Manolo Otero: Biografía del Ícono Romántico Español

Manolo Otero Aparicio, conocido artísticamente como Manolo Otero, fue un cantante español nacido en Madrid el 25 de junio de 1942. Proveniente de una familia ligada al mundo del espectáculo, con un padre barítono de ópera y zarzuela y una madre actriz de revista, Otero creció en un ambiente artístico que influyó en su desarrollo profesional.

Desde joven, Manolo mostró inclinación por la música, y con el apoyo de su madrina, una profesora de piano y directora de la Coral Filarmónica de Madrid, comenzó a cultivar su talento vocal. A los 14 años, ya destacaba por su voz suave y susurrada, que años más tarde conquistaría al público. Paralelamente a su formación musical, Otero se licenció en Filosofía y Letras por la Universidad de Madrid.

Aunque inició su carrera en el teatro como galán, su incursión en la música le brindó el reconocimiento masivo. Se presentó al concurso ‘La gran ocasión’ y probó suerte en el Festival de Benidorm de 1968, que ganó Julio Iglesias. Ese año grabó un EP de escasa repercusión.

Manolo Otero

El Éxito con "Todo el Tiempo del Mundo"

Su gran oportunidad llegó en 1974 con la canción "Todo el tiempo del mundo". La personal adaptación que realizó el productor Ray Girado del clásico ‘Soleado’, imitando en cierto modo al ‘Je t’aime, moi non plus’ de Gainsbourg y Jane Birkin, llegó al número uno de las listas por boca de Otero y le abrió las puertas de la fama en el mundo de la música. ‘Soleado’ era un instrumental compuesto por el italiano Ciro Dammicco bajo el seudónimo de Zacar.

El terciopelo fraseado y la entonación falsa de ‘Todo el tiempo del mundo’ funcionó en gran medida gracias a la voz grave, profunda y radiofónica de Otero, que nos repartió en igual medida frases largas y susurros durante el tardofranquismo. Derritió a sus fans -popularmente le designaban como el Bello Otero- y se hizo rey de las pistas de baile más románticas, entre tragos de anís, Ricard y Licor 43 y esferas de espejos giratorias.

Este inolvidable tema de 1974 cambió la vida del madrileño. La frase que da título a la canción de Manolo Otero puede estar totalmente desfasada en el mundo actual, donde las prisas gobiernan desde primera a última hora. Pero nuestro Serge Gainsbourg, aunque justo al revés, guapo y sin demasiadas facultades para la interpretación musical -lo que le obligaba más a recitar que a cantar-, se refería a épocas pretéritas, seguro utópicas, en las que el espacio dedicado al amor era el más importante de nuestras vidas.

Decían las críticas de la época y los textos promocionales, muy dados a la grandilocuencia y al barroquismo descriptivo, que la letra de esta canción era «una poesía melodiosa» que te transportaba a tu «naturaleza interior» y te llenaba «el alma de alegría». «Transmite ternura, respeto, melancolía, pero sobre todo amor», concluían.

El primero en ponerle letra fue el alemán MICHAEL HOLM, asimismo en 1974. La diva MIREILLE MATHIEU, hizo su revisión bajo la denominación de ‘On ne vit pas sans se dire adieu’. Asimismo RAPHAEL la cantó con el título ‘Un nuevo sol’. También para el público teutón en 1995 Mark’Oh realizó una particular versión como ‘Tears don’t lie’ y asimismo incorporaron la composición a sus repertorios otros artistas como el filipino José Mari Chan , Kenny Rogers, Willie Nelson, Charles Aznavour, Cissy Houston, The Moody Blues y Bing Crosby. Por último merece la pena escuchar la adaptación que realizó IL DIVO.

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Carrera Artística y Matrimonios

Se hizo famoso con temas que comenzaron a sonar en 1974 como “maría no más”, “Vuelvo a ti”, “Que he de hacer para olvidarte”, “Te he querido tanto” y “Bella Mujer”, siendo parte de sus primer álbum discográfico.

Al saberse con talento también para la actuación, Otero volvió a los escenarios esta vez convertido en todo un galán. Trabajo para la compañía de José Tamayo, con quien pudo recorrer varios sitios de su España natal, representando obras como “Tartufo” de Moliére y “La molinera de Arcos” propia de Ruiz Alarcón. Todo un profesional y dueño de grandes dotes en el mundo de la música, sirvió de apoyo en varias oportunidades para otros artistas como lo hizo con su colega y hermano de tierra, Camilo Sesto.

Otros de sus logros que cabe destacar fue la presentación que hizo en el Festival Internacional de la Canción de Benidorm de 1968 y varios años después, en 1977 se presentó como artista invitado en el XVIII Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar en Chile.

En cuanto a su vida sentimental, Manolo se casó con la destacada actriz y vedette María José Cantudo, con quien se convirtió en padre de su hijo Manuel. Por diversos motivos y desacuerdos de la pareja, se divorciaron en 1978. Estando ya divorciado, no dudo en apoyar a su ex esposa en la obra musical llamada “Mariquita de mi corazón” que se presentó en el Teatro Calderón ubicado en la capital española durante el año 1985, y que se convirtió en todo un éxito.

A mediados de los ochenta decidió abandonar España e instalarse en Brasil al casarse de Celeste Ferreira, su tercera esposa tras María José Cantudo y la colombiana Eddy Cano. Con un nuevo amor y realizado profesional y artísticamente, Manolo decide viajar hasta Brasil, en donde instala su nueva residencia en la ciudad de Sao Paulo en compañía de su esposa.

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