¿Cómo influye la alimentación de la madre en los gustos del bebé desde el vientre materno?

Si estás embarazada, seguro que ya te han comentado lo importante que es todo lo que comes durante los meses de gestación. Esto se debe a que el bebé se alimenta de todo lo que ingieres. Pero, ¿cómo se alimenta el feto en el vientre? ¿Cómo influye la alimentación de la madre en el desarrollo del bebé?

El papel de la placenta en la alimentación fetal

Durante el embarazo, el feto recibe alimento a través de la placenta, un órgano temporal que contiene células tanto del bebé como de la madre. La placenta actúa como interfaz entre ambos, permitiendo el intercambio de hormonas, oxígeno y nutrientes durante la gestación. La vena se encarga de llevar hasta el feto la sangre con nutrientes, alimento y oxígeno, transformados y depurados previamente por la placenta.

Cuando la madre ingiere alimentos, su intestino acaba absorbiendo los nutrientes que éstos le aportan, y finalmente acaban llegando a su sangre. Esta sangre llega hasta la placenta, donde pasa un filtro para evitar que las sustancias que no son beneficiosas para el feto lleguen a él. Es fundamental que tanto la placenta como el cordón umbilical funcionen perfectamente, ya que son los encargados de garantizar la supervivencia y el óptimo desarrollo del bebé.

A medida que este crece, su demanda nutricional es mayor. A medida que avanza la gestación, las demandas nutricionales del feto crecen de manera exponencial, por lo que la madre se verá obligada a adaptar su metabolismo para satisfacer las fuertes demandas nutricionales del feto y por tanto no ver perjudicada su salud metabólica.

IGF2: Una señal clave para el crecimiento de los vasos sanguíneos placentarios

Los investigadores han identificado una señal clave que utiliza el feto para controlar el suministro de nutrientes desde la placenta. En un estudio publicado en la revista Developmental Cell, se utilizaron ratones modificados genéticamente para mostrar cómo el feto produce una señal endocrina llamada IGF2 (Factor de crecimiento similar a la insulina 2) para estimular el crecimiento de vasos sanguíneos de la placenta.

Esta señal también provoca modificaciones en otras células placentarias para permitir que más nutrientes de la madre lleguen al bebé. En humanos, los niveles de IGF2 en el cordón umbilical aumentan progresivamente desde las 29 semanas de gestación. Sin embargo, cantidades excesivas de IGF2 se asocian con macrosomía fetal, mientras que cantidades insuficientes de IGF2 pueden causar restricción de crecimiento fetal intrauterino.

En ratones, la respuesta a IGF2 en los vasos sanguíneos de la placenta está mediada por otra proteína, el receptor de IGF tipo 2 (IGF2R). Tanto IGF2 (la señal) como IGF2R (el receptor) están bajo el control de la impronta genética, un mecanismo por el cual los genes heredados del padre o de la madre pueden retener información sobre su origen parental.

Batalla de sexos en el genoma

En ratones, la respuesta al IGF2 en los vasos sanguíneos de la placenta está mediada por otra proteína, llamada IGF2R. Los dos genes que producen el IGF2 y el IGF2R son genes improntados, es decir, que se expresan de un modo específico según el sexo del progenitor. En este caso, solo la copia del gen IGF2 heredada del padre y la de IGF2R heredada de la madre están activas.

Nuestro estudio revela que la cooperación parece haber evolucionado a partir del conflicto, ya que el IGF2 paterno y el IGF2R materno trabajan juntos para establecer una red armoniosa de vasos sanguíneos en el extraordinario órgano que realmente es la placenta.

El equipo afirma que sus hallazgos permitirán comprender mejor cómo se comunican entre sí el bebé, la placenta y la madre durante el embarazo.

El feto y el líquido amniótico

Además de alimentarse de manera directa a través del cordón umbilical, los fetos también degluten líquido amniótico y se benefician de las sustancias nutritivas que lo conforman y que han llegado a través de la membrana amniótica. Los humanos experimentan el sabor a través de una combinación de gusto y olfato. En los fetos, se cree que esto podría suceder al inhalar y tragar el líquido amniótico en el útero.

De hecho, varias investigaciones sugieren que los bebés pueden saborear y oler ya desde el útero. El líquido amniótico es el primer lugar donde los fetos comienzan a sentir su entorno, específicamente su entorno químico. Esta experiencia proporciona información sensorial continua, como el gusto y el olfato, desde la vida fetal hasta la neonatal.

Los expertos han asegurado que la complejidad de los gestos de desagrado ante el sabor a col rizada aumentó entre los fetos desde la semana 32 a la 36, pero no en los que “tomaron” zanahoria, lo que demuestra que la “cara de llanto” se vuelve más compleja a medida que madura el bebé.

Según los experto, las papilas gustativas de los fetos humanos se desarrollan anatómicamente a las 8 semanas de gestación y pueden detectar sabores a partir de las 14. Además, los orificios nasales están abiertos para permitir que el líquido amniótico acceda a las neuronas sensoriales olfativas, que pueden detectar moléculas activas a partir de las 24 semanas de gestación.

Un experimento francés demostró que las madres que habían probado el anís durante el embarazo tenían hijos que se sentían atraídos por el olor de éste. Sin embargo, aquellas embarazadas que jamás habían consumido anís resultaron tener hijos cuyo olor les desagradaba. La reacción de los bebés con tan solo 4 días de vida no dejaba lugar a dudas, su gesto, su llanto, sus aspavientos, etc. demuestran que tienen ya unos gustos muy bien definidos.

Otro sabor que se ha demostrado que los bebés recuerdan de su paso por el claustro materno es el ajo. En un estudio publicado en 'Pediatrics' en 1993, un grupo de mujeres tragó una cápsula de ajo unos 45 minutos antes de que les practicaran una amniocentesis, una prueba prenatal común en la cual se extrae una pequeña muestra del líquido amniótico que rodea al feto para analizarla.

Episodio #1388 Embarazo Sano y Feliz

Estudio de la Universidad de Durham

Un estudio dirigido por el Laboratorio de Investigación Fetal y Neonatal de la Universidad de Durham (Reino Unido) ha demostrado cómo los fetos reaccionan al sabor de los alimentos que ingieren sus madres. Hasta el momento, solo se sabía que la dieta de las embarazadas exponía a los bebés a una variedad de sabores con pruebas llevadas a cabo después del nacimiento.

Se ha conseguido la primera evidencia directa de la capacidad de respuesta facial fetal a los sabores transferidos por la madre. Esta prueba se ha convertido en el primer estudio longitudinal que indica que los fetos son capaces de detectar prenatalmente información quimiosensorial transmitida por compuestos de sabor que se originan en la dieta materna.

En el experimento participaron 100 embarazadas, de entre 18 y 40 años del noroeste de Inglaterra, durante las semanas 32 y 36 de gestación. A las mujeres se les suministró una cápsula de polvo de zanahoria o de col rizada y 20 minutos después se les realizaron ecografías en 4D para comprobar la reacción de los fetos a estos sabores.

El resultado fue que los fetos expuestos al sabor de la zanahoria sonreían, mientras que los fetos cuyas madres habían tomado la col rizada ponían “cara de llanto”, en comparación con un grupo de control que no había sido expuesto a ningún sabor.


El feto cuya madre tomó zanahoria sonríe. Fuente: Sagejournals/La Razón

El feto pone cara de llanto tras ingerir su madre col. Fuente: Sagejournal/La Razón

¿Qué implicaciones tiene este estudio?

Este hallazgo respalda el concepto de que los fetos exhiben comportamientos motores complejos asociados con el llanto y dichos comportamientos aumentan con la edad gestacional. Además, los hallazgos de este estudio tienen implicaciones importantes para comprender las habilidades fetales para sentir y discriminar diferentes sabores así como para entender las preferencias sobre unos sabores u otros tras el nacimiento.

De esta forma, las exposiciones repetidas a un sabor prenatal pueden influir en las preferencias alimentarias posnatales a corto y largo plazo. Actualmente se realiza un seguimiento a estos bebés tras el nacimiento para comprobar si la influencia de los sabores que experimentaron en el útero afecta a su aceptación de diferentes alimentos.

Recomendaciones para una dieta saludable durante el embarazo

Está claro que debemos aprovechar esta circunstancia y procurar que las embarazadas y la madre lactante tengan una dieta rica y variada, con gran cantidad de frutas y verduras que predispongan a los futuros niños a su consumo. Es vital llevar una dieta sana y equilibrada porque todo lo que entra por la boca de la madre, llega de manera directa al bebé. Todas las vitaminas, proteínas, minerales, etc.

Es importante recordar que las embarazadas tienen prohibido el consumo de tabaco y alcohol ya que estos tóxicos acaban influyendo negativamente en el desarrollo del feto.

Se trata, además, de un fenómeno en el que ni siquiera el ser humano tiene la exclusividad: también se ha documentado este efecto en ratas de laboratorio embarazadas, las cuales tuvieron crías más aficionadas a la comida muy dulce si las madres se habían alimentado con frecuencia con ella.

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