Los barrios del Rollo y Puente Ladrillo, ubicados en el extrarradio de Salamanca, tienen orígenes que se remontan a finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Estos barrios han evolucionado significativamente a lo largo del tiempo, desde sus humildes comienzos hasta convertirse en zonas residenciales integradas en la ciudad.
El Rollo: Un Símbolo de Jurisdicción y Paseo Histórico
El nombre ‘El Rollo’ evoca el símbolo de una jurisdicción. Si una urbe disponía de rollo, significaba que gozaba de autonomía jurisdiccional y era un aviso a los forasteros que llegaban a la ciudad.
Las picotas estaban elaboradas de madera, mientras que los rollos eran de granito, arenisca o mármol. El rollo de la ciudad estaba situado en la Plaza de San Martín, y permaneció allí hasta que tuvo que ser retirado para la construcción de la Plaza Mayor. El actual rollo procede del ubicado en el monasterio de las Bernardas de Jesús, en la actualidad los escolapios.
El rollo estaba en la puerta del monasterio, junto a la actual fábrica de Mirat, donde determinaba jurisdicción sobre terrenos inmediatos al monasterio. El lugar donde se encuentra fue comprado por el ayuntamiento para convertirlo en el actual Parque de los Jesuítas. El Rollo se guardó en el depósito público hasta que el alcalde Carlos Gutiérrez de Ceballos ordenó que se colocara en la Plaza de Santa Teresa donde permaneció hasta 1975 cuando se trasladó a su ubicación actual, el Alto del Rollo, recordando al Rollo original alli ubicado. Presenta armas de D.
Antaño, esta fue una de las zonas privilegiadas para los salmantinos a la hora de pasear por la ciudad. Estaba flanqueado por árboles y suponía un acercamiento a la naturaleza en una época en que la capital charra carecía de espacios verdes. Las características del paseo eran largos trazados rectilíneos y glorietas en los vértices.
«El tramo desde la Puerta Toro hasta el Alto del Rollo fue arreglado como Paseo en 1793 y se añadieron los tramos que hoy corresponden con la calle del Parque de la Alamedilla, avenida Campoamor y Paseo del Rollo». En el siglo XIX, el Paseo se refería exclusivamente a este tramo mencionado, pero a partir de 1906 se denominó avenida de Rodríguez San Pedro y en 1942 cambió a Hermanos Pérez Almeida.
Desarrollo Urbanístico y Social
En 1905 la asociación religiosa de las Esclavas del Sagrado Corazón adquieren un terreno junto al Paseo del Rollo. Aquí, en 1907, establecen su Noviciado. En 1906 el patronato del asilo de San Rafael, creado en 1880, compra en el paseo un terreno de trece mil metros cuadrados para la construcción de una nueva casa-asilo.
Apareció algo de sector industrial en aquellos años. En 1911 se instala la fábrica de harinas El Ángel, construida en la avenida Rodríguez Sampedro. Más tarde se une en la zona la fábrica de mosaicos de D. En 1912 se aprueba un proyecto para traer agua a Salamanca ante la falta de higiene. Se levanta para ello en 1914 un depósito en las inmediaciones del paseo y comienza a funcionar en 1918. Esta edificación fue el revulsivo que impulsó el interés inmobiliario en esta zona de la ciudad.
La construcción residencial del paseo del Rollo fue responsabilidad de Esteban Corral y Castro. Adquirió la franja izquierda del paseo y dividió el terreno en diecisiete parcelas y se reservó la de mayor tamaño. Las obras de Esteban Corral provocaron la aparición de dos calles perpendiculares al paseo del Rollo, la Ecuador y Bolivia, y otra paralela, la Chile. La actividad constructora entre 1920 y 1925 fue escasa, hubo que esperar a la década de los treinta para una mayor ocupación. En torno a la Glorieta del Rollo, en este periodo se realiza una pequeña ocupación urbanística sin planificación alguna.
Con el ensanche de 1943 se regulariza la glorieta del Alto del Rollo para impedir el chabolismo que afloraba en la zona. Aquí también es protagonista a Esteban Corral y Castro.
Empezó a vender las parcelas y sus nuevos propietarios iniciaron antes que él las primeras construcciones de viviendas. Cada terreno incluía la propiedad de la parte de la calle que ocupaba. Aunque la mayor parte de los compradores respetaron el plan urbanístico de Esteban Corral, muchos no lo hicieron. «Eran casitas de planta baja, colocadas sin uniformidad. Los que poblaron el lugar fue gente de clase media.
Desde la asociación de vecinos hablan de antiguas construcciones que dinamizaron el barrio. «Estaban las viviendas de Renfe que fueron habitadas por los trabajadores de dicha empresa. En segundo lugar, La fábrica de zapatillas Tejisa, en la calle Colombia. Aquí acudían más de mil personas a trabajar a diario.
Antes de la instalación del parque Picasso, los niños jugaban en la calle. «No había tantos coches y era más seguro. Hace décadas, la población no tenía las grandes superficies comerciales donde adquirir los productos más básicos. «Eran tiendas familiares. Muy típico del barrio eran sus mercerías, hoy desaparecidas. «Las han absorbido las grandes superficies y los “chinos”.
En 1982 se aprobó su urbanización con un presupuesto de 37,2 millones de pesetas (223.576,5€). En el Rollo se vivía como en un pueblo. Una zona con muchos problemas eran las casas viejas, donde se alojaban 500 familias con escasez de servicios de limpieza y salubridad. «Se instalaron casas prefabricadas que fueron habitadas por población envejecida.
En ‘Desde el balcón de la Plaza Mayor’, Jesús Málaga menciona que a su llegada a la alcaldía el Rollo era un distrito aislado por el barro y los socavones. «Los taxis, las ambulancias y repartidores de butano se negaban a entrar. El Rollo sufría enormes deficiencias. Escombreras ilegales y basureros ocupaban amplias zonas. No había escuela y los niños debían matricularse en los colegios de la Prosperidad o en la Alamedilla. Tampoco tenían centro social, espacio para jóvenes, carecían de zonas verdes y deportivas.
Desde la asociación de vecinos lamentan que la juventud esté desconectada del espíritu del barrio que en otros tiempos reunía a muchos adolescentes para realizar actividades colectivas.
Pero lo más importante para los forasteros que visiten el Rollo es que pueden estar tranquilos, la zona actualmente no goza de una jurisdicción propia que lo diferencia del resto del territorio, como sí sucedió hace siglos, pese a lo que pueda indicar su nombre.
Puente Ladrillo: Orígenes Ferroviarios y Espíritu Solidario
El nombre del barrio se debe a la construcción de un puente de ladrillo rojo que cruza la vía férrea en dirección a Madrid. Localizado en la parte más antigua del barrio, permitía cruzar a las ovejas la línea del ferrocarril en tiempos de trashumancia.
El origen de Puente Ladrillo comienza en las primeras décadas del siglo XX debido a la falta de viviendas en Salamanca. Los pioneros fueron trabajadores ferroviarios que levantaron casitas de planta baja en unos terrenos que no les pertenecía. El barrio nació separado del resto de la ciudad. El Rollo era lo que más cerca tenía, pero entre ambos se expandía una esplanada y escombreras. Puente Ladrillo fue un barrio marginal que no contaba para el resto de la ciudad.
Cuando Puente Ladrillo acumuló cerca de quinientos habitantes, se envió a un cura, don Heliodoro Morales. El párroco animó a la población a seguir construyendo casas pese a no pertenecerles el terreno. Un cura en aquellos tiempos representaba autoridad, y los vecinos ampliaron el barrio bajo la legitimidad del sacerdote. Pero don Heliodoro Morales también necesitaba un hogar, y para conseguirlo imitó al resto de habitantes. Levantó la Parroquia Nuestra Señora de la Asunción en terrenos que pertenecían a la Renfe, sin licencia ni permiso. La obra dejaría una deuda de cien mil pesetas. El templo no contó con un arquitecto, pero sí con un aparejador, demetrio Gómez, y un maestro de obra, Jesús Gil Cacho. Puente Ladrillo acabó unido al Rollo, y por ende, al resto de la capital charra, pero este fue un largo proceso que duró décadas.
En 1986 se construyen unas viviendas sociales por iniciativa de la Junta de Castilla y León. En estos bloques de dos plantas se instalan familias de otros barrios de la ciudad. Más viviendas sociales surgen en la calle Borneo, Puente Ladrillo se acercaba un poco más. En el año 2000 aparecen edificios en torno a la carretera de Aldealengua, y en 2005 varias manzanas junto a Cabrerizos. En el siglo XXI el barrio se une a Salamanca y muchas familias de profesiones liberales se desplazan al pujante Puente Ladrillo.
Del alma del barrio hablan dos personajes responsables del desarrollo y bienestar que goza hoy Puente Ladrillo. «Cuando llegué no estaba asfaltado, había chabolas, y carecían del servicio de agua», comenta el párroco Antonio Romo. Pero de lo que sí disponían era la solidaridad entre vecinos. Lo que también descubrió Antonio Romo el día que acudió a su nuevo puesto de trabajo, la Parroquia Nuestra Señora de la Asunción, fue las carreras que algunas gallinas realizaban en plena calle.
La llegada de la Iglesia al barrio fue fundamental. Desde la parroquia se canalizaba el espíritu solidario que ya se propagaba entre su población previamente. Antonio Romo y Paco Buitrago trabajaron en dicha iglesia, pero tienen claro que quien inició todo fue don Heliodoro. Don Heliodoro es un personaje especial que seguía sus propias normas. Tal es así que levantó la iglesia sin licencia y animó a los vecinos a construir sus hogares en terrenos ilegales. Pero en su trabajo también imponía sus propias normas.
Una de las muestras de la enorme solidaridad de Puente Ladrillo llegó cuando se unieron para traer el agua al barrio. Los setecientos habitantes que reunía la barriada se organizaron para cavar zanjas y construir las dos primeras fuentes; una llamada Virgen María y la otra la Misión. El barrio fue una amalgama de culturas. Convivían inmigrantes, gitanos y payos. La solidaridad original no desapareció cuando se trasladó a Puente Ladrillo población de otras partes de la ciudad.
La Iglesia inició diversos proyectos para ayudar a los vecinos, muchos de ellos acusaban graves problemas de pobreza y desestructuración familiar. Uno de los programas más relevantes fue la construcción de una escuela y guardería comedor que funcionó durante veinte años. También promovieron un ropero solidario y la asociación juvenil. «Ayudábamos a los jóvenes que estaban en el borde de la delincuencia, aquellos niños que abandonaban la escuela. En los años noventa, el problema de la droga se propagó por toda España, y Salamanca no fue una excepción. Puente Ladrillo se ofreció a colaborar con los afectados por esta lacra y los responsables servían en la parroquia vecinal. Abrieron una casa de acogida.
Ante los problemas del paro que vivían en Puente Ladrillo, desde la parroquia promovieron la creación de puestos de trabajo. Pero la solidaridad que imperaba en Puente Ladrillo necesitaba una fiesta que la reflejase. Así nació la Semana Solidaria. Se organizaban multitud de actividades: premios a la solidaridad, coro de parroquias de distintos barrios, un mercadillo donde se donaba ropa y libros. También se reservaba una jornada para el día del niño con el fin de recaudar juguetes. El espíritu vecinal se manifestó en la creación de la asociación de vecinos Puentelave, una de las primeras de Salamanca.
Siempre fue un barrio obrero. Peones, trabajadores del ferrocarril, carpinteros y pastores. «Recuerdo la tienda de la señora Magie, era una institución en Puente Ladrillo», comenta Antonio Romo. En sus inicios solo abrieron tiendas pequeñas y algunos bares. En el siglo XX los niños jugaban en la calle. Los partidos de fútbol se celebran en el campo denominado ‘La Ferro’ por los vecinos. También había cine; «en los salesianos se reproducía una película en un cine todos los domingos.
Hoy Puente Ladrillo es un barrio residencial más de Salamanca. Superaron aquellos tiempos de precariedad con la solidaridad, liderados por la parroquia. «La iglesia se encarnó en el barrio y viceversa. La gente de Puente Ladrillo me robó el corazón. Si piensas en milagros ten a Puente Ladrillo como ejemplo, hacíamos las cosas sin un duro.
| Barrio | Origen | Características | Desarrollo |
|---|---|---|---|
| El Rollo | Símbolo de jurisdicción | Paseo histórico, desarrollo urbanístico planificado | Integración a la ciudad, urbanización y servicios |
| Puente Ladrillo | Trabajadores ferroviarios | Espíritu solidario, parroquia como centro comunitario | Crecimiento, integración y mejora de infraestructuras |
El Convento de El Rollo: Un Icono de la Arquitectura Moderna
Un antiguo convento que es una de las grandes obras de la arquitectura moderna en Salamanca va a ser el reconocido este año en el Día Mundial de la especialidad con la placa de la Fundación Docomomo Ibérico reservadas a edificios paradigmáticos de la arquitectura moderna incluidos en en registros y planes.
Tras el éxito de las anteriores ediciones, esta iniciativa se realiza por treceavo año consecutivo y, en el caso del Colegio Oficial de Arquitectos de León y su delegación en Salamanca, se ha elegido el conocido como convento de El Rollo entre las 30 que se instalarán en toda España.
El convento de El Rollo, también conocido como de las Madres Franciscas Descalzas, de las Clarisas o Monasterio Purísima Concepción, es obra de una de las grandes figuras salmantinas de la arquitectura moderna, Antonio Fernández Alba, fallecido en mayo de 2024.
Esta es una de las obras más desconocidas de su legado, aunque por el proyecto de restauración del convento recibió el Premio Nacional de Arquitectura en 1963. El proyecto tiene poco que ver con lo que se espera de un edificio conventual, representa una etapa del autor y se encuentra bastante oculto a los ojos de los viandantes.
El edificio principal está formado por una secuencia de celdas autónomas, unidas a través de un recorrido en anillos. Las habitaciones, todas ellas con la misma orientación, se disponen en bandas paralelas de forma escalonada, para introducir iluminación en todas ellas. Si bien se emplean los materiales tradicionales en la zona de Salamanca, éstos tienen un uso diferente del habitual. La piedra arenisca cubre grandes paños continuos sin ornamento alguno.
El Convento de Nuestra Señora de la Concepción en el antiguo Alto del Rollo en Salamanca es obra de Antonio Fernández-Alba. Fue Premio Nacional de Arquitectura de 1963, y fue objeto también de su tesis doctoral Conflictividad, agresión, soledad y convivencia de un edificio para una comunidad de religiosas de clausura, leída el mismo año. Es una de las obras más significativas de la historia de la arquitectura española en la segunda mitad del siglo XX.
Propiciada por la naturaleza del encargo, pensamos que la importancia del Convento en la historiografía de la arquitectura española reside en su ostensible ambición moderna frente a un programa de profunda raigambre tipológica, en la cualidad de su respuesta a una tradición bien específica.
Adopta evidentemente el tipo conventual, disponiendo el convento, el noviciado, la iglesia y la pequeña hospedería unidos en un único edificio alrededor de un patio, pero revisado críticamente. La orgánica cuña aaltiana sitúa la obra en su tiempo, y sin embargo la arritmia desplegada por los huecos en sus fachadas parece querer datar la obra con anterioridad.
Entendemos que la ejemplaridad del Convento del Rollo atiende directamente a la condición eterna de la arquitectura, construir sobre lo ya construido haciendo valer la memoria de una sociedad.
En conclusión, El Rollo y Puente Ladrillo son barrios que han experimentado una notable transformación a lo largo del tiempo, desde sus orígenes humildes hasta su consolidación como zonas residenciales en Salamanca. Su historia está marcada por el desarrollo urbanístico, la solidaridad vecinal y la presencia de instituciones religiosas que han contribuido a su crecimiento y bienestar. El Convento del Rollo, obra de Antonio Fernández Alba, destaca como un icono de la arquitectura moderna en la zona.
