El concepto de "demonio" y su origen se encuentran arraigados en las civilizaciones antiguas y en las tradiciones religiosas de la humanidad. A lo largo de la historia, diversas culturas han desarrollado complejas mitologías en torno a estas entidades, atribuyéndoles un papel fundamental en el desarrollo de la vida humana y en la explicación de fenómenos naturales, accidentes y desastres.
El término "demonio" no es hebreo ni bíblico, sino griego. Este término se va imponiendo entre los judíos por influencia de la mentalidad griega y porque a partir del siglo III a.C. se fue traduciendo poco a poco la Biblia hebrea al griego, la lengua universal del momento, en la ciudad de Alejandría. En esta versión griega del texto sagrado, la llamada traducción de los Setenta, "satán" se traduce algunas veces por "demonio".
En el Antiguo Testamento hebreo, aunque no existe propiamente la palabra “demonio”, hay una suerte de idea difusa de la existencia objetiva, casi personalizada, de Alguien o Algo que se opone da Dios y el hombre, para mal. En segundo lugar, los "demonios" -con otros nombres- serán pronto identificados con los genios maléficos hebreos esos seres malvados del folclore hebreo que hemos mencionado al principio de esta serie: seirim, sheidim, iyyim, rabitsu, Lilitu.
En tercer lugar, "demonios", o seres sobrenaturales son para los israelitas los espíritus de los muertos (Isaías 8,19). En cuarto, los demonios son, despectivamente, las divinidades de los gentiles: lo que adoran los paganos son ciertos espíritus que se hacen pasar por dioses logrando que los pueblos un tanto tontos les rindan culto y les ofrezcan sacrificios. Quinto: muchas de las funciones que desempeñan los que los griegos llaman "démones dañinos y devastadores" las ejecutan en el Antiguo Testamento los "ángeles de Yahvé". Son, al igual que Satán, espíritus subordinados a Dios, ángeles en principio buenos o neutros, que toman venganza de parte de Éste por algunas acciones malas y son portadores contra los hombres de plagas y castigos.
En lo que respecta al origen de estos "demonios" tenemos que constatar: así como en todo el Antiguo Testamento no hay ni un sólo texto en el que se hable claramente del origen de los ángeles, tampoco encontramos ningún pasaje que diga claramente de dónde proceden esos posibles genios maléficos que los judíos de lengua griega denominaban con el apelativo de "demonios".
De repente, hacia el año 150 ó 160 a.C. en el libro de Tobías, que forma parte del grupo de escritos bíblicos "deuterocanónicos", probablemente redactado originalmente en griego, aparece un demonio con todas sus propiedades. Se trata del famoso Asmodeo. Este término está tomado probablemente del panteón persa: Asmodeo sería un “aesma daeva”, uno de los siete espíritus malignos que acompañan a Angra Mainyu (“El Espíritu del Mal”, Ahrimán, su comandante en jefe. Este demonio, Asmoodeo, estaba enamorado de Sara, la hija de Ragüel, pariente de Tobías. Para que nadie -ningún pretendiente- la tocara, el celoso demonio mataba en la noche de bodas a los sucesivos maridos que eran introducidos en el tálamo nupcial.
En otro libro tardío del Antiguo Testamento, el de la Sabiduría (2,24), se identifica ya claramente a la serpiente del paraíso con Satanás (en griego, el Diablo), identificación que tendrá mucho éxito en el futuro. Y, por último, en un escrito apócrifo, la Vida (griega) de Adán y Eva -también llamado “Apocalipsis de Moisés”, (17,4), publicado en Apócrifos del Antiguo Testamento, volumen II-, efectúa la misma asociación.
Aquí Satán aparece ya no sólo como un cierto oponente de Dios, sino como adversario y enemigo de la humanidad. Además, el mal más temido por los hombres, la muerte, no proviene ya de la divinidad. El autor lo atribuye por entero al pernicioso haber de este ser malvado.
Distintos nombres con distintos significados para nombrarle. El maligno entra en el subconsciente con diferentes arquetipos, y uno de ellos, enormemente potente, asocia al demonio con el conocimiento, con la iluminación, con la sabiduría.
Los “demonios de la ciencia” es una expresión que sirve como metáfora para nombrar aquello para lo que no hay respuesta. El matemático francés Pierre-Simon Laplace imaginó una entidad que supiera dónde están todos los átomos del universo y cuáles son las leyes del movimiento. Esta inteligencia calculadora superpoderosa, más tarde conocida como el demonio de Laplace, significó el comienzo del determinismo y de la idea de que la naturaleza es cognoscible y la ciencia puede explicarlo todo.
Hay otro gran demonio en ciencia, el del físico escocés James Clerk Maxwell. “Un ser muy observador y de dedos pulcros” que separa las moléculas más calientes y rápidas de las más frías y lentas… violando nada menos que la segunda ley de la termodinámica. El demonio de Maxwell ha atormentado a los físicos durante décadas.
Isaías -capítulo 14, versículos 12 a 14-: “¡Cómo has caído del cielo, Lucero, hijo de la Aurora!”. Los demonios, en la tradición abrahámica, son ángeles o Glorias que cayeron de los cielos.
El diablo ejerce como figura que trae la luz -el conocimiento - a los humanos: Lucifer se presenta al amanecer conformando un relato similar al del Sol Invictus , una festividad romana que es la antesala de la tradición navideña cristiana.
En ciencia, se llaman luciferinas las proteínas responsables de la bioluminiscencia y una astrofísica estadounidense, Elizabeth Roemer, decidió llamar Lucifer a uno de los asteroides que descubrió.
El capítulo 3 del libro del Génesis relata la primera acción del demonio como incitador al conocimiento. Transfigurado en una serpiente le responde a Eva en relación a la prohibición que tenían los primeros moradores del Jardín del Edén de comer frutos del árbol que estaba en medio del jardín: “Incluso Dios sabe que cuando ustedes coman de ese árbol, comprenderán todo mejor; serán como dioses porque podrán diferenciar entre el bien y el mal”.
Ya en la cultura egipcia era un símbolo de poder y de sabiduría, materializado por el caduceo: una figura compuesta por dos serpientes enroscadas alrededor de un bastón alado. En la cultura general la serpiente se considera uno de los animales más maléficos, responsable del pecado original, símbolo de los conocimientos ocultos en las antiguas culturas mediterráneas. Esta reticencia atávica contrasta con el hecho de que la doble hélice que representa al ADN recuerda a las dos serpientes enroscadas del caduceo de Hermes.
Esculapio, dios de la medicina en la antigua Roma, adoptó a la serpiente enroscada en torno a un bastón como símbolo de conocimiento. Las habilidades medicinales de Esculapio despertaron la envidia de Zeus, que terminó por matarlo con uno de sus rayos. La vara de Esculapio sigue siendo el símbolo de la medicina y una serpiente enroscada en torno a una balanza es el símbolo de la farmacia.
El panteón de espíritus malévolos que conforman la Goecia -uno de los seis libros que constituyen el Lemegeton o Llave Menor de Salomón- (uno de los libros de demonología más populares) contiene multitud de entidades relacionadas con diferentes disciplinas científicas: medicina, geometría, astronomía, gemología o herbología, amén de otras más humanísticas como la oratoria o la escritura. Es el caso de Marbas, Valefor, Barbatos, Paimon, Buer, Purson, Naberio o Forneus, entre otros muchos.
En algunas corrientes esotéricas, Belial es el guardián del conocimiento arcano y custodia sus dos torres de la sabiduría. Estas entidades inspiraron a aquellos que cultivaban las ramas primigenias de la ciencia y que poco después fueron llamados brujas y hechiceros y perseguidos hasta la muerte por la Santa Inquisición.
Paracelso, considerado el padre de la toxicología -es suyo el concepto de que solo la dosis hace el veneno- ha pasado a la historia como médico, alquimista y también como ocultista. A pesar de profesar la religión católica, sus obras fueron censuradas en 1583.
El nombre “Satanás” en realidad proviene de la palabra aramea shatán( שטנא ) que significa acusador, enemigo, adversario. Es tan solo la latinización de dicha palabra. En el Libro de Job (Iyov), ha-satan es un título, no un nombre propio, de un ángel gobernado por Dios; él es el jefe perseguidor de la corte divina. En el Judaísmo ha-satan no hace mal, le indica a Dios las malas inclinaciones y acciones de la humanidad. En esencia,ha-satan no tiene poder hasta que los humanos no hagan cosas malas. Después de que Dios señala la piedad de Job, ha-satan le pide autorización para probarla. El hombre justo es afligido con la pérdida de su familia, propiedades, y más tarde, de su salud, mas él sigue siendo fiel a Dios. Como conclusión de éste libro, Dios aparece como un torbellino, explicándoles a los presentes que la justicia divina es inescrutable.
En lengua árabe se le llama shaytán, que también significa serpiente (de esta forma consiguieron asociarlo a la serpiente del Génesis que tienta a Adán y Eva con el fruto prohibido. Esta es otra mala traducción intencionada para desviar la atención del creyente. La figura literaria se utilizó en los capítulos para definir a un personaje con el que confrontar en las narraciones.
En la edad media se atribuyo la palabra Mammon a uno de los nombres adoptados por Satán. Mammon viene en realidad de la palabra hebrea Matmon (ממון. dinero o tesoro). Los cristianos desviaron el significado, al igual que con shatán y diábolo, como nombre propio. De esa forma crearon otro de los nombres atribuidos a Satán debido a que las riquezas, los beneficios y abundancias eran considerados por Jesús como algo deshonesto y causante de uno de los males; la avaricia.
La frase “chivo emisario” nos viene de la Vulgata: capro emissario (frases afines: “chivo expiatorio” o “víctima expiatoria”). A su vez, la expresión latina se basa aparentemente en la revisión 123 de la LXX de Símaco (biblia Septuaginta), donde el gr. trágos aperjómenos es una traducción del heb. Lz >5al. De ese contexto literario surgió la imagen popular del demonio con forma de cabra.
En el principio cuando nada estaba creado, surgió la luz y se diferenció de la oscuridad, dando nacimiento a dos mundos de características opuestas e irreconciliables. La luz se convirtió en la manifestación del bien y dió lugar a a los ángeles a los que se unieron las hadas y los elfos. La oscuridad supuso la enmanación del mal y en ella prosperaron los demonios uniéndose a ellos las brujas y los genios de la oscuridad. El demonio es el ángel rebelde, el enemigo de los planes divinos, el tentador de la humanidad.
Los demonios no solo pueblan las películas de terror modernas, sino que son figuras fundamentales para las religiones monoteístas. Por definición, un demonio es un ser espiritual de naturaleza angélica condenado eternamente. Tal y como señala José Antonio Fortea, spiritus en latín significa soplo, hálito. No. En su origen, los demonios fueron ángeles, es decir, espíritus. Al ser creados, se les ofreció una prueba previa antes de la visión de la esencia de la Divinidad. Y es que, antes de esta prueba, los demonios veían la presencia de Dios, pero no su esencia. Ante la prueba que Dios les puso, algunos ángeles obedecieron y otros no, y solo los que le contravinieron de forma irreversible se convirtieron en demonios.
Satán: de todos los demonios que se rebelaron, Satán es el más inteligente y bello.
Diablo: es el nombre que recibe Satán en el Nuevo Testamento. Proviene del verbo griego diaballo, que significa “acusar”.
Belcebú: es usualmente usado como sinónimo del Diablo.
Lilith: la tradición judía la considera un ser demoníaco.
Seirim: suele traducirse como “peludos”.
Demonio: del griego daimon (“genio”).
Apollyon: significa “destructor”.
Lucifer: nombre extrabíblico que significa “estrella de la mañana” o “portador de luz”. Este nombre, designado por Dios, hace alusión a su belleza. Mantuvo una posición privilegiada en el cielo antes de caer y deformarse. Los textos eclesiásticos usan el nombre de Lucifer como sinónimo de Diablo, aunque el padre Gabriele Amorth cree que se trata de entidades diferentes.
Tabla de Demonios y sus Atributos
| Nombre del Demonio | Atributos y Origen |
|---|---|
| Asmodeo | Demonio persa del libro de Tobías, asociado con celos y muerte. |
| Satanás | Título hebreo que significa "acusador" o "adversario". |
| Lucifer | Nombre latino que significa "portador de luz", asociado con la estrella de la mañana. |
| Lilith | Demonio femenino de la tradición judía, asociada con la muerte de niños. |
