Humphrey DeForest Bogart, un nombre sinónimo de cine negro y de una época dorada de Hollywood, sigue siendo una figura icónica más de medio siglo después de su muerte. Su vida, tanto en la pantalla como fuera de ella, está llena de matices y contrastes que lo convierten en un personaje fascinante. Este artículo explora la vida y la carrera de este actor insustituible, desde sus inicios hasta su ascenso a la fama y su legado perdurable.
Primeros Años y Juventud
Humphrey DeForest Bogart nació en Nueva York el día de Navidad de 1899. Sus padres deseaban que su hijo fuera médico y soñaban con que estudiara en Yale. Su madre era fotógrafa e ilustradora y anticipó el futuro de su hijo enviando un dibujo del bebé para una campaña de publicidad de productos infantiles.
Pero sucedió algo muy distinto: el joven Humphrey fue expulsado de la escuela superior, decidió que lo suyo no eran los libros y se enroló en la Marina durante la Primera Guerra Mundial. Fracasó en los estudios y cuando lo expulsaron de la academia preuniversitaria se alistó en la Marina. De esa época data una herida que le dejaría el labio superior medio paralizado y que, paradojas del destino, le daría a su dicción una singular seña de identidad. Un accidente en su buque producido por un submarino le provocó una herida en el labio que le dejó como secuela una cicatriz que le hacía cecear y ese rictus desdeñoso.
Inicios en el Teatro y Llegada a Hollywood
Tras pasar sin mucho éxito por los escenarios de Broadway, Bogart viajó a Hollywood en busca de una carrera en el cine. En 1918 fue contratado como gerente por un productor teatral que le animó a probar suerte como actor.
Sus primeros pasos fueron difíciles hasta que despuntó en una película llamada El bosque petrificado (1936). Aunque hizo algún papel secundario fue en 1935 cuando realmente comienza su carrera en el cine. Y en ese mismo año fue cuando la Warner le contrató. A partir de entonces encarnó varios papeles de forajidos o gángsters de mirada torva y malos modales en películas dirigidas por directores como Michael Curtiz o William Wyler. Durante cinco años secundó a actores tan ilustres como James Cagney o Edward G. Robinson en películas de cine negro y normalmente recreando tipos malvados, una imagen que parecía inamovible hasta que en 1941 Raoul Walsh le diera el papel protagonista de "El último refugio", donde interpretaba a un gangster redimido.
El Ascenso a la Fama
Su vida cambió cuando Raoul Walsh le ofreció el papel protagonista de El último refugio (1939). Ahí el gángster se convertía en el héroe bueno en manos de un destino aciago. Pero la leyenda de Bogie no llegaría hasta que se metió en la piel del detective Sam Spade en El halcón maltés (1941), dirigida por un novato llamado John Huston. Luego llegó Casablanca (1942) y ya nunca dejaría de ser el hombre duro con corazón de oro, dispuesto a dejarse la vida por los viejos (y siempre vigentes) ideales de siempre. Sin Bogart, Casablanca, no sería lo mismo. Como bien apunta Kanfer, ningún otro actor podría haber hecho tan creíble el papel de Rick Blaine, sin patria, misántropo, bebedor habitual, y, en última instancia, el más abnegado héroe romántico de Hollywood. Un artista maduro se convertía en el tipo de hombre que, en muchos aspectos, todo estadounidense anhelaba ser. Capaz de sacrificarse por la mujer amada. Cuando Bogart empezó el rodaje a las órdenes de Michael Curtiz el 25 de mayo de 1942, era una estrella menor. Cuando lo terminó, el 1 de agosto, se había convertido en el actor del cine americano más importante de su tiempo. En 1946 ganó 467.000 dólares, convirtiéndose en el actor mejor pagado del mundo.
Cuatro directores influyeron notablemente en la carrera de Bogart: John Huston, quien lo dirigió en 7 películas; Michael Curtiz, en 6; Raoul Walsh, en 4; y Howard Hawks, en 2. Participó en un total de 79 películas.
| Director | Número de Películas |
|---|---|
| John Huston | 7 |
| Michael Curtiz | 6 |
| Raoul Walsh | 4 |
| Howard Hawks | 2 |
7 Curiosidades de Humphrey Bogart
Vida Personal y Matrimonio con Lauren Bacall
Tres años después conoció a la que sería la mujer de su vida, la “flaca” Lauren Bacall de Tener y no tener (1944). Con sus posteriores trabajos -El sueño eterno (1946), Callejón sin salida (1947), La senda tenebrosa (1947), Cayo largo (1948), El tesoro de Sierra Madre (1948)…- Bogey forjó aún más su aura de mito viviente. Con Lauren Bacall protagonizó cuatro películas: "Tener y no tener" de 1945; "El sueño eterno" de 1946; "La senda tenebrosa" de 1947 y "Cayo Largo" de 1948.
Se casó cuatro veces, la última de ellas con Lauren Bacall.
Años Posteriores y Reconocimientos
Luego dio muestras de su carácter independiente y contestatario: fue pionero al montar su propia productora (Santana Pictures) y junto a su esposa Bacall encabezó la protesta contra la Caza de Brujas. En 1949 ya tenía su propia productora "Santana Pictures" con la que produjo cuatro películas de las que habría que destacar "Sin conciencia" en 1951.
Entre sus últimos trabajos hay que destacar La reina de África (1951), por la que obtuvo el único Oscar de sus carrera. En 1951 obtuvo por primera y única vez el Oscar al mejor actor por su actuación como un alcohólico aventurero redimido en la película "La Reina de Africa". Además de ese Oscar, fue nominado al mejor actor en otras dos ocasiones: en 1943 por su interpretación como Rick Blaine en la inolvidable "Casablanca" y en 1954 por su trabajo en la película "El motín del Caine".
Otros trabajos notables incluyen La condesa descalza (1954), Sabrina (1954) y El motín del Caine (1954). Su última película fue "Más dura será la caída" (1956).
Muerte y Legado
Una semana antes de cumplir los 58 años moría de cáncer. Un cáncer de esófago acabó con su vida un triste 14 de enero de 1957. Bogart hasta entonces realizó todo tipo de interpretaciones, convirtiéndose con el tiempo en uno de los mitos más sólidos de la historia del cine. Murió en 1957 a los 57 años. En su funeral, su amigo John Huston dijo que estaba dotado con el don más grande que un hombre puede tener: talento. "No tenemos ninguna razón para sentir pena por él, sólo por nosotros mismos por haberlo perdido. Es insustituible".
Han pasado muchos años desde esa fecha y aún siguen vigentes las palabras que su amigo John Huston pronunció en su funeral: “Poseía el don más grande que puede tener un hombre: talento. El mundo entero llegó a reconocerlo... consiguió de la vida todo lo que pidió y aún más. No tenemos motivos para compadecerlo; sí a nosotros mismos por haberle perdido.
Más de medio siglo después de su muerte, Humphrey Bogart sigue muy vivo. Pocas estrellas del Hollywood de oro conservan la vigencia del hombre que llegó tarde a la gloria (tenía 42 años cuando hizo Casablanca) y se fue demasiado pronto tras un calvario. Marcó un estilo, impuso una personalidad y fue inimitable. No era guapo, no era alto, no era simpático. Sus mejores interpretaciones lo muestran huraño, cascarrabias o melancólico. La comedia no era lo suyo. Tuvo una vida sentimental complicada hasta que se enamoró de la jovencita Lauren Bacall.
Era mucho mejor actor de lo que decían sus enemigos y un buen tiempo según casi todos, a pesar del triste episodio de la caza de brujas en la que Bogart se la envainó tras comandar una admirable cruzada a favor de las víctimas. Era el héroe americano más complejo, leal, sentimental y que iba de duro para que su romanticismo no le debilitara. Un tipo que se curtió haciendo de malo hasta que le llegó la oportunidad de redimirse en El bosque petrificado y El último refugio.
Una vida de película sobre la que se ha escrito mucho y que vuelve a las pantallas de papel gracias a la biografía de Stefan Kanfer (Lumen). No es una obra que aporte grandes revelaciones pero sí es un buen recordatorio de una figura que se niega a apolillarse. Las universidades le dedican ciclos, sus mejores películas siguen programándose con frecuencia en las cadenas de TV. Incluso tiene un sello. El American Film Institute le nombró la estrella masculina más grande de la pantalla y Entertainment Weekly lo nombró la leyenda del cine más importante de todos los tiempos. Jean-Luc Godard y Woody Allen le rindieron pleitesía. Belmondo y Aznavour le copiaron en algunos de sus papeles más emblemáticos. Y su rostro es usado en bares de medio mundo como objeto de decoración / adoración.
En el mundo de mentira y traición de Hollywood, Bogart era un islote, alguien de palabra, un profesional como la copa de un pino. Sin alardes, con un talento natural impermeable a la afectación. La crítica francesa le quiso etiquetar como un existencialista, otros le calificaron de estoico anacrónico, hubo quien lo definió como un sarcástico con ribetes cínicos. Y Kate Hepburn comentó que no era un hombre de "quizás". Con él era "sí o no". Izquierdista y disidente... a su manera.
