El mundo taurino está de luto tras la noticia del fallecimiento de Paco Camino, uno de los más grandes toreros de todos los tiempos. Nacido en Camas, Sevilla, el 14 de diciembre de 1940, Francisco Camino Sánchez, conocido como "El Niño Sabio de Camas", dejó una huella imborrable en la tauromaquia gracias a su talento y dedicación.
El maestro falleció a los 83 años en un centro hospitalario de Navalmoral de la Mata (Cáceres), según confirmó su viuda, Isabel Sánchez Flor.
Inicios y Alternativa
Nacido en una familia humilde, Paco Camino tuvo una infancia marcada por el trabajo y el esfuerzo. Su padre, Rafael Camino, fue banderillero y acompañó a Paco en sus primeros pasos en la tauromaquia. En 1958, Paco Camino debutó con caballos en Zaragoza, demostrando su destreza y captando la atención de los aficionados.
Su carrera tomó impulso rápidamente, y el 17 de abril de 1960 tomó la alternativa en Valencia de la mano de Jaime Ostos y con Juan García "Mondeño" de testigo. Ese día, en el que se celebraba una fecha tan poco taurina en la capital valenciana como el Domingo de Resurrección, Camino cortó una oreja de cada uno de sus toros -con petición del doble trofeo en el segundo de su lote- y salió a hombros de la plaza junto a Jaime Ostos, quien cortó dos orejas al cuarto de la tarde y Mondeño solo paseó un apéndice. El toro de la ceremonia se llamó «Mandarín», número 103, y perteneció a la ganadería de Carlos Urquijo.
Confirmó como matador en Las Ventas en la Feria de San Isidro de 1961 (donde torearía más de cincuenta tardes, abriendo doce veces por la Puerta Grande) y dos meses después sufrió una gravísima cornada en el coso de Vista Alegre al entrar a matar, llegando a recibir la extremaunción.
Éxito y Consolidación (1963-1973)
Durante la década de 1960 y principios de 1970, Paco Camino consolidó su fama y reputación. Fue líder del escalafón taurino en 1963 y 1966. En 1967, se presentó en la Plaza de toros de Acho en Lima, donde protagonizó un incidente al negarse a matar a un toro, lo que resultó en su arresto por 24 horas.
E igualmente, hace cincuenta años, el 4 de junio de 1970, toreó en Madrid una de las corridas más memorables de la historia del toreo, en la que se anunció en solitario con seis toros de diferentes ganaderías, logrando un triunfo sin precedentes. En 1970, protagonizó una corrida de Beneficencia en Madrid, matando en solitario siete toros y cortando ocho orejas, un evento que quedó grabado en la historia taurina.
La década de los 60 y 70, el cartel Paco Camino, Diego Puerta y El Viti se repitió en todas las ferias, llenaba las plazas y desde tres tauromaquias tan distintas como complementarias escribieron muchas de las mejores páginas de la historia del toreo.
Paco Camino toreó en muchas ocasiones en La Monumental barcelonesa y en ella, el 3 de junio de 1973 vivió la tragedia de la cornada mortal a su hermano Joaquín, que iba en su cuadrilla, lo que supuso que cortara la temporada y no volviera a los ruedos hasta la siguiente.
Últimos Años y Retiro (1974-1983)
En estos años, Paco Camino continuó su exitosa carrera, aunque comenzó a reducir su participación en corridas. Finalmente, el 23 de septiembre de 1983, se vistió por última vez de luces en Valladolid. Ese día, junto a «El Niño de la Capea», fue la despedida definitiva de Camino para el maestro valenciano El Soro.
Sin embargo, en 1987, volvió a la plaza en Nimes para dar la alternativa a su hijo, Rafi Camino, en una emotiva ceremonia que marcó un hito en su vida personal y profesional.
Estadísticas Notables
Dice de él, su biografía, que «en sus 20 temporadas como matador, toreó 1490 corridas cortando 1176 orejas y 126 rabos. Toreó más de 50 tardes en Las Ventas de Madrid cortando 48 orejas y salió 12 veces por la Puerta Grande, en 1963 la primera vez y en 1976 la última, quedando sólo por detrás de otro grande, Santiago Martín El Viti. Sufrió del orden de 30 cornadas, dos de ellas muy graves, en Bilbao en 1961 y en Aranjuez en 1980.
A continuación, se presenta una tabla con algunas de las estadísticas más destacadas de su carrera:
| Temporadas como Matador | Corridas Toreadas | Orejas Cortadas | Rabo Cortados | Salidas por la Puerta Grande (Las Ventas) | Cornadas Sufridas |
|---|---|---|---|---|---|
| 20 | 1490 | 1176 | 126 | 12 | Aproximadamente 30 |
Vida Personal
Paco Camino se casó en tres ocasiones: primero con Norma Gaona, hija del empresario de Plaza México Alfonso Gaona de Lara, luego con María de los Ángeles Sanz, y finalmente con Isabel Sánchez Flor, quien lo acompañó hasta sus últimos días. Tuvo cuatro hijos, entre ellos Rafi Camino, quien siguió sus pasos en el mundo del toreo.
Además de su pasión por la tauromaquia, Paco Camino disfrutaba de la vida en su finca y de momentos en familia.
Trágica asimismo fue la muerte de su hermano Joaquín, banderillero de su cuadrilla, tras la mortal cornada que le infringió el toro Curioso de la ganadería de Atanasio Fernández en Barcelona.
Si la seriedad le caracterizó en su profesión, pues siempre huyó de la prensa del corazón y el frivoleo, sin embargo la vida sentimental de Paco Camino fue bastante agitada, pues se casó tres veces y conquistó cierta fama de mujeriego.
Su primera boda fue sonada, ya que contrajo matrimonio en noviembre de 1963 con una bellísima mexicana, Norma Gaona, hija del multimillonario empresario de la plaza de México Alfonso Gaona. Acordaron vivir en España, pero dos años después, tras nacer su único hijo en común, Francisco, que también hizo pinitos como torero y falleció de cáncer en 2023, decidieron separarse, ya que Norma, de carácter volcánico, no se adaptaba a estar lejos de su país.
Al torero, que estaba muy enamorado de Norma, le costó superar su separación. Tras algunos romances intrascendentes, conoció a finales de los 60 a su segunda esposa, la madrileña Ángeles Sanz, polo opuesto de la mexicana, ya que era ingeniera técnico agrónoma de carácter apacible y estaba muy enamorada del torero. Tuvieron que esperar hasta 1973, cuando ya habían nacido sus tres hijos, Rafi (en 1969), Mariam (1971) y ese año Francisco Javier, para poder casarse por la iglesia, pues al matador le costó lograr la nulidad de su primer matrimonio.
Paco Camino y Ángeles Sanz, que era muy aficionada a la tauromaquia e incluso formaba parte de la peña de mujeres "las majas de Goya" aparentaban ser un matrimonio muy estable, por eso sorprendió su separación en 1989. La razón era que el diestro se había enamorado de una manchega llamada Isabel Sánchez Flor, 17 años menor e hija de un adinerado empresario de la confección. Por ella abandonó su hogar conyugal de la calle Serrano para instalarse en el campo con Isabel, con la que se casó por lo civil en 1994 en Valencia.
Ángeles Sanz quedó al cargo de sus tres hijos, el mayor de los cuales, Rafa, siguió los pasos de su padre como torero. Rafi adquirió fama de la década de los 90 alternando con otros dos hijos de matadores, Miguel Baez, Litri, y Julito Aparicio. Rafi, guapo y muy simpático, se convirtió en personaje fijo del papel cuché e incluso participó en Supervivientes en 2015. Sobre todo destacaba por sus sonados romances, entre ellos con las famosas cantantes Samantha Fox y Thalia, y sus noviazgos con Lara Dibildos o Carmen Morales, hija de Rocío Dúrcal, además de la presentadora Nani Gaitán. Hasta que sentó la cabeza con una azafata y modelo, Natalia Álvarez, madre de su único hijo Rafael, con la que se casó en la catedral de Oviedo en 2001 y se divorció en 2011.
A raíz de su separación, Rafi se dedicó a gestionar la finca paterna Los Caminos en Arenas de San Pedro, donde ha residido estos años. Su hijo Rafael, aunque estudia Derecho, es una gran aficionado a los toros, tiene su propia tertulia de radio y le encanta torear en tentaderos.
Marian, la hermana de Rafi, que es economista y creó su propia firma de bolsos y bisutería, se casó en 1999 con Jorge Bazaco, del que se divorció una década después. La pareja tuvo dos hijos, Alejandra y Álvaro, que al contrario de su abuelo, es un veinteañero que prefiere el fútbol a los toros e incluso ha jugado como portero en los juveniles del Atlético de Madrid B.
Se espera que los hijos y nietos de Paco Camino se den cita en su capilla ardiente, que se ha instalado en el Ayuntamiento de su pueblo natal, Camas, donde será enterrado.
Una vez retirado definitivamente del toreo se apartó del mundanal ruido y se fue a vivir, con su esposa, a su finca “Los Caminos”, en el termino de Candeleda (Ávila ), y allí ha pasado muchos años, viviendo muy feliz, en el campo.
Camino da mucho que hablar, sobre todo para alabarle. Por su forma de colocarse y citar con el medio pecho por delante, su compromiso de quietud y su noción del temple. Y por esa seguridad y pasmosa lentitud para recrearse en la interpretación de las suertes, por ejemplo, la estocada, casi siempre certera y segura. Ése es el valor puro y duro de los toreros.
No haría falta echar mano de los números para ensalzarle, porque las mejores cifras serán siempre el recuerdo de su estilo y personalidad en el ruedo, el eco de sus triunfales actuaciones como poso para los anales. Se nos ha ido, con solo 83 años -cumplía los 84 el próximo 14 de diciembre de 2024- un sabio, un genio, nacido en Camas, y yo tuve la suerte de seguirle desde que con 14 años, toreó en Cumbres Mayores (Huelva), pues solo nos llevabamos dos años escasos, y después verle muchísimas veces.
Mucho, muchísimo podría hablar sobre el Paco Camino torero, para mi uno de los más grandes de toda la Historia-sino el más grande- desde luego el más completo, pues dominaba toda la lidia, dotado de una inteligencia privilegiada; con razón, Guillermo Carvajal le apodó en el año 1958, nada más verle en Zaragoza, “El Niño sabio de Camas” y su apoderado , José Antonio Chopera, dijo de él que, “era el torero más inteligente que había conocido, y que del toro lo sabía todo”.
Era, pues, un toreo muy poderoso, aunque todo lo hacía con aparente suma facilidad, pero es que a todo ello unía un arte, una gracia y una torería, inigualables. Ello le llevó a convertirse en una gran figura en todo el mundo taurino. Triunfó en todas las plazas del mundo (especialmente en las Ventas de Madrid, primera plaza del mundo), y no solo en España sino también en toda la América taurina. Incluso llegó a torear tres tardes seguidas en Houston (Texas).
Como persona había que conocerle para valorar como era el hombre. Por todo ello puedo decir que, como torero fue absolutamente inconmensurable y como hombre fue inmenso, un hombre del que valía la pena estar a su lado, hablar con él, porque, como decía, era un genio, un sabio, y con frecuencia decía frases, reflexiones para enmarcar, y guardar para toda la vida. Yo lo sé, y puedo decir que era la bondad en persona, pues ayudó a mucha gente, aunque eso pocos lo sabían, porque cuando sacaba a alguien de un serio problema, lo primero que le decía era que de aquello no se enterara nadie, pero yo lo digo porque lo creo de justicia.
De tal manera habría que inventar calificativos para proclamar definitivamente esa genialidad de su carácter y modo de torear. Porque le llamaron sabio, pero yo creo que fue más. Fue, hay que anotar, valiente y artista; fue intuitivo y capaz, elegante y poderoso.
Dicen de él, que era un torero muy fino, por su depurado estilo, especialmente con el capote, por lo que se convirtió en ídolo en las plazas de España y de América, siendo un gran referente para otros toreros.
Fue un torero polémico, depuradísimo estilista con el capote, magnífico con la muleta, prefería la izquierda, a la diestra.
Yo no sabría ahora, he de reconocer que por miedo a quedarme corto, qué debo elogiar de su estilo, ¿el poderío y el ingenio? ¿la personalidad y el arte? ¿la capacidad para pensar y resolver en la cara del toro? Pues se ha dicho mucho de él.
No es bastante con cantar sus verónicas, esos lances de inmaculado trazo y potente dominio, además de la personalísima interpretación que hizo de la chicuelina, la airosa chicuelina, que él perfeccionó dándole un toque sandunguero que ya hubieran querido los mismísimos ángeles toreros.
Y su muleta, para la que tampoco hay suficientes alabanzas. Muleta tan segura que a algún crítico de la época , sin embargo, le pareció tan fácil en su forma de manejarla, que intentó restarle méritos colgándole un injusto sambenito. Qué barbaridad.
El que fuera un maestro y gran figura del toreo, Paco Camino, ha fallecido en el Hospital de Navalmoral, tras agravarse las dolencias que padecía. Paco Camino, de 83 años, era natural de Camas (Sevilla) y fue uno de los grandes toreros del siglo XX.
Estuvo en activo durante veinte temporadas, con el reconocimiento de todas las aficiones del Planeta de los toros, de Madrid o Bilbao a México o Perú y, pese a su magisterio, recibió más de treinta cornadas.
Una tauromaquia completa, con dominio de todas las suertes. Introdujo nuevas técnicas y estilos en el toreo, siendo un pionero en muchos aspectos.
La apatía unas veces, la facilidad casi excesiva para ejecutar el toreo casi siempre, han hecho de Camino un torero de cuyas faenas, incluso las mejores, siempre quedó la sospecha de que seguramente habría podido superarlas.
Paco Camino, definido como «El Mozart del toreo» en la biografía que le dedicó Carlos Abella, es la anatomía exacta de un torero y, sus palabras, muestran la personalidad de un hombre valeroso y elegante en la forma de afrontar ciertas desigualdades de la fiesta actual respecto a su época.
Camino, que vivió en la época del repiqueteo de las máquinas de escribir, los discos de vinilo, las películas en blanco y negro o los Rolls Royce, impone la realidad desde el instante en que arranca la conversación, sin caprichos interiores, como muestra de su integridad.
Sobre su alternativa, el maestro sevillano, al que el crítico taurino Gonzalo Carvajal pronto le apodó «El Niño Sabio de Camas» debido a la precocidad de sus inicios, recuerda que «elegí València para mi doctorado porque ya había triunfado de novillero y porque me sentía muy cómodo en esa plaza».
En ese sentido, Camino debutó como novillero en el «Cap i casal» un 12 de octubre de 1959 con Paco Pastor y Miguelito frente a una novillada del Duque de Pinohermoso, en la que ya salió por la puerta grande junto a Pastor. En las Fallas de 1960 también triunfó y el idilio con València despegó definitivamente.
Es en ese momento cuando Pablo Chopera, a finales de 1959, lo citó en San Sebastián cuando iba camino de una novillada en Rochefort y le ofreció una exclusiva de 40 corridas de toros, entre las que se incluía la alternativa, a 115.000 pesetas cada una: «Pablo Chopera fue un grandísimo apoderado porque me cuidaba muchísimo, siempre me pagó más de lo acordado; más de 115.000 pesetas por festejo».
Pero el golpe de autoridad de Paco Camino en València llegó el 28 de julio de ese año de la alternativa, donde triunfó mano a mano junto a Antonio Ordóñez, uno de sus máximos referentes. En el cartel inicial estaba Diego Puerta, pero una cornada en Tudela lo apartó del compromiso.
Ese día se cortaron nueves orejas y dos rabos y, al finalizar el festejo, dieron la vuelta al ruedo junto al ganadero Ángel Peralta, que solo lidió dos toros y su corrida fue remendada con astados de Barcial: «Recuerdo que era muy joven pero estuve a la altura de un torero como Ordóñez, uno a los que más he admirado por su clasicismo y su elegancia».
Paco Camino tampoco olvida la faena al toro de Joaquín Buendía, premiado con la vuelta al ruedo, en las Fallas de 1972. También recuerda que València fue la plaza elegida en 1974 para reaparecer tras los seis meses de retiro a causa del impacto producido por la muerte de su hermano Joaquín en la Monumental de Barcelona tras banderillear a «Curioso», de Atanasio Fernández.
Otra tarde que rememora «El Niño Sabio de Camas» es la de los toros de Torrestrella el 15 de marzo de 1968 «donde hubo mucha emoción» después de cortar tres orejas y un rabo. Recorte, el crítico taurino de Levante en aquel tiempo, escribió en la crónica de esa corrida que «fue declarado máximo triunfador de las Fallas tras mostrarse como si fuera un novillero rabioso por conquistar fama y dinero».
Precisamente, frente a los toros que crió Álvaro Domecq se doctoró el diestro valenciano Vicente Ruiz, «El Soro», con Paco Camino como padrino de la ceremonia: «Camino es el Santo Grial del toreo porque fue un portento, reunió todas las condiciones necesarias para ser figura del toreo y en los años 60 toreaba igual o mejor que hoy en día porque tenía una facilidad enorme para hacer todo tipo de suertes y una naturalidad que marcaba la diferencia», relata con admiración El Soro. El maestro valenciano también se encontraba en el cartel de la despedida definitiva de Camino.
Más allá de sus actuaciones, la belleza de València atrapó a Paco Camino desde el mismo día de su debut, cuando salió desde el hotel Metropol y paseó por el centro de la ciudad: «València es maravillosa, era mi segunda casa».
Uno de sus grandes amigos, el cineasta Agustín Díaz Yanes, hijo del banderillero Michelín (muchos años en la cuadrilla de Paco Camino y que toreando a sus órdenes sufrió una gravísima cornada en La Monumental barcelonesa el 2 de mayo de 1965 que estuvo a punto de costarle la amputación de una pierna, salvada por la rápida intervención el Dr. Olivé Millet) me comentaba vía telefónica al poco de recibir la triste noticia del adiós de Camino: “Me parece uno de los mejores toreros que yo haya visto, el más competo y por lo que he leído también de los mejores de todos los tiempos. Con Antonio Ordóñez ha sido mi favorito, junto a Antoñete, pero el más completo para mí es Camino, que paradójicamente no llegó a ser torero de Sevilla. La historia de la tauromaquia se está convirtiendo en algo extraño, que va dejando algo apartados a esos toreros, también El Viti.
En sus 20 temporadas como matador, toreó 1,490 corridas, cortando 1,176 orejas y 126 rabos. Sus chicuelinas eran sublimes.
