La maternidad, a menudo idealizada, también tiene un lado oscuro que incluye experiencias dolorosas como el duelo gestacional, la infertilidad y las complicaciones durante el embarazo. Afortunadamente, cada vez más mujeres se atreven a hablar abiertamente de estos temas, aliviando el dolor y la incomprensión.
Hace pocos días, en redes, la ilustradora Mar Gregorio comentaba que ella había sido una bebé arcoíris. Que, conocedora desde que era niña de esa información, no había sido consciente de la situación por la que tuvo que transitar su madre. Leyéndola, me di cuenta de que yo también fui una bebé arcoíris. Que tuvieras un aborto, en el mejor de los casos, significaba que podías quedarte embarazada. Que podías volver a intentarlo. Que, cuando hubieras conseguido tener otra criatura, el dolor por la pérdida de las criaturas nacidas sin vida, de los embarazos malogrados, se borraría.
Ginesta Urbano, madre y presidenta de A Contracor, una asociación de duelo por interrupción del embarazo, comparte su experiencia y el objetivo de dar visibilidad a las pérdidas gestacionales por interrupción legal o voluntaria del embarazo, esas que ocurren por motivos médicos, personales o sociales. Además, Ginesta ha escrito y autopublicado el libro Los pies de su padre: diario de una ILE en el que retrata, en formato de diario personal, cómo fue el proceso de superación del duelo después de tener que interrumpir su primer embarazo a las casi 23 semanas de gestación por un problema médico de la bebé. Ahora, Ginesta tiene una hija de tres años, fruto de su tercer embarazo. Su hija mayor habría cumplido cuatro años este mes de septiembre.
Testimonios como el de Ginesta son tremendamente valiosos: es muy valiente compartir una experiencia tan intensa y dolorosa, y lo es más cuando se hace desde el convencimiento de que la experiencia propia, de que el dolor, pueden ser lugares de encuentro, consuelo y abrigo para otras mujeres que han pasado o pasarán situaciones similares. Y no solo para las mujeres, sino para quienes las rodean: es importante, en el acompañamiento del duelo, saber qué decir y qué no. Porque es difícil ponerse en el lugar de quien ha pasado por una situación traumática si una misma no la ha pasado. Pero es que no es necesario ponerse en el lugar: lo que hay que hacer es ponerse al lado, con los brazos abiertos para cuando sean necesarios.
El impacto emocional y psicológico
La maternidad te cambia en muchos aspectos. Es increíble como nos cambia la percepción de las cosas, empezamos a mirar el mundo con otros ojos y a tener otro tipo de prioridades lo cual, como es obvio, te hace ser más empática, sobre todo con otras mujeres que han vivido lo mismo que tú.
Tener que solicitar una interrupción del embarazo con casi 23 semanas es, de lejos, lo más duro y difícil que he hecho en mi vida. Viví el proceso muy sola, sin información, y aún tuve la suerte de dar con una psicóloga que me comprendía. No estamos preparados para afrontar algo así, y tampoco para acompañarlo por lo que todo el proceso y los meses posteriores fueron emocionalmente terribles. Aparte, en general, la maternidad está muy romantizada: sabemos que el primer trimestre es delicado, sabemos qué comer y qué no, sabemos qué pruebas se nos hacen pero no la importancia de éstas y cuando nos quedamos embarazadas automáticamente pensamos que en 9 meses tendremos un bebé en brazos, vivo. Por eso, cuando nos dicen que algo va mal, nos pilla por sorpresa. ¿Cómo iba a pensar yo que más allá de los primeros meses podían surgir complicaciones? Estamos acostumbrados a oír sobre pérdidas de primer trimestre, de óbitos en las últimas semanas pero no sabemos nada de lo que pasa entre medias, ni que esa posibilidad de que algo esté mal nos acompaña en todo momento.
La escritura fue mi terapia, sobre todo durante los primeros meses, en los que cada vez que abría la boca era incapaz de articular palabra sin echarme a llorar. A través de la escritura pude soltar el dolor que se me acumulaba en el pecho, fue realmente beneficioso para mí poder escribir sin censurarme mientras lloraba sin parar, ya que el llanto nos cierra la garganta pero no detiene nuestras manos. ¡La de lágrimas que se colaron entre las letras del teclado!
El mundo del duelo gestacional, concretamente el del aborto voluntario, sigue siendo un gran tabú. Para mí sería muy importante saber a qué nos podemos llegar a enfrentar durante el embarazo antes de quedarnos embarazadas, poder hablar de muerte gestacional con total sinceridad porque si hablamos de estadísticas solamente nos quedamos cortos.
Si llega un día en que te dicen que tu bebé tiene algún problema, que sepas cuáles son tus derechos, cuáles son tus opciones y de qué recursos dispones si llega a darse el caso. De otra forma, estamos fomentando que no se hable del tema, perpetrando aún más el tabú y la vergüenza que en muchas ocasiones van asociados a este tipo de pérdidas. De este modo, si nos suena, quizás el día que tengamos que afrontarlo, que ojalá no, pero si se diera el caso, sabremos que no estamos solas. Saber que no estás sola es fundamental para atravesar un proceso de pérdida y duelo, por eso es tan importante que se apoye a las asociaciones que reciben a estas mujeres, además de que ayudando nos ayudamos a nosotras mismas.
A Contracor es la primera asociación de duelo por interrupción del embarazo de España, somos pioneras en este campo. Decidimos que era necesario crear un lugar específico para estos casos cuando nosotras mismas vimos que necesitábamos una atención “especial” en el sentido de que hay muchas ocasiones en las que una mujer que ha tenido que hacer una ILE no se siente del todo cómoda contando su experiencia en un grupo de apoyo general, donde mayoritariamente las familias han perdido a sus hijos de manera natural. Así que nosotras acompañamos estos procesos desde que llega la mamá a nosotras, hasta que finaliza y entra en el grupo de ayuda mutua, además de ofrecer una consulta gratuita con nuestras psicólogas para orientarla y ver cuáles son sus necesidades específicas.
Ahora, 4 años después, puedo decir que estoy bien sin esconder nada detrás. He cambiado, mucho.
El Duelo Desautorizado: la MUERTE GESTACIONAL o PERINATAL (Cómo Dar Soporte y Crear Recuerdos)
Maternidad Subrogada y dilemas éticos
Durante la pandemia se han oído en países occidentales las protestas de parejas que habían recurrido a la maternidad subrogada en Ucrania y no podían traer a los bebés a causa del cierre de fronteras. Después de que varios países asiáticos prohibieran la maternidad subrogada a extranjeros (Tailandia, India) o en todos los casos (Camboya), Ucrania se ha convertido en la meca internacional de esta práctica. El precio oscila entre 40.000 y 60.000 euros, de los que la gestante se lleva 15.000, paga que viene a ser 50 veces el salario mensual medio en Ucrania.
La periodista de Le Monde relata la historia de una pareja francesa que logró un hijo, nacido cuando la frontera estaba cerrada. Fue al segundo intento. El primer embarazo fue doble, presentó serias complicaciones y “tuvo que ser interrumpido”, según comunicó la clínica BioTexCom, de Kiev. Estas mujeres son sometidas a fuertes tratamientos hormonales, a una invasión de la intimidad por contrato, a la obligación de seguir un régimen de vida, una alimentación, etc., bajo vigilancia de la clínica. Ucrania debate si se debería prohibir la maternidad subrogada a los extranjeros o aun del todo.
Embarazo Adolescente: Un problema global
El embarazo en la adolescencia (EA) es aquel que ocurre en mujeres menores de 20 años, tanto de forma deseada como no, pero frecuentemente no planificado, suponiendo un impacto negativo para la joven en todos los aspectos vitales de esta etapa de la vida. El diagnóstico suele ser tardío y, frecuentemente, asociado a un rechazo de la pareja y de su familia. El EA se encuentra favorecido por factores sobreañadidos, como pueden ser: entorno familiar desestructurado, bajo nivel socioeconómico, malnutrición, hábitos tóxicos, rechazo familiar y/o social, etc.
La incidencia / prevalencia del EA es un indicador epidemiológico en el análisis y evaluación de las dificultades sociales y económicas de un país y, por ello, lo relacionan en gran parte con los problemas y dificultades socioeconómicas del país de origen. Estas gestaciones y partos, a nivel global, ocasionan el 23% de la morbimortalidad materna, siendo la principal causa de mortalidad entre niñas de 15 a 19 años; si bien, el 90% de estas gestaciones y de estas muertes suceden en los países subdesarrollados.
En España, la tasa de fecundidad en adolescentes baja de forma pronunciada desde los años ochenta, estabilizándose en la década de los noventa, registra un repunte a principios de este siglo, para luego volver a descender. Observamos poca variación de la frecuencia de nacimientos de madres adolescentes entre 1996 y 2017; esto quiere decir que, en 1996, de cada 1.000 adolescentes residentes en España, 7,37 mujeres menores de 20 años se embarazaban y daban a luz; mientras que, en 2017, estos acontecimientos se daban en 7,15 adolescentes por cada 1.000 residentes en el país.
Un dato importante es el porcentaje de EA que termina en IVE, el 30-35%, cifra que puede estar infravalorada, ya que algún año, el INE llegó a reflejar el 54,52%, siendo la tasa de IVE en la adolescencia de 12,5-13‰ y del 11-12‰ en la población general. Se trata pues de un problema global, cuya importancia se debe a que, en su gran mayoría, son gestaciones no deseadas con importantes consecuencias personales, familiares, sociales y de salud, al asociar una alta tasa de complicaciones durante la gestación y el parto, siendo la segunda causa de mortalidad en este grupo de edad.
Las parejas y las familias juegan un papel fundamental para el bienestar y la estabilidad emotiva de la madre adolescente. La desinformación sobre las implicaciones de la gestación en edades precoces, el retraso en el inicio de la atención prenatal y un número reducido de visitas prenatales, ocasionan unos resultados adversos, tanto maternos como obstétricos y neonatales.
Es muy importante que en la primera asistencia, tanto el pediatra como el médico de Atención Primaria (AP) o el mismo ginecólogo, hablen abiertamente con la joven gestante sobre la necesidad de tomar una decisión acerca de continuar la gestación para formar una familia con el padre o monoparental, cederlo en adopción una vez que nazca o interrumpir la gestación. Tomada la decisión de continuar con el embarazo, su seguimiento debe ser multidisciplinar, con un importante asesoramiento psicológico, tan importante como el control médico, atendiendo a las necesidades de cada adolescente y valorando, de manera individualizada, sus propios factores de riesgo.
Desde Atención Primaria, es importante que, diagnosticada la gestación y a la vez que se deriva a la gestante a la matrona o al ginecólogo para el seguimiento del embarazo, al tratarse de personas que están en fase de desarrollo y crecimiento, se promocione un estilo de vida saludable, se insista en un estricto control de los requerimientos nutricionales y en una alimentación que sea rica en proteínas, suplementada con vitaminas y micronutrientes como: ácido fólico, yodo, calcio e hierro.
Las gestantes adolescentes tienen tasas de consumo de tabaco, alcohol y drogas mucho más altas que el resto de las gestantes, incluso a pesar de que muchas de ellas cesaron el consumo una vez conocido el estado de gestación. También, en este grupo de gestantes, es mucho más frecuente la violencia de pareja, la cual acarrea un mayor riesgo de resultados perinatales adversos como: bajo peso, parto pretérmino, muerte fetal y depresión materna postparto.
La primera visita o visita de captación debe ser realizada en las primeras 12 semanas de gestación, idealmente antes de la semana 10, y en los casos de embarazo no deseado cuanto antes mejor, para así poder tomar decisiones sobre la continuidad o no de la gestación con la menor repercusión posible, tanto a nivel ginecológico como psicológico. Las adolescentes embarazadas, una vez que acuden a los servicios de salud, deben ser asesoradas de manera objetiva, valorando los pros y contras de las diferentes opciones que puede tomar con su embarazo, sin tener ninguna consideración específica con su edad, comenzando por la posibilidad de continuar con él, para alcanzar el estatus de madre o, en caso contrario, entregarlo en adopción, así como también sobre la posibilidad de interrumpirlo.
Identificados los factores de riesgo en la primera visita gestacional, se propondrá el mismo protocolo de visitas especializadas que en cualquier otro embarazo normal, adaptando estas a las recomendaciones sobre control prenatal de la SEGO. El cribado rutinario de las ETS en adolescentes asintomáticas no está indicado, pero sí lo está en casos de factores de riesgo, como vida sexual activa o la propia gestación en esta etapa de la vida, por ello es muy importante en esta población gestante de riesgo, realizar en la primera visita prenatal, y en la del tercer trimestre, un cribado de ETS, así como ante cualquier queja sugerente de leucorrea o insinuación de tener una nueva pareja.
Muchas son las complicaciones asociadas a la gestación en madres adolescentes, destacando: preeclampsia, parto prematuro, bajo peso al nacer y retraso de crecimiento intrauterino (RCIU), así como un incremento en la tasa de muertes fetales intraútero, abortos y muerte intraparto. Los peores resultados perinatales se observan cuando la gestación se produce en los dos primeros años después de la menarquia y la incidencia de estos se multiplica por 4 en madres de 13 a 15 años, y se duplica en madres de 15 a 19 años respecto a la incidencia observada en madres mayores de 19 años; en todos los casos, se relacionan las complicaciones con el retraso de los cuidados perinatales.
La prevención primaria, cuyo objetivo es evitar el embarazo no deseado en mujeres adolescentes, requiere medidas como promover el desarrollo personal y de habilidades, tanto en el ámbito familiar como en el escolar, facilitar una adecuada educación sexual, así como el asesoramiento sobre métodos anticonceptivos o incluso garantizar su acceso gratuito, medidas que son el pilar fundamental para evitar los embarazos no deseados. El EA no planificado supone un gran coste para la salud pública; la falta de información, el contexto sociocultural y familiar, así como la accesibilidad a los métodos anticonceptivos, son algunas de las causas por las que se suceden los embarazos no deseados.
Maternidad forzada en México
En México, aún existe la maternidad forzada. “25 niñas de 10 a 14 años de edad dan a luz todos los días. Es un problema alarmante, y estas son solo las que están embarazadas, pues el problema de violencia es mucho más amplio”. Cuatro de cada diez adolescentes de 15 años de edad ha sufrido violencia sexual en algún momento de su vida y el 9 % fue víctima de abuso sexual durante la infancia. Un embarazo adolescente no sólo es el resultado de la falta de información y del poco acceso a métodos anticonceptivos, en gran parte de los casos, la niña es víctima de abusos e incluso uniones forzadas.
Del 2008 al 2018, cada año, en promedio, 14 mil 568 menores de 10 a 14 años se convirtieron en madres. El lado más oscuro de las estadísticas de embarazo adolescente es que el padre, por lo general, es mucho mayor que la madre: “No son dos niños teniendo relaciones sexuales. Este es un adulto que muchas veces con violencia, con amenazas, está teniendo relaciones con una niña”. En ocho de cada diez casos, los agresores sexuales son conocidos o personas cercanas a la víctima, lo más común es que sea un familiar.
Convertirse en madres a una edad tan pequeña les impide tener una educación de calidad, oportunidades de superación y en ocasiones son obligadas a casarse bajo coacción sexual. La maternidad es un derecho, no una obligación.
| Año | Nacimientos de madres adolescentes en España | Ratio sobre el total de nacimientos |
|---|---|---|
| 1996 | 11.174 | 3,08% |
| 2008 | 15.133 | N/A |
| 2017 | 7.839 | 1,99% |
| 2020 | 7.228 | 2,12% |
| 2021 | 7.202 | 2,13% |
