Pese a que por muchos siglos la historia y sus actores han relegado a la mujer a un papel secundario dentro de la vida social y productiva de las civilizaciones, aparecen mujeres valientes y despreocupadas del decir popular que se abren paso entre los varones para que las siguientes generaciones accedan a la hoy llamada "equidad de género".
La perseverancia parece ser una constante entre los pioneros que han sentado las bases del mundo en el que hoy vivimos más de seis mil millones de personas. Son ejemplo las mujeres que incursionaron en la ciencia médica y abrieron las puertas de sus escuelas a sus congéneres.
El propósito de este artículo es mostrar, mediante algunas semblanzas biográficas, el aporte y trascendencia de la mujer en la medicina occidental durante los últimos cuatro siglos, en un recorrido por el ámbito mundial, nacional y local en nuestra Facultad de Medicina.
A continuación, exploraremos la vida y los logros de algunas de estas mujeres notables.
Dorothea Christiane Leporin (1715-1762)
Fue una visionaria en el progreso femenil académico y universitario. Nació el 13 de noviembre de 1715 en Quedlinburg, Alemania (Figura 1).
Figura 1. Dorothea Christiane Erxleben. Sello germano de 1987, "Serie de Mujeres en la historia alemana".
Escribió la disertación "Una investigación profunda de las causas que evitan que el sexo femenino curse la universidad", la cual causó revuelo. Recibió numerosas peticiones, en especial de mujeres, para que fuera traducida del latín al alemán.
En el inicio de cada capítulo expone situaciones, enumerando prejuicios en contra de la habilidad intelectual de la mujer, y la exposición al ridículo a la que es sometida por tener expectativas diferentes. Con inapelable léxico, arguye la habilidad filosófica y científica; señala que el conocimiento está distribuido equitativamente entre géneros, pero que la mitad de la humanidad no tiene acceso a la buena educación para desarrollarse.
- Usa su conocimiento filosófico, teológico y científico para describir dos milenios de misoginia de los líderes de la Iglesia, filósofos y hombres de ley.
- Retórico, pues en el siglo XVI casi nadie tenía acceso a la educación.
Para Leporin, el trabajo de la casa es una ardua labor, que deteriora la salud de la mujer y el desarrollo de su intelecto, un desperdicio para avance de la humanidad; sin embargo no menosprecia dicha tarea, simplemente señala que es casi imposible que el cultivo de la educación y las actividades domésticas sean llevadas a cabo por una sola persona.
Demanda que se admitan mujeres para la formación de las profesionistas con independencia financiera. Espera que su trabajo abra las puertas a futuras generaciones de mujeres dedicadas al estudio y alcancen estatus de seres humanos.
Su trabajo fue publicado en 1742 por iniciativa de su padre y con el permiso del rey de Prusia Federico II, quien, ansioso por demostrar su progresividad en el rubro de la educación, declaró que Leporin podía matricularse en la Universidad de Halle.
A pesar de la autorización real, Leporin nunca estudió medicina en una universidad y sus conocimientos y habilidades médicas los adquirió de su padre. Practicó la medicina por más de una década hasta que otros médicos la acusaron de incompetencia. Fue entonces cuando ejerció su derecho de recibir el título universitario. El 6 de mayo de 1754 contestó en perfecto latín las preguntas realizadas durante un examen profesional a título de suficiencia.
Sin embargo, como no había antecedentes de mujeres tituladas, la Universidad esperó otro permiso real antes de darle la acreditación médica.
La ceremonia se llevó a cabo el 12 de junio de 1754 en presencia del decano de la Escuela de Medicina de la Universidad de Halle, Johann Juncker, quien era un defensor de la educación para las mujeres.
Leporin practicó la medicina para ayudar a su familia hasta su muerte por cáncer de mama en 1762. Es importante destacar que la Universidad de Halle no entregó ningún otro título a una mujer hasta 1901.
Elizabeth Blackwell (1831-1910)
Elizabeth Blackwell fue la primera mujer estadounidense en titularse como médica e influyó en cientos de mujeres que siguieron sus pasos inspiradas por su tenacidad (Figura 2).
Figura 2. Elizabeth Blackwell, 1963, retrato de Joseph Stanley Kozlowski.
Luego de ser rechazada por 12 universidades, Elizabeth logró inscribirse en la escuela de medicina de la Universidad de Geneva, al oeste de Nueva York, y en 1849 se graduó con las más altas calificaciones de su generación.
Sin embargo, no obtuvo trabajo en ningún hospital de su país y viajó a Francia, donde le aconsejaron matricularse en la Maternité y estudiar obstetricia. Así lo hizo y de vuelta en Nueva York trabajó en una clínica fundada por un grupo de mujeres cuáqueras para atender a los habitantes más pobres de la ciudad.
Fundó el New York Infirmary, primer hospital dirigido enteramente por médicas, lo cual brindaba a las mujeres la oportunidad de practicar lo que en otras instituciones se les negaba. Durante un viaje a Inglaterra conoció a Florence Nightingale, madre de la enfermería moderna.
De retorno a América, gracias al donativo de 10 mil dólares hecho por el predicador Henry Ward Beecher, fundó la Escuela de Enfermería de Nueva York en mayo de 1857. Nombró a la doctora Rachel Cole, primera mujer afroamericana que se graduó de medicina en Estados Unidos, como su compañera en la dirección del establecimiento.
Años más tarde (1867), Blackwell fundó, anexa a la Escuela de Enfermería, una de medicina; para 1899 se habían graduado en ella 364 mujeres.
Sus logros se difundieron a todas partes del mundo: mujeres de Rusia pedían ser admitidas en las escuelas de medicina de San Petersburgo; una joven había empezado a estudiar medicina en una escuela de Argel; el gobierno sueco solicitaba información porque en Estocolmo había 15 mujeres interesadas en estudiar medicina.
En Inglaterra, las mujeres que deseaban estudiar medicina sufrían vejaciones, la prensa las llamaba "las siete sinvergüenzas", los estudiantes las atacaban y fueron expulsadas. "Funden ustedes mismas una escuela de medicina", fue el consejo de Blackwell, quien las ayudó a formar la Escuela Londinense de Medicina para Mujeres, institución aún en funcionamiento.
Tras legar conceptos vanguardistas como el seguro contra la enfermedad y la vejez, el mejoramiento de las viviendas de los pobres y las cooperativas para disminuir el precio de los víveres, Blackwell falleció en 1910, a los 89 años de edad.
Matilde Petra Montoya Lafragua (1859-1938)
En nuestro país una mujer también tuvo un difícil camino por la medicina. Fue Matilde Montoya, reconocida como la primera mexicana graduada de la Escuela de Medicina de México.
Matilde nació en la ciudad de México el 14 de mayo de 1859. Primero se inscribió en la carrera de Obstetricia y Partera, de la Escuela Nacional de Medicina, pero por problemas económicos tuvo que dejarla y en 1875 siguió en la Escuela de Parteras y Obstetras de la Casa de Maternidad, que atendía a las madres solteras. Recibió el título de partera en 1877 y comenzó a hacer algunas prácticas como auxiliar de cirugía para conocer más de anatomía; al mismo tiempo tomó clases en escuelas particulares para mujeres a fin de completar sus estudios de bachillerato.
Sirvió en Puebla durante algunos meses y se inscribió en la Escuela de Medicina de esa ciudad, pero las difamaciones -la llamaban "impúdica y peligrosa mujer que pretende convertirse en médica"- la orillaron a desistir, por lo que pasó una temporada en Veracruz.
En poco tiempo llegó a tener tal clientela que la competencia hizo circular toda clase de rumores: acusaron a la muchacha de liberal, masona y protestante. Las calumnias resultaron más que suficientes para que pocos se atrevieran a solicitar sus servicios.
Viajó de nuevo a México y fue aceptada en la Escuela Nacional de Medicina a los 23 años, en 1882. Esta vez sus opositores argumentaron: "debía ser perversa la mujer que quiere estudiar Medicina, para ver cadáveres de hombres desnudos", pero también recibió el apoyo de varios compañeros, a quienes se les apodó Los Montoyos (Figura 3).
Figura 3. Matilde Montoya acompañada por sus compañeros apodados Los Montoyos.
Las damas se escandalizaban ante la idea de que Matilde hiciera sus prácticas de anatomía en compañía de sus condiscípulos varones (...) sin embargo la pudorosa joven realizaba prácticas en cadáveres decorosamente cubiertos, y lo hacía a solas, jamás en compañía de sus compañeros.
Lograron expulsarla bajo el argumento de que no había acreditado algunas materias de bachillerato. La solicitud de revalidar las materias latín, raíces griegas, matemáticas, francés y geografía en la Escuela de San Ildefonso por las tardes también fue denegada porque el reglamento decía "alumnos" no "alumnas".
Decidida, escribió una carta al presidente de la República, general Porfirio Díaz, quien dio instrucciones a Joaquín Baranda, ministro de Instrucción Pública, para que "sugiriera" al director de San Ildefonso dar facilidades a la señorita Montoya. Al terminar sus estudios solicitó presentar su examen profesional, pero fue rechazada una vez más por ser "alumna".
De nuevo recurrió al presidente Díaz, quien emitió un decreto el 24 de agosto de 1887 por el que modificó el estatuto de la Escuela Nacional de Medicina para que pudieran graduarse mujeres médicas. Sus detractores señalaron que Montoya se había titulado por "decreto presidencial".
Se le asignó el jurado más exigente y sólo gracias a la presencia del presidente para su examen se dispuso, a última hora, el Salón Solemne de Exámenes Profesionales. Contestó correctamente todas las preguntas, presentó su tesis "Técnica de laboratorio en algunas investigaciones clínicas", al día siguiente realizó su examen práctico en el Hospital de San Andrés y ejecutó en el anfiteatro las disecciones que le pidieron; se le aprobó por unanimidad (Figura 4).
Figura 4. Solicitud hecha por Elena Knapp al H. Consejo Superior de Salubridad de Nuevo León en 1873 para presentar su examen como partera a título de suficiencia.
A mediados de 1887 los diarios de la ciudad de México dedicaron un gran espacio a una noticia sensacional: la señorita Matilde Montoya había presentado su examen y obtenido el título de doctor en medicina. 'La señorita Montoya es la primera damita mexicana que ha concluido una carrera científica', escribió un cronista.
En su época, Matilde Montoya dividió a la opinión mexicana en montoyistas y antimontoyistas quienes afirmaban que la mujer debe concretarse a realizar las labores del hogar, y quienes opinaban lo contrario. Sus enemigos la calificaban de inmoral y sus partidarios de heroína.
Matilde Montoya trabajó en su consulta particular hasta una edad avanzada. Siempre tuvo dos consultorios. En 1925, junto con la doctora Aurora Uribe, fundó la Asociación de Médicas Mexicanas. A los 50 años de haberse graduado, en agosto de 1937, tres asociaciones de médicas mexicanas le ofrecieron un homenaje en el Palacio de Bellas Artes.
Murió cinco meses después, el 26 de enero de 1938, a los 79 años. En el jardín José Martí, frente al Centro Médico Siglo XXI de la ciudad de México, se puede encontrar un busto en bronce que reconoce su tenacidad ante los obstáculos que las instituciones y la sociedad intentaron ponerle.
Cabe destacar que existe un posible antecedente a Matilde Montoya; se trata de Zenaida Ucounkoff, quien es mencionada en el tomo XII de la Gaceta Médica, periódico de la Academia de Medicina de México, del año de 1877; allí se asegura que elaboró una tesis sobre el "Papel del éter en inyecciones subcutáneas, y del empleo que puede hacerse de él para suplir la transfusión de sangre"; sin embargo, el personal del Palacio de Medicina de la UNAM no ha encontrado mayores datos de ella.
La mujer y la medicina en Nuevo León
Desde 1828 en la Gaceta Constitucional se convocaba ya a las parteras de la región a acudir ante el doctor Pascual Costanza para recibir instrucción profesional sobre obstetricia ya que este médico italiano pronto llegaría a Monterrey a impartir cátedra a los interesados; no obstante, los escasos recursos gubernamentales no permitieron que fructificara la formación de médicos y parteras.
Posteriormente, en 1853, el doctor José Eleuterio González planeaba ofrecer cátedra de obstetricia en el Hospital de Nuestra Señora del Rosario, pero el gobierno eclesiástico tomó la determinación de cerrar el lugar por falta de fondos. Esto no desanimó a Gonzalitos.
No quedándome arbitrio para realizar mi plan por falta de un Hospital, me limité a establecer una cátedra de Partos, para hombres y mujeres, poniéndola bajo los auspicios del Consejo de Salubridad. En 10 de diciembre del mismo año de 1853 se me extendió el título de Catedrático de Obstetricia cuya cátedra he desempeñado hasta ahora.
Cuando, en 1859, se abrió la Escuela de Medicina en el Colegio Civil se incluían las carreras de Medicina, Farmacia y de Partos; sin embargo, hasta la fecha no se ha documentado que algún hombre o mujer hubiera cursado esa carrera.
Elena Knapp y María Saldívar, parteras en Nuevo León
El 2 de julio de 1873 la estadounidense Elena Knapp, residente en Cadereyta Jiménez, Nuevo León, expuso por escrito al Consejo Superior de Salubridad del estado:
Que habiendo estudiado y practicado durante más de dos años, bajo la dirección del Sr. mi padre, el doctor en Medicina D. Moisés L. Knapp, el arte de los partos y adquirido el conocimiento teórico y práctico de las mujeres embarazadas y recién paridas y el de las afecciones de los niños recién nacidos, y deseosa de adquirir el diploma de partera, no he venido a esta capital sino con el objeto de sujetarme a las formalidades y exámenes necesarios para la consecución de dicho diploma.
Se aceptó su solicitud y se le aplicó el examen a título de suficiencia. El jurado se integró con los doctores Antonio Lafon, José Ygnacio de la Garza García y Juan de Dios Treviño, quienes la aprobaron al día siguiente, 3 de julio de 1873, por unanimidad (Figura 4).
En la lista del Consejo Superior de Salubridad del 31 de julio de 1887 aparece, en la sección de parteras con licencia, además de Elena Knapp, Rita Galindo de Díaz, también avecindada en Cadereyta Jiménez. Aunque el Informe menciona que su fecha de titulación es el 27 de septiembre de 1871, no se localizó documentación respecto al tipo de examen que presentó.
María Saldívar, cuya acta no especifica si cursó la carrera o fue por suficiencia, se tituló el 18 de octubre de 1899, luego de poner a prueba sus conocimientos teóricos y prácticos ante el jurado (Figura 5).
Figura 5. Acta del examen presentado en 1899 por María Saldívar en la Escuela de Medicina de Nuevo León para obtener su título en obstetricia.
Reunidos en la Escuela de Medicina los profesores que suscriben con objeto de hacer examen profesional teórico práctico de obstetricia de la Srita. María Saldívar, se dio principio al acto proponiéndole algunas cuestiones sobre las diversas asignaturas que prescribe el Reglamento, las que resolvió en el término de dos horas, con lo que ...
La Dra. Vivian Capilla-González empezó a estudiar los efectos de la radioterapia en el tejido sano cerebral. Su investigación en esta área se inició durante su estancia en el Hospital Johns Hopkins de Baltimore, USA (2011-2014), donde descubrió que los pacientes con tumores cerebrales no solo luchan contra el cáncer, sino que también se enfrentan a graves secuelas neurológicas que dejan los tratamientos oncológicos.
Tras regresar a España, decidió enfocarse en la búsqueda de estrategias que ayuden a minimizar estos daños, especialmente en niños, cuyo cerebro en desarrollo es más vulnerable.
En una primera fase de experimentación (2015-2019), desarrollamos una Terapia Celular para prevenir los daños de la radiación en modelos animales. Los resultados obtenidos demostraron que el trasplante de células madre (medicamento celular) previene las complicaciones neurológicas tras la radiación, mejorando la cognición y la coordinación motora en ratón.
Además, observamos que estos efectos se debían a la capacidad de las células trasplantadas para reducir la inflamación inducida por la radiación en el cerebro.
Poco después, pudimos comprobar que la administración intranasal de células madre era segura en ratones jóvenes, sin efectos adversos a corto ni largo plazo. Todos estos hallazgos han sido publicados en revistas científicas de ámbito internacional (Cancers 2021, Front Cell Neurosci 2019).
Más recientemente, hemos demostrado que las células madre pueden optimizarse para actuar como agentes con potencial antitumoral, lo que abre nuevas vías de investigación en oncología (Theranostics 2025).
Actualmente, nuestras investigaciones están enfocadas en entender cómo funciona el medicamento celular para potenciar no solo su efecto neuroprotector, con el objetivo de potenciar su efecto neuroprotector y evaluar su impacto en la progresión tumoral. Este paso es clave para desarrollar estrategias más efectivas y seguras.
Si bien aún estamos en fase preclínica, confiamos en que los avances del proyecto +VIDA podrán trasladarse a la clínica para mejorar la salud y calidad de vida de los niños con cáncer.
Aunque el objetivo principal de las personas con cáncer es la curación, es fundamental garantizar que los supervivientes puedan vivir plenamente. Nuestro proyecto investiga una estrategia innovadora que, en el futuro, podría contribuir a reducir los efectos secundarios de la radioterapia en los pacientes oncológicos, asegurando una supervivencia digna y sin barreras.
Si bien esta terapia podría aplicarse a adultos, nuestro enfoque principal está en los niños, la población más vulnerable a estos tratamientos agresivos. A través de nuestros estudios preclínicos, trabajamos para comprender mejor sus efectos y avanzar hacia posibles soluciones que faciliten la integración de los supervivientes en la sociedad.
Además, este proyecto contribuirá a sensibilizar sobre los desafíos que enfrentan los pacientes oncológicos, promoviendo un cambio en la forma en que la sociedad percibe y apoya a quienes han superado la enfermedad.
Este proyecto se está llevando a cabo en el grupo de Células Madre y Neurología Traslacional que lidera la Dra. Vivian Capilla-González, integrado en el departamento de Fisiopatología Integrativa y Terapias del CABIMER. La misión del grupo es avanzar los conocimientos en Terapias Avanzadas y su aplicación en modelos de enfermedad neurológica.
La experiencia de la Dra. Vivian Capilla-González suma 37 artículos científicos, 6 patentes, 28 proyectos y contratos competitivos liderados y multitud de participaciones a congresos nacionales e internacionales.
Actualmente, su grupo de investigación está compuesto por un equipo multidisciplinario de expertos, cuyo compromiso con el avance de la ciencia y la mejora de la calidad de vida de los pacientes es el motor de este proyecto.
Aunque el documento no especifica el año de nacimiento de la Dra. Vivian Capilla-González, podemos apreciar su destacada trayectoria y contribuciones en el campo de la medicina.
