Han pasado treinta años del golpe de Estado del 23-F y aún persisten interrogantes sobre lo sucedido ese día. La lógica se derrumba ante los hechos, considerando los pocos condenados y las acciones por las que lo fueron. Vistos los pocos condenados y las acciones por las que lo fueron, habría que concluir que aquello fue una auténtica chapuza, una obra de sujetos torpes, imprevisores, de militares inexpertos con nula idea de lo que hacían. Es difícil imaginar que Milans del Bosch, capitán general de Valencia, pudiera acordar con Tejero la toma del Congreso y con Armada la proposición de un gobierno de concentración, sin que el guardia civil supiera esto último y, sobre todo, sin haber antes tenido los contactos necesarios con otras regiones militares que apoyaran la operación. Cuatro reuniones poco concurridas, el asalto chabacano al Congreso, un bando que rememoraba otros tiempos y unos tanques no municionados recorriendo Valencia, además de la toma de TVE y ciertas emisoras de radio.
No voy a acusar al Rey. No creo que estuviera implicado de manera alguna en un golpe de Estado del cual nada podía sacar de positivo. Más aún, si de conformar un gobierno de concentración y dar un golpe de timón se trataba, el Rey tuvo la oportunidad de designar, una vez dimitido Suárez, un presidente distinto a Calvo Sotelo. Los partidos democráticos y el Rey siguieron la senda que les marcaba la Constitución. Por otro lado, nadie sobreactúa hasta poner en riesgo su propia integridad y eso era lo que se hizo con la entrada en el Congreso de alguien tan poco previsible como Tejero.
Todo lo demás, los hechos, los implicados, el desarrollo inquietante de la tarde noche del 23-F y la mañana del 24, los golpes frustrados de 1982, 1983 y 1985, entre otros, sigue siendo un misterio que alguna vez debería desvelarse. Tras treinta años, algunos no creemos que lo dicho, por resultar tan sencillo, sea cierto.
Misterios No Resueltos del 23-F
Hay curiosidades no explicadas que persisten hasta hoy. Las cintas grabadas en el Congreso. Todas las conversaciones realizadas desde o al Congreso aquel día fueron grabadas, aunque hay quien lo niega. Quiénes formaban la trama civil del 23-F. Ahí reside uno de los mayores secretos y, tal vez, el más interesante por sus futuras repercusiones en nuestra historia más próxima. Qué papel jugó el Cesid que nada, por lo visto, más allá de vaguedades, descubrió, aunque algunos de sus agentes cumplieron ese día labores más que sospechosas, como acompañar a los autobuses de Tejero hasta el Congreso.
El espectáculo de la entrada en el Congreso provocó efectos no queridos, tal vez, por los ideólogos del golpe. Aunque incruento y chabacano, fue tremendamente efectista. El juicio fue una vergüenza de mentiras, silencios, imputaciones y deshonor para muchos de los que de él hacían gala. El Ejército sufrió el desprestigio de quienes decían representar sus valores. El golpe, en sí mismo, aunque luego hubiera diversos intentos silenciados en su mayoría, se constituyó en una vacuna para el futuro.
Mientras todo esto es ya historia, la verdad espera ser revelada.
Tanques en las calles de Valencia durante el golpe de estado del 23-F.
El 23-F en Valencia: La Operación Turia
23 de febrero de 1981. Aquella tarde, al caer la noche, la llamada División Maestrazgo realizó un despliegue en la ciudad de Valencia cumpliendo las órdenes del entonces capitán general de la III Región Militar, Jaime Milans del Bosch y Ussía, quien a través de un comunicado de radio que pudo escuchar la población, seguramente con terror e incertidumbre en el cuerpo, ordenó tal operación “como medida de seguridad y precaución”.
Sin embargo, lo que ocurrió a esa hora de la tarde, era el fin de una maquinaria que se había puesto en marcha desde primeras horas del día con la llamada «Operación Alerta Roja», dirigida por el propio Jaime Milans con el objetivo de mantener la seguridad en los cuarteles, donde se dice que esta operación llevaba ya días en marcha. En ese momento del 23 de febrero cuando ocurrieron los hechos de Valencia, justo un poco antes y en torno a las seis y media de la tarde, en Madrid y en el interior del Congreso de los Diputados, dos compañías de la Guardia Civil al frente de Antonio Tejero Molina tomaban el Congreso al grito de ¡Quieto todo el mundo!. Después de aquello se esperó a que una autoridad militar siguiera dando órdenes (aquello, sin duda alguna, sería el comunicado que se produciría poco después en Valencia y la confirmación de éste con llamada entre Tejero y un alto mando, un general). Después de esto, la maquinaria de los acuartelamientos de Bétera y Paterna había comenzado en Valencia con el despliegue de la llamada “Operación Turia”. Los tanques y blindados entraron por la pista de Ademuz, en lo que sería hoy la avenida de las Cortes Valencianas, aunque también lo hicieron por la Avenida del Cid y otros puntos.
23 F: LA MENTIRA FUNDACIONAL
El despliegue por toda la ciudad se estableció en distintos lugares, abarcando así un perímetro mayor con distintas unidades repartidas por la capital. Uno de estos despliegues fue el realizado en la Gran Vía Fernando el Católico, Germanías y Gran Vía Marqués del Turia, además de las paralelas; el otro ocupó Pérez Galdós, Giorgeta y Peris y Valero. Las rondas por estos puntos fueron diversas.
Sin embargo, otros puntos de la ciudad también sufrían controles y despliegue de carros blindados, cortando accesos en distintos puentes de la ciudad o con presencia militar en algunos de ellos. No quedaron a salvo gobernaciones, Ayuntamiento ni Diputación, así como lugares como la estación de autobuses, quienes en sus alrededores sufrían un despliegue de fuerza militar, en especial, y a destacar, el de la entonces plaza del País Valenciano (hoy del Ayuntamiento), donde nos comentan que se llegó a montar un Hospital Militar.
Ni tan siquiera el aeropuerto quedo a salvó de aquel despliegue de fuerza, así como tampoco la base aérea de Manises, que estuvo a punto de llenarse de tanques para poder disponer de los cazas para la Operación Turia. Esto último jamás ocurrió, ya que los tanques tomaron otra dirección ante la amenaza del coronel jefe del Ala 11 de Combate de Manises, de quien se dice que, incluso, tenía listo uno de los aviones, con el motor encendido, por si tenía que actuar en cualquier momento contra los blindados. El miedo pudo con Milans del Bosch.
Mientras, en la radio, cada media hora, la gente de Valencia escuchaba, con incertidumbre sobre lo que ocurriría, el mensaje de Milans del Bosch una y otra vez repetido. Muchos permanecían en sus casas. La gente cerraba las persianas. Solo los curiosos eran capaces de asomarse. Las tiendas cerraron y la gente se marchaba a sus casas como podía. Muchos comentan que fue más el susto y que la gente, a pesar de quedarse en sus casas, pudo volver a ellas sin que el ejercito actuara o se lo impidiera. A otros les pilló trabajando o haciendo su vida normal, y muchos tuvieron que refugiarse donde pudieron ante el toque de queda. Aquella noche fue bautizada como «la silenciosa».
Valencia bajo estado de excepción, con tropas en las calles.
El Fin del Golpe y el Mensaje del Rey
Todo llegaba a su fin a la 01:14 de la madrugada del día 24 de febrero, momento el que se emitió a través de la primera cadena de televisión un mensaje del rey Juan Carlos I, vestido con uniforme de Capitán General de los Ejércitos. El mensaje había sido grabado una hora antes en el despacho del rey en la Zarzuela. El rey se dirigió a la nación para situarse contra los golpistas, defender la Constitución española, llamar al orden a las Fuerzas Armadas en su calidad de Comandante en Jefe y desautorizar a Milans del Bosch.
Fue un poco antes, hacia la una de la madrugada, cuando el teniente general Milans del Bosch recibió la llamada del Rey ordenándole retirar las tropas. Poco después, Milans dio la orden de regresar a sus unidades a los contingentes militares que ocupaban Valencia, a pesar de que hasta altas horas de la madrugada no se desactivó la llamada «Operación Turia».
A las 5:45 la Capitanía General de la III Región Militar hizo un comunicado en el que anulaban las medidas de estado de excepción.
En Madrid, sin embargo, Tejero resistió hasta el mediodía del día 24. Hacia las 10:00 horas se permitió la salida de las diputadas del Congreso de los Diputados. Seguidamente, se procedió a desalojar el Congreso de los Diputados y a las 12:15 todo había terminado.
Valencia Después del Mensaje del Rey
Nada más transmitirse el mensaje de Su Majestad el Rey, el capitán general de la III Región Militar, Milans del Bosch, ordenó a las tropas que hasta ese momento ocupaban las calles que se retirasen a sus cuarteles. Sólo en Valencia capital Fuerzas del Ejército habían ocupado los puntos neurálgicos de la ciudad una vez decretado el estado de excepción, mientras en las restantes poblaciones y ciudades de la Región la calma había sido absoluta.
Pasadas las siete de la tarde, el propio teniente general Milans del Bosch había leído, a través de las emisoras de radio de la región, un comunicado que fue repetido por estas emisoras cada media hora hasta las 00:30 de la noche y cuyo texto era el siguiente:
Las tropas salieron a la calle a primeras horas de la noche, ocupando los puntos céntricos de Valencia, con el auxilio de vehículos blindados y carros de combate.
En la plaza del País Valenciano, frente al Ayuntamiento y al Palacio de Correos, se produjo una notable aglomeración de efectivos, que incluía hasta baterías antiaéreas.
Después de interrumpir la sesión del Congreso: El teniente coronel Tejero habló por teléfono con Valencia. Inmediatamente después de producirse la interrupción de la sesión del plenario del Congreso, el jefe de la Fuerza de la Guardia Civil que protagonizó los hechos, teniente coronel Antonio Tejero Molina, mantuvo una conversación telefónica con Valencia.
Fosas Comunes en Paterna: Un Capítulo Doloroso
Unos pantalones raídos y sucios, enterrados durante 45 años en una tumba multitudinaria y anónima de nueve metros cuadrados y más de seis metros de profundidad, quedan de Miguel Galán Domingo, el «individuo 83» de la «fosa 128», donde se «enterraron sacas de personas» durante seis meses. Sucedió en Paterna, Valencia, en la posguerra española. Bien entrado el siglo XXI se realizaron los trabajos de exhumación de un total de 2.238 personas asesinadas. Con Galán estaban otras 106 de las que «sólo se ha podido identificar a doce». Más allá de su nombre y edad, se logró recuperar un pedazo de historia callada hasta ahora.
En la guerra fueron ejecuciones extraoficiales, pero en la dictadura era pena de muerte con todo el aparato del Estado contra opositores, y los enterraban en una fosa comunal en el caso de Paterna. Desde los que apoyaron a la república hasta los maquis, que combatieron hasta los años sesenta», afirma Donaire, que estuvo en contacto con los familiares de aquellos ejecutados. «No sólo me interesaron las imágenes de terror que escupía la tierra, sino la familia que había siempre alrededor. Era la demostración de que esto está vivo y la apertura de la fosa era una especie de terapia colectiva para hacer el velatorio que les prohibieron hace 80 años.
«Damos por hecho que después de tanto dolor tiene que venir el odio y la venganza, pero no. Lo que querían era justicia. Entrevisté a más de cien personas y siempre les preguntaba si estaban dispuestas a perdonar, y respondían que sí, pero que primero necesitaban que se hiciera justicia, que se reconociera lo sucedido», asegura Donaire, cuyo abuelo murió de «tuberculosis en un campo de concentración de Alicante en 1938».
El título del libro, 'Punto ciego', viene de la «zona oscura con la que no podemos ver» y que el cerebro «rellena con lo que le llega del entorno que lo rodea». En este caso de las fosas comunes del pasado bélico reciente se llenó con «una ausencia y con un silencio», según Donaire.
«Hay registros penitenciarios de sus pasos por las cárceles porque pasaban uno o dos años hasta la sentencia de muerte, actas de los juicios en un tribunal militar, informes forenses y registros cementeriales donde dicen que tal persona tal día en tal fosa fue enterrada. Los de Paterna no eran 'desaparecidos'». ¿Por qué, entonces, sus propias familias no los desenterraron con un pico y una pala para darles sepultura ya en democracia? «Hubo un régimen de terror absoluto y ese miedo ha quedado hasta el día de hoy metido en el adn», reflexiona Donaire.
«Ese silencio se rompe al remover la tierra, escuchar los relatos individuales que ahora se hablan en público. Pero queda el silencio judicial. ¿Podría representar el caso de Paterna al resto de España? «Sí, no solo por las personas que asesinaron, sino también por lo que sufrieron las familias y sus ganas de saber lo que pasó incluso de maneras clandestinas. Pero también como ejemplo de una alianza de la sociedad civil y las instituciones para hacer las cosas bien hechas ahora. No es un libro sobre el pasado. Todas las historias que se cuentan empiezan en el presente, aunque sean los vivos los que rescaten la memoria de sus muertos, «para cerrar este tema y centrarse en el futuro».
Según los datos de los investigadores, el paredón de la localidad valenciana de Paterna, el Camí de la Sang y las fosas comunes fueron testigos del fusilamiento de 2.238 personas procedentes tanto de 191 pueblos de la Comunitat Valenciana como de otros 60 municipios del país. En los últimos años, los trabajos de exhumación han permitido que diversas familias de represaliados puedan recuperar los restos de sus padres y abuelos. Políticos, trabajadores y sindicalistas fusilados por las fuerzas dictatoriales durante la guerra y en los años posteriores.
Cronología de Eventos Clave
| Fecha | Evento |
|---|---|
| 23 de Febrero de 1981 | Golpe de Estado en Madrid; "Operación Alerta Roja" en Valencia. |
| Tarde/Noche del 23 de Febrero | "Operación Turia": Despliegue militar en Valencia. |
| 01:14 del 24 de Febrero | Mensaje del Rey Juan Carlos I ordenando detener el golpe. |
| 05:45 del 24 de Febrero | Anulación de las medidas de estado de excepción en Valencia. |
| Mediodía del 24 de Febrero | Rendición de Tejero en Madrid. |
