A veces, la vida te enfrenta a situaciones inesperadas. ¿Qué pasa cuando el predictor se pinta de rosa, tienes 44 años y no entraba en tus planes tener un tercer hijo? Desde adolescente has oído que ningún método anticonceptivo es cien por cien fiable.
Sin embargo, esta vez te ha tocado a ti ser la excepción a esas estadísticas. Estás encerrada en el baño de tu casa haciéndote un test de embarazo, y nada más caer una gota de orina, las dos temidas (o queridas, en otras ocasiones) rayitas rosas se pintan al instante. La cara que se te queda es de incredulidad: esto estará defectuoso, quizás no seguí bien las instrucciones, vamos a esperar un rato más por si desaparece la segunda rayita… Pero no.
Tienes un retraso de casi ocho semanas que atribuías a los nervios por haber vivido alguna situación incómoda, al estrés, al inicio de la menopausia, o a cualquier otra razón más propia, digamos, de tu edad. Tampoco tenías ningún síntoma de embarazo. Es más, estabas feliz, radiante… como hacía tiempo que no te sentías (seguramente por efecto de las hormonas). Aunque tú misma lo atribuyeras a unas vacaciones en familia de sol y playa después de meses de confinamiento.
Podrías haberte hecho el test de embarazo durante esos días, como insiste tu pareja y padre de tus dos otros hijos, pero “¿para qué? ¿y si saliera positivo? Entonces sí que se nos fastidiarían estas felices vacaciones”. Además, le repito, es imposible que esté embarazada, las probabilidades son ínfimas, casi inexistentes: por la edad, porque siempre tomamos precauciones… “desde luego, si lo estuviera, sería un caso digno de ser publicado en revistas científicas como Nature”. Me permitía incluso hacer bromas, como ponerle un nombre o decir que esa incipiente barriguita sería efecto del pescaíto frito y las cañitas.
Así que, por el momento, nos olvidamos del tema y nos concentramos en disfrutar al máximo de las vacaciones. Y fuimos dejando pasar los días, porque suponía que me acabaría viniendo la regla y el problema se resolvería.
Pero mi pareja seguía inquieta. Quizás yo también. Por eso, ya una vez de vuelta a casa, me hice al fin el test de embarazo. Y, de repente, esa tarde de mediados de agosto cayó una tormenta inesperada sobre nosotros. Yo me hundí. Porque ese no era mi plan en esos momentos. De hecho, mis planes de futuro eran totalmente diferentes. Anhelaba una vida propia.
Iba a cambiar de trabajo; mis dos hijos habían crecido (ya tenían 11 y 8 años) y no necesitaban tanta atención como antes, tras años dedicados a ellos sin ninguna ayuda externa y un apoyo más bien escaso de lunes a viernes por parte del padre. Además, seguramente tampoco estábamos viviendo nuestro mejor momento como pareja.
Por todo ello, y mucho más, no quería volver a ser madre. A pesar de que se cruce por tu mente la idea de tener de nuevo a un bebé en brazos (porque esta sí será tu última oportunidad de volver a sentir esa sensación de llevar dentro un pequeño ser vivo, aunque sea por caprichos del destino).
Afortunadamente, en apenas unas horas empiezas a verlo con claridad (aun viviendo rodeada de un mundo de incertidumbres). Una de tus mejores amigas, desde el otro lado del charco, te ofrece un poco de luz: “vives en un país civilizado, donde las mujeres tenéis derechos reconocidos, como el aborto, y podrás hacerlo con total seguridad. Ni lo pienses. Ahora no es tu momento”.
Y lo cierto es que tanto mi pareja como yo no queríamos volver a entrar en la rueda de la crianza: verse de nuevo pasando las tardes en el parque, las noches sin dormir, los pañales, las reuniones de padres y madres en la guardería, etc. Todo ello con una edad en la que las fuerzas (y la paciencia, las ganas…) ya empiezan a flaquear y teniendo en cuenta que además podría convertirse en un embarazo de riesgo, tanto para mí como para el bebé. Aunque, sin lugar a dudas, la razón principal por la que decidimos que no debíamos seguir adelante no fueran los potenciales riesgos.
Enseguida nos informamos de las posibilidades que ofrece la ley actual para una interrupción voluntaria del embarazo, donde ya no se hace necesario alegar motivos, riesgos e informes, sino que se trata de una decisión libre de las mujeres. Incluso en España un derecho sufragado por los servicios públicos de salud.
La decisión estaba tomada. No tenía ningún sentido seguir adelante, yo no quería ser madre. Sobre todo cuando de nuevo el mundo se abría ante mí, empezaba a recuperar mi propia identidad, ésa que a menudo la maternidad logra arrebatarte: porque acabas convertida en la mamá de A y B y desapareciendo detrás de ese título, y todo lo que fuiste alguna vez, antes de tener hijos, parece ya que sucedió en otra vida.
Pero a pesar de tener una primera cita ya fijada en la clínica elegida para ir a abortar (aquella frente a un parque, donde, paradojas de la vida, has celebrado algunos cumpleaños infantiles), lo cierto es que sigues nerviosa y con sentimientos de culpa por haber tomado esa decisión, tú que por otro lado siempre defendiste el derecho al aborto en cualquier lugar del mundo. Porque abortar no es fácil para ninguna mujer, por muy convencida que esté de que quiere hacerlo.
Hacerlo con más de 40 años, además, te pone frente a la terrible contradicción de que mientras hay miles de mujeres de tu misma edad que están luchando por conseguir un embarazo, tú, en cambio, lo consigues sin ni siquiera pretenderlo y no tienes intención de seguir adelante. Y eso te hace sentir también mal.
Seguramente, la vida no sea del todo justa. Pero, a veces, la naturaleza sí es sabia. A las casi nueve semanas de embarazo, con la cita ya apuntada en mi agenda, tuve un aborto espontáneo. Y yo me alegré muchísimo de que así fuera, aunque suene horrible decirlo.
Tras dos visitas a urgencias, comprobamos que todo estaba bien y que se había completado el aborto. Salvo por el fastidio de tener que terminar el verano sin baños en la playa o la piscina, la situación era inmejorable: habíamos evitado el paso por la clínica y también una intervención, aunque ésta fuera de bajo riesgo.
Haber pasado por este episodio me ha hecho ver de frente cómo, en algunas ocasiones, desde la sociedad damos por hecho que todas las mujeres deben sentirse felices por estar embarazadas. La inmensa mayoría de las veces por supuesto que es así. Pero ¿qué pasa cuando no? Tanto al irme a hacer la primera analítica de confirmación del embarazo, como al recibir la llamada del doctor para contarme los resultados, tuve que oír unos cuantos “enhorabuena” que, en mi caso, me dolieron, haciéndome sentir que estaba actuando mal ¿Por qué presuponer que es una buena noticia un embarazo, si desconocemos la situación personal que hay detrás de esa mujer?
Como he dicho, siempre he defendido el derecho al aborto. Lo considero un derecho fundamental para las mujeres y me siento realmente afortunada por vivir en un país donde está reconocido (tal y como me decía mi amiga) y donde podemos interrumpir nuestro embarazo sin correr ningún tipo de riesgo y, en mi caso particular además, con el apoyo de mi pareja.
Cuando fui contando la posibilidad de mi aborto a amigas cercanas, a las que conozco desde hace muchos años, descubrí que varias de ellas habían pasado por esto, en otros momentos de su vida y en otras circunstancias. Nunca me lo habían contado.
Embarazada del Padre de mi Ex: Dudas y Probabilidades
Enfrentar un embarazo siempre es un momento crucial en la vida de una mujer, pero la situación se complica aún más cuando existe incertidumbre sobre la paternidad. Algunas mujeres se encuentran en la encrucijada de no saber quién es el padre de su hijo debido a relaciones sexuales con su pareja actual y su ex en un corto período de tiempo.
Un testimonio relata:
Hola, mi periodo normalmente me llegaba los 12 de cada mes, para el mes de mayo efectivamente me llego el 12 pero me tome una pastilla que supuestamente quitaba el periodo pero sin embargo me lo atraso mas, el 18 de este mismo mes me llego de nuevo muy duro y se me quito el 22, el 26 de mayo estuve con mi novio con el siempre utizamos el metodo de coito interrumpido, aproximandamente a la semana el 1 de junio estuve con mi ex y no me protegi el se vino por dentro pero la verdad no le puse mucho cuidado.
Ante esta incertidumbre, la respuesta de un profesional es clara:
Hola, por las fechas que son días más fértiles y porque eyaculó dentro hay más probabilidades que el embarazo sea de tu exnovio, aunque es cierto que por la ecografía las fechas se ajustan más al coito con tu novio actual. Sin embargo, las ecografías durante el primer trimestre son orientativas y poco fiables y como solo hay una semana de diferencia entre coito y coito no es raro que se el ginecólogo se vaya de una semana. Siento no poder ayudarte más, pero todo parece apuntar a que probablemente sea de tu exnovio.
Esta situación genera angustia y la necesidad de buscar respuestas claras, aunque la incertidumbre persista.
Infidelidad y Culpa
La infidelidad es un tema recurrente en estos testimonios, generando sentimientos de culpa y confusión. Una mujer comparte su experiencia:
La primera vez que engañé a alguien, fue una cosa de una vez. En ese momento estaba en una relación relativamente nueva con mi pareja, con quien sigo saliendo. Como todavía no era algo oficial, yo me acostaba también con otra persona. No le había dicho; no sentí que necesitara decirle, pues no éramos exclusivos en ese punto. Pero después de unos tres meses, tuvimos la conversación y decidimos que íbamos a ser novios, y que entonces no íbamos a salir con nadie más. Más o menos un mes después, lo engañé por primera vez: me besé con alguien más en una noche de tragos.
Después de la primera vez que fui infiel, decidí que quería arriesgarme y zambullirme, enfrentar mis inseguridades y comprometerme en una relación seria con alguien. Quería reaprender de intimidad y lo que significaba tener sexo con una sola persona. Pero lo engañé otra vez seis semanas después con un tipo que conocí en un curso que estaba tomando.
Más o menos un mes después, las cosas se complicaron con ese incidente cuando me di cuenta de que estaba embarazada. Me tomó un día o dos asimilar que la persona con la que me acosté podría haber sido el papá. Además de la culpa, tuve que lidiar con todas las emociones que acompañaban un embarazo no deseado.
Esta experiencia refleja la complejidad de las relaciones y las consecuencias emocionales de las decisiones tomadas.
Adicción y Custodia
La adicción de la pareja es otro factor que complica la situación, especialmente cuando hay un hijo de por medio. Margarita, una madre que vivió mucho tiempo desesperada por la adicción de su ex pareja hasta que, recientemente, consiguió la custodia de su hijo de tres años.
Cuando su pareja consumía se perdía, y cuando no tenía para hacerlo, se volvía agresivo y encontraba cualquier excusa para despertar su violencia, psicológica y física. O bien empalidecía, sudaba, temblaba y terminaba por rendirse a la busca de la droga, donde fuera y a cualquier precio.
“En este tiempo él podía coger al niño martes y miércoles, lo recogía de la guardería, aunque no estaba bien”, explica la madre. “Andaba con mala gente”. “Un día me llamó la policía porque encontraron mi número en unos papeles y querían localizarle porque le habían denunciado por robo”.
Margarita luchó para que la Justicia le otorgue la custodia total del niño para evitar que el padre pueda volver a ejercer su régimen de visita, teniendo en cuenta el estado en el que se encuentra. A finales de 2023, escribió al CIA de Adictalia para dar buenas noticias: «Conseguí la custodia, ahora estoy con la patria potestad. El padre está en prisión, sale a últimos meses de 2025. No sé de dónde saco fuerzas, pero allá voy por mi hijo 💪», confesaba.
Esta historia destaca la importancia de proteger a los hijos en entornos de adicción y la lucha por obtener la custodia en situaciones de riesgo.
Revelaciones y Desconfianza
En algunos casos, la noticia de un embarazo anterior de la expareja sale a la luz durante el embarazo actual, generando desconfianza y cuestionamientos en la relación. Un testimonio lo ilustra:
Resulta que mi pareja y yo tenemos un embarazo de 3 meses y hace 10 días me confesó que su ex está embarazada de 8 meses de él. Ellos trabajan juntos.
Segundo, le dije que para mi era difícil lidiar con esa situación de que saber que cuando nazca, el iba a ir a la casa de ella a ver al bebé o que ella iba a venir a la casa a traerle al bebé. Y Que yo no iba a estar sonriente. Siento qu ya no confío en él... Si fue capaz de ocultarme algo así desde el principio puede ocultarme más cosas con la excusa de qu todo fue antes de mí.
Ante esta situación, la recomendación es clara:
Es importante que valides tus propios sentimientos. Está bien sentirte herida, traicionada y molesta. Aunque te has alejado para pensar, es esencial eventualmente tener una conversación abierta y honesta con tu pareja sobre cómo te sientes y qué necesitas para seguir adelante.
La honestidad y la comunicación son fundamentales para reconstruir la confianza y tomar decisiones informadas sobre el futuro de la relación.
Apoyo Familiar y Personal
A pesar de las dificultades, el apoyo familiar y la fortaleza personal son clave para superar estos desafíos. Jessica comparte su historia:
Todo empezó el 16 de febrero, cuando hablando con mi tía sobre un retraso en mi regla, decidimos comprar un test de embarazo para quedarnos más tranquilas.
El test salió positivo, yo no podía creerme lo que estaba viendo y rompí a llorar. Llevaba dos años con mi pareja y estábamos bien, ahora tocaba darle la noticia. Esa noche, llegó a mi casa y estuvo muy atento de mí, no dejaba de abrazarme, de decirme que me quería y que estaría siempre a mi lado. Sin embargo, eso no era lo que acabaría pasando días más tarde.
Cuando sus padres se enteraron de la noticia decidieron dejarme sola en este momento tan delicado para una mujer. Mi pareja también me abandonó. Lo que más me dolió fue leer esto de la persona que en ese momento dejó de ser mi suegra: «no te preocupes que he llamado a la clínica y eso en 1o minutos te lo quitan y después no pasa nada». Ahí fue cuando vi que realmente estaba sola, abandonada por mi ex y su familia. Gracias a Dios mi familia actúo de una manera totalmente distinta. Tanto mis tíos, como mis abuelos, a quienes al principio les asustó la idea de tener que alimentar otra boca más en los tiempos que corren, han estado conmigo desde el primer momento.
Ahora me doy cuenta de que es lo mejor que he podido hacer, porque un hijo es lo más grande que puede darte la vida, y no voy a arrepentirme, ¡jamás!
Una mujer relata su experiencia:
Me apunté para ser madre soltera a un hospital en Bélgica, pero opinaron que era demasiado joven. Puedo entender su respuesta, ya que por aquel entonces sólo tenía 28 años. 4 años tras la ruptura, mi camino se volvió a cruzar con el de Paul. Yo había estado en alguna que otra relación, pero él siempre reaparecía en mi mente. Nunca cortamos el contacto del todo. Me dijo que había madurado, que entendía por qué acabó nuestra relación, que estaría feliz de retomarla pero sobre todo… que estaba preparado para ser padre.
Tras una serie de complicaciones y desilusiones, finalmente decide:
Pronto tomé una decisión que cambiaría mi vida para siempre: quería ser madre soltera. Ya lo había intentado entre la primera y segunda parte de mi relación con Paul y me habían dicho que era demasiado joven. Entendí esa respuesta entonces, pero ahora con mi menopausia precoz, tenía curiosidad sobre cual sería su repuesta.
Esta historia refleja la determinación de una mujer por cumplir su sueño de ser madre, incluso ante la adversidad y la falta de apoyo de la pareja.
Gemelos y Separación
La llegada de gemelos puede ser un desafío aún mayor para una pareja, y en algunos casos, puede llevar a la separación. Yerlin, madre de gemelos de 16 meses, comparte su experiencia:
Estoy pasando un duro momento ya que hace meses que me separé de mi marido. Vivo con mi mamá y ella cuida de mis gemelos para yo poder trabajar, ¡Ella es una campeona!
La razón por la cual me separé es porque mi marido no me ayudaba con los gemelos, simplemente ya no daba más, toda la tarea era para mamá. Tenía que rogarle para que cambiara un pañal, me sentia desesperada…
Estoy muy triste porque la gente habla sobre esto; que por qué me separé, que por qué le hice este daño a mis niños… Me he sentido muy mal por todos los comentarios que hacen los conocidos sobre mí.
Esta historia destaca la importancia del apoyo mutuo en la crianza de los hijos, especialmente cuando se trata de gemelos, y el impacto emocional de la separación en la madre.
Las experiencias compartidas en estos testimonios reflejan la complejidad de las relaciones y las decisiones difíciles que enfrentan las mujeres embarazadas del padre de su expareja.
Tabla resumen de factores y decisiones
| Factor | Descripción | Decisiones Comunes |
|---|---|---|
| Incertidumbre sobre la paternidad | Relaciones sexuales recientes con la pareja actual y la expareja. | Prueba de paternidad prenatal, apoyo emocional. |
| Infidelidad | Sentimientos de culpa y arrepentimiento. | Terapia de pareja, comunicación honesta. |
| Adicción de la pareja | Riesgo para la seguridad del niño. | Solicitar la custodia exclusiva, buscar ayuda profesional. |
| Revelaciones sobre el pasado de la pareja | Desconfianza y cuestionamientos en la relación. | Comunicación abierta, terapia individual. |
| Falta de apoyo familiar | Sentimientos de soledad y abandono. | Buscar apoyo en amigos y organizaciones. |
| Llegada de gemelos | Aumento de la presión y el estrés en la pareja. | Buscar apoyo externo, dividir las tareas. |
