filosofía de vida en los Estados Unidos. Siempre estuvo orgulloso de sus raíces húngaras y judías. Ayudó a restaurar sinagogas en Hungría que habían sido destruidas durante la guerra, y siempre que le pedían ser la imagen del país para promocionarlo, el actor aceptaba.

Tony Curtis (nacido Bernard Schwartz; Nueva York, 3 de junio de 1925-Las Vegas, Nevada, 29 de septiembre de 2010) fue un actor estadounidense. Célebre por su físico de galán y su acento típicamente neoyorquino, su nombre quedará ligado a su interpretación en Con faldas y a lo loco (1959) con Jack Lemmon y Marilyn Monroe. El actor acabó demostrando su talento en filmes de la talla de Chantaje en Broadway (The Sweet Smell of Success) con Burt Lancaster y en su papel de un prófugo encadenado a Sidney Poitier en Fugitivos (The Defiant Ones) que le valió una nominación a los Óscar.

Su historial incluye otros títulos tan recordados como Espartaco de Stanley Kubrick, Trapecio de Carol Reed, Los vikingos y El estrangulador de Boston de Richard Fleischer, Operación Pacífico de Blake Edwards, El último magnate de Elia Kazan, El espejo roto de Guy Hamilton y La semilla del diablo de Roman Polanski (donde solo puso su voz).

Jamie Lee Curtis Reflects On 20 Years Sober And Reveals She Once 'Shared Drugs' With Dad Tony Curtis

Filmografía Selecta

A continuación, se presenta una tabla con algunas de las películas más destacadas de Tony Curtis:

AñoTítuloDirector
1957El temible Mr. CoryBlake Edwards
1957Chantaje en BroadwayAlexander MacKendrick
1958Los vikingosRichard Fleischer
1958FugitivosStanley Kramer
1959Con faldas y a lo locoBilly Wilder
1960EspartacoStanley Kubrick
1968El estrangulador de BostonRichard Fleischer

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