En Pañales: La Historia Vitivinícola y Ampelográfica de Sanlúcar de Barrameda

A principios del siglo XIX, España se encontraba a la vanguardia de la investigación científica en ampelografía y enología gracias a Simón de Rojas Clemente y Rubio, y Esteban Boutelou. Ambos, sabios, liberales y humanistas, impulsaron estas disciplinas con visión universal.

Boutelou y Clemente estaban radicados en Sanlúcar de Barrameda cuando sus obras más importantes fueron publicadas en 1807 por la Imprenta Villalpando de Madrid. Sus libros son pioneros en viticultura y ampelografía, y se consideran entre los más importantes jamás escritos en estas materias.

Tras la edición de estas obras, en 1808 llegaron el Motín de Aranjuez y la invasión napoleónica. Después de la retirada de los invasores y el fin de la Ilustración, se impuso el absolutismo, dejando un país devastado.

Boutelou y Clemente son figuras capitales en la historia universal de la vitivinicultura y de la ampelografía, en el contexto de su paso por Sanlúcar de Barrameda, ciudad vinatera donde encontraron su destino.

El desprecio al conocimiento y la envidia son formas de estupidez humana. El desinterés hacia el saber fue común en España, donde, según Pío Baroja, pensar llevaba a morir de hambre.

En 1808, la turba enaltecida arrasó el Jardín Botánico de la Paz en Sanlúcar de Barrameda, un símbolo del trato privilegiado que Godoy había dado a la ciudad.

Simón de Rojas Clemente y Rubio y Esteban de Boutelou en Sanlúcar

La presencia de Simón de Rojas Clemente y Rubio, y de Esteban de Boutelou en Sanlúcar de Barrameda fue breve en comparación con sus trabajos en el Real Jardín Botánico de Madrid, en el Real Sitio de Aranjuez o con las exploraciones de Simón de Rojas en el Reino de Granada.

Sin embargo, la experiencia sanluqueña dejó una marca indeleble en ambos, tanto científica como personal. En Sanlúcar empezaron a coleccionar el material y a establecer la red de informadores que les permitió escribir sus dos obras magnas. Ambos se vieron implicados en la poderosa maquinaria de mecenazgo científico que generó en torno suyo Manuel Godoy, y que hizo posible tanto la erección del Jardín Botánico de la Paz como el comienzo de su actividad.

Los dos desarrollaron un gran afecto a la ciudad, estableciendo amistades que durarían de por vida. El presente artículo no alcanza a ser un relato detallado al uso de la estancia de ambos botánicos en Sanlúcar, tarea que se podría documentar con el importante material manuscrito existente en el Archivo del Real Jardín Botánico de Madrid, el Archivo Municipal de Sanlúcar de Barrameda o la valiosísima información contenida en el 'Semanario de Agricultura y Artes dirigido a los Párrocos' (que a partir de ahora nombraremos por sus siglas SAAP).

El objetivo es dar algunas claves que expliquen por qué Sanlúcar de Barrameda se convirtió en pieza fundamental en la vida de estos botánicos.

No obstante y sin desmerecer otros trabajos de verdadero mérito, de la bibliografía disponible necesariamente hay que destacar aquí el espléndido libro, de obligada lectura, de Antonio Cabral Chamorro, 'Agronomía, agrónomos y fomento de la agricultura en Cádiz', (1995, Cádiz, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Cadíz), así como el detallado estudio de Francisco Márquez Hidalgo, 'El Jardín Botánico de la Paz de Sanlucar de Barrameda', (2002, Sanlúcar de Barrameda, Pequeñas Ideas Editoriales).

Simón de Rojas Clemente Rubio a menudo se escribe, para mayor claridad, intercalando la y (o "i", si en catalán o valenciano) entre los dos apellidos: Simón de Rojas Clemente y Rubio. Por supuesto "Simón de Rojas" (o "de Roxas", en la grafía de la época) es el nombre, y Clemente Rubio son los apellidos.

Clemente, el "moro sabio"

El 5 de julio de 1803, Simón de Rojas Clemente escribía a su padre desde Cádiz haciéndole saber que había estado doce días de viaje por El Puerto de Santa María, Rota, Jerez y Sanlúcar. Y que en esa última población había pasado 8 días en "casa de un labrador riquísimo que habita en un Palacio y tiene las mejores bodegas del Mundo". Al final del verano de ese mismo año, lo encontramos felizmente instalado en Sanlúcar, "corriendo pueblos y viñas y recibiendo mil atenciones".

En 1800, Clemente se traslada a Madrid para opositar a cátedras, asistiendo a cursos de griego, árabe, mineralogía, química y botánica con Antonio José Cavanilles. Se une a la 'Escuela madrileña' junto a Mariano Lagasca y Jose Demetrio Rodríguez.

Simón de Rojas Clemente

Domingo Badía y Leblich –más conocido posteriormente como Ali Bey- ofreció a Simón de Rojas la posibilidad de realizar un viaje científico por el interior de África. Para su preparación, emprendieron un viaje por Francia e Inglaterra con el fin de recopilar noticias de observación y otros artículos indispensables, lo cual daría al joven científico valenciano la oportunidad de formarse en 1802 con los más destacados botánicos ingleses.

Terminado su cometido en el extranjero, y disfrazados de musulmanes, embarcaron en Londres con destino a Cádiz. Desde allí, el 29 de junio de 1803 Badía emprendió el viaje solo, dejando a Simón de Rojas en tierra. La misión, de hecho, distaba mucho de tener carácter científico. Estaba movida por un trasfondo político ligado a la política norteafricana de Manuel Godoy.

En el verano de 1803, Simón de Rojas se instaló en Sanlúcar, en casa del bodeguero Francisco de Terán. Vestido aún de mahometano, fue apodado el "moro sabio".

Su estancia coincidió con el mecenazgo de Godoy sobre Sanlúcar. Allí estaba a finales de 1803 cuando el comisionado Amorós vino a recoger el diploma de nombramiento de Godoy como Regidor Perpetuo de su ayuntamiento y Director Honorario de la Sociedad Económica. Presente también en las celebraciones con las que dicho consistorio quiso celebrar la ocasión, singularmente con la plantación de 60 aranzadas de pinos en la Algaida, momento que Simón de Rojas recordaba como unos de los más felices de su vida.

En octubre de 1804, comentaba a su padre, que pensaba tardar "un mes en salir de aquí porque tengo entre manos un trabajo ( ) un libro sobre viñas y tierras " Este trabajo es el que luego se convertiría en el 'Ensayo sobre las variedades de la vid común que vegetan en Andalucía'.

Una red de informantes en Sanlúcar y la provincia gaditana fue esencial para su trabajo. La élite ilustrada de hacendados, abierta al progreso, facilitó la creación de esta red. El grupo, vertebrado en torno a la Sociedad Económica, se convirtió, según Cabral Chamorro en un núcleo pujante, en parte por el mecenazgo político y científico de Godoy, y en parte por las relaciones que establecieron con Simón de Rojas y Boutelou.

Las consecuencias fatales del Motín de Aranjuez, la invasión francesa, la toma de partido por la monarquía josefina de la mayoría de los ilustrados sanluqueños, la represión desarrollada a partir de 1814, la muerte temprana de Boutelou y la marginación de Simón de Rojas Clemente durante y en los años posteriores al conflicto, contribuyen a explicar su triste fin.

El matrimonio formado por María Josefa La Piedra y Juan Antonio Martínez Eguílaz, junto con los Terán, Pla, Gordon y Huet, formaban el sector más dinámico de la sociedad sanluqueña, habiendo contactado con Simón de Rojas el mismo año 1803.

Eguílaz, de origen riojano, había adquirido una considerable fortuna gracias al comercio americano. Como otros comerciantes residentes en Cádiz, decidió trasladarse a Sanlúcar de Barrameda en la bisagra de los siglos XVIII y XIX, invirtiendo parte de su capital en el territorio agrícola sanluqueño, plantando nuevos cultivos –plátano, tabaco- y fomentando otros antiguos, singularmente el de la vid. Es así fácil de entender que se convirtiera en un importante colaborador en la obra ampelográfica de Clemente, agradeciéndoselo el valenciano denominando una de las variedades de vid como Martinecia.

Su esposa, la gaditana María Josefa La Piedra, no le iba ni mucho menos a la zaga, más bien al contrario. Se consideraba a sí misma discípula de Simón de Rojas -y él la consideraba una alumna sobresaliente- llegando a ser respetada entre los científicos de la época, hasta el punto de que el propio Clemente, Lagasca, Badía...

Historia de Sanlúcar 11 - La Manzanilla.

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