Loquillo: Una Biografía Íntima del Icono del Rock Español

Figura polémica y esquiva, Loquillo, cuyo nombre real es José María Sanz Beltrán, alcanzó el éxito en compañía de Intocables y Trogloditas. Sin embargo, incómodo ante un personaje que había dejado de ser el suyo, no dudó en abandonarlo.

Fue el inicio de una larga travesía en la que muchas veces estuvo cerca de perder el pie y de la que solo consiguió salir tras reinventarse como artista en solitario. Casi medio siglo después de su debut en un cabaret de las Ramblas, el Loco afronta una de las etapas más plenas de su carrera convertido en un referente para la cultura española y rehuyendo cualquier asomo de conformismo.

Inconformista, iconoclasta, difícil y hermético son algunos de los apelativos que han definido la figura de Loquillo a lo largo de toda su carrera. Se convierte en una obra casi definitiva para conocer la iconoclasta figura de José María Sanz Beltrán, conocido como Loquillo.

Loquillo en concierto en Madrid en 2016.

El Autor: Felipe Cabrerizo

Felipe Cabrerizo (Donostia, 1973) ha invertido cuatro años de intenso trabajo en la biografía «oficial y definitiva» de Loquillo. Felipe Cabrerizo es conocido por ser el realizador de Psycho Beat!, un programa radiofónico de culto con doce años de trayectoria que presume de tener una selección musical diferente y en la que nunca ha reproducido ningún tema anglosajón.

El programa de radio también tiene una colección de libros propia, que dentro de poco contará con un cuarto volumen que se sumará a los dos escritos por el autor (Gainsbourg. Elefantes rosas y Johnny Hallyday. A toda tralla) y las memorias de Françoise Hardy (La desesperación de los simios… y otras bagatelas). Además, Cabrerizo también ha firmado libros de cine con el investigador y cineasta Santiago Aguilar.

Un Recorrido Detallado por la Vida de Loquillo

En Loquillo. La biografía oficial, Cabrerizo viaja por una carrera llena de altibajos, reinvenciones, carretera, grandes éxitos y dolorosas decepciones. A lo largo de sus páginas el lector podrá vivir la intensidad que siempre ha definido la actitud y personalidad de un músico no tan fácil de clasificar más allá de la inevitable etiqueta, incompleta, de ‘rockero’.

En la biografía, además, el autor recorre la discografía, las colaboraciones y la evolución de un músico que ha marcado la memoria musical colectiva de varias generaciones. Felipe Cabrerizo se ha sumergido en entrevistas inéditas, material de archivo, libros biográficos y autobiográficos como el firmado por Sabino Méndez y multitud de conversaciones con personas que acompañaron al músico a lo largo de toda su trayectoria.

Este conjunto ha permitido al periodista elaborar un retrato preciso y exhaustivo de Loquillo. Las páginas de Loquillo. La biografía oficial están también trufadas de anécdotas y detalles hasta ahora poco o nada conocidos que han sido, además, corroborados por el músico criado en el barrio de El Clot, Barcelona.

El autor ha optado por un camino difícil al tomar la decisión de no suavizar la experiencia musical y vital de Loquillo (Barcelona, 1960), al que muestra sin tapujos en toda su extensión y más allá del personaje. Así, retrata también las contradicciones, dudas, aciertos y errores de este hijo de un carabinero republicano que construyó una vida tras la Guerra Civil en un barrio obrero de Barcelona.

Un creador musical que comenzó su carrera, señala Cabrerizo, sin conocer nada de composición ni con la habilidad de tocar un instrumento, pero cuya cabezonería, disciplina y determinación le hicieron convertirse en la figura inconfundible que todos reconocemos. El autor describe a Loquillo en las páginas de su biografía como un hombre “que ha peleado duro para mantener la posición”, un superviviente con una alta capacidad de adaptación, una rock’n’roll star que ha sabido desde el comienzo de su carrera que sin reinventarse no tendría el recorrido que anhelaba.

Este retrato de Loquillo sirve también a Felipe Cabrerizo para dibujar un panorama histórico de una época crucial para España. El periodista dibuja una sociedad y un país que han sufrido cambios radicales en las últimas décadas, marcadas por la muerte de Franco, el intento de golpe de estado de Tejero, el triunfo del PSOE de Felipe González o la llegada al poder de José María Aznar.

Los Primeros Años y la Formación Musical

José María Sanz Beltrán nació el 21 de diciembre de 1960 en el Clot de Barcelona, un barrio obrero con gran población de inmigrantes. Su padre, el aragonés Santiago Sanz, era un libertario que, tras la victoria de Franco, vivió un tiempo exiliado en Francia y pasó por un campo de trabajos forzados en Miranda de Ebro y por un depósito de prisioneros en Madrid antes de regresar a Barcelona.

El Clot, Barcelona, barrio natal de Loquillo.

Allí empezó a ganarse la vida como estibador en el puerto. Un amigo anarquista le presentó a su hermana, Adela Beltrán, con la que se casó. La pareja tuvo un único hijo a una edad tardía, al que pusieron el nombre de José María. Niño introvertido pero feliz, se pasaba horas jugando con sus soldaditos de plomo y sus cromos, criando gusanos de seda y merendando pan con chocolate.

También le encantaba ir con sus padres al cine o con sus amigos a la cancha de la fábrica Hispano Olivetti, donde empezó su pasión por el baloncesto. Queriendo darle una mejor educación, sus padres le matricularon en un colegio religioso del centro de Barcelona. No sólo no se adaptó, sino que tuvo que sortear a curas que quisieron sobrepasarse.

Empezó a interesarse por la música con grupos como 'Los Sírex' o 'Lone Star', que tocaban en un local del Clot al que iba a escondidas. Pero el auténtico gusanillo le entró viendo a Elvis Presley, que despertaría su pasión por el rock y los vinilos. Cuando no tenía dinero para comprárselos, los robaba en los grandes almacenes.

En su recorrido escolar, llegó al Colegio Alpe, donde se fomentaba la pasión por el básquet. Y él, que ya le gustaba y había crecido 13 centímetros de golpe por una hepatitis, se aficionó aún más. Con una altura de 1,94 metros, tuvo opciones de fichar por varios clubes, pero las perdió por su comportamiento rebelde: de la Federación Española lo echaron tras haberlo pillado fumándose un porro, y del Mataró lo expulsaron por llegar vestido de cuero negro, con los ojos pintados y pasado de anfetaminas.

Los Inicios Musicales y el Éxito con Los Trogloditas

Fuera del baloncesto y mal estudiante, encontró el desfogue para su rebeldía en la música. Amante de la estética 'rocker', hizo sus pinitos gracias a un amigo en la orquesta 'Rock 60', hasta que debutó en solitario en un local llamado 'Tabú'. Tenía 18 años cuando Carlos Segarra -que luego sería cantante y guitarrista de 'Los Rebeldes'- le propuso montar un grupo.

"Vale, pero hay que hacer canciones que la gente pueda entender y que les hablen de su realidad, no de Wisconsin", le dijo Loquillo. El empujón decisivo fue en 1980, cuando trabajó en el programa 'Aplauso' de TVE, y la compañía Cúspide le ofreció grabar su primer disco, para el que reclutó a toda velocidad a músicos de 'Los Rebeldes' y 'Los Intocables'.

Después, pasó dos años haciendo la mili en la Marina, donde siguió haciendo de las suyas: se saltaba guardias para dar conciertos y se lió con la novia del comandante, lo que le supuso 23 días de arresto. En su ausencia, el grupo se disolvió, pero el guitarrista, Sabino Méndez, decidió esperarle.

Acabada la mili, Loquillo montó con él y otros amigos 'Loquillo y los Trogloditas', que debutaron en el verano de 1983 en Tomelloso (Ciudad Real). Fue el propio Sabino quien compuso la canción 'Cadillac solitario', todo un himno para una generación. Gracias a ése y otros temas como 'La mataré', 'Besos robados', 'Quiero un camión' o 'Feo, fuerte y formal', la fama del grupo se disparó, consolidándose con los 14 álbumes que publicaron.

Loquillo y los Trogloditas en su época dorada.

Se mantuvieron en activo 25 años, a pesar de que Sabino dejó el grupo por su adicción a la heroína. En ese tiempo, el estilo musical de Loquillo fue variando e incluso se atrevió a probar suerte en otro tipo de artes, como el cine, pues en 1999 participó en la película 'La ciudad de los prodigios', dirigida por Mario Camus.

Carrera en Solitario y Otros Proyectos

Además, ha sido articulista en varios periódicos y ha escrito libros (destacan las novelas 'El chico de la bomba' y 'Barcelona ciudad'). En el 2008, disuelta su banda, siguió su carrera en solitario como Loquillo y publicó 'Balmoral', nominado a un Grammy Latino. Fiel a sus cambios de estilo, en el 2011 sorprendió con el disco 'Su nombre era el de todas las mujeres', con poemas musicalizados de Luis Alberto Cuenca, y, en marzo del 2015, recuperó sus temas más celebrados con el recopilatorio 'Código Rocker'.

En lo personal, este barcelonés que en el 2017 fue galardonado con la Medalla de Honor de Barcelona, comparte desde hace cerca de 40 años su vida con Susana Koska, una escritora y realizadora de documentales donostiarra con la que tuvo un hijo hace 23 años, Cayo Bruno, que trabaja como 'community manager' de su padre. Él ha sido su gran apoyo en los momentos duros como el cáncer de mama que Susana tuvo que afrontar.

En la actualidad viven en Laguardia, capital de la Rioja alavesa, donde sigue dando rienda suelta a su creatividad rockera que, por mucho que evolucione o cambie, nunca muere. Cantante español, José María Sanz Beltrán «Loquillo», ha desarrollado una importante carrera en el panorama del rock español durante los últimos treinta años, bien con la banda de Los Trogloditas o en solitario.

Leyenda viva del rock and roll y auténtico hombre del Renacimiento, ha publicado 29 discos, de los que lleva vendidos más de dos millones de ejemplares. Colaborador habitual en medios escritos -empezó escribiendo en las míticas Popular 1 y Star-, sus artículos aparecen regularmente en la prensa nacional, así como en Rolling Stone.

También ha gestionado su propio blog en el diario El Mundo. Comprometido siempre con la memoria y la palabra, ha producido el documental Mujeres en pie de guerra. Asimismo, ha puesto su voz a los grandes poetas en lengua española como Octavio Paz, Pedro Salinas o Jaime Gil de Biedma, y ha dedicado un disco íntegramente a la poesía de Luis Alberto de Cuenca. En lo literario, se ha mostrado de la mano de Mario Camus en La ciudad de los prodigios y de Helena Taberna en La buena nueva.

A su primer libro, El chico de la bomba, éxito de ventas y crítica, han seguido Barcelona ciudad y Chanel, cocaína y Dom Pérignon, entre otros títulos. Loquillo. La biografía oficial, publicado por DeBolsillo, enriquece el recorrido bibliográfico del protagonista, que ha firmado títulos como El chico de la bomba, En las calles de Madrid, Barcelona ciudad y Chanel, cocaína y Dom Pérignon.

El Análisis de Cabrerizo: Más Allá de la Hagiografía

En la entrega anterior veíamos algunos ejemplos de buenas obras narrativas urdidas por estrellas del rock, en lo que viene a ser una refutación del principio que los reduce a escritores de segunda. ¿Acaso El desertor, de Boris Vian, pertenece a una categoría inferior a La espuma de los días por el mero hecho de que no haber sido concebida como una novela sino como una canción?

No es que a la carrera y a la historia personal de Loquillo le falte bibliografía, pues el propio Loquillo ha publicado cuatro novelas autobiográficas (“El chico de la bomba”, “Barcelona ciudad”, “En las calles de Madrid” y “Chanel, cocaína y Dom Perignon”), Susana Koska, compañera del Loco, se ocupó en 1992 de escribir un libro monográfico sobre Loquillo y Los Trogloditas (titulado así), Jordi García y Miguel Pérez editaron en 2012 “Loquillo. Rock And Roll Star”, y existen los dos libros de Sabino Méndez (“Corre, rocker. Crónica personal de los ochenta” y “Hotel Tierra. Un dietario”, ambos publicados en Anagrama Editorial) sobre la primera etapa del cantante del Clot.

Asimismo, dos momentos claves de la carrera de Loquillo quedan retratados en sendos libros monográficos: “Cuando fuimos los mejores” (Quarentena, 14), libro coordinado por Mariano Muniesa, y "Balmoral. Loquillo, por un instante, la eternidad" (Efe Eme, 2020), de Javier Escorzo. Amen de lo cual existen dos libros de entrevistas con el cantante, “Un alto en el camino. Conversaciones con Loquillo” (Zona de Obras, 01), de Juan Puchades, y “El hijo de nadie” (Ediciones B, 14), de Luis Hidalgo. Y todavía el propio intérprete se ocupó de dar una visión subjetiva de su carrera en el documental “Leyenda Urbana” (08), bajo la dirección de Carles Prats.

Todo esto para decir que sabemos muchas cosas de Loquillo, algunas contadas por él mismo y otras contadas por otros, pero nos faltaba una visión de conjunto, alguien que viniera a poner en su lugar todas las piezas del puzzle. Esto es lo que ha hecho Felipe Cabrerizo, en un texto que conjuga armoniosamente el dato con la emoción, y la reflexión con el contexto. El mejor elogio que se le puede hacer a esta biografía, sin embargo, es su ecuanimidad. Mas que ser objetivo, Cabrerizo intenta ser justo.

Y no es un trabajo fácil el que tenía entre las manos Cabrerizo, ya que hacer accesible, dotando a la historia de una narración ágil, sin aturdir al lector con cifras o fechas, con nombres o hechos, a la vez que ofrece las claves del personaje biografiado, y ello sin caer en la complacencia, la hagiografía o el ajuste de cuentas… En definitiva, que el balance que encuentra Cabrerizo es grato para el lector y justo con el personaje.

Y ello gracias a que no se demora en pasajes irrelevantes o en detalles menores, sino que anida (desde el principio) en el tuétano de la historia y dota de significado a cada uno de los fragmentos que, hasta ahora, pululaban cada uno perdido en su galaxia; que les da un sentido teleológico, vaya. Para ello, se nutre no solo de la bibliografía ya mentada al principio, sino que realiza una prolija labor archivística de desbroce y acaba de dotar de sentido al conjunto con entrevistas realizadas al Loco entre 2018 y 2021. Esto es: no se trata de un mero poner en orden las cosas, sino que les da una perspectiva desde el presente.

Así, entendemos gracias al libro de Cabrerizo el origen y fundamento de los valores que propugna Loquillo, y que tienen que ver con las lecciones aprendidas de su padre, Santiago, la dureza de un chaval de extrarradio por integrarse en un colegio elitista del centro de la ciudad, su naturaleza “charnega”, el bilingüismo, su pasión por la lectura, su conciencia política y sus tres grandes revelaciones musicales (y una poética) y que marcarán su futuro artístico: el descubrimiento del rock and roll clásico gracias al disco “Rock And Roll Buddy Holly” (publicado por Movieplay en 1970) y las primeras grabaciones de Elvis para Sun Records, una antología de poemas de Dylan Thomas y el documental “Elvis: That’s The Way It Is”.

Fundamental para su formación son también las lecciones aprendidas gracias a su práctica del baloncesto, que realizará en el colegio Alpe: “la superación personal, el esfuerzo, la disciplina, el respeto, el automatismo con el que aprender a hacer funcionar el instinto, el trabajo en equipo, cómo suplir las carencias propias confiando en los compañeros y creciendo con ellos”, nos cuenta Cabrerizo.

Es de igual importancia que, tras sus primeras actuaciones en la Sala Tabú 78 (una “barra americana”), compuestas mayormente por versiones de clásicos anglosajones, y después de ver en el Palacio de Deportes el festival “Hasta luego, cocodrilo”, que sirve de homenaje a las grandes bandas barcelonesas de los sesentas, al que acude con Carlos Segarra, el hecho de darse cuenta de que se han de hacer canciones que la gente pueda entender y que les hablen de su realidad. Vaya, que el rock se había de hacer en castellano.

Al poco, y tras un viaje a Londres, tendrá una iluminación que acabará de marcar su devenir en la industria de la música y la base de su carrera: acepta que la militancia musical estricta es algo sin fundamento, “una condena que obliga a repetir una y otra vez las mismas mecánicas, algo en lo que él no quiere caer”, escribe Cabrerizo.

Las pandillas, el punk-rock y su primer grupo: Los Intocables, con el que grabará un disco para Cúspide, una discográfica de casetes para gasolineras cuyos dueños le habían visto en televisión actuando en playback con Robert Gordon. Ya en este momento, y es algo que será crucial en su carrera, a Loquillo le salvan la picaresca y la osadía, pues monta grupo y repertorio en menos de un mes. Dato nada baladí ya que será determinante en su carrera, y lo que hará que ésta prospere.

Pues una de las razones fundamentales para resistir tanto tiempo en la industria de la música tiene que ver con la fe y con la determinación de seguir adelante, cueste lo que cueste. Pero también con el afán por arriesgarse, por no estancarse, por mirar siempre hacia delante. Loquillo ha sabido no caer en la nostalgia de su éxito masivo en los ochenta con los Troglos, y cuando le ha tocado revisar su repertorio lo ha hecho siempre desde el presente, y adaptándolo a su estado y momento vital.

Ha confiado en sí mismo y ha tenido esperanza, la creencia en que su público sabría entenderle. Y así ha sido (aunque, a veces, ha costado más de la cuenta). Pero ello porque ha sido honesto y auténtico, y cuando ha sido necesario dar un bandazo lo ha dado, sin pensarlo dos veces. Ha cometido equivocaciones, por supuesto. Y en su discografía hay discos no menores, pero sí quizá fallidos, o acaso no redondos.

Pero ha sabido sacar lecciones de todos los errores y su aprendizaje le ha valido seguir en primera línea de fuego, llenado recintos y llegando al número uno después de la cincuentena. Además del repaso que hace Felipe Cabrerizo de la discografía de Loquillo (y para cuyo detalle no tenemos espacio aquí) , sirve esta biografía para dar cuenta de la actitud vital del cantante, la del superviviente, aquel que si es necesario hipoteca su casa para sacar adelante una producción discográfica o un documental (lo hará hasta tres veces), un hombre que es consciente de que solo el trabajo duro es la solución y que no sabe lo que son las vacaciones, que pronto se dio cuenta de la música es un negocio que se debe gestionar como una empresa.

Cabrerizo lo explica así: “él era él único de su generación que no sabía componer, que no sabía cantar, que no sabía tocar ningún instrumento. Loquillo ha vendido más de tres millones y medio de discos en toda su carrera, ha dado miles de conciertos y sigue en primera línea. Y, ello, porque es consciente, nos dice Cabrerizo “de que gran parte del aura de un cantante viene de su propia leyenda, pero también de que esta siempre contiene una parte de mentira, de que lo que realmente mantiene la maquinaria activa es el esfuerzo”.

Esta biografía oficial nos explica precisamente cómo se construye y mantiene una leyenda y, nos hace partícipes, paso a paso, de esa máscara a la que se ha ido amoldando con el tiempo Loquillo, una máscara que muta continuamente sin dejar de ser nunca la misma. La máscara de una rock and roll star, que ya es un clásico incontestable de nuestra música.

Documental - "Héroes: Silencio y Rock & Roll"

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