¿Qué es una Canción de Cuna? Origen, Tradición y Significado

La nana o canción de cuna es un tipo de canción popular que se ha transmitido oralmente de generación en generación, en la que se pueden encontrar muchas de las primeras palabras que se le dicen al niño pequeño. Se admite comúnmente que la nana es una canción breve con la que se arrulla a los niños, que tiene como finalidad esencial que el destinatario de la misma concilie el sueño; su interpretación se produce, en la mayoría de las ocasiones, cuando el niño no se quiere dormir o cuando tiene dificultades para conciliar el sueño.

En cualquier clasificación del Cancionero Infantil que contemple las edades del niño, habría que incluir la canción de cuna -junto a los primeros juegos mímicos- en el apartado de composiciones que requieren la figura de un adulto como emisor de la cantilena, y que se corresponde con los primeros años de la vida del infante, es decir, desde su mismo nacimiento hasta los momentos en que empieza a ser capaz de expresarse oralmente con cierta autonomía, aunque ello no impedirá que se sigan practicando durante más tiempo.

Imagen representativa de una madre cantando una canción de cuna a su hijo.

Orígenes y Tradición Hispánica

Gracias a todo eso, la nana, como modalidad de poesía lírica popular de tradición infantil, aún se encuentra viva en la tradición de los países de habla hispana, con ese nombre, o con el de canción de cuna, e incluso con otras denominaciones no tan conocidas en España: arrullos, cantos de arrorró o rurrupatas. Su vigorosa existencia en la tradición hispánica se corrobora con documentos que confirman su interpretación desde hace muchísimos años, pero no se trata de una existencia exclusiva del mundo de habla española, pues este tipo de canciones, (con otros nombres, pero con los mismos contenidos y parecidas formas) se interpretaron y se interpretan también en otros países hablantes de lenguas diferentes: ya en el siglo XIX, Francisco Rodríguez Marín comprobó las semejanzas que existían entre nanas españolas, italianas, portuguesas y francesas, afirmando no sólo las influencias que entre ellas se producían, sino también su pertenencia a una tradición común, en este caso románica.

Pero volvamos a la nana hispánica: su origen español, al igual que los demás géneros del folclore infantil, parece fuera de toda duda; de otro modo, sería difícil explicar no sólo los parecidos, sino incluso las exactitudes, que existen entre composiciones de diversos países hispanoamericanos, que antes de la llegada de los españoles hablaban lenguas muy diferentes. Los registros de embarque de las expediciones españolas a América nos indican que, junto a libros religiosos, vidas de santos, sermones, vocabularios eclesiásticos, obras de Garcilaso de la Vega o Fray Luis de Granada, también se llevaron al otro lado del Atlántico colecciones de romances y de canciones, así como resmas de coplas (que solían incluir textos de tradición popular), catones y cartillas.

Además, los testimonios indirectos de algunos cronistas de Indias (Pedro Cieza de León, Diego Fernández Palencia o Bernal Díaz del Castillo) nos confirman este trasvase de España a América. Es de suponer que los viajeros preferían los 'libros profanos', entre los cuales había literatura de ficción propia del tiempo [...] Muy numerosas son la sobras de poesía épica y lírica, y a finales de siglo [se refiere al XVII], los romances y cancioneros. Existen muchas coincidencias entre esos testimonios [se refiere a los que cita Rodrigo Caro en Días geniales o lúdricos y otros poetas españoles de la Edad de Oro] y las rimas infantiles de nuestro tiempo: como si los niños de hoy fueran los mismos -casi los mismos- que vivieron en los siglos XVI y XVII (y aún podemos decir, como si fueran los mismos que vivieron en la Edad Media, puesto que esas cancioncitas eran ya viejas cuando fueron recogidas). Como si los niños fueran inmunes a los cambios históricos, a la renovación de las corrientes culturales, al ir y venir de las modas poéticas.

Representación de una cuna antigua, símbolo de protección y cuidado.

Elementos Literarios y Temáticos

La canción de cuna es uno de los pocos géneros del Cancionero Infantil en que el papel de emisor lo representa un adulto.

La sencillez comunicativa de la nana, en la que un emisor (el adulto) transmite un mensaje (directo, breve y conciso) a un destinatario (el niño) del que no se suele esperar contestación, no es impedimento para que aparezcan elementos que, literariamente, la enriquecen; sirva como ejemplo que el emisor se apoya en determinados personajes -que tienen una función secundaria- para reforzar los contenidos de su mensaje, es decir, para incitar al niño a que concilie el sueño.

La frecuente presencia de la madre, las citas a la ausencia del padre, las referencias a diversos quehaceres hogareños (lavar, planchar, cocinar) y el constante recuerdo del amor que los padres sienten por su hijo confieren a las nanas un especial tono afectivo, muy familiar, que las identifica, y que, además, aparece potenciado por la presencia de abundantes diminutivos: «nanita», «casita», «pajaritos», «chiquitín», «ojitos», «guagüita», etc., por un lado, y de frecuentes estribillos que, con su ritmo reiterativo y machacón, logran crear esa sensación de arrullo que, presumiblemente, debe ayudar al niño a dormirse: A la ro, ro, ro; A la nea, nea; Ea, ea, ea; Arrorró, arrorró; Ea la ea, ea la ea, son algunos de los más usados en la nana hispánica.

El tono afectivo a que antes nos hemos referido no es el único en la tradición de la nana: es también importante el tono derivado de la propia concepción de estas canciones, es decir, el tono imperativo con que se induce al niño a que concilie el sueño lo más rápidamente que sea posible. Precisamente, las nanas en que este tono imperativo es más explícito son las que más vivas se conservan, tanto en España como en Hispanoamérica.

Se unen, pues, en ocasiones, lo familiar y lo imperativo, pero ello no nos oculta la existencia explícita de amenaza en otras nanas: conocida es la tradición del coco, personaje que, curiosamente, no aparece en muchas nanas españolas, pero cuya existencia popular está muy extendida, asociada siempre al género de la nana. La fuerza mágica del coco es, precisamente, su desdibujo. Nunca puede aparecer, aunque ronde las habitaciones. Y lo delicioso es que sigue desdibujado para todos. Se trata de una abstracción poética y, por eso, el miedo que produce es un miedo cósmico, un miedo en el cual los sentidos no pueden poner sus límites salvadores… porque no tiene explicación posible [...] El miedo que el niño le tenga depende de su fantasía y puede, incluso, serle simpático.

En lenguaje de los niños, vale figura que causa espanto, y ninguna tanto como las que están a lo oscuro o muestran color negro de 'cus', nombre propio de Can, que reinó en Etiopía, tierra de los negros. El Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua se refiere al «coco», en la cuarta entrada de dicho término, como «fantasma que se figura para meter miedo a los niños». Y el Diccionario de uso del español, de María Moliner, por su parte, lo define como «ser fantástico, supuesto demonio, con el que se asusta a los niños», y remite a otros personajes de significado similar, como bu, camuñas, cancón, cuco y papón, a los que nosotros añadiríamos El tío del saco y el Sacamantencas.

La tradición de la nana no es sólo española, ni siquiera hispana; con la misma o con otras denominaciones, en toda Europa se asusta con el coco, entendiendo como tal ese ser imaginario que produce miedos infantiles, que serán mayores o menores, según sea la propia fantasía del niño destinatario de la amenaza. En el sur, el 'toro' y la 'reina mora' son las amenazas. En Castilla, la «loba» y la «gitana». Rafael Alberti, que también escribió unas cuantas nanas, de clara inspiración popular, anuncia al niño que no duerme, en una misma canción, la posible venida, como seres amenazadores, del viento, los perros, el búho y el gavilán.

En Hispanoamérica también se asusta al niño que no duerme con seres reales o imaginarios. Como se puede comprobar, la canción de cuna, a menudo, invoca a seres que provocan en el niño temores, miedos, angustias o llantos. Ante ellos, la arrulladora intenta liberar al niño de todo eso con el arrullo -rítmico, afectivo, maternal- de la nana que canta. La madre protectora, la madre refugio, la madre cuna, la madre amor es la que conducirá al niño hacia el sueño tranquilo con la voz y la música de la nana.

En la nana nos encontramos con la síntesis del amor filial y del miedo provocado; cariño y amenaza explícita; realidad y fantasía. En la nana hispánica está contenida la propia dualidad de la vida misma desde sus orígenes, así como los sentimientos que más vivamente han caracterizado al hombre, con sus obsesiones, sus amores, sus miedos y sus esperanzas.

No podemos olvidar que la canción de cuna está inventada (y sus textos lo expresan) por las pobres mujeres cuyos niños son para ellas una carga, una cruz pesada con la cual muchas veces no pueden [...] Son las pobres mujeres las que dan a sus hijos este pan melancólico y son ellas las que lo llevan a las casas ricas.

Como es fácil comprobar, la literatura busca a las personas a lo largo de toda su vida, bien para presentarle historias que sucedieron hace muchos años, bien para anunciarle los caminos del futuro más cercano, bien para acompañarle en fantásticos viajes o para compartir los sentimientos de personajes que ya son leyenda.

La riqueza literaria de la canción de cuna, así como su ininterrumpida transmisión de generación en generación, nos obligan a realizar todos los esfuerzos posibles para evitar que terminen desapareciendo.

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Las mejores canciones de cuna

  • La Canción de Cuna de Brahms
  • Arrorró mi niño
  • Duérmete niño, duérmete ya
  • Estrellita dónde estás

La Canción de Cuna de Brahms: Un Ejemplo Clásico

Pero los años pasaron. Brahms siguió en su soltería y la joven Berta Faber se casó con el crítico musical alemán Werner von Herzogenberg. El compositor siguió cultivando la amistad con el matrimonio. Y se acordó de aquella cancioncilla que la joven Berta le susurraba en la época en la que maestro y alumna mantenían una fuerte relación. El matrimonio Herzogenberg tuvo dos hijos. Y al segundo, Hans, Brahms decidió dedicarle una canción de cuna, la famosa Wiegenlied, tal vez la más famosa nana de cuantas se han escrito a lo largo de la historia.

En su partitura se aprecia la contramelodía que oculta la tonadilla que la joven Berta le cantaba al maestro. La Wiegenlied es un lead compuesto para voz y piano. Fue estrenada en 1868 en Viena. Las interpretó por primera vez la soprano Louise Dustmann. Al piano, nada más y nada menos que Clara Schumann.

En 1877, Brahms recurrió de nuevo a su memoria y basó el primer movimiento de su Segunda Sinfonía, Opus 73 en Re mayor en las notas que le habían inspirado la Canción de cuna. La melodía se introduce por primera vez en el compás 82 y continua desarrollándose a lo largo de todo el movimiento. Pero en esta ocasión, la intención no es dormir al oyente, sino todo lo contrario.

Comparación de Elementos en Canciones de Cuna

Elemento Ejemplos Función
Figuras Maternas Madre, abuela, nodriza Proporcionan consuelo y seguridad.
Figuras Paternas Padre ausente, trabajador Representan la ausencia y la necesidad.
Diminutivos "Nanita", "casita", "ojitos" Añaden un tono afectivo y cercano.
Estribillos "Arrorró", "Ea, ea" Crean un ritmo repetitivo que arrulla al niño.
Amenazas El Coco, el lobo, la gitana Introducen el miedo como elemento de control.

Una imagen muy extendida cuando pensamos en una madre o un padre cuidando de su bebé, es la de la canción de cuna. El chiquitín recogido en brazos de sus padres o durmiendo plácidamente en su cunita mientras le cantan o tararean una canción relajante. Cantar una canción para dormir al bebé es una práctica ancestral, pero ¿te has preguntado alguna vez por qué lo hacemos? Hoy, en Suavinex, queremos contarte cómo la canción de cuna puede favorecer el desarrollo emocional, cognitivo y social del bebé, así como el vínculo afectivo con sus cuidadores. Seguro que has oído varias veces que ponerles música clásica a los bebés (concretamente Mozart) les hace más inteligentes y otras historias similares.

Beneficios de las Canciones de Cuna

  1. Estimula el desarrollo del lenguaje: Cuando escuchamos las primeras palabras del bebé estamos muy pendientes por si detectamos algún trastorno del lenguaje durante su infancia. Y debes saber que cantar una canción al bebé es una extensión de, sencillamente, hablar constantemente a tu bebé. Al escuchar la voz de su madre o padre, el bebé se familiariza con los sonidos, las palabras y las estructuras del idioma.
  2. Favorece el desarrollo cognitivo: Cantar una canción para dormir al bebé, estimula su atención, su concentración y su curiosidad, puesto que se interesará por lo que está escuchando y tratará de comprenderlo.
  3. Fomenta el desarrollo emocional: A través de las nanas para dormir al bebé, el pequeñín percibe seguridad, confianza y tranquilidad. Esto se traduce en niveles de estrés y ansiedad mucho más reducidos.
  4. Refuerza el desarrollo social: Otro beneficio muy relevante de cantar una canción para dormir a un bebé, es que mejora la relación y el vínculo afectivo entre los cuidadores y el peque.

Otro beneficio añadido de las canciones para dormir es que, muchas veces, transmiten lecciones y valores. Puedes elegir las canciones que más se alineen con tus creencias y tu forma de educar a tu bebé. Además de ayudarte con alguno de nuestros chupetes para dormir que ayudarán a tu bebé a conciliar el sueño. Hay muchísimas canciones de cuna. Todas las culturas tienen las suyas, muchas veces asociadas a historias, tradiciones o creencias que se transmiten de generación en generación. Y, aunque cada bebé y cada familia es un mundo distinto y no siempre se pueden aplicar los mismos patrones, no todas las canciones son adecuadas para cantar a un bebé para dormir.

Características de las Canciones de Cuna Efectivas

  • Ritmo lento y suave: El ritmo de la canción debe ser acorde al ritmo cardiaco del bebé, que es más lento que el de un adulto.
  • Melodía simple y repetitiva: La melodía de la canción debe ser fácil de recordar y seguir por el bebé, que se sentirá más cómodo con una estructura predecible.
  • Letra sencilla y afectuosa: La letra de la canción debe ser comprensible y adecuada para el nivel de desarrollo del bebé.

Dicho esto, recuerda que siempre hay excepciones. Algunos bebés (y padres y madres) pueden preferir canciones populares que cumplan con las características del ritmo lento y la melodía simple, por ejemplo. También, escuchar las canciones de cuna para bebés con uno de nuestros peluches para bebé como nuestro Sushi the Cat personalizable le puede ayudar a sentirse seguro y relajado. A la hora de elegir una canción de cuna para tu bebé, debes tener en cuenta tus preferencias personales, las de tu hijo o hija y las circunstancias en las que vais a cantarla. Escoge una canción que te guste y te haga sentir bien. Si tú disfrutas cantando, tu bebé lo notará y también disfrutará. Adapta la canción al estado de ánimo del bebé. Si tu bebé está muy inquieto o nervioso, puedes optar por una canción más animada y divertida que capte su atención y le distraiga. Personaliza la canción con el nombre del bebé o con frases que le dediques. Esto hará que la canción sea más especial y significativa para el bebé, que se sentirá más querido y valorado.

Como puedes comprobar, cantar una canción para dormir a tu bebé para dormir es algo mucho más beneficioso de lo que podrías pensar. Fomenta su desarrollo integral y mejora su vínculo afectivo con papá y mamá y otros cuidadores. ¿Qué canciones de cuna eliges tú para tu bebé? ¿Disfruta con alguna canción poco habitual?

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