Cada año, al acercarse la Nochebuena, se repite la historia del nacimiento de Jesús, transmitida a través de villancicos y relatos. Sin embargo, el cuento de Navidad "El día que Jesús no quería nacer" de Antonio García Barbeito, plantea una perspectiva diferente y reflexiva.
Este año, el Niño ha decidido que no quiere nacer, debido al horror que envuelve al mundo: el odio entre los pueblos, la envidia entre los ciudadanos, la avaricia en los poderosos, las guerras sangrientas, el terrorismo étnico y religioso, y unos gobernantes incapaces o malintencionados. En estas circunstancias, Jesús prefiere no venir a un mundo repleto de injusticias, atrocidades, hambre y enfermedades.
Así pues, por primera vez, el ángel anuncia al mundo que el Niño no nacerá por las razones mencionadas. El Olentzero, explica las causas concretas de esta decisión: promesas incumplidas, atentados terroristas, odio y rencor crecientes, crisis económica...
Ante tanta engañifa, oprobio y maldad, Jesús ha decidido esperar antes de venir a este mundo. Sin embargo, los voceros de la buena nueva se dan cuenta de que si el Niño no nace, el desánimo se instalará en los buenos corazones, porque sólo Él puede hacer que regresen al mundo la paz, la libertad, la Justicia, la esperanza, el amor y la Libertad.
Realmente no hay nada que celebrar, Jesús lo sabe y prefiere no hacer acto de presencia.
El rincón del salón era, dicen, un sueño cuando encendieron las luces del Nacimiento. Estaba hermoso. Algunos dicen que aquel aire olía a castañas asadas, otros que a torta de manteca, otros que olía a frío... verdad: haría frío... Dicen que iban y venían las gentes cruzando la calle entre bocinas y luces de coches, cargadas de cajas envueltas en papel de brillo rematado en hábiles lazos de color. Un mundo de abrigos, bufandas y guantes se mostraba en los escaparates, abundante comida y bebidas para la gran cena de Nochebuena.
Los niños están locos de contento. La pequeñez luminosa simulaba la llama entre los menudos leños de la candela, la claridad del cielo de cartón piedra asomaba lleno de estrellas de papel de plata, la lamparilla se colocó tras las montañas de papel arrugado y corcho. Los pastores se ubicaron al pie de la hoguera, junto al puchero de barro, expectantes, mirando al cielo. La lavandera lavaba arrodillada en la vera del mentiroso río de cristal. José, de pie, apoyado en su báculo y ligeramente inclinado.
Algunos de los niños corrieron a mirar a las virutas de la caja donde guardaban las figuras, pero no estaba. Él lo cogió y lo dejó acostado en el pesebre, sobre los trocitos de paja. Nadie pudo replicar al chiquillo, pues cuando iban a hacerlo, sonó un golpe seco. Y, además, no pudieron abrirla cuando lo intentaron. Una pequeña luz celeste se encendió, iluminando el olivo donde estaba el ángel, entre las copas del bosque de papel. Los niños se abrazaron asustados.
Ángel: “No temáis, Soy un ángel mensajero de Dios y vengo a daros una noticia. Pero Dios Padre se opone a nazca su Hijo, a que nazca Jesús."
Ángel: ¡Sabedlo: Jesús, el Mesías, no nacerá. ¡No nacerá, no, nanas de calumnia, mecidas de odios, arrullos de heridas preparan para Él!
Molinero: ¿Qué el Niño no ha a nacer? No digas, ángel amigo, no digas que no va a nacer Jesús.
Lavandera: Lavando llevo ya de rodillas varias jornadas. Dile a la Altura que no nos niegue el parto de esa criatura.
Ángel: ¡No nacerá, no. Labrador: ¿Qué no va a nacer Jesús? ¡Que no va a nacer Jesús?
Costurera: Aún me parece pequeño el valor de este metal para acompañar su sueño. ¡No digas, ángel amigo, que estas puntadas que están dando mis manos serán para nada.
Leñador: ¿Qué no va a nacer mi Dios? ¡No nacerá Jesús!
Posadera: (Ignorando al ángel y como mirando al Niño). Yo soy la posadera. tengo abiertas y guardo dentro una cálida cuna para tu cuerpo.
Ángel: ¡Que no va a nacer Jesús, sabedlo! Pastores: ¿Pastores en Nochebuena, sin tenerle a quien cantar? ¡Pues vaya una Navidad! Dile que somos pastores que esperan, cantando, la llegada de su Dios, que los librará del daño!
Ángel: ¡No nacerá Jesús, no. Que trepa la hipocresía como yedra por las tapias del mundo.
Reyes Magos: Mesías, cuando hay una profecía escrita, que escrita está... Ese Niño ha de nacer. Lo adoraréis.
Ángel: ¡Pues no va a nacer! Dios sabe que, a boca de parto, hay Herodes disfrazados de adoradores. Jesús no va a nacer.
Niño 1º: La noticia del Nacimiento de Dios.
Niño 2º: Regalar el sentido de mi nombre y convertir a los hombres a la buena voluntad.
Niño 3º: ¿Yo?, Yo soy la pobreza. Por amor, no por condena.
Niño 4º: Yo soy la Justicia. Dile que nazca a ese Bien!
Niño 5º: ¿Qué quién soy yo? Yo soy la Libertad, y necesito un camino por el que poder andar. ¡Dile que venga conmigo que el mundo lo necesita!
Niño 6º: ¿Qué quién soy yo? ¡Yo soy el Amor! La amistad, la ternura. Sin mí, el mundo es mala locura. ¡Soy el lazo de la vida! ¡Soy el Amor!
Pero el ángel nada decía. Miraba y se sorprendía...
Ángel: (Enfurecido) Pero...¿Qué pasa? ¿Adónde van los labradores y esos bueyes? ¿Por qué saltas, leñador? ¿Qué pregonas, vendedor?
Narrador: Y cuando el ángel pensaba decir otra vez que no, algo le dijo la Luna, que miró para la cuna...
Antonio García Barbeito (Aznalcázar, Sevilla, 1950) es el autor de este cuento navideño. Su labor periodística ha abarcado prensa escrita y radiofónica, pasando por emisoras como Radio Sevilla (SER), Antena 3 Radio, COPE, Onda Cero y Canal Sur Radio. En prensa ha trabajado en El Correo de Andalucía, El Mundo, La Razón y ABC de Sevilla, donde mantiene una columna diaria desde 2007 hasta la actualidad. Es autor de una docena de títulos entre libros de relatos, ensayos periodísticos y poemarios.
Representación del Nacimiento de Jesús en Jerusalén.
