¿Dónde Nació Woody Allen? Biografía de un Ícono del Cine

Allen Stewart Konigsberg, mundialmente conocido como Woody Allen, nació en Nueva York el 1 de diciembre de 1935. Se le ha calificado de cronista del Upper East Side de Nueva York y del mundo occidental. Sus personalísimos filmes son a menudo satíricas descripciones de neuróticos personajes urbanos, obsesionados por el amor y la muerte.

Woody Allen en 2008. Foto: David Shankbone.

Infancia y Juventud

Como él mismo no deja de recordar, es hijo de un matrimonio judío, formado por la contable Nettea y por Martin Konigsberg. Allen cuenta en *Días de radio*, llena de elementos autobiográficos como todas sus películas, que su padre le ocultaba su verdadera profesión, por motivos desconocidos, desatando su imaginación (¿sería gángster o asesino a sueldo?). Finalmente, se dio cuenta de que era taxista, aunque también trabajó de camarero. Sus padres estaban obsesionados con que se convirtiera en farmacéutico, pero él era un cinéfilo empedernido, amante de los cómics y la música.

Si se cree a Jerry Epstein, un amigo de la infancia de Woody Allen, Allen nació, de hecho, el 30 de noviembre de 1935. Lo cierto es que muchas claves del hombre y del creador están en esa infancia y adolescencia que pasó en Brooklyn (aunque nació en el Bronx). Midwood, el barrio de Brooklyn donde creció, marcó su vida. Ahí están las casas bajas, los pequeños comercios, la clase media y trabajadora, los negocios y las instituciones educativas y religiosas judías.

En el libro de Evanier se lee una frase del propio Allen: "No había libros. No había piano. Nunca me llevaron a un espectáculo de Broadway o un museo". El autor incide en la idea de que los padres de Allen “nunca tuvieron ni la más mínima idea de quién era su hijo”.

Primeros Pasos en la Carrera

Se matriculó en producción cinematográfica, en la Universidad de Nueva York. Sin embargo, era tan mal estudiante que le suspendían y acabó abandonando sus estudios, dedicándose a escribir gags para comediantes. Acabó convirtiéndose en guionista televisivo, como su personaje en Manhattan.

Cuando sólo tenía 16 años, mandó bajo el pseudónimo de Woody Allen (nombre a su parecer más comercial que Allen Konisberg) gags propios a diferente periódicos. El primer gran paso en su carrera fue cuando se dio cuenta de que interpretando él sus propios monólogos cómicos, con su particular aspecto, la gracia de los mismos se multiplicaba por mil. Acabó arrasando en diversos programas televisivos y actuaciones en locales.

Cuando se había hecho famoso le contrataron en una productora cinematográfica para escribir ¿Qué tal, Pussycat?, en la que también aparecía como secundario. A continuación se hizo cargo de un proyecto bastante inusual: adaptar al inglés una película japonesa de serie B, reinventando los diálogos con mucho humor. El resultado, What's Up Tiger Lily?, tuvo más éxito que el original japonés.

Tras contraer matrimonio con Louisse Lasser, actriz que intervino en varios de sus primeros largometrajes, debuta como director con *Toma el dinero y corre*, hilarante pseudodocumental que sigue la carrera criminal de un ladronzuelo de tres al cuarto, interpretado por él mismo. Es una buena muestra de la primera etapa de su filmografía, marcada por comedias tan divertidas como ligeras, como *Bananas*, *Todo lo que usted quiso saber sobre el sexo pero temía preguntar*, *El dormilón* y *La última noche de Boris Grushenko*.

Woody Allen recibiendo el Premio Príncipe de Asturias de las Artes en 2002.

El Éxito y la Evolución Cinematográfica

Una segunda etapa se inicia con *Annie Hall*, que supuso el gran punto de inflexión en su carrera, pues Allen empezó a hacer un tipo de cine más reflexivo, tragicómico, de mayor calado. Inaugura una de las temáticas favoritas del cineasta, el hombre que sabe lo que quiere (en este caso la chica ideal), que llega a conseguirlo y que finalmente acaba perdiéndolo por méritos propios. El film fue galardonado con dos Oscar, al mejor director y al mejor guión, que Allen no fue a recoger porque tenía que tocar el clarinete en un local.

En la misma onda tragicómica se sitúa *Manhattan*, con inolvidable fotografía en blanco y negro de Gordon Willis, legendario operador de El padrino, que se convirtió en uno de los directores de fotografía habituales de Allen junto con Carlo Di Palma. En esta época, Allen estaba emparejado con Diane Keaton, actriz en varios de sus films, como *Interiores*, su primer drama y la primera película dirigida por él en la que no intervenía como actor.

Pronto sustituiría a Diane por Mia Farrow, que trabajó por primera vez con él en *La comedia sexual de una noche de verano*, iniciando así una tercera etapa, la más irregular, pero también la más experimental. Allen se atreve a buscar fórmulas nuevas, como su divertido documental ficticio, *Zelig*, su magistral comedia fantástica *La rosa púrpura del Cairo*, homenaje a la pasión cinéfila, una película de episodios codirigida por Coppola y Scorsese, *Historias de Nueva York*, y hasta rueda cámara en mano, en *Maridos y mujeres*.

Curiosamente, ya se hablaba de decadencia del artista neoyorquino cuando dejó a Mia Farrow, provocando una gran polémica en prensa al emparejarse con Soon-Yi Previn, hija adoptiva de esta última.

Madurez y Consolidación

Algunos pensaban que Woody ya estaba viejo, al dar muestras de decadencia con la decepcionante *Alice* y *Sombras y niebla*, su homenaje al Expresionismo Alemán, que aún así tenía momentos magistrales. Pero a pesar de la controversia sobre Soon-Yi, Woody Allen resurgió de sus cenizas, iniciando una etapa de plenitud con la ingeniosa *Misterioso asesinato en Manhattan*, una de sus mejores películas.

La veteranía es un grado, sobre todo en el caso de Allen, que a lo largo de la década de los 90 ofreció películas tan memorables como *Balas sobre Broadway* o el musical *Todos dicen I Love You*. Empezó el nuevo milenio con buen pie, dirigiendo *La maldición del escorpión de Jade*, particular tributo al cine negro, en clave humorística, o la excelente *Un final made in Hollywood*, impagable retrato del mundillo del cine que conoce tan bien.

A finales de los años setenta se añade ya otro elemento inherente al cine woodiano: la lucha del artista contra la industria del espectáculo, de la televisión y de Hollywood. Alvy Singer no sucumbe a la tentación de la celebridad y del dinero, y se niega a seguir a su antiguo socio Rob (Tony Roberts) a California. Hastiado, Isaac David deja, en Manhattan, su trabajo de telebasura y se dedica a una actividad más intelectual, la de escribir un libro.

En sus dos últimas obras, Woody Allen parece haber recobrado la veta creadora: *Acordes y desacuerdos* (Sweet and Lowdown, 1999) narra la biografía (ficticia) de Emmett Ray, “el mejor guitarrista de jazz después de Django Reinhardt”. Y la última obra de Allen, *Granujas de medio pelo*, es un regreso a sus primeras comedias: el Ray Winkler de este último film bien podría ser el Virgil Starkwell de *Toma el dinero y corre* (1969) con treinta años más -rasgo que proporcionaría un nuevo argumento a todos aquellos que defienden el carácter autobiográfico en el cine de Woody Allen-.

"Manhattan" de Woody Allen: ¿Por qué es una Obra Maestra inmortal?

Influencias y Temáticas Recurrentes

Pese a todas las diferencias de sus películas, en el cine de Woody Allen se aprecian unas constantes que ha sabido mantener a lo largo de más de treinta años. Su personal modo de hacer se manifiesta en sus típicos diálogos de doble fondo, cómicos y profundos a la vez, y en un guión -la parte, en realidad, más creativa de un film- magistral en bastantes ocasiones. Woody Allen es el autor con más candidaturas al Oscar en la categoría “guión original”: trece (superando incluso las doce de Billy Wilder). Sus gafas son un icono del Séptimo Arte, tan famosas como el bastón de Charles Chaplin.

Sus películas siempre parecen sumamente originales, y sin embargo no para de repetir elementos una y otra vez. Sus historias parecen frescas y actuales y sin embargo, rinden pleitesía a clásicos del cine mudo, como Buster Keaton, a los ingeniosos diálogos improvisados de Groucho Marx y a los directores de la ‘screwball comedy’. Sus historias parecen neoyorquinas y localistas, y sin embargo, se declara discípulo de directores europeos como Bergman y Fellini.

Sus temas son aún la relación entre un hombre y una mujer, el sexo -tratado de un modo más o menos crudo- y cierta obsesión por la muerte. El fracaso de las relaciones sentimentales es un aspecto recurrente en el cine de Woody Allen, aunque en su filmografía también se retraten relaciones amorosas con un final feliz (Hannah y sus hermanas [Hannah and Her Sisters], 1986) e incluso se presenten matrimonios que se recomponen después de sufrir crisis (Poderosa Afrodita [Mighty Aphrodite], 1995).

En *Annie Hall* aparecía también otra constante que se repetirá en varias ocasiones en el universo woodiano: la referencia a la biografía de los personajes que él encarna, lo que dio pie al mito del carácter autobiográfico de su cine. En *Días de radio* (Radio Days, 1987) se inventará su propia niñez, subrayando un elemento que, más o menos expresamente, se manifiesta en toda su obra: su condición de judío.

¿Hace falta alguna pista más? Bueno, ahí va una de sus mejores frases: "El dinero no da la felicidad, pero procura una sensación tan parecida, que se necesita un especialista muy avanzado para verificar la diferencia". Estamos hablando del hombrecillo que no puede escuchar a Wagner durante mucho tiempo seguido, porque le entran ganas de invadir Polonia. Estamos hablando de Woody Allen.

Película Año Premios Oscar
Annie Hall 1977 Mejor Película, Director, Guión, Actriz
Hannah y sus hermanas 1986 Mejor Guión Original, Actriz de Reparto (2)
Delitos y faltas 1989 Nominada a Mejor Director, Guión Original, Actriz de Reparto

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