María Teresa de Austria: Origen y Legado de una Reina Consorte

María Teresa de Austria y Borbón, una figura clave en la historia de España y Francia, nació en Madrid el 20 de septiembre de 1638. Hija de Felipe IV de España y de Isabel de Borbón, hija a su vez de Enrique IV de Francia, su nacimiento se produjo en el Real Monasterio de San Lorenzo del Escorial, aunque pasó la mayor parte de su infancia en el antiguo Real Alcázar de Madrid.

Su educación estuvo profundamente marcada por el catolicismo, y desde niña tuvo la convicción de que contraería nupcias con el Rey de Francia. Esta política deliberada de interrelaciones entre las monarquías francesa y española se organizaba con el objetivo de establecer la paz entre ambas potencias después de siglos de enfrentamientos y malas relaciones.

A pesar del matrimonio entre Felipe IV e Isabel de Borbón, las relaciones entre ambas familias no habían mejorado. Tanto el Rey Felipe como Luis XIV decidieron poner fin a esto mediante la Paz de los Pirineos en 1659, tratado en el que también se preveía el futuro enlace.

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Matrimonio con Luis XIV y su Impacto

Para ello se acordó como dote de María Teresa medio millón de escudos de oro, a cambio de renunciar a sus derechos sucesorios al trono de España. La primera ceremonia, el matrimonio por poderes, tuvo lugar en Fuenterrabía.

Poco después los esposos se conocieron en la Isla de los Faisanes, frontera entre ambos reinos, casándose solemnemente tres días después en San Juan de Luz en el año 1660. El matrimonio tuvo un buen comienzo, Luis se mostraba atento y respetuoso mientras que María Teresa demostraba adoración por él.

Juntos tuvieron seis hijos, aunque desgraciadamente tan solo uno de ellos superaría la infancia, su primogénito el delfín -es decir, el príncipe heredero- de Francia. No obstante, debido a la longeva vida del Rey Luis, este morirá antes que su padre, lo que acarreará serios problemas sucesorios.

Aunque las condiciones del matrimonio incluían la renuncia expresa de la futura reina a sus derechos dinásticos sobre los territorios de la Monarquía Hispánica, a cambio de una importante dote, la muerte sin descendencia de Carlos II hizo que, tras la guerra de Sucesión, su nieto asumiera la corona española.

A pesar de los primeros buenos sentimientos, es conocido que la Reina tuvo que sufrir a causa de las numerosas amantes del Rey, que cada vez más le hacía soportar situaciones descaradas y que atacaban a su honor, algo muy importante en la época.

La Reina seguía los cambios del reino y el movimiento cultural de su país, interesándose por el teatro y compartiendo con su esposo las diferentes construcciones que llevó a cabo, principalmente el palacio de Versalles, adonde se trasladaría la Corte de manera oficial en 1682.

María Teresa pasea por una galería acompañada de su hijo, el Gran Delfín, que sujeta una pequeña alabarda, símbolo de sus futuras funciones como gobernante. En ellos vemos cómo Luis acompaña a su madre a distintas celebraciones cortesanas. En este caso, tal como revela el antifaz que la reina sostiene en su mano derecha, se trata de una mascarada.

Esta obra, enviada por Ana de Austria a la corte madrileña, nos acerca al intercambio de retratos entre París y Madrid y a los usos y funciones de estas piezas. De hecho, el propósito del envío no era solo que Felipe IV conociera cómo se encontraban su hija y su nieto.

Regencia y Opiniones Políticas

María Teresa no tuvo mucho que decir en política. Sin embargo, debido a la confianza que tenía el Rey en su esposa, este la dejaba como regente durante las guerras que procuraban su ausencia, aunque a veces también le acompañaba en sus viajes, especialmente para que visitara las nuevas ciudades conquistadas.

Entre los años de 1680 a 1682, Luis XIV persiguió a los protestantes, sobre todo a los hugonotes, alegando la defensa y paz de la Iglesia. La Reina María Teresa, más compasiva, se opuso a ello alegando que no se debía matarles sino rezar por ellos. De todos modos, se prosiguió con las medidas del Rey.

Fallecimiento y Legado

Poco después, la Reina cayó enferma con un absceso debajo del brazo. Los médicos la sometieron al remedio usual, las sangrías, por las que su estado empeoró rápidamente; el Rey, que estaba a su lado, se alejó de la habitación de la Reina como la etiqueta señalaba. De este modo, terminó por morir en Versalles el 30 de julio de 1683 junto a su hijo el delfín y algunas de sus damas.

Gracias a la figura de María Teresa, Luis XIV consideró que la Casa de Borbón tenía derechos sucesorios sobre el trono de España, que quedaría vacante a la muerte del moribundo Carlos II de Habsburgo, ya que la dote que se acordó por su matrimonio nunca se llegó a pagar.

Es curioso que, finalmente, su heredero al trono fuese el más joven de todos. Hablamos, cómo no, de Carlos II (1661-1700). Pero esa es otra historia.

Sin embargo, había algunas cláusulas adicionales. A cambio de que María Teresa renunciase a sus derechos hereditarios a la Corona de España, Francia exigió una buena suma de dinero. Pero ¿por qué? Se dice que el importe de la dote ascendió a 500 000 escudos. Una cifra muy importante para la época. Esto añadió otra cláusula al Tratado de los Pirineos.

Sucesión y Controversias

Resulta curioso que, a pesar de la unión entre ambas dinastías, Luis XIV no perdió la oportunidad de atacar a España en cuanto pudo. La excusa fue el impago de la dote citada anteriormente. En primer lugar, lo hizo en Flandes durante la Guerra de Devolución (1668-1669). Después, dio apoyo sostenido desde la Isla de la Tortuga a los piratas que atacaban los barcos españoles.

A lo largo de los siguientes 23 años, María Teresa de Austria dio un total de seis hijos a Luis XIV. Entre ellos, Luis de Francia, el “Gran Delfín”, que fue heredero legítimo a la Corona de Francia. Fue el único que sobrevivió lo suficiente como para tener una vida plena.

El que sí reinó fue Felipe de Anjou, segundo hijo de Luis y nieto de María Teresa de Austria. Pero no en Francia, sino en España con el nombre de Felipe V. Tanto Luis XIV como Luis de Francia renunciaron a sus derechos al trono español en su favor durante la Guerra de Sucesión (1701-1713). No olvidemos que Carlos II era hermano por parte de padre de María Teresa de Austria.

Poco antes de morir, el monarca redactó su último testamento. En él reconoció a Felipe de Anjou como el legítimo heredero.

Los hechos se produjeron el 29 de julio de 1683, cuando la reina consorte de Francia no había cumplido aún los 45 años. Se dice que, tras tomar un vaso de achicoria, notó un fuerte dolor en el costado. En cuestión de horas, su estado empeoró sin que los médicos de la época pudiesen hacer nada.

Los rumores acerca de su muerte se fundamentan en varios relatos de la época. En ellos, quienes estaban con María Teresa de Austria afirman que, en su lecho de muerte, gritó que la habían envenenado. También señaló el vaso de achicoria que supuestamente contenía el veneno.

En cualquier caso, durante su reinado, María Teresa de Austria se mostró como una mujer devota y caritativa. De hecho, prestó innumerables servicios a los pobres y enfermos en los hospitales de París.

En definitiva, María Teresa de Austria ha pasado a la historia como la española que reinó en Francia. Pero no solo eso. También fue una figura clave para nuestro país por otros motivos.

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