¿El Ser Humano Nace o Se Hace?: Un Debate Profundo

El debate sobre la relevancia de si se nace o se hace, o de manera similar, "genotipo versus fenotipo" en la biología humana y en la medicina, es un tema de gran estudio que aún permanece en gran parte sin resolver y abierto.

Ilustración del debate entre naturaleza y crianza.

El Genotipo y el Fenotipo: Un Equilibrio Complejo

La identidad individual humana también se relaciona con las propiedades biológicas y el medioambiente. En este sentido, la forma en que nos reconocemos inicialmente depende a menudo de nuestro rostro único, y existe un código cerebral sofisticado para distinguir las identidades faciales. Esto explica por qué los gemelos captan tan comúnmente nuestra atención y se utilizan para comprender cómo el equilibrio entre la naturaleza y la crianza genera un fenotipo.

Estudios en Gemelos: Revelando Diferencias Epigenéticas

Trabajos relevantes en esta área incluyen la observación original de que los gemelos monocigóticos muestran diferencias epigenéticas, entendidas como las marcas químicas como la metilación del ADN y las modificaciones de histonas que regulan la expresión génica, que podrían explicar los diferentes rasgos de la población y la distinta penetrancia de enfermedades en estas personas, un hallazgo respaldado en estudios posteriores, como el recogido en Nature Genetics, incluido además el Estudio de gemelos de la NASA.

El Rostro Humano y la Genética Compartida

Ahora un nuevo estudio que analizó una colección de fotos de parecidos genéticamente no relacionados, junto con un análisis de ADN, revela que existe una fuerte similitud facial asociada con variantes genéticas compartidas. El trabajo se ha publicado en la revista Cell Reports.

“Nuestro estudio proporciona una visión poco común de la semejanza humana al mostrar que las personas con rostros extremadamente parecidos comparten genotipos comunes, mientras que son discordantes a nivel de epigenoma y microbioma”, dice el autor principal Manel Esteller, del Instituto de Investigación contra la Leucemia Josep Carreras, en Barcelona. “La genómica los agrupa y el resto los separa”, agrega.

La cantidad de personas identificadas online como gemelos o dobles virtuales que no están relacionados genéticamente ha aumentado debido a la expansión de la World Wide Web y la posibilidad de intercambiar imágenes de humanos en todo el planeta.

En el nuevo estudio, Esteller y su equipo se propusieron caracterizar, a nivel molecular, seres humanos aleatorios que objetivamente comparten rasgos faciales. Para hacerlo, reclutaron dobles humanos a partir del trabajo fotográfico de François Brunelle, un artista canadiense que ha estado sacando fotografías de personas parecidas en todo el mundo desde 1999. Obtuvieron fotos de rostros de 32 parejas parecidas.

Los investigadores determinaron una medida objetiva de la semejanza de los pares utilizando tres algoritmos de reconocimiento facial diferentes. Además, los participantes completaron un cuestionario biométrico y de estilo de vida integral y proporcionaron ADN de saliva para el análisis multiómico.

“Este conjunto único de muestras nos ha permitido estudiar cómo la genómica, la epigenómica y la microbiómica pueden contribuir a la semejanza humana”, detalla Esteller.

Datos Reveladores: Genotipos Similares, Epigenomas Diferentes

En general, los resultados revelaron que estos individuos comparten genotipos similares, pero difieren en la metilación de su ADN y en el paisaje de su microbioma. La mitad de los pares similares fueron agrupados por los tres algoritmos. El análisis genético reveló que 9 de estos 16 pares se agruparon según 19.277 polimorfismos comunes de un solo nucleótido.

Además, los rasgos físicos como el peso y la altura, así como los rasgos de comportamiento como el tabaquismo y la educación, se correlacionaron en pares parecidos. En conjunto, los resultados sugieren que la variación genética compartida no solo se relaciona con una apariencia física similar, sino que también puede influir en los hábitos y comportamientos comunes.

“Proporcionamos una visión única de las características moleculares que potencialmente influyen en la construcción del rostro humano”, subraya Esteller. "Sugerimos que estos mismos determinantes se correlacionan con los atributos físicos y de comportamiento que constituyen a los seres humanos", añade.

Algunas limitaciones del estudio incluyen el pequeño tamaño de la muestra, el uso de imágenes 2D en blanco y negro y el predominio de participantes europeos. A pesar de estas advertencias, los hallazgos pueden proporcionar una base molecular para futuras aplicaciones en varios campos, como la biomedicina, la evolución y la ciencia forense.

“Estos resultados tendrán futuras implicaciones en la medicina forense -reconstruyendo el rostro del criminal a partir del ADN- y en el diagnóstico genético -la foto del rostro del paciente ya te dará pistas sobre qué genoma tiene-", recuerda Esteller. "A través de los esfuerzos de colaboración, el desafío final sería predecir la estructura del rostro humano en función del panorama multiómico del individuo", apostilla.

Influencia del Entorno: El Caso de la Hambruna Holandesa

Todas estas preguntas pueden abordarse más fácilmente en modelos experimentales donde el investigador puede intervenir, como los ratones, mientras que en humanos, el investigador tiene una mayor papel pasivo, esperando que aparezca la muestra correcta. En este sentido, uno de los casos más documentados es la hambruna holandesa al final de la Segunda Guerra Mundial, que se asoció con una menor metilación del ADN del gen IGF2 en comparación con sus hermanos del mismo sexo no expuestos, como recoge la revista PNAS.

El Estudio Genético Más Amplio Sobre la Orientación Sexual

El pasado 30 de agosto se publicó en la revista Science el estudio genético más amplio realizado hasta la fecha sobre la orientación sexual. Los veintiún investigadores, de diferentes centros y países, han identificado variantes genéticas asociadas a la conducta no heterosexual analizando el genoma completo de 477.522 participantes de Estados Unidos, Reino Unido y Suecia.

Variantes Genéticas y Conducta Homosexual

¿Qué son variantes genéticas y qué información aporta su análisis? El ADN humano tiene 3.200 millones de pares de bases con secuencias concretas de las cuatro existentes: adenina (A), timina (T), citosina (C) y guanina (G). Los individuos de cada especie tienen la misma secuencia, pero en lugares concretos (loci) existen variaciones muy pequeñas como el cambio de una sola base por otra. Por ejemplo, el genoma de unas personas tiene en un sitio (locus) concreto de un cromosoma GTGCT, y el de otras, GTCCT. Los autores del estudio han demostrado la existencia de numerosos loci asociados con el comportamiento homosexual.

Al casi medio millón de personas, cuyo ADN estaba secuenciado en las grandes bases de datos utilizadas en este estudio, se les preguntó por sus relaciones sexuales. Es importante tener en cuenta que, aunque las preguntas a los participantes en este estudio se centraron solo en el aspecto de la conducta -con quiénes habían tenido relaciones sexuales-, los investigadores realizaron análisis adicionales que pusieron de manifiesto que el comportamiento sexual, la atracción, la identidad definida por la orientación sexual, y las fantasías, están influenciadas por un conjunto similar de variantes genéticas.

  1. Una conclusión del estudio es que la base genética que subyace a la conducta homosexual es amplia, poligénica. Ciertamente, es bien conocido que no existe un único determinante genético -a veces denominado “gen gay” en los medios de comunicación- que cause esa tendencia, ese rasgo. Por el contrario, como queda claro tras esta publicación, muchos loci con efectos individualmente pequeños y diseminados por todo el genoma contribuyen a una predisposición.
  2. Otros resultados de este estudio ponen de manifiesto que ese conjunto de loci distintivo de la homosexualidad solo coincide parcialmente en hombres y mujeres. Más aún, los autores demuestran que en las mujeres homosexuales la predisposición genética es menor que en los hombres.
  3. Tradicionalmente la sexualidad de hombres y mujeres se clasificaba en heterosexual, bisexual y homosexual. En 1948, el biólogo Alfred Kinsey propuso la “escala de calificación heterosexual-homosexual” con 7 grados que van desde 0 -exclusivamente heterosexual- a 6 -totalmente homosexual-, siendo el 3 bisexual. Esta idea de la orientación sexual como un proceso dinámico y sujeto a variación se ha ampliado hasta incluir aspectos de la atracción, el comportamiento, las fantasías, las emociones y las preferencias sociales y estilos de vida, mientras excluye el sexo biológico.
  4. Estos investigadores, utilizando una medida de la heredabilidad de los loci, fijaron el límite superior de la influencia genética en la homosexualidad entre el 8% y el 25%. Sin embargo, si la influencia genética se mide por combinación de todos los loci, no alcanza el 1%, debido a que existen variantes raras. Ahora bien, el estudio sirve como guía para estimar la magnitud potencial de los efectos genéticos y como signo de las influencias pequeñas, probablemente poligénicas, en este complejo comportamiento, según afirma Melinda C.
  5. Se han analizado cinco de los loci significativos asociados al comportamiento homosexual. De los dos exclusivos de hombres, uno contiene varios genes para receptores olfatorios. Este dato ofrece la base genética de un hecho anteriormente descubierto: la sensibilidad de los hombres homosexuales a la estimulación sexual por las hormonas masculinas andrógenos; sensibilidad de la que carecen los hombres heterosexuales, para quienes solamente los estrógenos sirven de estímulo sexual. Aunque el mecanismo subyacente en este locus no está claro, se ha establecido previamente un vínculo entre el olfato y la función reproductiva. El otro locus está implicado en la regulación de las hormonas sexuales testosterona y estrógenos, debido a la proximidad del gen SRY determinante del patrón de la masculinidad, dependiente de la testosterona.

Podemos concluir que la pregunta que se propone y se debate con frecuencia, de si la persona homosexual “nace o se hace”, está mal planteada. La respuesta confirmada es que ni nace, ni se hace, sin más. A la predisposición genética con que nace se suma la vida.

Escala de Kinsey representando la orientación sexual.

Psicología: Temperamento, Carácter y Personalidad

La curiosidad por saber qué nos hace ser como somos viene de muy lejos. A lo largo de la historia, la psicología se ha ocupado de desarrollar teorías sobre la formación de la personalidad, combinando este término con los de temperamento y carácter.

  • El carácter se va estructurando a lo largo del desarrollo a través de mecanismos socioculturales aprendidos, como son los valores y creencias, las metas, las estrategias de afrontamiento, etc.
  • La personalidad se nutre de ambos, se puede definir como el conjunto de características que tiene una persona y que influye de forma única sobre su pensamiento, su motivación y su comportamiento en determinadas situaciones. Aunque es uno de los conceptos más estudiados por la psicología, aún no tiene una única definición que sea admitida por toda la comunidad científica.

Cuando hablamos de alguien solemos utilizar sólo alguno de sus rasgos de personalidad para definirle, el más destacado o el que más nos influye. Pero la realidad es que somos un conjunto de rasgos, tanto físicos como psicológicos, que se han ido configurando a lo largo del desarrollo. Ese conjunto de rasgos nos dirige hacia modos particulares de percibir las cosas, de interpretarlas, de sentirlas y de actuar sobre ellas. Aunque los rasgos de personalidad que se van generando desde la infancia son bastante resistentes al cambio, todos podemos cambiar lo aprendido y sustituirlo por esquemas alternativos.

El Eneagrama: ¿Nacemos con un Eneatipo?

Otra pregunta importante es esclarecer cuál es exactamente el estado psicológico que verdaderamente expresa la identidad real de la persona. Es sin duda el gran debate en torno al Eneagrama: ¿el eneatipo viene de serie? ¿O se construye durante nuestra infancia? Lo cierto es que son las dos cosas a la vez. Por un lado, nacemos con un eneatipo dominante. Del mismo modo que venimos a este mundo con un esqueleto físico, también lo hacemos con uno psicológico: nuestro modelo mental. En función de este modelo mental innato ⎯nuestro eneatipo principal⎯ cada uno de nosotros siente la herida de separación de forma diferente.

Entre los principales traumas de nacimiento destacan la sensación de insuficiencia e imperfección (eneatipo 1). Abandono y falta de amor (2). Menosprecio e infravaloración (3). Rechazo e inferioridad (4). Ignorancia e incapacidad (5). Inseguridad y desconfianza (6). Vacío e insatisfacción (7). Vulnerabilidad e indefensión (8).

Cada una de estas dolorosas heridas se convierte en el motor que nos lleva a desarrollar un falso concepto de identidad, un personaje que sepulta y se superpone sobre nuestra verdadera esencia. Por ejemplo, si nuestro eneatipo principal es el 1 la separación de nuestro ser esencial nos lleva a sentirnos imperfectos por dentro, convirtiéndonos en personas perfeccionistas y autoexigentes para las que nunca nada es suficiente. Si nuestro eneatipo dominante es el 2 hace que nos sintamos abandonados, volviéndonos personas necesitadas y apegadas que mendigan el cariño y la aprobación de los demás. Y como resultado cosechamos soledad, dependencia emocional y tristeza.

Por el otro lado, no podemos obviar lo mucho que influye en el desarrollo de la semilla que somos las condiciones meteorológicas que nos toca vivir. No es lo mismo crecer en tierra fértil que tener que sobrevivir en una zona árida. Tampoco tiene nada que ver recibir mucha agua que muy poca.

El Impacto de las Experiencias Tempranas

Es evidente que las circunstancias que afrontamos durante nuestros primeros años de vida nos condicionan, moldean y marcan profundamente. El lugar en el que nacimos. La forma en la que fuimos tratados por nuestros padres, cuyo eneatipo dominante influye mucho en la construcción del nuestro. El tipo de escuela que fuimos… Sin embargo hemos de separar el grano de la paja. Y es que una cosa es lo que sucedió (los hechos) y otra ⎯muy distinta⎯, lo que hicimos con ellos.

Pongamos como ejemplo una familia con nueve hijos, cada uno de ellos con un eneatipo principal diferente. Y supongamos que en un momento dado muere el padre en un accidente. Si bien este suceso es el mismo para todos, cada uno de los nueve hijos lo procesará de forma distinta, en función de su tipo de personalidad. Puede que uno de ellos no levante cabeza el resto de su vida. O que a otro le despierte un espíritu de superación que desconocía, haciéndose todavía más fuerte. Y es que en la vida dos más dos no siempre son cuatro. Nunca sabemos qué puede extraer de nosotros un evento en concreto. Eso sí, del mismo modo que cuando exprimes una naranja sale zumo de naranja y cuando estrujas un limón sale jugo de limón, cuando la vida nos aprieta saca lo que llevamos dentro.

Además, todas las experiencias traumáticas quedan registradas en el ego, pero en ningún caso pueden herir ni destruir el ser esencial. Por más maltratos, abusos y vejaciones que haya podido recibir nuestro niño interior, dichas heridas dejan de tener influencia sobre nosotros al reconectar con nuestra esencia. En vez de pelearnos con la oscuridad, de lo que se trata es de encender la luz.

Creer que únicamente somos un producto de lo que nos ha ocurrido nos lleva a adoptar el rol de víctima, entregándole todo el poder a lo de afuera. Eso sí, dado que los niños pequeños son vulnerables e indefensos enseguida quedan presos de la identificación con sus mini-egos. De ahí que sea imposible transitar la infancia de forma inmaculada. Por eso todos tenemos algún tipo de herida, secuela, tara o trauma psicológico. Sin embargo la mayoría de adultos no están dispuestos a comerse este marrón terapéutico y prefieren mirar hacia otro lado. Esta es la razón por la que se aferran al ego como escudo protector para evitar lidiar con sus fantasmas y demonios internos.

Teorías de la Personalidad

Aunque cada personalidad es única, hay una serie de rasgos comunes que nos permiten hablar de ciertos tipos de personalidad. Las teorías sobre la personalidad son modelos conceptuales que intentan comprender por qué las personas son de una determinada manera y cómo esta les afecta a la hora de comportarse e interactuar. Quieren explicar el origen de la personalidad, su estructura, la dinámica y las formas de desarrollo de la misma.

Vamos a ver las más aceptadas, pero ya te adelantamos que ninguna de estas teorías es perfecta, puesto que todas tienen limitaciones. Sin embargo, nos pueden resultar de utilidad a la hora de entender un poco mejor algo tan complejo como la personalidad humana.

Teoría Psicodinámica

Sus dos grandes exponentes son Freud y Jung. El primero postulaba que gran parte de la conducta está impulsada por fuerzas inconscientes como los instintos sexuales y los impulsos agresivos, lo que le llevó a dividir la personalidad en tres partes: el ello (impulsos básicos), el yo (la parte consciente que está a medio cambio entre el ello y el superyó), el superyó (conciencia moral).

Por su parte, Jung amplió el concepto del inconsciente y hablaba del inconsciente colectivo, como una memoria ancestral que contiene arquetipos que influyen en la personalidad de las personas. Esto le llevó a establecer ocho tipos psicológicos basados en las funciones de pensamiento, sentimiento, intuición y sensación; y en las actitudes de introversión y extraversión.

En definitiva, Freud pensaba que la personalidad se formaba a través de la represión de deseos y pensamientos inconscientes, mientras que Jung defendía que se formaba mediante la interacción entre el consciente y el inconsciente.

Teoría Social-Cognitiva

Para Bandura, nuestro comportamiento es básicamente el resultado de observar e imitar lo que hacen otros individuos. Según su teoría, la personalidad se va desarrollando a través de la interacción continua entre la persona, su comportamiento y el entorno que le rodea.

Teoría Humanista

Sus máximos exponentes son Rogers y Maslow. El primero defendía que los seres humanos tienen una tendencia innata al crecimiento y la autorrealización, pero que las condiciones de valoración impuestas por los demás pueden distorsionar la autopercepción y obstaculizar ese crecimiento.

Maslow basó su teoría en una jerarquía de necesidades que van desde las fisiológicas hasta las de autorrealización. A medida que la persona va satisfaciendo necesidades, va desarrollando su potencial.

Teoría de los Rasgos

Los trabajos de Allport y Cattell permitieron identificar diferentes rasgos estables y duraderos que conforman los tipos de personalidades.

Conclusiones del Estudio de Gemelos

Se realizó con gemelos homocigóticos, idénticos, separados al nacer. O sea, misma genética pero distinta educación. El objetivo del estudio fue comprobar hasta que punto las vidas de los hermanos gemelos, que no se habían visto nunca antes, era similar, lo que pondría el peso en la genética, o distinta, con lo que el peso estaría entonces puesto en la educación. Los resultados fueron sorprendentes. La importancia de las conclusiones fue tal, que las recogieron todos los periódicos incluyendo el New York Times.

Si esta conclusión fuera cierta, sus efectos serían dramáticos para la humanidad. Si lo único que podemos hacer es conformarnos con lo que la lotería genética nos aporta, ¿qué necesidad tendríamos entonces de esforzarnos? Sin embargo sabemos que el cambio es posible. Todos tenemos evidencias de que las personas cambian. Todos conocemos personas que han cambiado. La mayor parte de los psicólogos y de las personas en general, cuando afirman que no es posible cambiar, lo dicen apoyándose en el error del promedio. En conjunto, la gente no cambia. La mayoría de las personas no cambian, pero hay quienes sí lo hacen. Este planteamiento nos devuelve el control de nuestro destino.

Naturaleza Humana: ¿Buena o Mala?

A veces escuchamos que algo es «antinatural». Pero para poder saber cuál es la verdadera naturaleza humana tendríamos que encontrarnos con un ser humano en estado de naturaleza, un ser precivilizado, y eso no es posible porque el ser humano es un ser social. Es cierto que en la historia de la filosofía algunos han formulado hipótesis sobre cómo era ese ser humano salvaje o no civilizado. Casi lo único que compartían era pertenecer a la corriente contractualista, pero sus respuestas ante la naturaleza humana eran completamente antagónicas.

Hobbes -inglés, siglo XVII- afirma que, en aquel supuesto estado de naturaleza, «el hombre es un lobo para el hombre» y que en ese estado precivilizado lo que impera es la guerra de todos contra todos. ¿Por qué? Porque el ser humano es agresivo y egoísta: si quiero una manzana y tú la tienes, yo te la voy a quitar. Rousseau -suizo-francés, siglo XVIII, precursor del movimiento prerromántico- defiende que el estado de naturaleza lo pueblan buenos salvajes, que el ser humano es bueno y empático, porque si uno de esos salvajes ve a otro sufriendo, siente una inclinación natural a auxiliar.

Entonces, ¿qué es lo que hace malo al ser humano? Lo que hace al hombre malo, lo que despierta su agresividad es el momento en que el primero dijo «esto es mío», la propiedad.

Ante dos posiciones tan enfrentadas, una respuesta más consensuada es la que dice que la naturaleza humana contiene la potencia o facultad tanto de ser bueno como malo. Lo sabemos porque somos capaces de hacer tanto el bien como el mal. ¿De qué depende?

Freud ofrece una respuesta y dice que el ser humano está dirigido por dos instintos básicos, eros y tánatos: amor y muerte u odio. Lo que hacemos estaría determinado o motivado por cualquiera de los dos instintos. ¿Cuál tiene más poder en determinado momento? Lo que en la práctica se traduce en: ¿mato o no mato, pego o no?

Erich Fromm, autor de libros como El arte de mar o Ser y tener, desde otro punto de vista también ofrece una respuesta aglutinadora. En El corazón del hombre plantea que, en realidad, no existe una condición humana natural, no se puede decir que el hombre es bueno o malo, sino que existe un conflicto humano existencial: por un lado, somos animales con instintos, pero a diferencia de ellos, nuestros instintos no son suficientes para la supervivencia. En cierto modo, resulta que somos los animales más vulnerables.

Para poder formar esas sociedades echamos mano de nuestro aspecto racional: llegamos a acuerdos y consensos porque sabemos muchas cosas, nos conocemos a nosotros mismos y a los otros, y sabemos que entre todos surgirán conflictos. Además, sabemos que hay pasado, que existe un futuro donde me proyecto y sabemos también que vamos a morir. El perro y la hormiga no saben nada de eso, no sienten el conflicto, se sienten parte de la naturaleza y responden a sus leyes y nada más, sin pensar.

Hobbes defendía que el ser humano es malo por naturaleza; Rousseau, lo contrario.

Jean-Jacques Rousseau y Thomas Hobbes, filósofos con visiones opuestas sobre la naturaleza humana.

¿El destino está trazado y escrito? - Bernardo Stamateas

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