La ganadería Miura, fundada en 1842 por Juan Miura, es un auténtico tesoro genético. La historia de esta ganadería está intrínsecamente ligada a la familia Miura, cuya dedicación y pasión han mantenido viva una tradición que se remonta a varias generaciones.
Ganado de Miura en la finca Zahariche.
En la transición del ganado manso al bravo, Juan Miura puso como condición a su hijo el deshacerse del ganado manso, hecho que Antonio Miura Fernández accedió. Este ganado fue todo al matadero y sirvió como alimento a la escuadra inglesa que en aquellos tiempos se encontraba fondeada en Gibraltar.
Orígenes y Evolución de la Ganadería Miura
Juan Miura nació en 1802 en Sevilla y no en Navarra, como se había especulado. Comenzó a trabajar en una sombrerería como oficial sombrerero y terminó siendo propietario. Él fue el fundador de la saga ganadera, pero no tuvo mucha influencia en la selección del ganado, siendo su hijo Antonio Miura Fernández el que formó la ganadería. Primero adquirió ganado manso y posteriormente bravo, por el hecho que éste era más rentable.
El primer lote lo adquirió en el año 1842 a Antonio Gil Herrera y estaba compuesto por 220 vacas, procedentes de la casta fundacional Gallardo, del Puerto de Santa María, las cuales fueron eliminadas casi en su totalidad en una escrupulosa selección. Posteriormente, en el año 1849 compró otro lote de la misma procedencia, quedando con esto como propietario de casi la toda la ganadería de origen Gallardo. Entre los años 1851 y 1852, llevó realizó varias compras del encaste Cabrera a través de José Rafael Cabrera y posteriormente de Jerónima Núñez de Prado, quedándose con casi todo el ganado de este origen.
Los antecesores de nuestro invitado llevaron a cabo cruces con ganado de otra procedencias, como por ejemplo: con dos sementales de Arias de Saavedra, puro encasta de Vistahermosa en la línea del Barbero de Utrera, cruzados con un lote de vacas de origen Cabrera, dando con ello un tipo de toro largo, agalgado y fino, de complexión fuerte y extraordinaria agilidad, otro con el toro “Murciélago”, del ganadero Pérez Laborda, de casta navarra, indultado en Córdoba por Rafael Molina, Lagartijo y regalado por éste a Antonio Miura Fernández, con un semental de nombre “Banderillo”, de la Viuda de Tamarón y por último con un semental de Veragua. A criterio del ganadero, estos encastes fueron desapareciendo por absorción.
Esta ganadería hizo su presentación en Sevilla en el año 1846, con una corrida de toros. Juan Miura falleció en 1860, haciéndose cargo de la ganadería su esposa, Josefa Fernández, quien en el año 1861, cede a su hijo Antonio la ganadería y el patrimonio familiar. En realidad era éste quien llevaba el control de la vacada., destacando nuestro invitado que todos los terrenos donde pastaba el ganado lo tenían arrendado, El Cuarto y y Los gallos entre otras fincas.
La ganadería en manos de Antonio Miura Fernández se presentó en Madrid en el año 1862, donde el toro de nombre Jocinero corneó mortalmente al torero Pepete, comenzando con ello la historia negra de esta ganadería. Antonio Miura Fernández falleció en el año 1893 sin descendencia, continuando con la dirección de la ganadería su hermano. Eduardo, alcanzando el máximo esplendor.
Al fallecimiento de este ganadero en 1917, lo sustituyen sus hijos, José y Antonio Miura Hontoria, abuelo y tío abuelo de nuestro invitado, los cuales, en 1940 cedieron la dirección de la ganadería a Eduardo Miura Fernández, padre de nuestro invitado, que por dicha llegó a llamarse igual que su abuelo. Su padre es quién más tiempo estuvo a cargo de la vacada. Con este ganadero se llevó a cabo el traslado del ganado a la finca de Zahariche, propiedad de su esposa, Maruja Martínez.
Gran parte de sus conocimientos los heredó de su padre y de su tío. Hablando del futuro explicó que tiene otro hermano casado pero no tiene descendencia, y el único miembro familiar que puede seguir con la tradición ganadera es su hijo, de 26 años. Añadió que en la actualidad continúan con la misma mecánica de crianza que hace 50 años.
Comparó D. Eduardo Miura Martínez la tradición de su larga familia en la crianza de ganado bravo, con la de los vaqueros que trabajan en su casa, indicando que hay familias que llevan cinco generaciones prestando sus servicios.
Eduardo Dávila Miura: El Torero y su Legado
Eduardo Dávila Miura nace en Sevilla el 5 de marzo de 1974. La primera vez que toreó tenia tan solo 7 años, fue en la finca Zahariche donde pasta la ganadería de Miura. Pertenece a las hermandades del Amor , San Bernardo y la Macarena.
Eduardo Dávila Miura y la fe de los toreros. "Me sorprende mucho cuando la gente me da las gracias por participar en algún festival o acto benéfico...
El Hierro de Miura
Respecto al hierro de la ganadería, primero perteneció a Antonio Carigas y cuando lo adquirieron llevaron a cabo algunas modificaciones en el dibujo.
El Toro de Miura: Características y Evolución
Expuso muchos datos de la ganadería de Miura, destacando que su crecimiento como ganadero estuvo basado en la leyenda negra y en los triunfos cosechados, aunque con el tiempo fue modificando el comportamiento de sus toros, manteniendo la morfología y el nivel de exigencia, cambiando la mansedumbre por la bravura.
Sobre la evolución, comentó que para continuar en primera línea ganadera hay que ir evolucionando a la par que los gustos de los públicos, para lo cual da una serie de ejemplos comparativos sobre lo que acontecía en los ruedos en los festejos de antaño que hoy causarían estupor en cualquier plaza.
Respecto a las capas de su ganado y atendiendo una pregunta de un aficionado, comentó que el que salgan más o menos toros de capa cárdena van por temporadas, lo que ocurre es que los toros sardos y salineros manchan mucho la ganadería, añadiendo que no tiene en cuenta estos detalles.
Considera que a su ganadería se le exige mucho, y no está de acuerdo con los términos usados en la actualidad en cuanto a público torista y toreristas, considerándolos términos que marcan el estado actual de la fiesta, donde las figuras se limitan a torear ganaderías que no transmiten nada al tendido, desentendiéndose totalmente de las ganaderías denominadas duras, donde nuestro invitado dio una relación de toreros que en otras épocas no hacían ascos a ninguna ganadería, destacando en este hecho a Manolete, que exigía ganado duro cuando tenía que enfrentarse a las figuras de su época ya que estaba seguro que era superior a sus contrincantes.
Un aficionado destacó que en esta ganadería no se ha indultado nunca un toro, a lo que añadió el ganadero que el día que ocurra este hecho la gente pensará que sus toros ya no son miuras, destacando que el toreo actual se basa en la muleta, no teniendo en cuenta el comportamiento en las demás suertes, sobre todo en el caballo.
Respecto a los tentaderos dijo que exige a los toreros que se ajusten a sus criterios, dejándoles plena libertad en la muleta. Tampoco permite que los graben en video este hecho es norma de la casa.
Consideró que el toro Zahonero hizo méritos suficientes para la vuelta al ruedo. Respecto al comportamiento de sus toros, comentó que lo más importante es no dudar en ningún momento y que el toro note firmeza, como asimismo no dar voces en su entorno, ya que este hecho los suele excitar, aunque reconoció que sus toros han perdido agresividad. Resaltó en varias ocasiones que suelen pelearse mucho. Todos estos datos iban dirigidos a los toreros noveles presentes en la tertulia.
Respecto a la elección de las corridas comentó que cuando vienen a elegir el ganado, el ganadero presenta ocho o nueve toros y entre estos el empresario debe elegir la corrida.
En su comportamiento es imprevisto. Al salir de toriles se para, retando al tendido. Durante la lidia aprende, midiendo al torero, adelantándose a sus reacciones. Cuando ve que le puede al diestro, le gana la batalla. Toros nerviosos, indómitos y de châpeau.
El Miura es más largo, tiene mucho cuello, no tiene barriga, la piel es muy fina... Cuando salen al ruedo, miran al público meneando la cabeza, volviéndose, barbeando tablas, como queriendo llegar a quienes están en las barreras.
La prueba es la cantidá de ganaderías que han desaparecido o la reducción de los festejos en las ferias incluso la incertidumbre en ayuntamientos y gobiernos.
Junto a su hermano -"gente campera y honesta", que así les define el gran cronista taurino Manolo Molés- han ido adecuando el toro a los tiempos, selección genética mediante, buscando una mayor nobleza sin perder las señas de identidad que les han hecho célebres hasta en las novelas de John Steinbeck.
Tragedias y Respeto
Estos hechos trágicos y luctuosos crearon gran expectativa entre los aficionados, además de un gran respeto en el seno de los profesionales.
- Jocinero, lidiado en Madrid el 20 de abril de 1862, hirió de muerte a José Rodríguez "Pepete".
- Chocero, lidiado en Madrid en 1875, corneó fatalmente a Mariano Canet "Llusío".
- Perdigón, lidiado en Madrid el 27 de mayo de 1894, corneó mortalmente a Manuel García "El Espartero".
- Desertor, lidiado el 7 de octubre de 1900 en Barcelona, acabó con la vida de Domingo del Campo "Dominguín".
- Agujeto, lidiado en Sanlúcar de Barrameda el 18 de agosto de 1907, corneó al novillero Faustino Posadas.
- Cabañero, lidiado el 21 de mayo de 1930 en Écija, corneó gravemente al novillero Pedro Carreño.
- Islero, lidiado el 28 de agosto de 1947 en Linares, hirió a Manuel Rodríguez "Manolete" causándole la muerte.
Tumba de Manolete en el cementerio de Córdoba.
Don Juan Miura conocía la pasión de su hijo por el campo, que pasaba su tiempo libre en los cortijos arrendados, que le apasionaba contemplar la punta de ganado manso que poseían y que a esas reses se entregaba completamente.
Tan grande es el cariño que ha tomado al ganado manso que pide a su padre mantener el hierro para el nuevo ganado.
Don Antonio era un hombre de estatura normal, delgado, enjuto, que caminaba derecho. De rostro alargado, ningún rasgo destacaba. Modesto, sencillo, honrado y caritativo, murió el 31 de marzo de 1893 estando en posesión de la Gran Cruz de la Orden de Isabel la Católica. Sevilla vistió de luto. Su cadáver fue conducido al Cementerio de San Fernando.
Don Eduardo era también de estatura normal, delgado, con una cara expresiva. Sus largas patillas blancas le conferían un aspecto particular: no en vano, se le conocía como ‘el de las patillas’. Con él empezó la época más gloriosa y al mismo tiempo más difícil de la ganadería.
Desde ese día, don Eduardo trató de mantener el tipo de toro que concibieron sus antepasados, que entendieron siempre la torería como una forma de concebir la propia vida. Modélico como ganadero y como persona, sus paisanos le respetaban y querían por su calidad humana, por su hidalguía y por su trato exquisito.
«El toro de Miura es recogido de barriga, largo, con el cuello flexible. Tiene algo de látigo en la facilidad con que se revuelve. Pero, a pesar de todo, eso no es lo importante. Lo que de verdad le diferencia es su personalidad, una especie de capacidad psicológica para darse cuenta de cuándo es dueño de la situación. Cuando sale el toro bueno, es bueno de verdad, te haces con él, y como son largos, de bonita lámina y bien armados, la corrida es un lujo. Pero si te achicas, se da cuenta y entonces va por ti.
«Que no se dé cuenta de que le tienes miedo.
«Los Miuras tenían fama de aprender muy rápido. Creo que, en mis tiempos, esa fama correspondía a la realidad. No les podíamos hacer dos veces seguidas la misma cosa porque, a la tercera, ya la habían aprendido y sabían más que nosotros.
«Una vez, en Salamanca, El Estudiante se perfiló para matar y pinchó mal. A la siguiente entrada, el Miura ya había visto el estoque con absoluta claridad. Cada vez que El Estudiante ejecutaba el volapié, el toro derrotaba contra el estoque, se lo apartaba de delante y después le buscaba a él. Fue una angustia interminable.
«Pero también es verdad que esos toros tienen dificultades, que entienden lo que pasa y, sobre todo, que ven si eres débil. Esa es la clave. A mí me ha revolcado algún Miura, pero nunca he tenido una cornada grave. ¿Sabe por qué? Porque, si he tenido miedo, no me lo ha notado.
Dos cráneos de toro flanquean el nombre de Miura en la entrada a Zahariche. Al final del camino se encuentra la casa familiar del cortijo, adquirido en 1941 con alrededor de 600 hectáreas dedicadas a la explotación agrícola y a la cría de sus reses bravas.
Eduardo es el mayor de cinco hermanos y Antonio el pequeño. Entre ambos, Maruja -que falleció-, Reyes (madre de Eduardo Dávila Miura) y Loli. La ganadería pertenece a los dos varones. Como siempre en su familia. Cuentan con unas 600 cabezas, y lidian entre 8 y 10 espectáculos al año. Además, su ganadería de caballos españoles, casi con la misma antigüedad, a los que sumaron hispanoárabes.
Antonio y Eduardo Miura Martinez se criaron en Zahariche, el cortijo que su familia adquirió en 1941 y al que trasladó su ganadería desde el Cortijo del Cuarto, en el que comenzó su andadura.
Recuerdan los inviernos. "Con las tormentas la luz se iba cada dos por tres y nuestro padre, muy manitas, arreglaba los fusibles". Una época feliz. "Íbamos en coche sin aire acondicionado. Abríamos las ventanillas, nos íbamos en agosto a las dos de la tarde a Pamplona en un Dos Caballos y no pasaba nada. Ahora se estropea el aire o la luz y es una tragedia".
En Zahariche, un azulejo recuerda la visita de S.M. el Rey Don Juan Carlos con la Infanta Doña Elena y su nieta Victoria Federica en 2016. "Nos llamó Javier Benjumea -entonces teniente de Hermano Mayor de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla-. Habían venido a los toros. Creíamos que venían de visita. Pero resultó que se quedaban a dormir. Hicimos una cena informal en este salón, con tortilla, pescadito frito, gazpacho... Y vino tinto".
Al día siguiente organizaron un tentadero con Eduardo Dávila Miura. "Me pidieron que no lo dijera a nadie, y no lo hice, ni siquiera a mis hermanas". Se interesaron por sus botos. "Me los hace a medida un talabartero de Cantillana, y Doña Elena quiso encargarse unos. Ella y su hija aprovecharon para montar a caballo". Y destacan la personalidad de Don Juan Carlos. "Muy sencillo. Incluso se hizo fotos con los empleados del cortijo.
Nacida en una sombrerería de Sevilla a mediados del siglo XIX, la ganadería Miura ha logrado hacer de sus toros, nerviosos, indómitos, un mito. Siete matadores se cuentan entre sus víctimas, uno de ellos Manolete.
Cuando recoge el testigo de su difunto padre, Antonio se mete de lleno en los fregaos de las corridas y logra que en España se lidien, entre 1869 y 1893, 1.750 morlacos de Miura, cuando en la actualidad cada temporada no se van más allá de nueve festejos: Sevilla, Madrid, Pamplona, Bilbao y plazas de Francia (Beziers, Mont de Marsan, Bayona, Dax, Nimes...) son casi seguras en el calendario.
Con El Patillas se alcanza el culmen de fiereza y se cincela una leyenda de sangre y cornalones entre 1893 y 1917. A su muerte se hacen cargo los hermanos Antonio y José Miura Hontoria, en una especie de ley sálica familiar en la que se aviene en que sean los varones quienes tomen el mando bajo el epígrafe Hijos de don Eduardo Miura.
Su padre recogió la vara de mando de don Eduardo Miura Fernández (1914-1996), quien vivió los días de vino y rosas de la divisa. La leyenda trascendió fronteras y gremios. Los dueños de Lamborghini, grandes aficionados, bautizaron Miura, Islero, Murciélago y Gallardo a algunos de sus mejores coches superdeportivos. Entre don Eduardo y don Ferrucio, dueño de la marca italiana, se entabló una gran amistad, mas sin contraprestación mercantil. "Eran unos años donde la propiedad intelectual no funcionaba como ahora. No hemos cobrado nunca ni un duro de Lamborghini por estas cuestiones, jamás", ataja Eduardo Miura Martínez, que todavía recuerda una sesión en Zahariche para una revista con los autos en plena dehesa. Muchos de ellos acabaron con la chapa abollada de las embestidas propinadas por su ganado.
Llegó El Cordobés y se regó el albero de dinero, de festejos, de alegría. "Su irrupción benefició a todo el mundo. Toreros, empresarios, ganaderos y espectadores. La gente se apostaba en las tiendas de electrodomésticos para ver los toros. Fue un acontecimiento. Ojalá se repitiera con alguien nuevo que llegue", comentan al unísono.
Lo paradójico es que en saga tan numerosa y en siete generaciones nadie tuviera ganas de tomar muleta y capote.
Hijo de Reyes, una de las hermanas de Antonio y Eduardo, tomó la alternativa en 1997 y se retiró de los ruedos en 2006. En un gesto emocionante y singular, volvió este año para presentarse en su ciudad y con los toros de su propia familia el pasado 26 de abril. Pasó el compromiso con nota, cortando una oreja y dejando un poso de profesionalidad, dignidad y talento. "Para mí ha sido, analizándolo ahora en frío, la tarde más importante de mi carrera. Independientemente del resultado, porque el compromiso era más personal que profesional. Yo soy torero porque mis primeros recuerdos son de chico en Zahariche jugando a los toros. Y a la única corrida que nos llevaban a todos los primos era la de Miura.
En el horizonte de la divisa, la corrida de Pamplona del próximo 14 de julio. Ante la situación surgida de pactos y aritméticas electorales, la gente del toro anda preocupada con futuras prohibiciones, contagio de lo ocurrido en Cataluña. Es la única zozobra que pueden infligir a la valiente saga Miura, "que no quiere aparentar humildad sino ejercerla".
La Finca Zahariche: Un Legado en Imágenes
A la mayoría de los toreros y a muchos ganaderos no les vale con retener en la memoria los toros del triunfo: necesitan lucir al animal naturalizado, resucitado del recuerdo a través de la taxidermia.
Entrada a la Finca Zahariche.
En España hay grandes maestros del arte de dar ánima a lo inanimado. La saga Miura acude al estudio de Juan José Lozano, El Lili, en Cantillana (Sevilla), que se afana desde 1992 en estos menesteres. "En 2003 empecé a trabajar para ellos. Ahora estoy con cuatro toros de Sevilla del día de la reaparición de Dávila Miura. Se tarda unos tres meses en naturalizar una cabeza de toro. Antes se usaba yeso, luego poliéster y ahora lo que prima es el poliuretano. Primero se saca la piel, se seca, se rebaja y se curte. El cráneo y los pitones vacíos se cuecen y limpian a presión. Todo se modela con barro de alfarero y se emplea cola de carpintero. Al final se pinta hocico y ojos, como si fuera maquillaje, y se da una capa de laca para que dé brillo", explica.
Temporadas Recientes de la Ganadería Miura
La ganadería Miura ha mantenido una presencia constante en las principales plazas de toros. A continuación, se detallan algunas de las temporadas recientes:
| Temporada | Plazas Destacadas |
|---|---|
| 2025 | Real Maestranza de Sevilla, Pamplona, Algeciras, Inca |
| 2024 | Real Maestranza de Sevilla, Las Ventas, Algeciras, Pamplona |
| 2023 | Real Maestranza de Sevilla, Pamplona, Valencia |
| 2022 | Real Maestranza de Sevilla, Castellón, Pamplona, La Línea de la Concepción, Dax, Beziers, Sanlúcar de Barrameda, Bilbao |
| 2021 | Morón de la Frontera, Cuéllar, Castellón, Sanlúcar de Barrameda, Utrera, Aranda de Duero, Soria |
| 2020 | Sanlúcar de Barrameda, Almoguera |
| 2019 | Valdemorillo, Real Maestranza de Sevilla, Utrera, Pamplona, Bilbao |
| 2018 | Real Maestranza de Sevilla, Osuna, Las Ventas, Pamplona, Bilbao, Albacete |
| 2017 | Real Maestranza de Sevilla, Las Ventas, Pamplona, Ceret, Bilbao |
| 2016 | Real Maestranza de Sevilla, Las Ventas |
| 2014 | Real Maestranza de Sevilla, Arles, Las Ventas, Nimes |
| 2013 | Castellón, Valencia, Real Maestranza de Sevilla, Nimes |
| 2012 | Castellón, Arlés, Real Maestranza de Sevilla, Nimes, Pamplona, Huelva, Beziers, Algemesí |
| 2011 | Priego de Córdoba, Arles, Valencia, Real Maestranza de Sevilla |
| 2010 | Arles, Real Maestranza de Sevilla, Nimes, Ávila, Pamplona, Bayona |
| 2009 | Arlés, Real Maestranza de Sevilla, Nimes, Vic Fezensac, Pamplona, Bayona, Bezeirs |
